david chávez
-- Lo terrible no es que tiemble, sino que no haya nadie ahí, a un lado, para decirle o decirte ay cabrón, qué culero se movió el suelo.
Así le dije a Norma y ella continuó con mi idea.
--Lo que nos asusta no es que la tierra se sacuda, sino que tenemos nuestros intereses puestos en el estéreo, en la casa, en la televisión y el dvd, en esas cosas que nos costaron muy caras y que no queremos que se rompan.
Respondí que sí y encendí un cigarro.
--Creo que lo que nos preocupa después de un temblor tan fuerte es si Fulano o Zutano se encuentran bien.
--¿Y quiénes son Fulano o Zutano? interrogó mientras ella también encendía un cigarro.
--Fulano y Zutano son esos amigos con los que estuviste unos minutos antes del temblor; tus padres, tus hermanos, tu familia, esos a los que quieres, esos a los que ibas a ver pero que por culpa del temblor quién sabe a dónde chingados se habrán largado.
--Entonces es más preocupante el compromiso que se hizo antes, durante y después del temblor- ajustó.
--Sí, en cierta forma sí- acepté.
--¿Siempre? Se dirige a mí al tiempo que mira los autos que pasan frente a nosotros y se lleva la taza de café a la boca para darle un trago largo que me deja en suspenso.
--¿Siempre es necesario que nos pasen cosas tan fuertes a todos, a la misma hora, estemos con quien estemos, para darnos cuenta de eso, para que miremos alrededor y digamos, qué chido, estoy con Fulano, estoy con Zutano?
--La mayoría de los que gritaron fue porque no estaban con aquellos a los que querían, o en su lugar favorito, o haciendo lo que les gusta hacer - contesté, y no supe si certeramente.
Nos quedamos callados. Desde el portal Medellín, sentados, podíamos contemplar las cúpulas ligeramente inclinadas de catedral a causa del temblor, mientras la gente seguía ocupada con lo suyo.
--Pinche Norma, tú sí gritaste. Casi llorabas... ¿por qué?
--¿Y por qué no?, me contestó con un tono a la ofensiva.
--No lo sé. ¿Por qué tú?
--Todo mundo tiene derecho a llorar y lo aplica cuando quiere, ¿no es cierto? - dijo ella, nerviosa. Ya sé hacia dónde vas Sergio, y si quieres saber si pensé que iba a morir sí, lo hice.
Inhalé más humo del cigarro. Comenzaba a ponerme nervioso. Norma se hacía pasar por una mujer fuerte, pero en realidad había muchos factores que la hacían permanecer así, inestable, como esos decaedros o pelotas de plástico con agujeros de diversas geometrías por donde los niños pequeños deben meter las piezas. Así es Norma. Y cuando una de esas piezas entra, algo en ella cambia y entonces suelta sus lágrimas, se caga de risa, se enoja o simplemente se enamora. Nunca supe qué tipo de pieza había sido yo, pero era claro que ya estaba fuera.
Ahora, a cuatro años del temblor, cuando la llamé para vernos y hablar al respecto ella, con sus aires de fuerza, con su madurez a cuestas, llegó y me saludó agradeciéndome la invitación y el haber estado con ella cuando el sismo. Fue terrible, dijo al sentarse. Y yo contesté lo que al principio.
--Y si vas a preguntarme también por qué temí morirme, te diré que fue porque... porque no lo sé.
Siguió hablando. La interrumpí para cuestionarle si era porque el miedo a morir se aparece cuando la muerte es probable y no hemos terminado de cumplir nuestra misión cuando estamos vivos.
--Podría ser – respondió moqueando. Apagó el cigarro. Hice lo mismo y encendí otro. Tenía que controlarme.
--Podría ser - repitió.
--Podría ser - secundé.
--Es que no hemos terminado lo que debemos hacer, no estamos con los que queremos ni en nuestro lugar favorito... no podemos escoger nuestra muerte, dijo.
--¿Miedo a morir con extraños? – deslicé.
--Puede ser. Pero es terrible esa sensación...
Cuando tuve el cigarro a la mitad hice memoria y recordé que cuando el sismo, un frío recorrió todo mi cuerpo. No me paralicé. No grité, no corrí, no huí, no recordé a nadie, no tuve miedo de morir. No lloré. Acaso porque desde pequeño he estado en contacto con los temblores, porque nada es mío, porque definitivamente no tengo nada que perder, excepto la memoria, las fuerzas, la imaginación o la vida, en el mejor de los casos. Por eso ya tenía todo por ganar. Sólo sentí frío y coordiné perfectamente mis movimientos. Ví el caos y eso me agradó. Para mí no fue tan terrible.
Sacudo la ceniza del cigarro en el cenicero, miro de nuevo las cúpulas de la catedral, los autos que pasan, a Norma sentada conmigo en la misma mesa donde hace un año estábamos sentados. Fija su vista en mis ojos esperando a que diga algo: bajo la mirada y la clavo en el cigarro: lo sigo hasta que llega a mis labios: inhalo y le digo a Norma, esa Norma que tanto quiero y que tanto me preocupa y que a veces odio:
--Lo terrible es que algo haga falta. ¿No crees?
viernes, marzo 09, 2007
lunes, enero 22, 2007
Tirado
David Chávez
Después de la boda, junto con la basura, recogimos los buenos deseos, el acta de matrimonio, las ganas de bailar, trocitos del pastel, sonrisas y miradas coqueras, lazos familiares medio rotos, etiquetas de traje sastre; el ramo de la novia, chorritos de alcohol, peticiones de baile, un borracho a media pista, cacahuates, anhelos de solteronas, un poco de ruido, dos o tres murmullos, pláticas obscenas de señoras grandes, algunos que otros celos, el olor a mierda del baño, dos vómitos, tres aretes, el sueño de treinta niños que corrieron, jugaron y destrozaron lo que quisieron en la fiesta; la felicidad de los novios, las copas de cristal en que bebieron los padres de la novia, cuatrocientas quince colillas de cigarros, un lente de contacto, seis deudas enormes de los padres del novio que los dejaron en la calle por dar la fiesta del siglo en el pueblo; ochocientos chistes simplones, veintinueve clases de olores, trece amistades que ya no lo son más, un embarazo no deseado, de cinco a siete rompimientos sentimentales, seis tacones de zapatillas, mil ciento quince corcholatas, ciento cinco botellas de tequila vacías, noventa y siente botones, una grapa de cocaína, dos condones: uno usado y el otro sin usar, un anillo de bodas (que no era el de los recién casados), la temblorina y los nervios de las madrinas, el corsé de una señora gorda en el baño, más tres cumbias, dos canciones que no venían al caso, un primo que andaba perdido y se durmió, una pintura para labios, un chongo postizo, el llanto de nueve borrachos y ocho canciones de despecho que cantó una tía divorciada y a mí, que me tocó barrer todas esas chingaderas después de andar mesereando toda la noche.
Después de la boda, junto con la basura, recogimos los buenos deseos, el acta de matrimonio, las ganas de bailar, trocitos del pastel, sonrisas y miradas coqueras, lazos familiares medio rotos, etiquetas de traje sastre; el ramo de la novia, chorritos de alcohol, peticiones de baile, un borracho a media pista, cacahuates, anhelos de solteronas, un poco de ruido, dos o tres murmullos, pláticas obscenas de señoras grandes, algunos que otros celos, el olor a mierda del baño, dos vómitos, tres aretes, el sueño de treinta niños que corrieron, jugaron y destrozaron lo que quisieron en la fiesta; la felicidad de los novios, las copas de cristal en que bebieron los padres de la novia, cuatrocientas quince colillas de cigarros, un lente de contacto, seis deudas enormes de los padres del novio que los dejaron en la calle por dar la fiesta del siglo en el pueblo; ochocientos chistes simplones, veintinueve clases de olores, trece amistades que ya no lo son más, un embarazo no deseado, de cinco a siete rompimientos sentimentales, seis tacones de zapatillas, mil ciento quince corcholatas, ciento cinco botellas de tequila vacías, noventa y siente botones, una grapa de cocaína, dos condones: uno usado y el otro sin usar, un anillo de bodas (que no era el de los recién casados), la temblorina y los nervios de las madrinas, el corsé de una señora gorda en el baño, más tres cumbias, dos canciones que no venían al caso, un primo que andaba perdido y se durmió, una pintura para labios, un chongo postizo, el llanto de nueve borrachos y ocho canciones de despecho que cantó una tía divorciada y a mí, que me tocó barrer todas esas chingaderas después de andar mesereando toda la noche.
miércoles, enero 03, 2007
Lo que pensó un inmortal cuando al caminar y fumar vio a una pareja (h-m) de novios discutiendo en un jardín...
David Chávez
Yo poseo los momentos libres y huecos sin actividades propias que otros no tienen. Resulta fastidioso esto. Comparado con la inmortalidad, la desocupación es uno de los mayores tormentos que alguien pueda soportar. Es terrible cuando intento acercarme a alguien y charlar sobre esto. Nunca se cumple, nunca se da.
A veces llego y las personas se encuentran en su lugar, haciendo lo que deben, pueden y les gusta. En intentos por conocerlas se resisten, otras no, porque como ya dije hacen lo que deben, pueden, saben y les gusta. Las mujeres son un caso específico. De hecho existe todo un mito alrededor de ellas: frágiles, fuertes, misteriosas, complicadas, tiernas, nerviosas, desconfiadas.
Cualquiera desconfiaría de un extraño que llega y pregunta tu nombre, luego te dice el suyo y comienza una charla, o al menos lo intenta. Pero resulta que en ese momento un halo de intimidad las cubre y no puede romperse porque están pensando algo o en alguien. Están molestas o tristes o comienzan a especular acerca de ti. Es terrible eso.
Yo poseo los momentos libres y huecos sin actividades propias que otros no tienen. Resulta fastidioso esto. Comparado con la inmortalidad, la desocupación es uno de los mayores tormentos que alguien pueda soportar. Es terrible cuando intento acercarme a alguien y charlar sobre esto. Nunca se cumple, nunca se da.
A veces llego y las personas se encuentran en su lugar, haciendo lo que deben, pueden y les gusta. En intentos por conocerlas se resisten, otras no, porque como ya dije hacen lo que deben, pueden, saben y les gusta. Las mujeres son un caso específico. De hecho existe todo un mito alrededor de ellas: frágiles, fuertes, misteriosas, complicadas, tiernas, nerviosas, desconfiadas.
Cualquiera desconfiaría de un extraño que llega y pregunta tu nombre, luego te dice el suyo y comienza una charla, o al menos lo intenta. Pero resulta que en ese momento un halo de intimidad las cubre y no puede romperse porque están pensando algo o en alguien. Están molestas o tristes o comienzan a especular acerca de ti. Es terrible eso.
miércoles, diciembre 06, 2006
Contraindicaciones
A Lupita, por su infinita paciencia y sus consejos.
David Chávez
Tomaba sus pastillitas de cultura una vez cada ocho horas. Así llevaba haciéndolo desde hace tres años. Iba cada semana a ver al médico del IMSS, tan cuidadoso que era de su salud, a que le dijera qué nuevo mal tenía. "Furia, usted tiene furia. Después de tomarse las grageas culturosas y los baños de asiento de discursos sin contenido deberá colocar su orina en este frasquito. Tráigamelo dentro de cuatro días. Quede sin cuidado, no creo que sea grave", le dijo el galeno. Así fue. Así lo hizo. El día de la cita murió. El forense dijo que fue a causa de un tumor provocado por las constantes dosis de intelecto que a su vez le ocasionaron una trombosis en el cerebro. "Estos medicamentos... su doctor debió advertirle de los efectos secundarios", murmuró para sí el perito antes de apagar la luz.
David Chávez
Tomaba sus pastillitas de cultura una vez cada ocho horas. Así llevaba haciéndolo desde hace tres años. Iba cada semana a ver al médico del IMSS, tan cuidadoso que era de su salud, a que le dijera qué nuevo mal tenía. "Furia, usted tiene furia. Después de tomarse las grageas culturosas y los baños de asiento de discursos sin contenido deberá colocar su orina en este frasquito. Tráigamelo dentro de cuatro días. Quede sin cuidado, no creo que sea grave", le dijo el galeno. Así fue. Así lo hizo. El día de la cita murió. El forense dijo que fue a causa de un tumor provocado por las constantes dosis de intelecto que a su vez le ocasionaron una trombosis en el cerebro. "Estos medicamentos... su doctor debió advertirle de los efectos secundarios", murmuró para sí el perito antes de apagar la luz.
martes, octubre 31, 2006
enfermedad terminal
david chávez
Tomaba sus pastillitas de cultura una vez cada ocho horas. Así llevaba haciéndolo desde hace tres años. Iba cada semana a ver al médico del IMSS, tan cuidadoso que era de su salud, a que le dijera qué nuevo mal tenía. "Furia, usted tiene furia. Después de tomarse las grageas culturosas y los baños de asiento de discursos sin contenido deberá colocar su orina en este frasquito. Tráigamelo dentro de cuatro días. Quede sin cuidado, no creo que sea grave", le dijo el galeno. Así fue. Así lo hizo. El día de la cita murió. El forense dijo que fue a causa de un arrebato de furiosa ignorancia que no le había sido detectado.
Tomaba sus pastillitas de cultura una vez cada ocho horas. Así llevaba haciéndolo desde hace tres años. Iba cada semana a ver al médico del IMSS, tan cuidadoso que era de su salud, a que le dijera qué nuevo mal tenía. "Furia, usted tiene furia. Después de tomarse las grageas culturosas y los baños de asiento de discursos sin contenido deberá colocar su orina en este frasquito. Tráigamelo dentro de cuatro días. Quede sin cuidado, no creo que sea grave", le dijo el galeno. Así fue. Así lo hizo. El día de la cita murió. El forense dijo que fue a causa de un arrebato de furiosa ignorancia que no le había sido detectado.
martes, octubre 17, 2006
Desde el más allá...
david chávez
Respuesta de Monterroso a la médium que lo entrevistaba:
"Un día, andando solo, como quien pasea newtonianamente por calles que no le son familiares, vi caer a una pequeña ave de uno de los hilos que conducen la energía eléctrica a las casas. Entonces supe que todo sería breve en mi vida: el sueño, mi estatura, el ocio, las mujeres, los enemigos... las ideas. Viendo el montón de plumas recordé que a las palabras se las lleva el viento, como la muerte al ave fulminada sin razón, y que debía lograr que mis palabras sobrevivieran. Por eso escribo".
Respuesta de Monterroso a la médium que lo entrevistaba:
"Un día, andando solo, como quien pasea newtonianamente por calles que no le son familiares, vi caer a una pequeña ave de uno de los hilos que conducen la energía eléctrica a las casas. Entonces supe que todo sería breve en mi vida: el sueño, mi estatura, el ocio, las mujeres, los enemigos... las ideas. Viendo el montón de plumas recordé que a las palabras se las lleva el viento, como la muerte al ave fulminada sin razón, y que debía lograr que mis palabras sobrevivieran. Por eso escribo".
lunes, octubre 09, 2006
medidas precautorias
david chávez
El día que decidió ser escritor anotó en una servilleta, con la que se limpió el maquillaje barato de una puta, algunas frases que amistades y familiares podrían hacerle: "Te vas a morir de hambre", "¿Me vas a regalar tus libros?, "¿y qué vas a escribir?", ¿me dedicas un poema, un cuento?", "dime que soy tu musa", "¿Por qué no haces algo de provecho?". Fue a manera de conjuro, para protegerse de ello, como quien sale de casa y no sabe si volverá, como quien está seguro de que dejará el cigarro, el alcohol, las mujeres y otros amados vicios como escribir.
El día que decidió ser escritor anotó en una servilleta, con la que se limpió el maquillaje barato de una puta, algunas frases que amistades y familiares podrían hacerle: "Te vas a morir de hambre", "¿Me vas a regalar tus libros?, "¿y qué vas a escribir?", ¿me dedicas un poema, un cuento?", "dime que soy tu musa", "¿Por qué no haces algo de provecho?". Fue a manera de conjuro, para protegerse de ello, como quien sale de casa y no sabe si volverá, como quien está seguro de que dejará el cigarro, el alcohol, las mujeres y otros amados vicios como escribir.
sábado, agosto 19, 2006
el auto
david chávez
A las cinco con treinta de la mañana sonó el despertador. Abrieron los ojos, cada uno, como si fuera la primera vez que veían la luz del sol. Tenían que ir a trabajar. Ella hizo el desayuno mientras él tomaba un baño. Minutos después el chorro del agua fría la obligó a estremecerse. Un quejido suyo se convirtió en reclamo por haberse bañado con el agua caliente que quedaba. Contempló la silueta de su esposa y sonrió.
Mientras se peinaba discutieron sobre qué era lo que irían a comer, más tarde, cuando salieran de trabajar. Media hora después perdieron quince minutos en imprimir el trabajo que él se desveló haciendo la noche anterior.
Salieron de casa tan sólo para llevarse la sorpresa de que les habían robado el auto.
– ¡No puede ser! – exclamó ella con la desesperación y la prisa marcadas en su cara.
– ¡Puta madre, nomás esto me faltaba! Me va a chingar mi jefe si no llego a tiempo con el informe trimestral. ¡Pinche madre!, ¿y ahora que chingados vamos a hacer? ¡Puto carro, putos ladrones, puta madre! – soltó con su voz ronca y trasnochada, como metralla, en el espacio donde debería estar el automóvil, donde él lo había dejado la noche anterior.
–¡Vámonos, ya veremos luego qué carajos hacemos!
Ambos abordaron un taxi que la dejó a ella en la delegación de la Secretaría de Asuntos de Salud y él se bajó después en el centro de negocios. Esa tarde no comieron. Se la pasaron en el Ministerio Público dando informes a la policía sobre el auto. Les dijeron que no se preocuparan, que el vehículo aparecería pronto, que de inmediato comenzarían a buscarlo.
Volvieron a casa entrada la noche. El papeleo con el agente los había cansado más de lo que imaginaban. Por eso no cenaron. Estaban tan asustados por el robo que hablaron toda la noche, cerraron bien puertas y ventanas y hasta pensaron en comprar un seguro. A eso de las cuatro y treinta de la mañana ya estaban en la cama, profundamente dormidos, con la ropa puesta.
El ruido de un motor los despertó.
–Debe ser el vecino.
–No. Es el ruido del motor de nuestro auto.
–Duérmete, estás alucinando.
–No. Es el nuestro, ¡es el carro!
Ahí estaba. Con la sorpresa, la emoción y el contento. Sí. Salió corriendo mientras le gritaba ¡Aquí está, aquí está!, ¡ven!, ¡míralo, aquí está! Y ella, en la duermevela, se levantó y se dirigió a la puerta.
El auto había aparecido. Estaba en el mismo lugar que lo habían dejado hacía dos días. Lo revisaron de arriba a abajo, por dentro y fuera. Estaba completo. Sujeto al parabrisas encontraron un recado escrito a mano y un pequeño sobre. Espero que me perdone si le provoqué alguna molestia. Tomé su carro prestado porque era una situación de urgencia: mi esposa estaba a punto de dar a luz. Aquí está su coche, no le falta nada. En el sobre hay dos boletos para el teatro. Espero que vaya a la función y que se le olvide el mal rato. Gracias de nuevo y que se divierta, decía.
No salían de su asombro. El vehículo estaba en su lugar, intacto. Incluso dieron un pequeño paseo por el barrio. Funcionaba. Y además, quien lo había tomado les ofrecía un par de boletos, aparte de las disculpas, para que fueran al teatro. Sí, irían, pero después de dormir. Volvieron a bañarse, esta vez tras dormir más de diez horas.
Salieron a comer y quedaron en que al otro día retirarían la denuncia que habían levantado en el Ministerio Público por el supuesto robo del auto. Luego fueron al teatro, a cenar, pasearon un poco, visitaron a varios amigos para contarles lo que les había pasado y les mostraron el carro: “Mira, intacto, no se llevaron nada, lo dejaron tal cual y en su lugar, qué suerte tienen, vaya que sí les sacaron un susto, yo no sabría qué hacer, ¿tan temprano se los dejaron?, calla mujer, lo bueno es que lo regresaron, mira que llevárselo y regresarlo, qué gente tan loca, ¿y qué tal estuvo la función?, la pasamos bien, ya nos vamos, mañana tenemos cosas que hacer, pues qué bueno que están bien y que se divirtieron, gracias por todo, luego nos vemos, bay”.
Regresaron. Ambos sonreían y hablaban sobre la suerte que habían tenido. Bajaron del auto. Se besaron en la puerta de la entrada. Abrieron. Entraron. Encendieron las luces. Ella dijo “no puede ser, no puede ser” diecinueve veces consecutivas en voz baja, como si rezara una corta letanía mientras su esposo crispaba los puños y una rabia incontenible lo consumía por dentro. No. No era por culpa de las lágrimas de impotencia que le impedían ver, fueron los ladrones que les habían vaciado la casa. No les habían dejado nada, sólo los focos que iluminaban el espacio vacío y el carro que recién les habían devuelto esa mañana, estacionado afuera, en la calle oscura y silenciosa.
A las cinco con treinta de la mañana sonó el despertador. Abrieron los ojos, cada uno, como si fuera la primera vez que veían la luz del sol. Tenían que ir a trabajar. Ella hizo el desayuno mientras él tomaba un baño. Minutos después el chorro del agua fría la obligó a estremecerse. Un quejido suyo se convirtió en reclamo por haberse bañado con el agua caliente que quedaba. Contempló la silueta de su esposa y sonrió.
Mientras se peinaba discutieron sobre qué era lo que irían a comer, más tarde, cuando salieran de trabajar. Media hora después perdieron quince minutos en imprimir el trabajo que él se desveló haciendo la noche anterior.
Salieron de casa tan sólo para llevarse la sorpresa de que les habían robado el auto.
– ¡No puede ser! – exclamó ella con la desesperación y la prisa marcadas en su cara.
– ¡Puta madre, nomás esto me faltaba! Me va a chingar mi jefe si no llego a tiempo con el informe trimestral. ¡Pinche madre!, ¿y ahora que chingados vamos a hacer? ¡Puto carro, putos ladrones, puta madre! – soltó con su voz ronca y trasnochada, como metralla, en el espacio donde debería estar el automóvil, donde él lo había dejado la noche anterior.
–¡Vámonos, ya veremos luego qué carajos hacemos!
Ambos abordaron un taxi que la dejó a ella en la delegación de la Secretaría de Asuntos de Salud y él se bajó después en el centro de negocios. Esa tarde no comieron. Se la pasaron en el Ministerio Público dando informes a la policía sobre el auto. Les dijeron que no se preocuparan, que el vehículo aparecería pronto, que de inmediato comenzarían a buscarlo.
Volvieron a casa entrada la noche. El papeleo con el agente los había cansado más de lo que imaginaban. Por eso no cenaron. Estaban tan asustados por el robo que hablaron toda la noche, cerraron bien puertas y ventanas y hasta pensaron en comprar un seguro. A eso de las cuatro y treinta de la mañana ya estaban en la cama, profundamente dormidos, con la ropa puesta.
El ruido de un motor los despertó.
–Debe ser el vecino.
–No. Es el ruido del motor de nuestro auto.
–Duérmete, estás alucinando.
–No. Es el nuestro, ¡es el carro!
Ahí estaba. Con la sorpresa, la emoción y el contento. Sí. Salió corriendo mientras le gritaba ¡Aquí está, aquí está!, ¡ven!, ¡míralo, aquí está! Y ella, en la duermevela, se levantó y se dirigió a la puerta.
El auto había aparecido. Estaba en el mismo lugar que lo habían dejado hacía dos días. Lo revisaron de arriba a abajo, por dentro y fuera. Estaba completo. Sujeto al parabrisas encontraron un recado escrito a mano y un pequeño sobre. Espero que me perdone si le provoqué alguna molestia. Tomé su carro prestado porque era una situación de urgencia: mi esposa estaba a punto de dar a luz. Aquí está su coche, no le falta nada. En el sobre hay dos boletos para el teatro. Espero que vaya a la función y que se le olvide el mal rato. Gracias de nuevo y que se divierta, decía.
No salían de su asombro. El vehículo estaba en su lugar, intacto. Incluso dieron un pequeño paseo por el barrio. Funcionaba. Y además, quien lo había tomado les ofrecía un par de boletos, aparte de las disculpas, para que fueran al teatro. Sí, irían, pero después de dormir. Volvieron a bañarse, esta vez tras dormir más de diez horas.
Salieron a comer y quedaron en que al otro día retirarían la denuncia que habían levantado en el Ministerio Público por el supuesto robo del auto. Luego fueron al teatro, a cenar, pasearon un poco, visitaron a varios amigos para contarles lo que les había pasado y les mostraron el carro: “Mira, intacto, no se llevaron nada, lo dejaron tal cual y en su lugar, qué suerte tienen, vaya que sí les sacaron un susto, yo no sabría qué hacer, ¿tan temprano se los dejaron?, calla mujer, lo bueno es que lo regresaron, mira que llevárselo y regresarlo, qué gente tan loca, ¿y qué tal estuvo la función?, la pasamos bien, ya nos vamos, mañana tenemos cosas que hacer, pues qué bueno que están bien y que se divirtieron, gracias por todo, luego nos vemos, bay”.
Regresaron. Ambos sonreían y hablaban sobre la suerte que habían tenido. Bajaron del auto. Se besaron en la puerta de la entrada. Abrieron. Entraron. Encendieron las luces. Ella dijo “no puede ser, no puede ser” diecinueve veces consecutivas en voz baja, como si rezara una corta letanía mientras su esposo crispaba los puños y una rabia incontenible lo consumía por dentro. No. No era por culpa de las lágrimas de impotencia que le impedían ver, fueron los ladrones que les habían vaciado la casa. No les habían dejado nada, sólo los focos que iluminaban el espacio vacío y el carro que recién les habían devuelto esa mañana, estacionado afuera, en la calle oscura y silenciosa.
martes, agosto 15, 2006
mal de familia
david chávez
"La tía Fernanda es teratóloga, lo voy a llevar con ella". Recuerdo que a mis ocho años escuché esa frase proveniente de mi madre y camino a casa de Tía Fer la palabra me ataba inmisericorde al sabor de las infusiones y cocimientos que la vieja nos daba a mi y a mis primos cuando nuestros padres no podían hacerse cargo de nosotros por atender algún asunto y quedábamos a su cargo.
Como cualquier solterona de 70 años que se preciara de serlo, Tía Fer curaba nuestras enfermedades con infusiones elaboradas con todo tipo de hierbas, raíces, hojas, cortezas, cáscaras y demás productos natulares. Nunca en su casa alguien de la familia debió ser intervenido quirúrgicamente por algú padecimiento, hasta que ella comenzó a chochear y a confundir las recetas para el té de amores que les pedían mis primas con las fórmulas para curar la diarrea con una tacita de tal cosa acompañada de una pizca de tal otra.
Recuerdo que recordaba el sabor de los brebajes de la Tía Fernanda y yo y mi imaginación nos sujetábamos con fuerza, al oír teratóloga, al viejo cuadro de la casona de los abuelos, hasta meternos a la cocina, para ver en la taza el líquido preparado para determinado fin curandero. Lo recuerdo. Sí. Y cómo olvidarlo, si Tía Fer nos dio un cocimiento especial a todos, elaborado con una fotografía que a duras penas se dejó tomar, según ella "para que nunca me pierdan el recuerdo".
A 17 años de distancia entiendo por qué la Tía Fer nunca quiso poner freno a esa ceguera que le consumió los ojos. Tantos inventos, tanta dedicación de su parte para curar nuestros males era por evitar esas anomalías en nuestras conductas, esas monstruosidades que había en nosotros que los remedios de la vieja buscaban ocultarle a su vista. Y ambos, sus pacientes y ella misma, dejábamos de vernos enfermos.
"La tía Fernanda es teratóloga, lo voy a llevar con ella". Recuerdo que a mis ocho años escuché esa frase proveniente de mi madre y camino a casa de Tía Fer la palabra me ataba inmisericorde al sabor de las infusiones y cocimientos que la vieja nos daba a mi y a mis primos cuando nuestros padres no podían hacerse cargo de nosotros por atender algún asunto y quedábamos a su cargo.
Como cualquier solterona de 70 años que se preciara de serlo, Tía Fer curaba nuestras enfermedades con infusiones elaboradas con todo tipo de hierbas, raíces, hojas, cortezas, cáscaras y demás productos natulares. Nunca en su casa alguien de la familia debió ser intervenido quirúrgicamente por algú padecimiento, hasta que ella comenzó a chochear y a confundir las recetas para el té de amores que les pedían mis primas con las fórmulas para curar la diarrea con una tacita de tal cosa acompañada de una pizca de tal otra.
Recuerdo que recordaba el sabor de los brebajes de la Tía Fernanda y yo y mi imaginación nos sujetábamos con fuerza, al oír teratóloga, al viejo cuadro de la casona de los abuelos, hasta meternos a la cocina, para ver en la taza el líquido preparado para determinado fin curandero. Lo recuerdo. Sí. Y cómo olvidarlo, si Tía Fer nos dio un cocimiento especial a todos, elaborado con una fotografía que a duras penas se dejó tomar, según ella "para que nunca me pierdan el recuerdo".
A 17 años de distancia entiendo por qué la Tía Fer nunca quiso poner freno a esa ceguera que le consumió los ojos. Tantos inventos, tanta dedicación de su parte para curar nuestros males era por evitar esas anomalías en nuestras conductas, esas monstruosidades que había en nosotros que los remedios de la vieja buscaban ocultarle a su vista. Y ambos, sus pacientes y ella misma, dejábamos de vernos enfermos.
jueves, agosto 03, 2006
un hombre...
david chávez
de Chéjov:
El tema favorito del abuelo de Anton era La Divina Comedia, pero iba más allá y conforme la noche se hacía más oscura elegía un círculo infernal. Hace dos días nos contó que en el alto infierno, en el cuarto círculo, debería estar el más grande de los egoístas, aquel hombre que en Montecarlo fue al casino, ganó un millón, volvió a casa y se suicidó. - "El abuelo dice- nos comentaba Anton- que el desconocido y ególatra suicida sabía que la noticia de su triunfo será menos impactante que obtener el dinero y quitarse la vida".
de Chéjov:
El tema favorito del abuelo de Anton era La Divina Comedia, pero iba más allá y conforme la noche se hacía más oscura elegía un círculo infernal. Hace dos días nos contó que en el alto infierno, en el cuarto círculo, debería estar el más grande de los egoístas, aquel hombre que en Montecarlo fue al casino, ganó un millón, volvió a casa y se suicidó. - "El abuelo dice- nos comentaba Anton- que el desconocido y ególatra suicida sabía que la noticia de su triunfo será menos impactante que obtener el dinero y quitarse la vida".
lunes, julio 31, 2006
miércoles, julio 19, 2006
El origen de la beca
david chávez
La casa del señor rico amaneció rayoneada pero no encontraban al responsable. El hacendado, para evitar un rayoneo posterior a su casa y por consejo del vecino alcalde de Nothingham, convocó a un concurso de rayoneadores de casas. Triunfó el mejor, quien fue a la cárcel. Con el dinero del premio, obtenido de la venta de pollos, se pagó la pintura para resanar la casa. El pollero vio que esto era bueno e hizo anual el concurso. Así nació la Beca Ranchoco para Mejor Rayoneador de las Casas del Pueblo, con la cual se agranda también la cárcel.
La casa del señor rico amaneció rayoneada pero no encontraban al responsable. El hacendado, para evitar un rayoneo posterior a su casa y por consejo del vecino alcalde de Nothingham, convocó a un concurso de rayoneadores de casas. Triunfó el mejor, quien fue a la cárcel. Con el dinero del premio, obtenido de la venta de pollos, se pagó la pintura para resanar la casa. El pollero vio que esto era bueno e hizo anual el concurso. Así nació la Beca Ranchoco para Mejor Rayoneador de las Casas del Pueblo, con la cual se agranda también la cárcel.
martes, julio 11, 2006
voyeur.
david chávez
Cansado de insistir hasta el hastío ha siertaz personas en comó laz palavras deven eztar hescritaz y lo muy kábron que ce ha buelto, hintentar desifrar su sijnificado; oh lo qué con heyas ce quiere desir: (casi siempre lo logro pero ya se ha vuelto un problema para mis muñecas, mis dedos y mis ojos), un día decidí seguir a varios amigos que padecen ese extraño mal ortográfico.
Sí, estoy sorprendido. En la última ventana por donde miré una chica guardaba las recomendaciones, sacaba de su cerebro lo relativo a bien escribir y lo colocaba debajo del colchón donde duer-me todas las noches, donde fornica los fines de semana, en el que hay bacterias, que se pudre cachito a cachito por los fluidos vaginales que entran en contacto con varios gérmenes, a donde se va su orina cuando tiene pesadillas y chilla y las lágrimas se acumulan... ahí, debajo de ese mullido colchón, junto con sus targetas, ce dezcompone la hortógrafia asta qué lla no hes nada.
Ahí debajo también reposan mis instintos criminales. Ahí es donde se acaba la amistad y comienza el odio...
Cansado de insistir hasta el hastío ha siertaz personas en comó laz palavras deven eztar hescritaz y lo muy kábron que ce ha buelto, hintentar desifrar su sijnificado; oh lo qué con heyas ce quiere desir: (casi siempre lo logro pero ya se ha vuelto un problema para mis muñecas, mis dedos y mis ojos), un día decidí seguir a varios amigos que padecen ese extraño mal ortográfico.
Sí, estoy sorprendido. En la última ventana por donde miré una chica guardaba las recomendaciones, sacaba de su cerebro lo relativo a bien escribir y lo colocaba debajo del colchón donde duer-me todas las noches, donde fornica los fines de semana, en el que hay bacterias, que se pudre cachito a cachito por los fluidos vaginales que entran en contacto con varios gérmenes, a donde se va su orina cuando tiene pesadillas y chilla y las lágrimas se acumulan... ahí, debajo de ese mullido colchón, junto con sus targetas, ce dezcompone la hortógrafia asta qué lla no hes nada.
Ahí debajo también reposan mis instintos criminales. Ahí es donde se acaba la amistad y comienza el odio...
viernes, julio 07, 2006
Diferente
david chávez
Como los demás, él también pensó en moldear su rostro a conveniencia. ¿Qué más valía si lo hacía dependiendo de su estado de ánimo, de su personalidad? Dejó de lado esas preguntas, superficiales para él, y continuó en su experiencia, en su aventura de mutar el rostro a voluntad.
Al caminar por la calle, al abordar el camión no importaba si traía sus audífonos y su discman, era igual: quería aislarse un poco más, tan sólo un poco más. Así, cuando no quería que lo miraran ponía un rostro común, como el de cualquiera otra persona y seguía en sus asuntos. Si percibía que algún extraño se dirigiría a él para preguntarle por alguna calle simplemente su cara adoptaba un aire de extranjero, de turista. En su casa, si alguien llegaba a preguntar por él transfiguraba su rostro y simplemente decía que era un trabajador contratado para reparar cualquier cosa.
Sí, también llegó a preguntarse si algún día se arrepentiría por hacer eso y entonces qué cara iba a tener… poco a poco se dio cuenta de que su rostro no era el mismo de antes. Había cambiado tanto. Cuando decidió que era un error aislarse así de la gente, desesperado, buscó entre sus cosas viejas, libros, álbumes. Comenzó a ejercitar el rostro una vez más, a concentrarse.
Logró rejuvenecer tanto que cuando llegó a encontrarse con antiguos compañeros de escuela muchos de ellos le comentaron: “sigues igual , no has cambiado nada. Te recuerdo tal y como estabas, estás igualito, pareces una foto”. Sonrió al verse en el espejo, donde tenía pegado el retrato de la fiesta de graduación. Unas semanas más tarde aún dudaba de si había hecho lo correcto.
Como los demás, él también pensó en moldear su rostro a conveniencia. ¿Qué más valía si lo hacía dependiendo de su estado de ánimo, de su personalidad? Dejó de lado esas preguntas, superficiales para él, y continuó en su experiencia, en su aventura de mutar el rostro a voluntad.
Al caminar por la calle, al abordar el camión no importaba si traía sus audífonos y su discman, era igual: quería aislarse un poco más, tan sólo un poco más. Así, cuando no quería que lo miraran ponía un rostro común, como el de cualquiera otra persona y seguía en sus asuntos. Si percibía que algún extraño se dirigiría a él para preguntarle por alguna calle simplemente su cara adoptaba un aire de extranjero, de turista. En su casa, si alguien llegaba a preguntar por él transfiguraba su rostro y simplemente decía que era un trabajador contratado para reparar cualquier cosa.
Sí, también llegó a preguntarse si algún día se arrepentiría por hacer eso y entonces qué cara iba a tener… poco a poco se dio cuenta de que su rostro no era el mismo de antes. Había cambiado tanto. Cuando decidió que era un error aislarse así de la gente, desesperado, buscó entre sus cosas viejas, libros, álbumes. Comenzó a ejercitar el rostro una vez más, a concentrarse.
Logró rejuvenecer tanto que cuando llegó a encontrarse con antiguos compañeros de escuela muchos de ellos le comentaron: “sigues igual , no has cambiado nada. Te recuerdo tal y como estabas, estás igualito, pareces una foto”. Sonrió al verse en el espejo, donde tenía pegado el retrato de la fiesta de graduación. Unas semanas más tarde aún dudaba de si había hecho lo correcto.
martes, julio 04, 2006
Contagiado
david chávez
Las promesas son una especie de mosco parecido al que trasmite el dengue. Incuban sus huevecillos en mente y corazón de las personas crédulas, débiles de animosidad pero fuertes de fe. Lo terrible es el contagio de esperanza, maligna plaga que se expande conforme aparecen casos imposibles de resolver. El infectado pierde la memoria gradualmente.
Eso sí, las promesas que se cumplen son las que están en extinción. Como la de los pájaros bobos, sólo retengo la vaga imagen de mi padre diciéndome que yo nunca estaría solo...
Las promesas son una especie de mosco parecido al que trasmite el dengue. Incuban sus huevecillos en mente y corazón de las personas crédulas, débiles de animosidad pero fuertes de fe. Lo terrible es el contagio de esperanza, maligna plaga que se expande conforme aparecen casos imposibles de resolver. El infectado pierde la memoria gradualmente.
Eso sí, las promesas que se cumplen son las que están en extinción. Como la de los pájaros bobos, sólo retengo la vaga imagen de mi padre diciéndome que yo nunca estaría solo...
martes, junio 27, 2006
Moderno caso de plagio
david chávez
En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no puede acordarse, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Caballero andante, cansado de sus aventuras, decide escribir una novela. La titula "El ingenioso novelista Miguel de Cervantes Saavedra".
Muere de causas naturales días después de terminar la primera parte. Su ama de llaves, que pasaba de los cuarenta, su sobrina que no llegaba a los veinte y su mozo, Sancho Panza, que ensillaba a su caballo, deciden terminarla. La envían a una editorial muy famosa. La novela es acogida con éxito y se vende bien.
El autor dejó en su herencia los derechos del texto a su sobrina. Salen de la pobreza. Como suele suceder en este tipo de casos, no tardan en aparecer los problemas: un autor desconocido llamado Pierre Menard los demanda por plagio, pero otro escritor argentino gana el juicio, los derechos de autoría y obtiene el Premio Nobel por la obra que escribió sobre el proceso legal que Menard entabló contra los herederos del fallecido caballero andante.
En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no puede acordarse, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Caballero andante, cansado de sus aventuras, decide escribir una novela. La titula "El ingenioso novelista Miguel de Cervantes Saavedra".
Muere de causas naturales días después de terminar la primera parte. Su ama de llaves, que pasaba de los cuarenta, su sobrina que no llegaba a los veinte y su mozo, Sancho Panza, que ensillaba a su caballo, deciden terminarla. La envían a una editorial muy famosa. La novela es acogida con éxito y se vende bien.
El autor dejó en su herencia los derechos del texto a su sobrina. Salen de la pobreza. Como suele suceder en este tipo de casos, no tardan en aparecer los problemas: un autor desconocido llamado Pierre Menard los demanda por plagio, pero otro escritor argentino gana el juicio, los derechos de autoría y obtiene el Premio Nobel por la obra que escribió sobre el proceso legal que Menard entabló contra los herederos del fallecido caballero andante.
jueves, junio 15, 2006
Leído desde el camión...
david chávez
"Subtítulos en ingles, si los quiere en inglés le cuestan más caros, por el acento".
"Subtítulos en ingles, si los quiere en inglés le cuestan más caros, por el acento".
miércoles, junio 14, 2006
El pigmeo mayor: sobre el líder y La rebelión de los pingüinos
David Chávez
Meridiano, de Mérida quiero decir, regresa Agustín Monsreal a Colima. Hace unos años, cuando se presentó A la salud del cuento, el libro–entrevista que el grupo Voz de tinta realizó, hablaba de la amistad que Monsreal sostiene con el cuento. Ahora lo confirmo. De tan íntimos que son resultó Los hermanos menores de los pigmeos o Alacena de triquiñuelas y frioleras o La rebelión de los pingüinos.
Y es que esta “Obra Compuesta por el Maestro del Arte Noble de Escribir y Contar D. Agustín Monsreal E Interián Oliver y Boldo” es tan familiar como todo lo que nos acontece cada día. Porque esa convivencia del autor y lo escrito se deja ver en sus cuentos; vaya, tan familiar es que hasta Dios es una constante en sus pingüinos, en sus triquiñuelas narrativas, en la friolera que es este libro, en la vida independiente de los pigmeos, las minificciones, microcuentos, ultracortahistorias.
Don Agustín comenzó a publicar rondando los treinta años. Según los estudios neuropsicologistas de Gustav Besetzung y Segio Adelfo Alcalá Hera citados en este libro por el autor, la edad productiva de Monsreal puede ser clasificada en el segundo grupo de los cuatro en que los autores comienzan a escribir. A esa edad recibió el impulso creador el noble literato y vayan ustedes a leer de dónde y cómo fue.
No sé en qué lugar conoció a estos pingüinos letrosos que hoy presentamos. Hace años que no hablo con él. Ignoro también de dónde sacó la friolera de cuentos, aunque sospecho que las noches de desvelo y café, o sus charlas de cuates con Dios e incluso algún posible viaje al Congo pudieran ser la clave para descubrirlo.
Por eso hay que estar atentos.
En sus páginas introductorias el Maestro del Arte Noble de Escribir y Contar revela su verdadera identidad literaria. Y como si fuera cosa vana, regalo para escribidores mortales, deja como por olvido intencionado la información que por años uno anda buscando para resolverle la vida al personaje del texto propio, esa que se pretende encontrar para lograr el cuento perfecto, bien hecho, bien escrito, que arranca la reflexión, que enreda al lector y lo mete a los burdeles que las sirenas abrieron en tierra firme, a las tantas y tantas imágenes e historias –quizá de los pigmeos, probablemente suyas- que nos presenta.
Desde la página 15 hasta la 253 o mal llamada Anís del Mono o titulada Epílogo de la iniciación conocí a los pigmeos de una forma que nunca había imaginado: a cachitos, por partes, uno a uno; por medio de cartas dirigidas a endomingadas, Auroritas Boreales, Viudas Negras, Soberanas mías (o suyas), Niñas de mis ojos (o de los suyos), Caperucitas rojas, Apagafuegos, Maldemialmas, Perfectacasadas, reproches ocultos a Dios, los piques con los clásicos griegos por demostrarles, a varios miles de años, la neta del planeta y de la historia y en sus historias…
La rebelión de los pingüinos parece que fue formulada para equilibrar porcentajes lectores y editoriales, nos trae definiciones de la vida, acercamientos celestiales, historias de la urde, Rodillas sucias, meditaciones de amores, relaciones y monólogos consigo mismo y con otras personas, testimonios de crímenes ficticios y literales, y los cuentos que, después de leídos, uno quisiera escribir.
Ahí están Cabecita blanca, Predicción a mansalva, A la sombra de una doncellez en flor, las Vidas paralelas, el Burlador burlado, un Rubor amoroso y las guarriexquisitas Lástima que no sea una puta y Recetas de la casa, sobre todo la uno y Uyuyuy I y II para ejemplificar las dulciagrias convenciones sociales.
Religiosamente, los monterrosianos temas están en esta Alacena de triquiñuelas y frioleras: el amor, la muerte y las moscas, como aparecen también las ganas de reinventar a Dios en La mala semilla, ese dios pigmeo que no se encuentra en el cielo porque entonces no podría ver lo que sus criaturas hacen en la Tierra.
Les digo que hay que estar atentos: que no los sorprenda como a mi Añoranza de mamá, en la página 160: todo se cimbra, todo pierde piso y el corazón se transforma en cebolla: pocamadrísimo cuento que se cuela hasta el meritito corazón del lector.
Yo sigo advirtiéndoles. No se fíen de estos pigmeos y menos del autor. Tan seguro de sí, con esos años que da la experiencia, nos revela las dudas que pondrían en jaque a Benedicto XVI e incluso al espíritu de Juan Pablo II que ronda por el Vaticano con las preguntas y reflexiones Del cuaderno de Pepetino o los cachonderísimos Encuentros con Eva. Aunque ahora que lo pienso, no debería advertirles. De la página 15 a la 51 tendrán ustedes sus instrucciones y advertencias y todo eso que necesitan. Hasta les van a dar un intermedio para que puedan hacerse de la vista breve…
Ya mejor no los aburro ni le hago tanto al cuento y los dejo para que lean. Ahí les va mi despedida, la que promete el pronto regreso, como en Los hermanos menores de los pigmeos, donde al autor, de tanto y tanto despedirse, se le nota que ni ganas tiene de irse, pero no se fíen, no le crean: va por víveres, orita regresa, no se tarda de verdad, quédense otro rato sigan leyendo están en confianza.
Meridiano, de Mérida quiero decir, regresa Agustín Monsreal a Colima. Hace unos años, cuando se presentó A la salud del cuento, el libro–entrevista que el grupo Voz de tinta realizó, hablaba de la amistad que Monsreal sostiene con el cuento. Ahora lo confirmo. De tan íntimos que son resultó Los hermanos menores de los pigmeos o Alacena de triquiñuelas y frioleras o La rebelión de los pingüinos.
Y es que esta “Obra Compuesta por el Maestro del Arte Noble de Escribir y Contar D. Agustín Monsreal E Interián Oliver y Boldo” es tan familiar como todo lo que nos acontece cada día. Porque esa convivencia del autor y lo escrito se deja ver en sus cuentos; vaya, tan familiar es que hasta Dios es una constante en sus pingüinos, en sus triquiñuelas narrativas, en la friolera que es este libro, en la vida independiente de los pigmeos, las minificciones, microcuentos, ultracortahistorias.
Don Agustín comenzó a publicar rondando los treinta años. Según los estudios neuropsicologistas de Gustav Besetzung y Segio Adelfo Alcalá Hera citados en este libro por el autor, la edad productiva de Monsreal puede ser clasificada en el segundo grupo de los cuatro en que los autores comienzan a escribir. A esa edad recibió el impulso creador el noble literato y vayan ustedes a leer de dónde y cómo fue.
No sé en qué lugar conoció a estos pingüinos letrosos que hoy presentamos. Hace años que no hablo con él. Ignoro también de dónde sacó la friolera de cuentos, aunque sospecho que las noches de desvelo y café, o sus charlas de cuates con Dios e incluso algún posible viaje al Congo pudieran ser la clave para descubrirlo.
Por eso hay que estar atentos.
En sus páginas introductorias el Maestro del Arte Noble de Escribir y Contar revela su verdadera identidad literaria. Y como si fuera cosa vana, regalo para escribidores mortales, deja como por olvido intencionado la información que por años uno anda buscando para resolverle la vida al personaje del texto propio, esa que se pretende encontrar para lograr el cuento perfecto, bien hecho, bien escrito, que arranca la reflexión, que enreda al lector y lo mete a los burdeles que las sirenas abrieron en tierra firme, a las tantas y tantas imágenes e historias –quizá de los pigmeos, probablemente suyas- que nos presenta.
Desde la página 15 hasta la 253 o mal llamada Anís del Mono o titulada Epílogo de la iniciación conocí a los pigmeos de una forma que nunca había imaginado: a cachitos, por partes, uno a uno; por medio de cartas dirigidas a endomingadas, Auroritas Boreales, Viudas Negras, Soberanas mías (o suyas), Niñas de mis ojos (o de los suyos), Caperucitas rojas, Apagafuegos, Maldemialmas, Perfectacasadas, reproches ocultos a Dios, los piques con los clásicos griegos por demostrarles, a varios miles de años, la neta del planeta y de la historia y en sus historias…
La rebelión de los pingüinos parece que fue formulada para equilibrar porcentajes lectores y editoriales, nos trae definiciones de la vida, acercamientos celestiales, historias de la urde, Rodillas sucias, meditaciones de amores, relaciones y monólogos consigo mismo y con otras personas, testimonios de crímenes ficticios y literales, y los cuentos que, después de leídos, uno quisiera escribir.
Ahí están Cabecita blanca, Predicción a mansalva, A la sombra de una doncellez en flor, las Vidas paralelas, el Burlador burlado, un Rubor amoroso y las guarriexquisitas Lástima que no sea una puta y Recetas de la casa, sobre todo la uno y Uyuyuy I y II para ejemplificar las dulciagrias convenciones sociales.
Religiosamente, los monterrosianos temas están en esta Alacena de triquiñuelas y frioleras: el amor, la muerte y las moscas, como aparecen también las ganas de reinventar a Dios en La mala semilla, ese dios pigmeo que no se encuentra en el cielo porque entonces no podría ver lo que sus criaturas hacen en la Tierra.
Les digo que hay que estar atentos: que no los sorprenda como a mi Añoranza de mamá, en la página 160: todo se cimbra, todo pierde piso y el corazón se transforma en cebolla: pocamadrísimo cuento que se cuela hasta el meritito corazón del lector.
Yo sigo advirtiéndoles. No se fíen de estos pigmeos y menos del autor. Tan seguro de sí, con esos años que da la experiencia, nos revela las dudas que pondrían en jaque a Benedicto XVI e incluso al espíritu de Juan Pablo II que ronda por el Vaticano con las preguntas y reflexiones Del cuaderno de Pepetino o los cachonderísimos Encuentros con Eva. Aunque ahora que lo pienso, no debería advertirles. De la página 15 a la 51 tendrán ustedes sus instrucciones y advertencias y todo eso que necesitan. Hasta les van a dar un intermedio para que puedan hacerse de la vista breve…
Ya mejor no los aburro ni le hago tanto al cuento y los dejo para que lean. Ahí les va mi despedida, la que promete el pronto regreso, como en Los hermanos menores de los pigmeos, donde al autor, de tanto y tanto despedirse, se le nota que ni ganas tiene de irse, pero no se fíen, no le crean: va por víveres, orita regresa, no se tarda de verdad, quédense otro rato sigan leyendo están en confianza.
miércoles, junio 07, 2006
Irrealicidio
david Chávez
- "Creía él, señor juez, que con quitarle el acento a sandía no encontraría las semillas adentro. ¿Qué iba yo a hacer con ese imbécil, advertirle?, ¿qué no dijo el abogado defensor que el muertito antes de partir de este mundo se decía licenciado?, ¿cómo fue que terminó la carrera? Tomó el texto, el muy idiota, y se lo comió, tanta hambre tenía el desgraciado. Así fue como perdió la vida. Yo, como verá, nada tuve que ver con esa muerte tan horrible, tan angustiante, tan asfixiante con papel bond".
- "Creía él, señor juez, que con quitarle el acento a sandía no encontraría las semillas adentro. ¿Qué iba yo a hacer con ese imbécil, advertirle?, ¿qué no dijo el abogado defensor que el muertito antes de partir de este mundo se decía licenciado?, ¿cómo fue que terminó la carrera? Tomó el texto, el muy idiota, y se lo comió, tanta hambre tenía el desgraciado. Así fue como perdió la vida. Yo, como verá, nada tuve que ver con esa muerte tan horrible, tan angustiante, tan asfixiante con papel bond".
Apócrifo
david Chávez
Augusto Monterroso, de quien poco se sabe sobre los borradores de sus textos, muchos críticos indican que hay una versión anterior al cuento La oveja negra, el cual antes de ser corregido decía: "cansados los borregos de ejercitarse en el difícil y engorroso arte de la escultura, luego de muchos monumentos a gobernadores, ovejas negras y demás personajes, decidieron probar suerte en el mundo de la televisión, actuando en telenovelas".
Augusto Monterroso, de quien poco se sabe sobre los borradores de sus textos, muchos críticos indican que hay una versión anterior al cuento La oveja negra, el cual antes de ser corregido decía: "cansados los borregos de ejercitarse en el difícil y engorroso arte de la escultura, luego de muchos monumentos a gobernadores, ovejas negras y demás personajes, decidieron probar suerte en el mundo de la televisión, actuando en telenovelas".
Lo que cuentan en el puerto
david chávez
En un pueblo porteño, de cuyo nombre no quiero acordarme, se pescaba sólo pez vela. Los habitantes decidieron entonces hacer un momunento al pez, para que los visitantes tuvieran claro lo que ahí se consumía. Develada la obra, los porteños quedaron insatisfechos, la veían fea. Entonces, herida en su orgullo, una noche la escultura se arrojó al mar. Todavía hay ancianos que cuentan que por el fondo del mar, cerca de la costa, nada el pez vela metálico, en cuya cola se lee el nombre del escultor mexicano: Sebastián.
En un pueblo porteño, de cuyo nombre no quiero acordarme, se pescaba sólo pez vela. Los habitantes decidieron entonces hacer un momunento al pez, para que los visitantes tuvieran claro lo que ahí se consumía. Develada la obra, los porteños quedaron insatisfechos, la veían fea. Entonces, herida en su orgullo, una noche la escultura se arrojó al mar. Todavía hay ancianos que cuentan que por el fondo del mar, cerca de la costa, nada el pez vela metálico, en cuya cola se lee el nombre del escultor mexicano: Sebastián.
jueves, mayo 25, 2006
Subiruta
david Chávez
De trufil desdemoniado, cancelberto manipulador, olisqueo la petite flor de maniagua. Tan cercano lejosleo, mirascluyo, improviso. Chamanuense, agitador, el caldo gordo de las orejas frías, de las horas mansamansa, destruye el chihuahueño can del loto florito.
Impermeable de las letras malas, carromato, tumbaflor del gentilicio, un dianoche lo escondí cabizbajo en bisbiseo. Era mi mejor amigo ladrador. Menjurge matildo maldito barato. Cara fue la huída del terreno de lo real. Pura ficción, pura letra, puro mundo-mundoo-mundó.
Amalgama subitante, sublimácea. Termina el fin, termina lo que comienzo en carraspeo sigilento.
(ejercicio de escritura automática propuesto por Alberto Chimal en http://www.lashistorias.com.mx/blog/?p=87)
De trufil desdemoniado, cancelberto manipulador, olisqueo la petite flor de maniagua. Tan cercano lejosleo, mirascluyo, improviso. Chamanuense, agitador, el caldo gordo de las orejas frías, de las horas mansamansa, destruye el chihuahueño can del loto florito.
Impermeable de las letras malas, carromato, tumbaflor del gentilicio, un dianoche lo escondí cabizbajo en bisbiseo. Era mi mejor amigo ladrador. Menjurge matildo maldito barato. Cara fue la huída del terreno de lo real. Pura ficción, pura letra, puro mundo-mundoo-mundó.
Amalgama subitante, sublimácea. Termina el fin, termina lo que comienzo en carraspeo sigilento.
(ejercicio de escritura automática propuesto por Alberto Chimal en http://www.lashistorias.com.mx/blog/?p=87)
martes, mayo 23, 2006
definición de definición
definición.
(Del lat. definitĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de definir.
2. f. Proposición que expone con claridad y exactitud los caracteres genéricos y diferenciales de algo material o inmaterial.
3. f. Decisión o determinación de una duda, pleito o contienda, por autoridad legítima. Las definiciones del Concilio, del Papa.
4. f. Declaración de cada uno de los vocablos, locuciones y frases que contiene un diccionario.
5. f. Nitidez con que se perciben los detalles de una imagen observada mediante instrumentos ópticos, o bien de la formada sobre una película fotográfica o pantalla de televisión.
6. f. pl. En las órdenes militares, excepto la de Santiago, conjunto de estatutos y ordenanzas que sirven para su gobierno.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
(Del lat. definitĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de definir.
2. f. Proposición que expone con claridad y exactitud los caracteres genéricos y diferenciales de algo material o inmaterial.
3. f. Decisión o determinación de una duda, pleito o contienda, por autoridad legítima. Las definiciones del Concilio, del Papa.
4. f. Declaración de cada uno de los vocablos, locuciones y frases que contiene un diccionario.
5. f. Nitidez con que se perciben los detalles de una imagen observada mediante instrumentos ópticos, o bien de la formada sobre una película fotográfica o pantalla de televisión.
6. f. pl. En las órdenes militares, excepto la de Santiago, conjunto de estatutos y ordenanzas que sirven para su gobierno.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
lunes, mayo 22, 2006
definición de Luís
david Chávez
Luís (Am. Mex. Us. y cost./Sust. Sing. Masc.).- Diferénciese del sustantivo nominal Luis. "Amexicanacastellanamiento" de Louise.
Luís (Am. Mex. Us. y cost./Sust. Sing. Masc.).- Diferénciese del sustantivo nominal Luis. "Amexicanacastellanamiento" de Louise.
voyeur I
David Chávez
Cansado de insistir hasta el hastío ha siertaz personas en comó laz palavras deven eztar hescritaz y lo muy kábron que ce ha buelto, hintentar desifrar su sijnificado; oh lo qué con heyas ce quiere desir: (casi siempre lo logro pero ya se ha vuelto un problema para mis muñecas, mis dedos y mis ojos), un día decidí seguir a varios amigos que padecen ese extraño mal ortográfico.
Sí, estoy sorprendido. En la última ventana por donde miré una chica guardaba las recomendaciones, sacaba de su cerebro lo relativo a bien escribir y lo colocaba debajo del colchón donde duerme todas las noches, donde fornica los fines de semana, en el que hay bacterias, que se pudre cachito a cachito por los fluidos vaginales que entran en contacto con varios gérmenes, a donde se va su orina cuando tiene pesadillas y chilla y las lágrimas se acumulan... ahí, debajo de ese mullido colchón, junto con sus targetas, ce dezcompone la hortógrafia asta qué lla no hes nada.
Ahí debajo también reposan mis instintos criminales. Ahí es donde se acaba la amistad y comienza el odio...
Cansado de insistir hasta el hastío ha siertaz personas en comó laz palavras deven eztar hescritaz y lo muy kábron que ce ha buelto, hintentar desifrar su sijnificado; oh lo qué con heyas ce quiere desir: (casi siempre lo logro pero ya se ha vuelto un problema para mis muñecas, mis dedos y mis ojos), un día decidí seguir a varios amigos que padecen ese extraño mal ortográfico.
Sí, estoy sorprendido. En la última ventana por donde miré una chica guardaba las recomendaciones, sacaba de su cerebro lo relativo a bien escribir y lo colocaba debajo del colchón donde duerme todas las noches, donde fornica los fines de semana, en el que hay bacterias, que se pudre cachito a cachito por los fluidos vaginales que entran en contacto con varios gérmenes, a donde se va su orina cuando tiene pesadillas y chilla y las lágrimas se acumulan... ahí, debajo de ese mullido colchón, junto con sus targetas, ce dezcompone la hortógrafia asta qué lla no hes nada.
Ahí debajo también reposan mis instintos criminales. Ahí es donde se acaba la amistad y comienza el odio...
martes, mayo 09, 2006
Definición diezdemayera
david chávez
Madre. Insulto grave en México. Carencia sustancial de miles de millones de habitantes de este país de América Central, o del cachito de Norteamérica que somos. Combinada con chingada, tónico efectivo para matizar situaciones de alto riesgo o sustancial y encabronadamente sádicas. Infalible pretexto para ponerse hasta la reverenda ídem festejando la ídem que todos tenemos en nuestras casas lavándonos nuestras ropitas, haciendo la comidita y limpiando la casita.
Sust. fem. sing. en dim.- Dícese de las muchachas guapas que pasan por la calle, frente a alguna alguna obra en construcción. Verb. grat.: "¡Adiós, mamacita!"
Madre. Insulto grave en México. Carencia sustancial de miles de millones de habitantes de este país de América Central, o del cachito de Norteamérica que somos. Combinada con chingada, tónico efectivo para matizar situaciones de alto riesgo o sustancial y encabronadamente sádicas. Infalible pretexto para ponerse hasta la reverenda ídem festejando la ídem que todos tenemos en nuestras casas lavándonos nuestras ropitas, haciendo la comidita y limpiando la casita.
Sust. fem. sing. en dim.- Dícese de las muchachas guapas que pasan por la calle, frente a alguna alguna obra en construcción. Verb. grat.: "¡Adiós, mamacita!"
domingo, mayo 07, 2006
Definición
david chávez
Ortografía: Dícese de la chingadera a la que uno sólo le preocupa cuando llena su pinche currículum vitae (con el fin de aser crer al futuro gefe que huno es bien chingón y bien profecional).
Ortografía: Dícese de la chingadera a la que uno sólo le preocupa cuando llena su pinche currículum vitae (con el fin de aser crer al futuro gefe que huno es bien chingón y bien profecional).
De oídas...
david chávez
-A ver muchachas, les presento a la Ortografía. "¡Oh, es un placer, nos han hablado mucho de usted!", contestaron hipócritamente...
-A ver muchachas, les presento a la Ortografía. "¡Oh, es un placer, nos han hablado mucho de usted!", contestaron hipócritamente...
jueves, mayo 04, 2006
Llamada
david chávez
"¿Locatel?, ¿Sí?, ¿Que se le perdieron sus acentos? Sí, si los vemos le avisaremos que usted los anda buscando..."
"¿Locatel?, ¿Sí?, ¿Que se le perdieron sus acentos? Sí, si los vemos le avisaremos que usted los anda buscando..."
jueves, abril 27, 2006
Celos y certidumbres
david chávez
I CELOS
Ahí está otra vez, acostada en la cama, con la mirada fija en el techo, deteniéndolo, pensativa. ¿Qué chingados hace, en qué carajos piensa, qué la tiene en las nubes? Otra vez a hacerle la misma pregunta de hace unos días:
--¿De nuevo haciendo castillos en el aire, querida?
--Fortalezas, mi amor, fortalezas... y con su príncipe azul adentro.
“Así que fortalezas”, pienso. “Así que principitos de colores”... hoy tengo otra respuesta adecuada para este tipo de situaciones: echaré a volar mi imaginación, como hace ella: le demostraré que además de matar seres mitológicos y héroes de leyendas también sé aniquilar ilusiones femeninas.
II … Y CERTIDUMBRES
De entre las cartas que ella puso sobre la mesa estaba esta, escrita con primorosa letra de niña educada en colegio de monjas: “El jueves destruiste mis sueños, el viernes mataste a los más valerosos de mis héroes; en un descuido, este sábado penetraste a los castillos que con ilusión construí en el aire y el domingo pasaste por encima de las amuralladas fortalezas en donde se resguardaba de tus celos mitológicos mi príncipe azul. No puedo más, siento que me asfixias. Decidí seguir con tu juego, así que lo confieso: te engaño con el pensamiento. No nos busques, no regresaremos. Para cuando leas esto él y yo podríamos estar... no sé: algo me dice que el País de las Maravillas es taaan extenso…”.
I CELOS
Ahí está otra vez, acostada en la cama, con la mirada fija en el techo, deteniéndolo, pensativa. ¿Qué chingados hace, en qué carajos piensa, qué la tiene en las nubes? Otra vez a hacerle la misma pregunta de hace unos días:
--¿De nuevo haciendo castillos en el aire, querida?
--Fortalezas, mi amor, fortalezas... y con su príncipe azul adentro.
“Así que fortalezas”, pienso. “Así que principitos de colores”... hoy tengo otra respuesta adecuada para este tipo de situaciones: echaré a volar mi imaginación, como hace ella: le demostraré que además de matar seres mitológicos y héroes de leyendas también sé aniquilar ilusiones femeninas.
II … Y CERTIDUMBRES
De entre las cartas que ella puso sobre la mesa estaba esta, escrita con primorosa letra de niña educada en colegio de monjas: “El jueves destruiste mis sueños, el viernes mataste a los más valerosos de mis héroes; en un descuido, este sábado penetraste a los castillos que con ilusión construí en el aire y el domingo pasaste por encima de las amuralladas fortalezas en donde se resguardaba de tus celos mitológicos mi príncipe azul. No puedo más, siento que me asfixias. Decidí seguir con tu juego, así que lo confieso: te engaño con el pensamiento. No nos busques, no regresaremos. Para cuando leas esto él y yo podríamos estar... no sé: algo me dice que el País de las Maravillas es taaan extenso…”.
martes, abril 25, 2006
Homenaje póstumo para un jalisciense (Arreola)
david chávez
- “Era fuerte como un roble, sí, pero su inteligencia le venía de la hidrocefalia, que le irrigaba la corteza cerebral, lo cual hacía tan fértil su imaginación. El cerebro hecho agua no fue la causa de su muerte, sino la tala inmoderada que hizo de sus ideas al escribirlas y escribir cuentos fantásticos; ser tan prolífico en la literatura le erosionó la vida. Eso y jugar ajedrez”, dijo el médico que leyó el parte forense a la prensa.
El guardaagujas sólo atinó a decir: “descanse en paz”.
- “Era fuerte como un roble, sí, pero su inteligencia le venía de la hidrocefalia, que le irrigaba la corteza cerebral, lo cual hacía tan fértil su imaginación. El cerebro hecho agua no fue la causa de su muerte, sino la tala inmoderada que hizo de sus ideas al escribirlas y escribir cuentos fantásticos; ser tan prolífico en la literatura le erosionó la vida. Eso y jugar ajedrez”, dijo el médico que leyó el parte forense a la prensa.
El guardaagujas sólo atinó a decir: “descanse en paz”.
sábado, abril 22, 2006
La otra cara de una (o varias) moneda (s)
david chávez
Veo las noticias. Varios investigadores descubrieron un pergamino en el cual aquel que me traicionó –la gente dice que fue un denario- y me entregó a las otras monedas relata la verdadera historia: que no fue un traidor sino un héroe y que fui yo quien le pidió que actuara así.
La verdad es otra. Hace años, algunas monedas de distintas nacionalidades discutían sobre una ley antigua de un profeta. Estaban todas en el cestito de las limosnas, su templo. Una de ellas, la de mayor denominación, de color verde su túnica, se levantó entonces para expresar a las otras que debían ir con el César. Allá les darían, tras el éxodo de sus padres para llegar a la tierra prometida, los privilegios y beneficios que ahora les estaban negados, y acabarían –aseguraba- las vejaciones de las cuales eran objeto.
En el clímax de la discusión yo entré al templo. Venía de la mano de una viuda. Me llamaban óbolo. Al ver a las otras les dije que no debían seguir las leyes dictadas por el profeta, que él tenía otra visión de las cosas. Tenía mi cara marcada. Había sufrido bastante. Les dije: "Oísteis que fue dicho: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”.
La propuesta no fue bien recibida. Las demás pensaron que yo era un falso profeta y me siguieron el rastro y terminaron marcando con una cruz mi cara y cuerpo para luego desperdigar por el mundo a mis apóstoles. Se dice que varias monedas y billetes me vieron tiempo después, antes de que ascendiera al reino del comercio y el trueque fuera la piedra sobre la cual edifiqué esa historia. Lo que digan los demás me tiene sin cuidado. Que los perdone el creador porque no saben lo que hacen.
Veo las noticias. Varios investigadores descubrieron un pergamino en el cual aquel que me traicionó –la gente dice que fue un denario- y me entregó a las otras monedas relata la verdadera historia: que no fue un traidor sino un héroe y que fui yo quien le pidió que actuara así.
La verdad es otra. Hace años, algunas monedas de distintas nacionalidades discutían sobre una ley antigua de un profeta. Estaban todas en el cestito de las limosnas, su templo. Una de ellas, la de mayor denominación, de color verde su túnica, se levantó entonces para expresar a las otras que debían ir con el César. Allá les darían, tras el éxodo de sus padres para llegar a la tierra prometida, los privilegios y beneficios que ahora les estaban negados, y acabarían –aseguraba- las vejaciones de las cuales eran objeto.
En el clímax de la discusión yo entré al templo. Venía de la mano de una viuda. Me llamaban óbolo. Al ver a las otras les dije que no debían seguir las leyes dictadas por el profeta, que él tenía otra visión de las cosas. Tenía mi cara marcada. Había sufrido bastante. Les dije: "Oísteis que fue dicho: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”.
La propuesta no fue bien recibida. Las demás pensaron que yo era un falso profeta y me siguieron el rastro y terminaron marcando con una cruz mi cara y cuerpo para luego desperdigar por el mundo a mis apóstoles. Se dice que varias monedas y billetes me vieron tiempo después, antes de que ascendiera al reino del comercio y el trueque fuera la piedra sobre la cual edifiqué esa historia. Lo que digan los demás me tiene sin cuidado. Que los perdone el creador porque no saben lo que hacen.
Origen monetario
david chávez
El profesor de economía, Carlo Debroxi, explicó el origen de nuestro sistema monetario citando las últimas palabras de su padre, Marl Debroxi, antes de ser asesinado a manos de un miembro de alguna secta fundamentalista cristiana: “Después que el dólar cayó, después que el euro fue la moneda mundial, que la población latina y los proletarios del mundo, uníos, tomaron el control del mercado en el planeta tierra; luego de lograr ese parchesote en la capa de ozono, de clonar con los cromosomas que quedaban y volver a la vida a las especies extinguidas; cuando por fin se logró superar el capitalismo, mesianismo, comunismo, industrialismo y otros ismos por el estilo, aceptemos, en este foro mundial de economía, buen gobierno, fraternidad, disciplina y apoyo, que el sudor el es futuro de nuestros pueblos: no lo desperdiciemos, midamos el valor de nuestro trabajo con ese producto tan valioso para nuestra civilización y que adquirimos con este líquido fruto del agua que bebemos. Compañeros, este pan que hoy os comparto es el esfuerzo de mucha gente. Haced esto en cada foro que tengan”.
-”En ese instante sonaron los tres balazos”, dijo, y ya no pudo continuar con la clase.
El profesor de economía, Carlo Debroxi, explicó el origen de nuestro sistema monetario citando las últimas palabras de su padre, Marl Debroxi, antes de ser asesinado a manos de un miembro de alguna secta fundamentalista cristiana: “Después que el dólar cayó, después que el euro fue la moneda mundial, que la población latina y los proletarios del mundo, uníos, tomaron el control del mercado en el planeta tierra; luego de lograr ese parchesote en la capa de ozono, de clonar con los cromosomas que quedaban y volver a la vida a las especies extinguidas; cuando por fin se logró superar el capitalismo, mesianismo, comunismo, industrialismo y otros ismos por el estilo, aceptemos, en este foro mundial de economía, buen gobierno, fraternidad, disciplina y apoyo, que el sudor el es futuro de nuestros pueblos: no lo desperdiciemos, midamos el valor de nuestro trabajo con ese producto tan valioso para nuestra civilización y que adquirimos con este líquido fruto del agua que bebemos. Compañeros, este pan que hoy os comparto es el esfuerzo de mucha gente. Haced esto en cada foro que tengan”.
-”En ese instante sonaron los tres balazos”, dijo, y ya no pudo continuar con la clase.
trueque
david chávez
Éramos tan pobres, que sólo nos quedaba una imagen tan gastada que ni habichuelas mágicas me dieron ayer en el mercado. “¿Qué harás con ella?”, me preguntó mi madre por la mañana mientras salía yo con la imagen en el bolsillo derecho y mascando un mendrugo de pan. Alcé los hombros y salí a la calle, siguiendo el mismo rumbo que el día anterior. Ahora que regreso a casa me pregunto qué dirá mi madre cuando le diga que cambié la imagen gastada por estas letras, con las que hice este cuento…
Éramos tan pobres, que sólo nos quedaba una imagen tan gastada que ni habichuelas mágicas me dieron ayer en el mercado. “¿Qué harás con ella?”, me preguntó mi madre por la mañana mientras salía yo con la imagen en el bolsillo derecho y mascando un mendrugo de pan. Alcé los hombros y salí a la calle, siguiendo el mismo rumbo que el día anterior. Ahora que regreso a casa me pregunto qué dirá mi madre cuando le diga que cambié la imagen gastada por estas letras, con las que hice este cuento…
sábado, abril 15, 2006
Confesión anónima
david chávez
Tenía un texto. Bueno, parecía serlo. Entonces vi la fotografía que Chimal puso en su blog. Sí, tenía la historia completa, lo juro, lo juro por Dios, lo juro que participaría y ganaría con ese texto. Era mejor que el que me hizo sonreír toda la noche entera, escrito por un tal Tiranicida. Era mucho mejor que el que hacía unas semanas había dejado en forma de post, perdido en la web mundial, y que había escrito también para otro concurso anterior de argumentaciones, pero ese no es el caso, esa no es la historia.
Tenía, repito, un texto excelente. Confieso que era un cuento. Pero no sé qué fue lo que ocurió, lo juro, lo juro por Dios que no lo sé. Algo tuvo que ver la pregunta de Peggy Bonilla, usuaria del blog que está en www.lashistorias.com.mx: “Una pregunta Alberto.Parece no ser tan estricto el concurso, pero si tiene que ser sinopsis o resumen o no? o la historia completa?” e incluso sospecho que la respuesta de Adan Balcazar, usuario de la misma dirección electrónica, determinó la suerte de mi cuento: “Peggy Bonilla: Amiga yo ante la duda, opte por el relato corto. Saludos”
Y heme aquí, con la hoja en la que imprimí mi cuento mojada, las letras escurriendo, como el deshielo que seguramente hay en la foto que exhibe la mujer dentro de la foto…
Tenía un texto. Bueno, parecía serlo. Entonces vi la fotografía que Chimal puso en su blog. Sí, tenía la historia completa, lo juro, lo juro por Dios, lo juro que participaría y ganaría con ese texto. Era mejor que el que me hizo sonreír toda la noche entera, escrito por un tal Tiranicida. Era mucho mejor que el que hacía unas semanas había dejado en forma de post, perdido en la web mundial, y que había escrito también para otro concurso anterior de argumentaciones, pero ese no es el caso, esa no es la historia.
Tenía, repito, un texto excelente. Confieso que era un cuento. Pero no sé qué fue lo que ocurió, lo juro, lo juro por Dios que no lo sé. Algo tuvo que ver la pregunta de Peggy Bonilla, usuaria del blog que está en www.lashistorias.com.mx: “Una pregunta Alberto.Parece no ser tan estricto el concurso, pero si tiene que ser sinopsis o resumen o no? o la historia completa?” e incluso sospecho que la respuesta de Adan Balcazar, usuario de la misma dirección electrónica, determinó la suerte de mi cuento: “Peggy Bonilla: Amiga yo ante la duda, opte por el relato corto. Saludos”
Y heme aquí, con la hoja en la que imprimí mi cuento mojada, las letras escurriendo, como el deshielo que seguramente hay en la foto que exhibe la mujer dentro de la foto…
miércoles, marzo 15, 2006
una noche en Gördmand
david chávez
Creíamos serlo todo. Creíamos tenerlo todo. Creíamos escribirlo todo en esa tertulias que se desarrollaban ya en casa de Joy, ya en el depa de soltero que la madre de Rubens pagaba y que acompañábamos con güisqui robado de la cava del padre de Fernando.
Embriagado por el éxito (Podría preguntar irónicamente y sonreír cuando dijera, les dijera, me dijera a mí mismo: ¿por qué otra cosa podría ser?) de mi primera minificción alguien deslizó la idea: "conozco a un joven escritor, vive en Toluca, vamos a buscarlo. Publica en el suplemento Arena. Apellida Chimal. Quizá pueda publicar tu historia".
Se aprobó la propuesta. Todo mundo abordó los dos autos. En el de Jordi íbamos Marcela, el dueño del carro y yo. En el de Joy, en la cajuela, echamos las cosas, las mochilas, las libretas, serían la avanzada... después de la curva Jordi nos advirtió, alarmado: "¡David, David, los textos, tu cuento, tu cuento!". Marcela marcó al teléfono celular de Joy para que se detuviera y así fue. "¿Por qué hay tanta tierra?", "¿Dónde están los cuentos, los textos, las letras?", "¿Qué fue lo que escribiste en tu libreta?", me interrogaron.
"Escribí que los cuentos que escribo se hacían realidad. En uno de ellos un grupo como el nuestro iba en busca de un escritor para mostrarle sus cuentos. Camino a casa del escritor los textos se convertían en tierra", les expliqué.
"¿Y cómo termina?", me preguntaron a coro. "No lo sé", dije. Antes de que Marcela y yo comenzáramos a llorar por el texto perdido les confesé que el cuento estaba precisamente en la cajuela del carro de Joy, junto con el texto recién escrito hacía unos minutos...
Creíamos serlo todo. Creíamos tenerlo todo. Creíamos escribirlo todo en esa tertulias que se desarrollaban ya en casa de Joy, ya en el depa de soltero que la madre de Rubens pagaba y que acompañábamos con güisqui robado de la cava del padre de Fernando.
Embriagado por el éxito (Podría preguntar irónicamente y sonreír cuando dijera, les dijera, me dijera a mí mismo: ¿por qué otra cosa podría ser?) de mi primera minificción alguien deslizó la idea: "conozco a un joven escritor, vive en Toluca, vamos a buscarlo. Publica en el suplemento Arena. Apellida Chimal. Quizá pueda publicar tu historia".
Se aprobó la propuesta. Todo mundo abordó los dos autos. En el de Jordi íbamos Marcela, el dueño del carro y yo. En el de Joy, en la cajuela, echamos las cosas, las mochilas, las libretas, serían la avanzada... después de la curva Jordi nos advirtió, alarmado: "¡David, David, los textos, tu cuento, tu cuento!". Marcela marcó al teléfono celular de Joy para que se detuviera y así fue. "¿Por qué hay tanta tierra?", "¿Dónde están los cuentos, los textos, las letras?", "¿Qué fue lo que escribiste en tu libreta?", me interrogaron.
"Escribí que los cuentos que escribo se hacían realidad. En uno de ellos un grupo como el nuestro iba en busca de un escritor para mostrarle sus cuentos. Camino a casa del escritor los textos se convertían en tierra", les expliqué.
"¿Y cómo termina?", me preguntaron a coro. "No lo sé", dije. Antes de que Marcela y yo comenzáramos a llorar por el texto perdido les confesé que el cuento estaba precisamente en la cajuela del carro de Joy, junto con el texto recién escrito hacía unos minutos...
lunes, febrero 27, 2006
Misterios charros en Manzanillo
David Chávez
“Vamos a ver dos proyecciones. Si les gustan me dicen y le seguimos con las otras”, dijo Trino cuando terminó la proyección de El Santos contra los zombies de Sahuayo en tierras colimotas, cortometraje realizado por Andrés Villa Aldaco a manera de homenaje al moreno jalisciense y a su mono mayor –el Santos-, por la grata influencia y el humor que le brindaron a su generación.
Además, como preludio a la presentación del libro, Andrés, encargado del equipo de proyección, dejó correr El charro, videominuto de Roberto Levy Vázquez.
Entonces quienes asistieron el jueves por la noche a la presentación de Misterios Charros, título de este compilado de tiras cómicas realizadas por José Trinidad Camacho Orozco, vieron las Galimatías: los doblajes que eran transmitidos, con la venia de Carmen Aristegui y Javier Solórzano en el programa Círculo rojo, en complicidad con Octavio Limón, el locutor de radio tapatío.
Anunció dos y la minifunción terminó en seis. Luego de las risas por haber visto “doblados al humor” fragmentos de series televisivas, Trino, atlista de corazón, explicó en qué circunstancia aparecían sus Misterios charros, esa serie de cartones que ahora reunió después de su andar por periódicos de Guadalajara, el Distrito Federal y Monterrey, además de revistas, entre 1987 y 1999: “es que cualquier padre de familia de Atotonilco el Alto sueña con que su hijo sea un charro”.
A Trino no le gusta la influencia que las caricaturas japonesas tienen en los chavos que comienzan a dibujar. Hizo un pequeño silencio y añoró aquellos tiempos cuando Jis, Falcón, Jabaz y él mismo comenzaban a copiar caricaturistas de la altura de Ruis, para terminar afirmando: “No. No me gustan las influencias que traen los chavos de ahora”.
Sobre la veneración que Trinidad le tiene al Aclas, a una pregunta no le quedó de otra más que contestar que sí, que el mono con el que más se identifica es con Pipo, “fiel al equipo y defendiéndolo siempre (...) pobrecitos atlistas, ni modo; son fieles, eso sí, bien fieles”.
EL SANTOS Y SUS OTROS MONOS
Alguien alzó la mano y sin micrófono, “porque creo que así sin micro pos nos entendemos todos mejor”, preguntó de dónde le había salido lo ofensivo al Santos, la caricatura antítesis del “enmascarado de plata”: “el Jis y yo pensamos que por qué si El Santo (el luchador) era tan fresita, andaba de capa y era tan caballeroso y andaba de superhéroe, ¿a poco no puede andar haciendo guarradas? Entonces nació el Santos y luego la Tetona Mendoza (...) pero no entendemos por qué si el Santos la quiere tanto ella lo desprecia...”.
Anterior a Misterios charros, Trino había presentado Don taquero en Colima. En el transcurso de 2006 publicará la colección de tiras Pipo y don Calvino e igual sucederá con Historias del rey chiquito, sus Fábulas de policías y ladrones, además de incursionar en el mundo del cartón deportivo con otros personajes.
Su página, www.trino.com.mx comenzará a funcionar el próximo mes y en ella habrá animaciones del Santos; la voz del mono será la Trino.
“Vamos a ver dos proyecciones. Si les gustan me dicen y le seguimos con las otras”, dijo Trino cuando terminó la proyección de El Santos contra los zombies de Sahuayo en tierras colimotas, cortometraje realizado por Andrés Villa Aldaco a manera de homenaje al moreno jalisciense y a su mono mayor –el Santos-, por la grata influencia y el humor que le brindaron a su generación.
Además, como preludio a la presentación del libro, Andrés, encargado del equipo de proyección, dejó correr El charro, videominuto de Roberto Levy Vázquez.
Entonces quienes asistieron el jueves por la noche a la presentación de Misterios Charros, título de este compilado de tiras cómicas realizadas por José Trinidad Camacho Orozco, vieron las Galimatías: los doblajes que eran transmitidos, con la venia de Carmen Aristegui y Javier Solórzano en el programa Círculo rojo, en complicidad con Octavio Limón, el locutor de radio tapatío.
Anunció dos y la minifunción terminó en seis. Luego de las risas por haber visto “doblados al humor” fragmentos de series televisivas, Trino, atlista de corazón, explicó en qué circunstancia aparecían sus Misterios charros, esa serie de cartones que ahora reunió después de su andar por periódicos de Guadalajara, el Distrito Federal y Monterrey, además de revistas, entre 1987 y 1999: “es que cualquier padre de familia de Atotonilco el Alto sueña con que su hijo sea un charro”.
A Trino no le gusta la influencia que las caricaturas japonesas tienen en los chavos que comienzan a dibujar. Hizo un pequeño silencio y añoró aquellos tiempos cuando Jis, Falcón, Jabaz y él mismo comenzaban a copiar caricaturistas de la altura de Ruis, para terminar afirmando: “No. No me gustan las influencias que traen los chavos de ahora”.
Sobre la veneración que Trinidad le tiene al Aclas, a una pregunta no le quedó de otra más que contestar que sí, que el mono con el que más se identifica es con Pipo, “fiel al equipo y defendiéndolo siempre (...) pobrecitos atlistas, ni modo; son fieles, eso sí, bien fieles”.
EL SANTOS Y SUS OTROS MONOS
Alguien alzó la mano y sin micrófono, “porque creo que así sin micro pos nos entendemos todos mejor”, preguntó de dónde le había salido lo ofensivo al Santos, la caricatura antítesis del “enmascarado de plata”: “el Jis y yo pensamos que por qué si El Santo (el luchador) era tan fresita, andaba de capa y era tan caballeroso y andaba de superhéroe, ¿a poco no puede andar haciendo guarradas? Entonces nació el Santos y luego la Tetona Mendoza (...) pero no entendemos por qué si el Santos la quiere tanto ella lo desprecia...”.
Anterior a Misterios charros, Trino había presentado Don taquero en Colima. En el transcurso de 2006 publicará la colección de tiras Pipo y don Calvino e igual sucederá con Historias del rey chiquito, sus Fábulas de policías y ladrones, además de incursionar en el mundo del cartón deportivo con otros personajes.
Su página, www.trino.com.mx comenzará a funcionar el próximo mes y en ella habrá animaciones del Santos; la voz del mono será la Trino.
Villoro: autor ornitorrinco de Safari Accidental
David Chávez
“Para mi la crónica es el ornitorrinco de la literatura”, dijo Juan Villoro, quien compara así a este género con la definición que hace Alfonso Reyes sobre el ensayo. La cara de sorpresa de quienes asistieron a la presentación de Safari Accidental, el más reciente libro de crónicas del autor nacido en el Distrito Federal, se borró poco a poco tras escuchar el postulado y la explicación de Villoro sobre él.
Antes de que Juan dejara caer como balde de agua fría el comentario, tres de sus lectores compartieron con los asistentes su visión de otro compendio más de ornitorrincos: Martha Gutiérrez, del taller literario Casa Malagua; Lucila Santana, catedrática de la Facultad de Letras de la Universidad de Colima, y Alberto Llanes, egresado de ese plantel y uno de los participantes del Encuentro de Narradores Jóvenes, celebrado en Manzanillo del 21 al 23 de febrero de 2006.
Los tres invitados a presentar el libro de crónicas coincidieron en que este híbrido de la literatura encontró en Villoro la renovación: el autor de La casa pierde explicó cómo plasmó en sus textos vivencias cercanas a él, como el testimonio sobre la frontera más cruzada del mundo, Tijuana, en Welcome to Tijuana, el rock de sus majestades los Rolling Stones, el chile mexicano, la masacre estudiantil de 1968 y las casi-fallidas Olimpiadas en México y el EZLN -por citar algunas- para dejar constancia de lo que lo había marcado emotivamente. “La literatura buscar dejar constancia de lo vivido”, aseguró.
Durante la presentación de Safari Accidental Martha Gutiérrez advirtió a los posibles lectores: “Una amiga mía me dijo que Juan estaba guapo, que no me fuera a enamorar de él, que no me pasara lo mismo que a ella… Pues sí: estoy enamorada de Juan, pero de su obra”, y los asistentes rieron en el Salón de Cabildo de la Presidencia municipal de Manzanillo.
Alberto Llanes intentó exponer a los lectores los temas con los cuales Villoro se topa en su Safari: Alto volumen, con crónicas rockeras; Álbum familiar, donde se encuentran las historias sobre su padre; Lejos del escritorio, de los viajes que ha hecho; Fetiches, donde señala las distintas maneras que tiene el mexicano de lastimarse, Libro negro, sobre el movimiento y matanza estudiantil de 1968 y las Olimpiadas, fue Lucila Gutiérrez Santana quien intentó cazar a los ornitorrincos recientes de Villoro: analizó cada apartado del libro y lo desmenuzó poco a poco para ofrecerlo al público.
“Si se goglea el nombre de Juan Villoro en ese buscador aparecen 47 mil 900 links y referencias al autor en 0.12 segundos”, precisó, y nuevamente se escucharon las risas en el salón. Al final de este evento, realizado en el marco del III Festival del Centro Histórico de Manzanillo, vino la sección de cometarios y preguntas.
Para sorpresa de muchos, Villoro abrió sin mayores preámbulos una exposición de motivos, rasgos, influencias, indicaciones, precisiones y ofreció grandes detalles, como si supiera de antemano lo que irían a cuestionarle.
Por eso y durante una hora y media Juan habló también sobre su inicio, la relación y los resultados que ha obtenido con sus crónicas, la forma en que Safari Accidental llegó a constituirse y ser editado, además de reconocer la influencia de Ángel Fernández y de Gabriel Vargas Bernal en su incursión por este género y discutir con varios asistentes dudas y precisar detalles sobre ese deporte que le apasiona: el futbol.
“Para mi la crónica es el ornitorrinco de la literatura”, dijo Juan Villoro, quien compara así a este género con la definición que hace Alfonso Reyes sobre el ensayo. La cara de sorpresa de quienes asistieron a la presentación de Safari Accidental, el más reciente libro de crónicas del autor nacido en el Distrito Federal, se borró poco a poco tras escuchar el postulado y la explicación de Villoro sobre él.
Antes de que Juan dejara caer como balde de agua fría el comentario, tres de sus lectores compartieron con los asistentes su visión de otro compendio más de ornitorrincos: Martha Gutiérrez, del taller literario Casa Malagua; Lucila Santana, catedrática de la Facultad de Letras de la Universidad de Colima, y Alberto Llanes, egresado de ese plantel y uno de los participantes del Encuentro de Narradores Jóvenes, celebrado en Manzanillo del 21 al 23 de febrero de 2006.
Los tres invitados a presentar el libro de crónicas coincidieron en que este híbrido de la literatura encontró en Villoro la renovación: el autor de La casa pierde explicó cómo plasmó en sus textos vivencias cercanas a él, como el testimonio sobre la frontera más cruzada del mundo, Tijuana, en Welcome to Tijuana, el rock de sus majestades los Rolling Stones, el chile mexicano, la masacre estudiantil de 1968 y las casi-fallidas Olimpiadas en México y el EZLN -por citar algunas- para dejar constancia de lo que lo había marcado emotivamente. “La literatura buscar dejar constancia de lo vivido”, aseguró.
Durante la presentación de Safari Accidental Martha Gutiérrez advirtió a los posibles lectores: “Una amiga mía me dijo que Juan estaba guapo, que no me fuera a enamorar de él, que no me pasara lo mismo que a ella… Pues sí: estoy enamorada de Juan, pero de su obra”, y los asistentes rieron en el Salón de Cabildo de la Presidencia municipal de Manzanillo.
Alberto Llanes intentó exponer a los lectores los temas con los cuales Villoro se topa en su Safari: Alto volumen, con crónicas rockeras; Álbum familiar, donde se encuentran las historias sobre su padre; Lejos del escritorio, de los viajes que ha hecho; Fetiches, donde señala las distintas maneras que tiene el mexicano de lastimarse, Libro negro, sobre el movimiento y matanza estudiantil de 1968 y las Olimpiadas, fue Lucila Gutiérrez Santana quien intentó cazar a los ornitorrincos recientes de Villoro: analizó cada apartado del libro y lo desmenuzó poco a poco para ofrecerlo al público.
“Si se goglea el nombre de Juan Villoro en ese buscador aparecen 47 mil 900 links y referencias al autor en 0.12 segundos”, precisó, y nuevamente se escucharon las risas en el salón. Al final de este evento, realizado en el marco del III Festival del Centro Histórico de Manzanillo, vino la sección de cometarios y preguntas.
Para sorpresa de muchos, Villoro abrió sin mayores preámbulos una exposición de motivos, rasgos, influencias, indicaciones, precisiones y ofreció grandes detalles, como si supiera de antemano lo que irían a cuestionarle.
Por eso y durante una hora y media Juan habló también sobre su inicio, la relación y los resultados que ha obtenido con sus crónicas, la forma en que Safari Accidental llegó a constituirse y ser editado, además de reconocer la influencia de Ángel Fernández y de Gabriel Vargas Bernal en su incursión por este género y discutir con varios asistentes dudas y precisar detalles sobre ese deporte que le apasiona: el futbol.
Primer encuentro: Manzanillo, Villoro y jóvenes narradores (primera parte)
David Chávez
A las ocho con treinta de la mañana saldría el camión que nos llevaría a Manzanillo. Parecía exagerado que la Secretaría de Cultura apoyara con un camión para llevarnos a Gabriela Alegría, Jorge Vega, Alberto Llanes, Olmo Gilberto Moreno, Armando Martínez Orozco y a mi al Encuentro de Jóvenes Narradores en el puerto.
Minutos antes de las nueve llegó la camioneta en la que nos iríamos. Estábamos un poco nerviosos, por eso las conversaciones se entrecortaban, los ojos iban de aquí a allá buscando algo en común que nos ubicara en el mismo plano. Tan diferentes éramos el martes por la mañana que sólo nos unía la narrativa, sólo había pocas cosas en común.
Tuvo que ser la charla carretera la que rompiera el hielo: Alberto platicando con Jorge, Gabriela al pendiente del velocímetro, Armando y sus diálogos con no sé que autor y Olmo y yo elucubrando supuestos relacionados con la otredad, el mestizaje y la literatura; tuvo que ser el ticuz que murió al golpearse en su vuelo contra el filo de la lámina y el parabrisas de la camioneta el que nos sacara los nervios, el que nos hizo pensar en la muerte, los accidentes, la vida, la risa y las casualidades. ¿Cuáles de ellas nos llevaban a casi 120 kilómetros por hora a Manzanillo? Convivir durante tres días, leer nuestros textos en el marco del III Festival Cultural del Centro Histórico de Manzanillo, compartir ideas e interrogantes sobre el cuento y la narrativa con Juan Villoro, asistir a la presentación de su Safari accidental, esperar a Trino el jueves para descubrir sus Misterios charros y regresar a casa.
Cuando llegamos ya el director de Cultura de Manzanillo, Avelino Gómez, nos esperaba en el salón de Cabildo. Ahí leerían Alberto, Gabriela, Olmo y Fernando Lazlo, de 17 años, de Manzanillo, buscando ser el profeta en su puerto. Aumentó el nerviosismo porque los asistentes –puros chavos del CET del Mar- estaban a la expectativa. Primer encuentro de Olmo, Gabriela, Alberto y Fernando ante el público manzanillense y viceversa. Por sugerencia de Guillermina Cuevas, Avelino distribuyó papeletas en las cuales el público, para promover la interacción de algún modo, escribiría sus comentarios a las lecturas.
Gabriela y Alberto se llevaron la mañana. Olmo obtuvo sugerencias y Fernando veía entusiasmado, sin perder la esperanza, los resultados de leer atropelladamente su texto ante los porteños. Y nos llevaron a la casa donde nos hospedaríamos. Avelino nos mandó lejos, lejos del centro histórico, allá donde Guille Cuevas ya había cocinado y junto con Teodoro Villegas nos daría la bienvenida. Vinieron las reglas, el acomodo y a las cuatro de la tarde Juan Villoro para comenzar a andar las palabras, los comentarios sobre el cuento, la narrativa, la literatura, el oficio, los temores, las esperanzas de escribir, al escribir, para escribir...
Fue el encuentro de Villoro con narradores jóvenes. Hasta las diez de la noche no paró de contestar, de conversar, de beber café de la taza blanca, de aclarar y poner en comunión las ideas que los integrantes de Casa Malagua y quienes asistimos a este encuentro de narradores jóvenes aventuramos. No se quedó a la cena. Por eso fue que lo dejamos irse con hasta luegos.
Antes que Juan presente Safari accidental también hoy a Jorge Vega, Armando Martínez, Gerardo González y a mi nos tocó encontrarnos con los chavos del CETIS 84 –poquitos pero sinceros, como decía la amiga de mi mamá-, a las once de la mañana, y vimos las esperanzas de escribir, al escribir, para escribir en ellos y nosotros, en el Salón de Cabildo. Aún no veo sus comentarios, así que será necesario leerlos para ver si encuentro otro encuentro en este encuentro de narradores jóvenes.
A las ocho con treinta de la mañana saldría el camión que nos llevaría a Manzanillo. Parecía exagerado que la Secretaría de Cultura apoyara con un camión para llevarnos a Gabriela Alegría, Jorge Vega, Alberto Llanes, Olmo Gilberto Moreno, Armando Martínez Orozco y a mi al Encuentro de Jóvenes Narradores en el puerto.
Minutos antes de las nueve llegó la camioneta en la que nos iríamos. Estábamos un poco nerviosos, por eso las conversaciones se entrecortaban, los ojos iban de aquí a allá buscando algo en común que nos ubicara en el mismo plano. Tan diferentes éramos el martes por la mañana que sólo nos unía la narrativa, sólo había pocas cosas en común.
Tuvo que ser la charla carretera la que rompiera el hielo: Alberto platicando con Jorge, Gabriela al pendiente del velocímetro, Armando y sus diálogos con no sé que autor y Olmo y yo elucubrando supuestos relacionados con la otredad, el mestizaje y la literatura; tuvo que ser el ticuz que murió al golpearse en su vuelo contra el filo de la lámina y el parabrisas de la camioneta el que nos sacara los nervios, el que nos hizo pensar en la muerte, los accidentes, la vida, la risa y las casualidades. ¿Cuáles de ellas nos llevaban a casi 120 kilómetros por hora a Manzanillo? Convivir durante tres días, leer nuestros textos en el marco del III Festival Cultural del Centro Histórico de Manzanillo, compartir ideas e interrogantes sobre el cuento y la narrativa con Juan Villoro, asistir a la presentación de su Safari accidental, esperar a Trino el jueves para descubrir sus Misterios charros y regresar a casa.
Cuando llegamos ya el director de Cultura de Manzanillo, Avelino Gómez, nos esperaba en el salón de Cabildo. Ahí leerían Alberto, Gabriela, Olmo y Fernando Lazlo, de 17 años, de Manzanillo, buscando ser el profeta en su puerto. Aumentó el nerviosismo porque los asistentes –puros chavos del CET del Mar- estaban a la expectativa. Primer encuentro de Olmo, Gabriela, Alberto y Fernando ante el público manzanillense y viceversa. Por sugerencia de Guillermina Cuevas, Avelino distribuyó papeletas en las cuales el público, para promover la interacción de algún modo, escribiría sus comentarios a las lecturas.
Gabriela y Alberto se llevaron la mañana. Olmo obtuvo sugerencias y Fernando veía entusiasmado, sin perder la esperanza, los resultados de leer atropelladamente su texto ante los porteños. Y nos llevaron a la casa donde nos hospedaríamos. Avelino nos mandó lejos, lejos del centro histórico, allá donde Guille Cuevas ya había cocinado y junto con Teodoro Villegas nos daría la bienvenida. Vinieron las reglas, el acomodo y a las cuatro de la tarde Juan Villoro para comenzar a andar las palabras, los comentarios sobre el cuento, la narrativa, la literatura, el oficio, los temores, las esperanzas de escribir, al escribir, para escribir...
Fue el encuentro de Villoro con narradores jóvenes. Hasta las diez de la noche no paró de contestar, de conversar, de beber café de la taza blanca, de aclarar y poner en comunión las ideas que los integrantes de Casa Malagua y quienes asistimos a este encuentro de narradores jóvenes aventuramos. No se quedó a la cena. Por eso fue que lo dejamos irse con hasta luegos.
Antes que Juan presente Safari accidental también hoy a Jorge Vega, Armando Martínez, Gerardo González y a mi nos tocó encontrarnos con los chavos del CETIS 84 –poquitos pero sinceros, como decía la amiga de mi mamá-, a las once de la mañana, y vimos las esperanzas de escribir, al escribir, para escribir en ellos y nosotros, en el Salón de Cabildo. Aún no veo sus comentarios, así que será necesario leerlos para ver si encuentro otro encuentro en este encuentro de narradores jóvenes.
jueves, enero 26, 2006
del post anterior
Esta que está abajo es la presentación para la exposición de Gregorio Iván Preciado, que pueden visitar en los pasillos de la presidencia municipal de Colima. La neta la escribió el Tapiro, así que ahí sabrán...
Tan chidas las fotos, vayan a verlas antes que las quiten. Aclarado el asunto, y desligádome de esos avatares, esperen más cuentillos... Ah, el Goyo utilizó cuentillos míos que pueden leer en este blog: Yentlemencia y Colima está hecha para no andarla solo.
el deivis&chelas que ya se fue a dormir.
Tan chidas las fotos, vayan a verlas antes que las quiten. Aclarado el asunto, y desligádome de esos avatares, esperen más cuentillos... Ah, el Goyo utilizó cuentillos míos que pueden leer en este blog: Yentlemencia y Colima está hecha para no andarla solo.
el deivis&chelas que ya se fue a dormir.
miércoles, enero 11, 2006
De poquito en poquito
David Chávez
Poco a poco quiero irme yendo: agarrarme llorando la noche toda.
Y así, DE POQUITO EN POQUITO desaparecer, dejando escapar el aire en cada suspiro para saber que no vuelve ya hasta amanecer despertar convertido en uncharquitodelágrimas.
Poco a poco quiero irme yendo: agarrarme llorando la noche toda.
Y así, DE POQUITO EN POQUITO desaparecer, dejando escapar el aire en cada suspiro para saber que no vuelve ya hasta amanecer despertar convertido en uncharquitodelágrimas.
Colima está hecha para no andarla solo
David Chávez
Colima está hecha para no andarla solo, para caminarla de noche, platicándole, escuchándola; para detenerse en sus esquinas, mirar si viene algún automóvil y tomarle de la mano para cruzar las calles, para que me regañe por mis fumadas.
Colima me queda muy chica, muy ajustada: me aprieta el corazón. Sus manos, sus labios, aparta las avenidas, los semáforos, a la gente, hace que respire. Sentado me levanta, tranquilo me inquieta, a lo lejos me desampara: Colima me ahoga, me asusta. Y hay tantos asesinatos, tantas violaciones, tantos robos, tanto yo, tanto tanto tanto… cosas tan cotidianas que mirar…
Si yo tuviera al cuerpo, si yo tuviera el cuerpo, si yo tuviera su cuerpo, otro, no este, lo adiestraría para amar Colima desde su origen. Le diría que deberá esperar, lo prepararía para una ausencia, le diría que andara, como yo, de la mano de la imagen colimota, de su recuerdo, su risa, sus palabras, hasta que el tiempo la materializara. Entonces desecharía ese cuerpo y me volvería yo.
Y este cuerpo y mis labios se secan como sus banquetas. Colima. Se cuartean con cada 7.1 grados de día en la escala de David Chávez. Esperan las lluvias de junio, de julio, para saciarse. Dan ganas de emborracharse de madrugadas, de embriagarse con olor a sandía, de ponerme ausente porque sigo los recuerdos, las vivencias y veo la ciudad en cada suyo: se me acabará la tranquilidad cuando se termine esa página de vivencias, ese libro que escribimos los que en sus manos vivimos.
Colima está hecha para andarse, para caminarse, para echar y poner en libertad la vida y en el caudal, en el afluente, en la corriente colimota del paso del tiempo sujetarse, aferrarse a la tabla salvadora de los sueños.
Nos da los pasos. Aquí Colima. Aquí un camino esperando a andar.
Colima está hecha para no andarla solo, para caminarla de noche, platicándole, escuchándola; para detenerse en sus esquinas, mirar si viene algún automóvil y tomarle de la mano para cruzar las calles, para que me regañe por mis fumadas.
Colima me queda muy chica, muy ajustada: me aprieta el corazón. Sus manos, sus labios, aparta las avenidas, los semáforos, a la gente, hace que respire. Sentado me levanta, tranquilo me inquieta, a lo lejos me desampara: Colima me ahoga, me asusta. Y hay tantos asesinatos, tantas violaciones, tantos robos, tanto yo, tanto tanto tanto… cosas tan cotidianas que mirar…
Si yo tuviera al cuerpo, si yo tuviera el cuerpo, si yo tuviera su cuerpo, otro, no este, lo adiestraría para amar Colima desde su origen. Le diría que deberá esperar, lo prepararía para una ausencia, le diría que andara, como yo, de la mano de la imagen colimota, de su recuerdo, su risa, sus palabras, hasta que el tiempo la materializara. Entonces desecharía ese cuerpo y me volvería yo.
Y este cuerpo y mis labios se secan como sus banquetas. Colima. Se cuartean con cada 7.1 grados de día en la escala de David Chávez. Esperan las lluvias de junio, de julio, para saciarse. Dan ganas de emborracharse de madrugadas, de embriagarse con olor a sandía, de ponerme ausente porque sigo los recuerdos, las vivencias y veo la ciudad en cada suyo: se me acabará la tranquilidad cuando se termine esa página de vivencias, ese libro que escribimos los que en sus manos vivimos.
Colima está hecha para andarse, para caminarse, para echar y poner en libertad la vida y en el caudal, en el afluente, en la corriente colimota del paso del tiempo sujetarse, aferrarse a la tabla salvadora de los sueños.
Nos da los pasos. Aquí Colima. Aquí un camino esperando a andar.
jueves, diciembre 29, 2005
noche pampera en año nuevo (pieza, primera parte)
david chávez
Vos, vení acá. Acostate junto a mi. Desnudate. Encimate. No digas nada: recostate a mi lado para olerte. Dejá la luz del baño encendida para verte los senos. Echá encima esa sábana blanca, fresca, acariciadora que te erecta los pezones, que me enrigorese el miembro. Acostate aquí conmigo un momento, un instante; cierra los ojos y deja que sea yo quien te mire, te acaricie las rodillas, las piernas, los muslos... tu sexo durmiendo, tu pubis que sube y baja, tu panza que me gusta tanto: dejame verte al ritmo que respiras cómo descansan tus senos; dejame olerte tu aliento de caña de azúcar, tocarte la frente, besarte los párpados. Dejame que te vea como a mi niña, dejame sentirme tu nuevo padre, tu amante, tu brazo, tus dedos, tu todo... tu vida, tu corazón que palpita: dejá que saque esta ternura que tengo, que te contemplemos sho y la luna pampera.
Dejame que me acerque, estar contigo, descansar mi cabeza lo más próximo a ti, soñar tu respiración, olerte, refrescarme con tu cabesho. Dejá que se erecten tus pezones con la sábana blanca, blanquísima, fresca... dejame que los bese como beso tu frente; arrusharte con este cariño. Acostate, sin miedos, sin temores, que no va a pasar nada fuera de nosotros: sho te voa mirar como el buey al abrevadero, como el cowboy a la osha del café, como gaucho a la matera, como un cholo perdido en la selva que encuentra el camino a casa después de juntar goma.
Minha, tan hermosa que vos sos... dejá que te acaricie las axilas sin hacerte cosquishas, que te mire el rostro, que te acaricie con estos labios que te rezan a besos por tu piel morena, morenita...vos sos la pampa, la shanura, el campo recién shovido, el remanso del río; acostate aquí, a mi lado, y dejá que sea sho quien te apacigue el corazón: dejá que la sabana nos cubra como la noche, dejá que te cubra mi desnudez, mis ganas sexañorantes de acariciarte miémbricamente, oloríficamente.
Date la vuelta ensoñada, girá a tu costado contrario, mostráme tuspalda limpia, plana, shanura, pampa, patio, jardín, parque, área de juegos.
Dejáme que la recorra, que la recamine, que la redisfrute, que la revea, que la reacaricie, que la rebese, que me rebase, me recubra, me reinstale, que me recrimine, reacecharla; suspirá...
andá, suspirá para mi.
Dejá que tu mano izquierda resbale y caiga a un costado tuyo, cerca de mi, para besarla...
voltea ensoñadamente hacia mi para verte de nuevo el rostro, el cuesho, los hombros, los brazos, tus senos, la cadera, y abrazarte, cruzar la pampa y visitarte las nalgas: dejame que te las acaricie, palparlas, conocerlas. Dejáme dormirme con tu cuerpo-fogata cerca, con mi miembro caluroso cercano a ti, muy cerca de ti, que casi te toca, que te quiere ver, que te shama a gritos sordos y permanece erectante, expectante, mirándote.
Dejá que duerma, dejate dormir aquí, conmigo, con esta sábana blanca, inviolable, sobre nosotros, nuestra, y despertate cuando sho te hasha recorrido con el cuerpo, cuando terminen mis pasomiembros de estar en tu cuerpo, entonces arrushame séxicamente, púbicamente, amatoriamente: dejame el cabesho extendido, dormido, cabalgante, fálico. Antes que duerma, minha mía, piba mía, cubrime tú, cubrínos con la sábana y dime, cuando sho duerma, cuando shegue la duermevela, dime que vos me amás como yo te amo.
Vos, vení acá. Acostate junto a mi. Desnudate. Encimate. No digas nada: recostate a mi lado para olerte. Dejá la luz del baño encendida para verte los senos. Echá encima esa sábana blanca, fresca, acariciadora que te erecta los pezones, que me enrigorese el miembro. Acostate aquí conmigo un momento, un instante; cierra los ojos y deja que sea yo quien te mire, te acaricie las rodillas, las piernas, los muslos... tu sexo durmiendo, tu pubis que sube y baja, tu panza que me gusta tanto: dejame verte al ritmo que respiras cómo descansan tus senos; dejame olerte tu aliento de caña de azúcar, tocarte la frente, besarte los párpados. Dejame que te vea como a mi niña, dejame sentirme tu nuevo padre, tu amante, tu brazo, tus dedos, tu todo... tu vida, tu corazón que palpita: dejá que saque esta ternura que tengo, que te contemplemos sho y la luna pampera.
Dejame que me acerque, estar contigo, descansar mi cabeza lo más próximo a ti, soñar tu respiración, olerte, refrescarme con tu cabesho. Dejá que se erecten tus pezones con la sábana blanca, blanquísima, fresca... dejame que los bese como beso tu frente; arrusharte con este cariño. Acostate, sin miedos, sin temores, que no va a pasar nada fuera de nosotros: sho te voa mirar como el buey al abrevadero, como el cowboy a la osha del café, como gaucho a la matera, como un cholo perdido en la selva que encuentra el camino a casa después de juntar goma.
Minha, tan hermosa que vos sos... dejá que te acaricie las axilas sin hacerte cosquishas, que te mire el rostro, que te acaricie con estos labios que te rezan a besos por tu piel morena, morenita...vos sos la pampa, la shanura, el campo recién shovido, el remanso del río; acostate aquí, a mi lado, y dejá que sea sho quien te apacigue el corazón: dejá que la sabana nos cubra como la noche, dejá que te cubra mi desnudez, mis ganas sexañorantes de acariciarte miémbricamente, oloríficamente.
Date la vuelta ensoñada, girá a tu costado contrario, mostráme tuspalda limpia, plana, shanura, pampa, patio, jardín, parque, área de juegos.
Dejáme que la recorra, que la recamine, que la redisfrute, que la revea, que la reacaricie, que la rebese, que me rebase, me recubra, me reinstale, que me recrimine, reacecharla; suspirá...
andá, suspirá para mi.
Dejá que tu mano izquierda resbale y caiga a un costado tuyo, cerca de mi, para besarla...
voltea ensoñadamente hacia mi para verte de nuevo el rostro, el cuesho, los hombros, los brazos, tus senos, la cadera, y abrazarte, cruzar la pampa y visitarte las nalgas: dejame que te las acaricie, palparlas, conocerlas. Dejáme dormirme con tu cuerpo-fogata cerca, con mi miembro caluroso cercano a ti, muy cerca de ti, que casi te toca, que te quiere ver, que te shama a gritos sordos y permanece erectante, expectante, mirándote.
Dejá que duerma, dejate dormir aquí, conmigo, con esta sábana blanca, inviolable, sobre nosotros, nuestra, y despertate cuando sho te hasha recorrido con el cuerpo, cuando terminen mis pasomiembros de estar en tu cuerpo, entonces arrushame séxicamente, púbicamente, amatoriamente: dejame el cabesho extendido, dormido, cabalgante, fálico. Antes que duerma, minha mía, piba mía, cubrime tú, cubrínos con la sábana y dime, cuando sho duerma, cuando shegue la duermevela, dime que vos me amás como yo te amo.
martes, diciembre 27, 2005
Una historia de Görmand
david chávez
Estaba buscando no recuerdo qué cosa cuando convine con la ama de llaves en haber escuchado la voz de una niña que decía haberme visto muerto en uno de sus sueños. Preocupado por la noticia y por la intrusión de la niña (que en realidad no era tan niña pues andaba entre dieciocho o diecinueve años de edad, aunque su voz no los reflejara) resolví dejar la búsqueda en paz y buscar a la emisaria de aquellas noticias tan desagradables.
Antes, metí la mano por debajo del vestido de la empleada doméstica y le sobé cariñosamente las nalgas. Ella sonrió y yo tuve que salir corriendo de la casa si quería alcanzar a la optimista que -fuera de cualquier presunción- ya quisiera ella que yo me muriera.
Bajé las escaleras como el viento y al abrir la puerta conseguí verla correr a mitad de la calle. Como pude eché a correr para alcanzarla. Había algo en ella que me era familiar; sí, su voz me era familiar, tal vez alguna sobrina, alguna prima extraviada o una hija o nieta, quién sabe. Debido a que fumo mi condición física no es muy buena (pueden verlo en la forma en que coloco, las comas y los puntos) así que en unos cuantos minutos ya podía verme bufando y resoplando, echando los bofes fuera, como dicen.
A tres calles de haber intentado seguirle la pista a la mujer se detuvo ella, estaba en un Oisa, un auto fabricado exclusivamente para mujeres y que únicamente es conducido en zonas urbanas, no apto para carretera porque, al igual que el Atos, a la menor brisa que les pase por debajo se voltean. Me pidió que la siguiera, avanzó primero despacio luego rápido.
Regresé al trote hacia la casa. Ozza abrió la puerta y le agradecí hurgando por debajo del vestido. Cogí las llaves de una de mis últimas adquisiciones: un Momsa deportivo que alcanza los 204 kilómetros por hora, busqué al perro y, con él detrás, salí en persecución de la tipa.
La busqué por las calles de Villa Görmand. Hay pocos autos, acaso sesenta o cien en temporada vacacional y siempre se sabe cuando alguien es fuereño o ha comprado auto nuevo. A las quince felicitaciones por mi Momsa la vi. Estaba por estacionarse en la pescadería. Al tercer bocinazo del claxon de mi auto volteó y pudo reconocerme. Abordó el Oisa y arrancó rumbo a las afueras de Görmand.
La seguí y la persecución pronto se tornó en competencia que terminó junto al lago del Calabozo. Bajó del auto y yo también. Sacó sus cigarros y yo también. Comenzamos a hablar y a fumar mientras le preguntaba cómo era eso de que me había soñado muerto. Mientras me explicaba que su madre había hecho no sé qué cosas rodeé el automóvil y me di cuenta que era igual al que yo había regalado alguna vez, cuando fui rico y tenía muchas amantes.
En mi sueño, me dijo, alguien me pidió prestado el auto. Inquirí si se trataba del Oisa y me contestó que no. Era uno similar al mío y entonces comenzó a contarme lo que pasó. Prestó el carro, fue a un bar pero su Momsa, bueno, mi Momsa se lo prestó a un amigo para que fuera por los demás. El tipo estaba ebrio. Salió a todo lo que daba el carrito, se pasó un alto y cayó en la barranca de Medas. Tuvo que pagarle el Momsa nuevecito…
Comencé a desesperarme y la urgí para que concluyera. El problema fue que su identificación estaba en el auto dañado. Como ella era la dueña del carro la policía la detuvo. El tipo huyó pero luego pagó los gastos. No entendía por qué la detuvieron si el accidentado fue él.
Dijo que el fulano llevaba cervezas en el carro, mariguana y dos grapas de cocaína. En el sueño su madre se enteró y su padre, que se parece a mi, según ella, se fue de casa porque el hecho había rebasado todas sus expectativas puestas en la hija. Y yo me parecía a su padre, quien no se fue solo sino con otra mujer. Soñó que lo veía caminando: llevaba en un brazo un gato y en el otro a la mujer. Ella iba en el carro nuevo y aceleró. Murieron los dos. Después fue cosa de que su madre la despertara para mandarla a la escuela y cuando iba hacia allá me vio por la ventana, entró y dijo lo dicho.
Tú estás muerto, me gritó. Le dije que se calmara, que hiciéramos algo: yo a subirme al Momsa y a conducir de regreso a casa. Ella subiría a su Oisa y se iría a la escuela. La chica comenzó a llorar. Apagué el cigarro. No estaba para lloriqueos, así que decidí cumplir mi palabra: no sé qué fue de ella. Debió haberse suicidado o seguro escapó de su casa.
Metí el auto a la cochera y llamé a Ozza, que me contestó desde la cocina. El perro movió la cola cuando se acercó y los dos entramos a casa. Volvía acariciarle las nalgas a mi ama de llaves cuando llegó a ofrecerme algo de jugo de naranja.
Estaba buscando no recuerdo qué cosa cuando convine con la ama de llaves en haber escuchado la voz de una niña que decía haberme visto muerto en uno de sus sueños. Preocupado por la noticia y por la intrusión de la niña (que en realidad no era tan niña pues andaba entre dieciocho o diecinueve años de edad, aunque su voz no los reflejara) resolví dejar la búsqueda en paz y buscar a la emisaria de aquellas noticias tan desagradables.
Antes, metí la mano por debajo del vestido de la empleada doméstica y le sobé cariñosamente las nalgas. Ella sonrió y yo tuve que salir corriendo de la casa si quería alcanzar a la optimista que -fuera de cualquier presunción- ya quisiera ella que yo me muriera.
Bajé las escaleras como el viento y al abrir la puerta conseguí verla correr a mitad de la calle. Como pude eché a correr para alcanzarla. Había algo en ella que me era familiar; sí, su voz me era familiar, tal vez alguna sobrina, alguna prima extraviada o una hija o nieta, quién sabe. Debido a que fumo mi condición física no es muy buena (pueden verlo en la forma en que coloco, las comas y los puntos) así que en unos cuantos minutos ya podía verme bufando y resoplando, echando los bofes fuera, como dicen.
A tres calles de haber intentado seguirle la pista a la mujer se detuvo ella, estaba en un Oisa, un auto fabricado exclusivamente para mujeres y que únicamente es conducido en zonas urbanas, no apto para carretera porque, al igual que el Atos, a la menor brisa que les pase por debajo se voltean. Me pidió que la siguiera, avanzó primero despacio luego rápido.
Regresé al trote hacia la casa. Ozza abrió la puerta y le agradecí hurgando por debajo del vestido. Cogí las llaves de una de mis últimas adquisiciones: un Momsa deportivo que alcanza los 204 kilómetros por hora, busqué al perro y, con él detrás, salí en persecución de la tipa.
La busqué por las calles de Villa Görmand. Hay pocos autos, acaso sesenta o cien en temporada vacacional y siempre se sabe cuando alguien es fuereño o ha comprado auto nuevo. A las quince felicitaciones por mi Momsa la vi. Estaba por estacionarse en la pescadería. Al tercer bocinazo del claxon de mi auto volteó y pudo reconocerme. Abordó el Oisa y arrancó rumbo a las afueras de Görmand.
La seguí y la persecución pronto se tornó en competencia que terminó junto al lago del Calabozo. Bajó del auto y yo también. Sacó sus cigarros y yo también. Comenzamos a hablar y a fumar mientras le preguntaba cómo era eso de que me había soñado muerto. Mientras me explicaba que su madre había hecho no sé qué cosas rodeé el automóvil y me di cuenta que era igual al que yo había regalado alguna vez, cuando fui rico y tenía muchas amantes.
En mi sueño, me dijo, alguien me pidió prestado el auto. Inquirí si se trataba del Oisa y me contestó que no. Era uno similar al mío y entonces comenzó a contarme lo que pasó. Prestó el carro, fue a un bar pero su Momsa, bueno, mi Momsa se lo prestó a un amigo para que fuera por los demás. El tipo estaba ebrio. Salió a todo lo que daba el carrito, se pasó un alto y cayó en la barranca de Medas. Tuvo que pagarle el Momsa nuevecito…
Comencé a desesperarme y la urgí para que concluyera. El problema fue que su identificación estaba en el auto dañado. Como ella era la dueña del carro la policía la detuvo. El tipo huyó pero luego pagó los gastos. No entendía por qué la detuvieron si el accidentado fue él.
Dijo que el fulano llevaba cervezas en el carro, mariguana y dos grapas de cocaína. En el sueño su madre se enteró y su padre, que se parece a mi, según ella, se fue de casa porque el hecho había rebasado todas sus expectativas puestas en la hija. Y yo me parecía a su padre, quien no se fue solo sino con otra mujer. Soñó que lo veía caminando: llevaba en un brazo un gato y en el otro a la mujer. Ella iba en el carro nuevo y aceleró. Murieron los dos. Después fue cosa de que su madre la despertara para mandarla a la escuela y cuando iba hacia allá me vio por la ventana, entró y dijo lo dicho.
Tú estás muerto, me gritó. Le dije que se calmara, que hiciéramos algo: yo a subirme al Momsa y a conducir de regreso a casa. Ella subiría a su Oisa y se iría a la escuela. La chica comenzó a llorar. Apagué el cigarro. No estaba para lloriqueos, así que decidí cumplir mi palabra: no sé qué fue de ella. Debió haberse suicidado o seguro escapó de su casa.
Metí el auto a la cochera y llamé a Ozza, que me contestó desde la cocina. El perro movió la cola cuando se acercó y los dos entramos a casa. Volvía acariciarle las nalgas a mi ama de llaves cuando llegó a ofrecerme algo de jugo de naranja.
miércoles, diciembre 21, 2005
Nunca serás miembro de la Iglesia de los Santos de los ya casi Últimos Días
david chávez
La hermana Flores tocó el timbre de tu casa: cocinabas bisteces y quesadillas. La música del radio te recuerda la infancia; no bajaste el volumen antes de salir a abrir. Eran miembras de la Iglesia de los Santos de los ya casi Últimos Días, un nombre demasiado largo para ofrecerlo como producto y medio para alcanzar la salvación, “válgame Dios” exclamaste para tus adentros.
“Hermana Flores”, leíste en el gafete de la morenita de ojos grandes que te ofrecía el reino de salvación.
“Armando Bonfil”, contestaste a la presentación que hizo la morena delgada ojigrande. De la otra ni el nombre recuerdas. El olor de las tortillas quemándose y de la carne que empezaba a sancocharse con la cebolla te hizo reaccionar y pedir unos momentos: entraste y apagaste el fuego de la estufa.
Accedieron (de otra forma igual te hubiera valido madre y las hubieras dejado ahí afuera: un buen bistec con cebolla frita es mucho más importante que una visita por parte de dos desconocidas, pero pediste permiso para retirarte unos momentos y apagar el fuego de la estufa, mientras, ellas –supusiste- escudriñarían la cochera) y de haberlas invitado a la sala quizá nunca te hubieras desecho de ellas y ni almorzado tranquilo.
Al regresar a la puerta de entrada, junto a la cochera, la morena preguntó a quemarropa si eras roquero.
“Escritor”, contestaste.
Un “Oh” que pareció más un pujidito sexy, excitante, escapó de labios de la hermana Flores, al parecer de incredulidad, pero lo dijiste con ese aplomo que ella te creyó, al menos eso pensaste cuando el choro mareador brotaba de los labios de la buenísima hermana Flores brotaba mientras dejabas tu vista en su ojo izquierdo, como tu padre habíate dicho que miraban las personas bien educadas, y luego lo bajabas hasta sus senos, valiéndote madre Todos Los Santos De Los Últimos Días Y Los Últimos Minutos que pudieran haberte visto.
La hermanaca hablaba sin cesar de un dios al que tú alguna vez rezaste, pero no andabas tan salido del redil como para entrar en otro mucho peor como el que la hermana pintaba así de bonito. Para restarle miedo y nervios a la religiosa aseguraste tolerancia: apareció entonces la imagen de tu padre despotricando y mentando madres contra las sectas. La otra “hermana” seguro llevaba la cuenta de las acciones: preguntas respondidas, tipo y modo de hablar, color de ojos y cuando te metiste a apagar la estufa seguro comentaba sobre de tu trasero.
Ahora lo ves tú a él. Sí, desde luego que pusiste atención a sus nalgas y llevaste tu vista a ese dorso cubierto con la playera traslúcida como las pantaletas que te habías puesto esa mañana. Esperaste. Regresó. El olor a cebolla frita te asqueaba y aún así el cuestionario sigió: esperabas una oportunidad divina de los Santos de los Últimos Días, asociación a la que entraste ya ni recordabas por qué.
La Güera embarazada hasta el sueño bostezó, dejándote su aliento en la oreja, excitándote los vellos de los brazos que se erectaron inmediatamente. Supusiste que estaban a punto de terminar el recorrido semanal y que pronto irías a casa a recordar esa cara, la sonrisa que puso cuando las saludó y dijo que era roquero. “No, rockero no: es escritor...” corregiste- y a pensar también en esas manos suyas, grasosas, que bien podrían haber llegado desde debajo de tu largo vestido hasta tus nalgas y bajar poco a poco las pantaletas traslúcidas como su playera de algodón, acariciarte los muslos y separarte las piernas.
La otra mujer dijo que iba a la tienda. Estabas desprotegida. El tipo respondía a las preguntas de si creía en la vida eterna, la resurrección y otras cosas que a ti te tenían sin cuidado, al menos por esa mañana.
“Estaba preparando mi comida cundo ustedes llegaron y debo estar al pendiente. Si usted pudiera venir otro día con gusto le respondo sus preguntas; inclusive podría hacer algunas cuestiones que tengo sobre el reino de Dios, sus ministros y la función que le dio a las mujeres tan bellas como usted aquí en la tierra”. Santo Dios. Lo habías dicho. Lo dijiste para observar la reacción de estas mujeres ante el galanteo. Tú, que siempre imaginaste ingresar a un Seminario, convertirte en presbítero y oficiar misa; que siempre quisiste preguntarle a alguien, después que descubriste la cogedera, la tomadera y a las mujeres fáciles, si estaba permitido jalársela de vez en cuando allá en el Seminario, porque no creías que fuera posible vivir en ese estado de celibato tan a la perfección, tan...
“Bueno, será mejor que venga otro día y así platicaremos más tranquilos”, y la hermana Flores se despidió con un apretón de manos. Sostuviste la suya por un poco más de tiempo, tan mamón y cursi como lo habías visto en las películas y jamás pensaste hacerlo o tal vez quería limpiarse la mano aceitosa y tu mente viajó a las tardes de tus catorce, quince, dieciséis años, cuando entrabas al aljibe de la casa en construcción, al regresar de clases, y enseñabas tus seños florecientes a quien se animara a besarlos, lamerlos, chupártelos. Por eso tu entrepierna se humedeció…
Fuiste a las oficinas de la congregación pero regresaste con él más tarde. Estaba sorprendido y tú más por estar ahí. Pasaste como un borreguito fuera del redil, acechada por el lobo, hacia el interior de la casa.
(Te llevó) La llevaste hasta tu cuarto donde la desvestiste y lamías lo que podía serle lamido; imaginabas que ella debía estar pensando en esas obras maléficas del demonio mientras estabas clavado en recordar a las otras que habían llegado a anunciar la buena nueva... Él se movía tan bien y sabía lo que te hacía que ya no pensaste en combatirlo: te dejaste llevar. Pronto, sentiste que tendrías un orgasmo: apretaste los dientes, sangraron tus labios y el hilillo púrpura te recordó el un libro acerca de tu secta. Gimiendo, le dijiste que eras casada.
Él, en su afán y penetración interminable te dijo que no en un pujido, que le valía madres y alzaba más y más tu vestido gris, largolargolargo, hasta dejar tus quejas: bajó con ansiedad a tu entrepierna para comenzar a rezarte un acto de contrición vaginal. Sonreíste, feliz por hacer feliz a otra persona, sobre todo a la ojigrande de los Santos de los ya casi Últimos Días.
Terminaron en un ajetreo febril: ella dando gritos (pudieron ser de arrepentimiento gozoso) y tú sudando a chorros. Se desarremangó el vestido que parecía sayal y se dirigió a la puerta de entrada, resoplando, mientras tú te deshacías del condón pecaminoso. La hermana Flores salió a la calle cuando tu madre llegaba a casa: estaba a punto de tocar el timbre. Ustedes salían, sorprendido y sorprendidas. A ti no te salvaría de esa condena ni Dios mismo en persona. Luego entraste o entraron y diste un sorbo al vaso con agua fresca de arroz que aligeró tú pena y volvió más llevadero el pecado cometido…
La hermana Flores tocó el timbre de tu casa: cocinabas bisteces y quesadillas. La música del radio te recuerda la infancia; no bajaste el volumen antes de salir a abrir. Eran miembras de la Iglesia de los Santos de los ya casi Últimos Días, un nombre demasiado largo para ofrecerlo como producto y medio para alcanzar la salvación, “válgame Dios” exclamaste para tus adentros.
“Hermana Flores”, leíste en el gafete de la morenita de ojos grandes que te ofrecía el reino de salvación.
“Armando Bonfil”, contestaste a la presentación que hizo la morena delgada ojigrande. De la otra ni el nombre recuerdas. El olor de las tortillas quemándose y de la carne que empezaba a sancocharse con la cebolla te hizo reaccionar y pedir unos momentos: entraste y apagaste el fuego de la estufa.
Accedieron (de otra forma igual te hubiera valido madre y las hubieras dejado ahí afuera: un buen bistec con cebolla frita es mucho más importante que una visita por parte de dos desconocidas, pero pediste permiso para retirarte unos momentos y apagar el fuego de la estufa, mientras, ellas –supusiste- escudriñarían la cochera) y de haberlas invitado a la sala quizá nunca te hubieras desecho de ellas y ni almorzado tranquilo.
Al regresar a la puerta de entrada, junto a la cochera, la morena preguntó a quemarropa si eras roquero.
“Escritor”, contestaste.
Un “Oh” que pareció más un pujidito sexy, excitante, escapó de labios de la hermana Flores, al parecer de incredulidad, pero lo dijiste con ese aplomo que ella te creyó, al menos eso pensaste cuando el choro mareador brotaba de los labios de la buenísima hermana Flores brotaba mientras dejabas tu vista en su ojo izquierdo, como tu padre habíate dicho que miraban las personas bien educadas, y luego lo bajabas hasta sus senos, valiéndote madre Todos Los Santos De Los Últimos Días Y Los Últimos Minutos que pudieran haberte visto.
La hermanaca hablaba sin cesar de un dios al que tú alguna vez rezaste, pero no andabas tan salido del redil como para entrar en otro mucho peor como el que la hermana pintaba así de bonito. Para restarle miedo y nervios a la religiosa aseguraste tolerancia: apareció entonces la imagen de tu padre despotricando y mentando madres contra las sectas. La otra “hermana” seguro llevaba la cuenta de las acciones: preguntas respondidas, tipo y modo de hablar, color de ojos y cuando te metiste a apagar la estufa seguro comentaba sobre de tu trasero.
Ahora lo ves tú a él. Sí, desde luego que pusiste atención a sus nalgas y llevaste tu vista a ese dorso cubierto con la playera traslúcida como las pantaletas que te habías puesto esa mañana. Esperaste. Regresó. El olor a cebolla frita te asqueaba y aún así el cuestionario sigió: esperabas una oportunidad divina de los Santos de los Últimos Días, asociación a la que entraste ya ni recordabas por qué.
La Güera embarazada hasta el sueño bostezó, dejándote su aliento en la oreja, excitándote los vellos de los brazos que se erectaron inmediatamente. Supusiste que estaban a punto de terminar el recorrido semanal y que pronto irías a casa a recordar esa cara, la sonrisa que puso cuando las saludó y dijo que era roquero. “No, rockero no: es escritor...” corregiste- y a pensar también en esas manos suyas, grasosas, que bien podrían haber llegado desde debajo de tu largo vestido hasta tus nalgas y bajar poco a poco las pantaletas traslúcidas como su playera de algodón, acariciarte los muslos y separarte las piernas.
La otra mujer dijo que iba a la tienda. Estabas desprotegida. El tipo respondía a las preguntas de si creía en la vida eterna, la resurrección y otras cosas que a ti te tenían sin cuidado, al menos por esa mañana.
“Estaba preparando mi comida cundo ustedes llegaron y debo estar al pendiente. Si usted pudiera venir otro día con gusto le respondo sus preguntas; inclusive podría hacer algunas cuestiones que tengo sobre el reino de Dios, sus ministros y la función que le dio a las mujeres tan bellas como usted aquí en la tierra”. Santo Dios. Lo habías dicho. Lo dijiste para observar la reacción de estas mujeres ante el galanteo. Tú, que siempre imaginaste ingresar a un Seminario, convertirte en presbítero y oficiar misa; que siempre quisiste preguntarle a alguien, después que descubriste la cogedera, la tomadera y a las mujeres fáciles, si estaba permitido jalársela de vez en cuando allá en el Seminario, porque no creías que fuera posible vivir en ese estado de celibato tan a la perfección, tan...
“Bueno, será mejor que venga otro día y así platicaremos más tranquilos”, y la hermana Flores se despidió con un apretón de manos. Sostuviste la suya por un poco más de tiempo, tan mamón y cursi como lo habías visto en las películas y jamás pensaste hacerlo o tal vez quería limpiarse la mano aceitosa y tu mente viajó a las tardes de tus catorce, quince, dieciséis años, cuando entrabas al aljibe de la casa en construcción, al regresar de clases, y enseñabas tus seños florecientes a quien se animara a besarlos, lamerlos, chupártelos. Por eso tu entrepierna se humedeció…
Fuiste a las oficinas de la congregación pero regresaste con él más tarde. Estaba sorprendido y tú más por estar ahí. Pasaste como un borreguito fuera del redil, acechada por el lobo, hacia el interior de la casa.
(Te llevó) La llevaste hasta tu cuarto donde la desvestiste y lamías lo que podía serle lamido; imaginabas que ella debía estar pensando en esas obras maléficas del demonio mientras estabas clavado en recordar a las otras que habían llegado a anunciar la buena nueva... Él se movía tan bien y sabía lo que te hacía que ya no pensaste en combatirlo: te dejaste llevar. Pronto, sentiste que tendrías un orgasmo: apretaste los dientes, sangraron tus labios y el hilillo púrpura te recordó el un libro acerca de tu secta. Gimiendo, le dijiste que eras casada.
Él, en su afán y penetración interminable te dijo que no en un pujido, que le valía madres y alzaba más y más tu vestido gris, largolargolargo, hasta dejar tus quejas: bajó con ansiedad a tu entrepierna para comenzar a rezarte un acto de contrición vaginal. Sonreíste, feliz por hacer feliz a otra persona, sobre todo a la ojigrande de los Santos de los ya casi Últimos Días.
Terminaron en un ajetreo febril: ella dando gritos (pudieron ser de arrepentimiento gozoso) y tú sudando a chorros. Se desarremangó el vestido que parecía sayal y se dirigió a la puerta de entrada, resoplando, mientras tú te deshacías del condón pecaminoso. La hermana Flores salió a la calle cuando tu madre llegaba a casa: estaba a punto de tocar el timbre. Ustedes salían, sorprendido y sorprendidas. A ti no te salvaría de esa condena ni Dios mismo en persona. Luego entraste o entraron y diste un sorbo al vaso con agua fresca de arroz que aligeró tú pena y volvió más llevadero el pecado cometido…
Moderna relación entre modernistas
david chávez
Enrique González Martínez nació cuatro años después que Rubén Darío. Ambos poetas, el primero mexicano y el segundo nicaragüense, publicaron más de una veintena de libros. Darío, con Azul… y González Martínez con La muerte del cisne, logran atraer las miradas de sus contemporáneos, lectores y autores. La obra del nicaragüense marca el inicio del movimiento que permearía a Europa: el Modernismo.
Heredero del Simbolismo, el Parnaso y el Romanticismo, el movimiento encabezado por Darío surge a raíz de la búsqueda de una propuesta que rechazara la realidad social. Intentaba refugiarse en el arte ante la degradada realidad de aquel entonces, en un esfuerzo por encontrar la belleza, dado que las condiciones históricas del momento no podían ofrecerla: después de 1810 las ideas políticas de Francia llegaron con más fuerza a América; las discriminaciones entre clases sociales y razas se volvieron débiles, pero aún así no desaparecieron por completo y el continente comenzó a pensar en la unificación y en acabar con el colonialismo; además, los modelos socieconómicos se modificaron e influyeron en el contexto social.
Tomando como punto de partida el 1 de enero de 1804, fecha en que Haití se convierte en el primer país libre del yugo colonial en América, podremos observar que el ejercicio de las letras, en general, se encuentra hondamente marcado por el proyecto emancipador, liberador y contestatario de la vida social hasta 1860, cuando los recientes países logran cierto equilibrio. En Argentina culmina con la Constitución de 1853 y en México con la caída del Imperio (1867). Con excepción de Cuba y Puerto Rico, en 1830 el proceso de emancipación estaba terminado, aunque las luchas internas no habían acabado todavía.
Como no había una tradición de administración de gobierno, prevaleció la anarquía y el despotismo. De 1830 a 1850 predomina la inestabilidad. De 1850 a 1880 se empiezan a estabilizar las sociedades bajo el control oligárquico y el fortalecimiento económico derivado de una consolidación del comercio internacional. Se da, pues, el liberalismo ideológico en lo político y el romanticismo en lo artístico y literario.
Así como los movimientos económicos determinan el comportamiento social, este ejerce su influencia hasta las expresiones artísticas, por eso no es de extrañarse que el tema modernista trate de la situación del poeta en el mundo y la sociedad, un tópico que aparece en muchas variantes. Los modernistas responden conforme a su tiempo y su propuesta habla de frívolidades, se torna a veces sensual, brillante, solemne. En ocasiones adquiere un aire de expresividad refinada que sorprende y logra que el lector pueda ver al poeta desubicado en la sociedad a la que pertenece.
De 1881 a 1910 se produce un crecimiento acelerado de las ciudades capitales y se habla ya de una nueva burguesía que buscaba controlar tanto el mundo de los negocios como el de la política, en el que el arte no tuvo cabida. Los artistas se encontraron involucrados en la confirmación de sus países. Debido a la revolución industrial inglesa, muchos de ellos se enfrentan ante la decisión de incluirse o no en el incipiente progreso que la industria trae consigo e incluso se percatan de la deshumanización y la influencia que ejerce la mecanización en la vida cotidiana.
Es probable que Darío, modernista, y González Martínez, postmodernista, hablen por ello acerca del amor, el tiempo, la muerte, de cuestiones fantásticas, macabras, incluso sobrenaturales, del ocultismo y la magia; la condición humana, lo religioso, temas que no dejan de ser populares y que aspiraban a la evasión de la realidad, a la búsqueda de la belleza en otro campo que no fuera el político o el económico, a pesar de que ambos se desempeñaron sirviendo a sus respectivas patrias en el campo de la diplomacia y sobrevivieron con éxito a los cambios drásticos.
Para escapar de la lucha de clases, de razas y status, el Modernismo se refugió en el lenguaje literario y desde ahí exhibió su inconformidad, su rebeldía, el conflicto del autor con su tiempo. Recrear mundos y utopías parecía ser el objetivo.
Tras el auge de esa vanguardia literaria, Enrique González Martínez propone, según Jaime Torres Bodet en el prólogo a Tuércele el cuello…, “abandonar ciertas galas superfluas: las que había difundido en América el Modernismo. No era culpable Rubén Darío de tantas galas. El nicaragüense había adornado muchas veces su pensamiento con joyas entre las cuales no resultaron siempre los brillantes”. Con lo anterior, González Martínez no buscaba confrontar a la obra de Darío.
Luego de que el Modernismo situara a los autores frente a las posibilidades del lenguaje y los convenció de aspirar a un mundo que se antojaba utópico, el autor de La muerte… manifestó que no era necesario encontrar la belleza en formas tan elaboradas, tan lujosas de la poesía. Si bien Enrique González aconsejó a sus seguidores torcer el cuello del cisne, o acabar con el Modernismo, no lo hizo con ese fin; antes bien, pretendía orientar a aquellos que se internaron en la senda de la imitación hacia posibilidades más cercanas, más accesibles que las propuestas en Azul….
Y no era la poesía rubendariana un mal modelo, al contrario: quien aspirara a inscribirse en la corriente modernista debía poseer la sapiencia, las lecturas y las vivencias de los cosmopolitas. Tales requerimientos, a finales de 1880, año en que se publicó Azul…, se tornan difíciles de cumplir puesto que el desarrollo del capitalismo, la democratización, el incremento de servicios educacionales y el crecimiento del sector social afectaron en gran medida la ubicación de los polos culturales, dispersaron los centros educacionales y provocaron que la educación no se destinara a un sector social en particular. Las escuelas se enfocaron entonces a transmitir los conocimientos esenciales, y para hacerlos llegar a la mayor parte de la población sacrificaron la riqueza en cuanto a contenidos y volvieron triviales y simples tópicos sumamente importantes.
Debido a esto, González Martínez sintió que era necesario encontrar un camino que llevara al mismo lugar que el Modernismo, que se adaptara, sin melódicas acrobacias, a lo que él estimaba más, la majestad simbólica de la vida. Quizá por eso resultan tan expresivos los títulos de los libros con cuya publicación inició su obra definitiva: Silenter, en cuyos poemas evoca el poder armónico del silencio.
Enrique González impulsó una etapa en el Modernismo que se define por una reacción hacia la búsqueda de la belleza encabezada por Darío, pero de acuerdo con el nicaragüense en la preocupación ética; esto provoca un rompimiento, un reinicio modernista: el Postmodernismo. El proceso del conjunto y de las diferencias individuales, obstáculos para definir al movimiento, se ofrece también en cada poeta inscrito en él. En su base, la voluntad del Modernismo era manifestar la crisis de una época en que el individuo actúa rebelándose e imponiendo sus propias perspectivas por sentirse inconforme con lo consagrado.
Modernismo significa tendencia hacia la modernidad, una exigencia por ser moderno, lo que lleva al propósito de cambio, algo que se lleva a cabo con la propuesta de González Martínez. Y tiene su mensaje, dirección, su designio de cambio, su función revolucionaria. Por eso, para torcer el cuello del cisne se necesitan imágenes para revelar la esencia que se oculta bajo las apariencias, un diálogo consigo mismo, cierto individualismo, la angustia metafísica, la hipersensibilidad, el apuro de vivir y gozar el instante… ser moderno.
Referencias:
Azul... Rubén Darío. Edición de Antonio Oliver Belmás. Ed. Porrúa. México 1979
Tuércele el cuello al cisne y otros poemas. Enrique González Martínez. Ed. FCE/SEP. México, 1984.
http://www.tmx.com.ni/rubendario/cronologia.htm
Enrique González Martínez nació cuatro años después que Rubén Darío. Ambos poetas, el primero mexicano y el segundo nicaragüense, publicaron más de una veintena de libros. Darío, con Azul… y González Martínez con La muerte del cisne, logran atraer las miradas de sus contemporáneos, lectores y autores. La obra del nicaragüense marca el inicio del movimiento que permearía a Europa: el Modernismo.
Heredero del Simbolismo, el Parnaso y el Romanticismo, el movimiento encabezado por Darío surge a raíz de la búsqueda de una propuesta que rechazara la realidad social. Intentaba refugiarse en el arte ante la degradada realidad de aquel entonces, en un esfuerzo por encontrar la belleza, dado que las condiciones históricas del momento no podían ofrecerla: después de 1810 las ideas políticas de Francia llegaron con más fuerza a América; las discriminaciones entre clases sociales y razas se volvieron débiles, pero aún así no desaparecieron por completo y el continente comenzó a pensar en la unificación y en acabar con el colonialismo; además, los modelos socieconómicos se modificaron e influyeron en el contexto social.
Tomando como punto de partida el 1 de enero de 1804, fecha en que Haití se convierte en el primer país libre del yugo colonial en América, podremos observar que el ejercicio de las letras, en general, se encuentra hondamente marcado por el proyecto emancipador, liberador y contestatario de la vida social hasta 1860, cuando los recientes países logran cierto equilibrio. En Argentina culmina con la Constitución de 1853 y en México con la caída del Imperio (1867). Con excepción de Cuba y Puerto Rico, en 1830 el proceso de emancipación estaba terminado, aunque las luchas internas no habían acabado todavía.
Como no había una tradición de administración de gobierno, prevaleció la anarquía y el despotismo. De 1830 a 1850 predomina la inestabilidad. De 1850 a 1880 se empiezan a estabilizar las sociedades bajo el control oligárquico y el fortalecimiento económico derivado de una consolidación del comercio internacional. Se da, pues, el liberalismo ideológico en lo político y el romanticismo en lo artístico y literario.
Así como los movimientos económicos determinan el comportamiento social, este ejerce su influencia hasta las expresiones artísticas, por eso no es de extrañarse que el tema modernista trate de la situación del poeta en el mundo y la sociedad, un tópico que aparece en muchas variantes. Los modernistas responden conforme a su tiempo y su propuesta habla de frívolidades, se torna a veces sensual, brillante, solemne. En ocasiones adquiere un aire de expresividad refinada que sorprende y logra que el lector pueda ver al poeta desubicado en la sociedad a la que pertenece.
De 1881 a 1910 se produce un crecimiento acelerado de las ciudades capitales y se habla ya de una nueva burguesía que buscaba controlar tanto el mundo de los negocios como el de la política, en el que el arte no tuvo cabida. Los artistas se encontraron involucrados en la confirmación de sus países. Debido a la revolución industrial inglesa, muchos de ellos se enfrentan ante la decisión de incluirse o no en el incipiente progreso que la industria trae consigo e incluso se percatan de la deshumanización y la influencia que ejerce la mecanización en la vida cotidiana.
Es probable que Darío, modernista, y González Martínez, postmodernista, hablen por ello acerca del amor, el tiempo, la muerte, de cuestiones fantásticas, macabras, incluso sobrenaturales, del ocultismo y la magia; la condición humana, lo religioso, temas que no dejan de ser populares y que aspiraban a la evasión de la realidad, a la búsqueda de la belleza en otro campo que no fuera el político o el económico, a pesar de que ambos se desempeñaron sirviendo a sus respectivas patrias en el campo de la diplomacia y sobrevivieron con éxito a los cambios drásticos.
Para escapar de la lucha de clases, de razas y status, el Modernismo se refugió en el lenguaje literario y desde ahí exhibió su inconformidad, su rebeldía, el conflicto del autor con su tiempo. Recrear mundos y utopías parecía ser el objetivo.
Tras el auge de esa vanguardia literaria, Enrique González Martínez propone, según Jaime Torres Bodet en el prólogo a Tuércele el cuello…, “abandonar ciertas galas superfluas: las que había difundido en América el Modernismo. No era culpable Rubén Darío de tantas galas. El nicaragüense había adornado muchas veces su pensamiento con joyas entre las cuales no resultaron siempre los brillantes”. Con lo anterior, González Martínez no buscaba confrontar a la obra de Darío.
Luego de que el Modernismo situara a los autores frente a las posibilidades del lenguaje y los convenció de aspirar a un mundo que se antojaba utópico, el autor de La muerte… manifestó que no era necesario encontrar la belleza en formas tan elaboradas, tan lujosas de la poesía. Si bien Enrique González aconsejó a sus seguidores torcer el cuello del cisne, o acabar con el Modernismo, no lo hizo con ese fin; antes bien, pretendía orientar a aquellos que se internaron en la senda de la imitación hacia posibilidades más cercanas, más accesibles que las propuestas en Azul….
Y no era la poesía rubendariana un mal modelo, al contrario: quien aspirara a inscribirse en la corriente modernista debía poseer la sapiencia, las lecturas y las vivencias de los cosmopolitas. Tales requerimientos, a finales de 1880, año en que se publicó Azul…, se tornan difíciles de cumplir puesto que el desarrollo del capitalismo, la democratización, el incremento de servicios educacionales y el crecimiento del sector social afectaron en gran medida la ubicación de los polos culturales, dispersaron los centros educacionales y provocaron que la educación no se destinara a un sector social en particular. Las escuelas se enfocaron entonces a transmitir los conocimientos esenciales, y para hacerlos llegar a la mayor parte de la población sacrificaron la riqueza en cuanto a contenidos y volvieron triviales y simples tópicos sumamente importantes.
Debido a esto, González Martínez sintió que era necesario encontrar un camino que llevara al mismo lugar que el Modernismo, que se adaptara, sin melódicas acrobacias, a lo que él estimaba más, la majestad simbólica de la vida. Quizá por eso resultan tan expresivos los títulos de los libros con cuya publicación inició su obra definitiva: Silenter, en cuyos poemas evoca el poder armónico del silencio.
Enrique González impulsó una etapa en el Modernismo que se define por una reacción hacia la búsqueda de la belleza encabezada por Darío, pero de acuerdo con el nicaragüense en la preocupación ética; esto provoca un rompimiento, un reinicio modernista: el Postmodernismo. El proceso del conjunto y de las diferencias individuales, obstáculos para definir al movimiento, se ofrece también en cada poeta inscrito en él. En su base, la voluntad del Modernismo era manifestar la crisis de una época en que el individuo actúa rebelándose e imponiendo sus propias perspectivas por sentirse inconforme con lo consagrado.
Modernismo significa tendencia hacia la modernidad, una exigencia por ser moderno, lo que lleva al propósito de cambio, algo que se lleva a cabo con la propuesta de González Martínez. Y tiene su mensaje, dirección, su designio de cambio, su función revolucionaria. Por eso, para torcer el cuello del cisne se necesitan imágenes para revelar la esencia que se oculta bajo las apariencias, un diálogo consigo mismo, cierto individualismo, la angustia metafísica, la hipersensibilidad, el apuro de vivir y gozar el instante… ser moderno.
Referencias:
Azul... Rubén Darío. Edición de Antonio Oliver Belmás. Ed. Porrúa. México 1979
Tuércele el cuello al cisne y otros poemas. Enrique González Martínez. Ed. FCE/SEP. México, 1984.
http://www.tmx.com.ni/rubendario/cronologia.htm
La camisa azul
david chávez
Tuve que ponerme la camisa amarilla. Era tarde y no quería llegar mal presentado a la reunión con los inversionistas, por eso me detuve unos segundos, para ver que, efectivamente, no tuviera una sola arruga: desde la muerte de mi esposa ha sido mi madre quien plancha lo que visto.
Al día siguiente a la reunión, subí al auto las prendas arrugadas y, antes de dirigirme al trabajo, se las llevé a mi madre. Ella estaba en la puerta de la casa: debió escuchar el ruido del carro. Al saludarla le entregué la ropa y en su cara noté mucha más vejez para su edad. Tenía que irme pronto. De nuevo llegaría tarde. Dije adiós y salí como huyendo; gritó que todo estaría listo ese mismo día y pude manejar más tranquilo hacia el trabajo
Y regresé caminando. El auto había sufrido una descompostura. Tal vez por eso mi madre no notó cuando llegué y no pudo ocultar nada: la televisión transmitía un programa de concursos al que ella no prestaba atención, el olor a comida se escapaba por la ventana de la cocina, los vidrios estaban cansados de tanto polvo mientras la escoba descansaba tirada, cerca del baño y la vieja, con la plancha en la mano y la boca llena de agua, rociaba la camisa para humedecerla para lograr que las arrugas se borraran. La mano con que sostenía la plancha comenzaba a temblarle y el movimiento se transmitía a los hombros, llegaba al cuello y en la cara de mi madre aparecían los pliegues que antes estaban en la camisa azul.
Tuve que ponerme la camisa amarilla. Era tarde y no quería llegar mal presentado a la reunión con los inversionistas, por eso me detuve unos segundos, para ver que, efectivamente, no tuviera una sola arruga: desde la muerte de mi esposa ha sido mi madre quien plancha lo que visto.
Al día siguiente a la reunión, subí al auto las prendas arrugadas y, antes de dirigirme al trabajo, se las llevé a mi madre. Ella estaba en la puerta de la casa: debió escuchar el ruido del carro. Al saludarla le entregué la ropa y en su cara noté mucha más vejez para su edad. Tenía que irme pronto. De nuevo llegaría tarde. Dije adiós y salí como huyendo; gritó que todo estaría listo ese mismo día y pude manejar más tranquilo hacia el trabajo
Y regresé caminando. El auto había sufrido una descompostura. Tal vez por eso mi madre no notó cuando llegué y no pudo ocultar nada: la televisión transmitía un programa de concursos al que ella no prestaba atención, el olor a comida se escapaba por la ventana de la cocina, los vidrios estaban cansados de tanto polvo mientras la escoba descansaba tirada, cerca del baño y la vieja, con la plancha en la mano y la boca llena de agua, rociaba la camisa para humedecerla para lograr que las arrugas se borraran. La mano con que sostenía la plancha comenzaba a temblarle y el movimiento se transmitía a los hombros, llegaba al cuello y en la cara de mi madre aparecían los pliegues que antes estaban en la camisa azul.
Detalle para una piba traído del cielo argentino
david chávez
¿Que para qué vinimos con el piloto del avión? ¿Qué otra cosa querías, ah? Imagináte la cosa ashá arriba: el copiloto sin sentido por culpa deste boludo que le dio un macanazo; no dudo lo hasha matado. Eh, Rosso, por poco le rompés la cabeza al monigote. Sho quise enamorar a alguna azafata. Y lo intenté: recordá que estábamos peleados... ahí me tenés, escuchando a la minha esa que no se cashaba la boca. Hablaba y hablaba de no sé qué cosa que tenía que ver con el amor. Me habló tanto que me acordé de vos, y aquí estamos.
¿Que es casi la media noche? ¿Y eso qué importa, no es acaso tu cumpleaños? ah, decíme ¿Que por qué no mejor te shamé? ¿no es mejor en persona? Vengo, vinimos pues aquí el Rosso y sho. ¿Qué: no querías algo grandioso para tu cumpleaños? Miráme Elena, Elenita mía: fijáte piba que he tenido que tirarme del avión en paracaída, y no ha sido fácil cargar con este desgraciado a cuestas; ¿que para qué voy a querer sho al maldito piloto? ¿Vos... vos sos estúpida, que no tenés una imaginación? Mirá donde te señalo. Ahí están tus jodidos fuegos artificiales, y vos no me volvés a decir más nunca que no me importás. Mirálo Rosso, ¡quespectáculo! ¡Eh! mi Elena, Elenita mía, acaso no es este un detashazo? ¡sho por vos, mi vida, haría lo que fuera por tenerte contenta! Vení acá y dame un beso. ¡Felí cumpleaños!
¿Que para qué vinimos con el piloto del avión? ¿Qué otra cosa querías, ah? Imagináte la cosa ashá arriba: el copiloto sin sentido por culpa deste boludo que le dio un macanazo; no dudo lo hasha matado. Eh, Rosso, por poco le rompés la cabeza al monigote. Sho quise enamorar a alguna azafata. Y lo intenté: recordá que estábamos peleados... ahí me tenés, escuchando a la minha esa que no se cashaba la boca. Hablaba y hablaba de no sé qué cosa que tenía que ver con el amor. Me habló tanto que me acordé de vos, y aquí estamos.
¿Que es casi la media noche? ¿Y eso qué importa, no es acaso tu cumpleaños? ah, decíme ¿Que por qué no mejor te shamé? ¿no es mejor en persona? Vengo, vinimos pues aquí el Rosso y sho. ¿Qué: no querías algo grandioso para tu cumpleaños? Miráme Elena, Elenita mía: fijáte piba que he tenido que tirarme del avión en paracaída, y no ha sido fácil cargar con este desgraciado a cuestas; ¿que para qué voy a querer sho al maldito piloto? ¿Vos... vos sos estúpida, que no tenés una imaginación? Mirá donde te señalo. Ahí están tus jodidos fuegos artificiales, y vos no me volvés a decir más nunca que no me importás. Mirálo Rosso, ¡quespectáculo! ¡Eh! mi Elena, Elenita mía, acaso no es este un detashazo? ¡sho por vos, mi vida, haría lo que fuera por tenerte contenta! Vení acá y dame un beso. ¡Felí cumpleaños!
Química corporal
david chávez
Toda combustión genera agua. Si me ves sudado es porque ardo en deseos de verte.
Toda combustión genera agua. Si me ves sudado es porque ardo en deseos de verte.
martes, diciembre 20, 2005
Algo sobre Görmand (Esperando la revelación y hablar de Docta Malaliento, Lentesauto Infulero y las Plantas Culopodrido)
david chávez
AL LECTOR
Pese a que sobre Görmand se sabe y se ha escrito poco (lo único que he escrito sobre ese lugar en el que viví durante 24 años y del que ahora doy a conocer varias notas, textos y apuntes del tiempo que estuve ahí) pretendo dar a conocer ciertas particularidades de sus habitantes, por aquello de que "para muestra basta un botón" y así uno conozca más sobre ese rinconcito de México que me encontré por ahí desvalagado.
Görmand no tiene nada que ver con el mundo ficticio de Tolkien ni con Harry Potter ni pretendo con estos textos que les comparto algo similar. Ya les contaré de dónde viene su nombre, pues antes tuvo otro más mexicanón y que por no sé qué chingados le fue cambiado al actual, que suena hasta la madre de europeo.
Tampoco le ando oliendo el pedo al bueno del Borges, ni mucho menos a Cortázar, ni me quiero colgar etiquetas Onettianas inventando mundos porque la mera verdad este pueblito no tiene tanto de ficticio como Santa María, esa ciudad que todos llevamos dentro.
Bueno, advertidos están. Pásenle a lo barrido...
PREVIO AL I
de forma parecida a todos los que habitan en Görmand tengo la educación básica. de forma parecida a pocos en Görmand estudié después lo que quise. de forma parecida a la mayoría en Görmand pude conseguir trabajo después de viajar un poco. de forma parecida a la minoría en Görmand espero el momento de la revelación para bajarme de cierto ritmo de vida y adoptar otro. todos trabajan. es como en la historia perfecta donde no pasa nada porque todo está bien. así es Görmand. donde la comida es rica. donde toda la gente habla consigo misma y elige bien la cara y la actitud que pondrá ante los demás. pero lo que nos salva es que todos sabemos eso. uno puede pensar en todo momento y si alguien te ve sabe que tú estás pensando en sabe qué cosas y él sabe que tú sabes que él está pensando. así es Görmand y sus habitantes. hoy pensaré sobre algunos de ellos.
ADVERTENCIA
en Görmand la gente llega incluso a odiar las actitudes de los otros. esto no pasa a mayores por lo que en el PREVIO AL I les conté. a eso hay que agregar que aquí las venganzas más terribles, incluso robos o asesinatos o violaciones o agresiones se dan en el peor lugar. en el interior de uno mismo. Görmand es por eso este pueblo pequeño y tranquilo que es porque no muchos soportan estas luchas en su interior. no cualquiera puede vivir aquí.
I
hoy ando medio seriesón. hoy es la consecutiva ocasión de las que vienen que lo hacen sentir a uno frágil. cuando los teléfonos de los que conoces no reciben las llamadas. cuando uno quiere dormir y no puede. desas ocasiones que uno se da cuenta que va con la inercia y nomás dejándose llevar. sin saber si todo está bien o está mal.
es como el previo a la epifanía. a la revelación. a darse cuenta que hay que chingarle. escribir. mierda. de nuevo dejaron las plantas dentro de la oficina. con esos pinches platitos abajo de ellas. caray. pinche agua puerca. apesta. será que las plantas también orinan. ora sí. a esperar a que llegue algo para transcribir. a pasearse por la pinche oficina esperando que llegue algo para poder trabajar.
llegué aquí hace dos años. cuatro meses antes de eso no tenía un empleo. ahora no sé. espero esa revelación que quizá ponga cierto orden. estoy seguro que no llegará. pa qué. puro pensar nangueras. cuestión de ponerse a hacer las cosas según decía mi abuela. que musas ni que ocho cuartos. a trabajar trabajar trabajar.
el trabajo es fácil. lo conseguí creo que igual. digo. no es sencillo en estos tiempos encontrar un trabajo. aquí somos tres: yo. que en ocasiones llego temprano para dedicarle atención y elaborar buenas copias. buenas transcripciones: el tipo de los lentes y el auto que cuando quiere llega a la hora. se dice estudiado y estaba aquí antes que yo entrara a trabajar: la chica de la nariz grande y la risa inclasificable. y la revelación que no llega. si dejaran fumar aquí... pero está prohibido. lo pohibió el jefe para que nadie más que él pudiera fumar.
entonces... aquí llega el fax. tendré que pedir que lo envíen de nuevo porque está ilegible. llegará otro. la chica de la nariz grande. le huele la boca. acepté el trabajo por falta de algo mejor. me engaño. quise trabajar en esto: me daría tiempo libre y me tendría ocupado para no pensar en otra cosa que no fuera irme. salir. llevo tanto tiempo planeándolo. sobre el tipo del auto no puedo decir otra cosa que no sea que está aquí porque no se suda. no se cansa uno más que de las manos y los ojos. el trabajo es de noche. son 6 horas diarias.
pero la chica de risa inclasificable dice que esperó 2 años para encontrar trabajo. yo me siento como dije antes. como lo vengo diciendo desde que salí del baño y me arreglé para venir a trabajar: ando seriesón. así le dicen a esa apariencia los de esta oficina cuando sólo piensas en largarte ya. en terminar tu trabajo. en que los demás debieran hacer bien su trabajo.
el tipo de los lentes y sus problemas para encontrarle trabajo a su novia. je. a veces me pregunto qué tanta carga o presión laboral puede soportar alguien que se deja llevar por la inercia. recuerdo a bartleby. leí esa novelita en la prepa. la releí a los dos meses antes de entrar a trabajar aquí. por eso pienso que yo desee este empleo. no hay mucho que hacer: sólo transcribir. leer. redactar. aquí no se piensa. se trabaja en automático.
la chica a la que le huele la boca dice con aires doctos que es inamisible la cantidad de errores ortográficos que se encuentra en lo que debe transcribir. como el tipo del auto no había llegado aún cuando ella fue contratada yo tuve que explicarle en qué consistía todo. después tembló. un pequeño sismo sacudió el edificio e intenté relacionarlo con esa revelación que esperaba. que me dijera qué es lo que debo hacer. nunca llegó. ni creo que llegué. quizá ya sea tarde para eso. en fin.
le dije a Malaliento que debía transcribir. que si no quería problemas con el jefe hiciera lo que yo: editar. redactar. reescribir. corregirlo todo. parece ser mucho para Docta Malaliento. para qué. y amenazó con sólo transcribir. qué webos. desde entonces hago parte de su trabajo. soy el revisor del trabajo que debería hacer Docta Malaliento y soporto las ínfulas de Lentesauto. y a Jefe Malumor Sinatento que despotrica contra los tres cuando alguno de nosotros ha cometido un error.
a veces. en ocasiones como esta. yo le digo la verdad a las Plantas Culopodrido: la gente no seba que sabe. y yo sé que saben y que se hacen los que no saben. entonces me doy cuenta. entonces me estoy dando cuenta en este momento de la revelación. !Sí! Parece que al fin llegó: he tomado conciencia de que Docta Malaliento Narizgrande y Lentesauto Infulero saben. que viven lo mismo que yo. que pensarían lo que yo. que los tres nos dejamos arrastrar por la inercia porque para qué Docta tiene que hacer lo que yo de todas formas haré. porque para qué Lentesauto tiene que preocuparse si estoy yo.
¿y en dónde quedo yo? Saben. les digo a las plantas: después de todo las revelaciones no son tan necesarias. a final de cuentas uno termina por saber que está atrapado en la inercia. pero Docta Lentesauto Malaliento Infulero son en realidad como estas plantas. son hijos de Culopodrido. quién entonces seré yo. a trabajar trabajar trabajar. putas plantas. cuándo trabajarán las plantas... cuándo seré un Culopodrido como ellas. como ellos.
II
es cuando transcribo que me cuido de cometer errores. pero es Malaliento quien más errores comete. ¿a quién culpar o puede culparse entonces a alguien?. yo me enojo entonces. como a las plantas Culopodrido. así a Malaliento que no puede rebajarse a poner atención y no cometer tantos errores. Docta tiene sus publicados. aún así es un error. justifica sus errores.
me pregunto si la revelación no debería ser para ella. para darse cuenta que me está jodiendo la chamba. ayer hablé con ella y no. parece no entender. definitivamente a Docta Malaliento Narizgrande hay que anexarle el Culopodrido. es una de ellas. bartleby. tan sincero él. no tuve un trabajo como el suyo. no terminaré igual que él. pero esto parece ser una enfermedad. contagiarse de errores ortográficos. lingüísticos. gramáticos. sintácticos. cómo hacen la Plantas Culopodrido para no cometer errores. para ser tan valemadres como Lentesauto.
junto con las plantas. con Narizgrande. con Infulero. con Jefe Malumor Sinatento debe haber más que van con la inercia. acabo de tirar las plantas. a la basura. basta ya.
III
dejé el trabajo de transcripción. en esta oficina no hay plantas. no tengo que lidiar con Infulero. ni con Malaliento. allá ellos. acá yo. ahora se trata de reescribir. de darles palabras. soy el encargado de prevención. de suministros para la buena redacción.
no niego que mi trabajo anterior me sirvió de mucho para obtener este. digamos que ahora sí trabajo con las palabras. es un trabajo entre literal y ficticio. hay palabras. clasificadas todas. están los sinónimos en sus estantes. los acentos en cajones. los dobles sentidos y albures encerrados bajo llave. es un mundo de palabras. con ellas esta oficina parece un taller más que una sala de redacción.
ando por los pasillos como quien anda por el jardín donde dio sus primeros pasos. como si se viviera de toda la vida en ese pueblito y se conociera la vida de todos en él. como estar entre una gran familia. mis compañeros son diferentes a mis anteriores compañeros. estoy contento por lo que ha pasado. ya no espero más esa señal. esa revelación. escribí esto más animado. lo hice porque ahora mi trabajo es ese: escribir. escribir escribir escribir. qué falta hacen las musas de las que hablaba mamá lupe cuando decía que había que trabajar trabajar trabajar cuando se está rodeado de tantas palabras tantas tantas tantas que me puedo dar el lujo de repetirlas una y otra vez: tantas tantas tantas.
cuando veo que escasean es cuestión de llamar al departamento de adverbios o verbos o al que correspondan y encargar más. lo mismo con los signos de puntuación. las comas. los puntos. como pueden notar no nos han llegado las comas. je. ese es mi trabajo: vigilar que las palabras no se terminen. que mis compañeros de trabajo: orfebres de la palabra: artistas de la creación literaria o periodística o ensayística o poética tengan a la mano la palabra.
ahora iré a solicitar esas comas que tanta falta hacen. y unos cuantos miles de acentos... y mayúsculas. esas se terminaron hace dos horas.
AL LECTOR
Pese a que sobre Görmand se sabe y se ha escrito poco (lo único que he escrito sobre ese lugar en el que viví durante 24 años y del que ahora doy a conocer varias notas, textos y apuntes del tiempo que estuve ahí) pretendo dar a conocer ciertas particularidades de sus habitantes, por aquello de que "para muestra basta un botón" y así uno conozca más sobre ese rinconcito de México que me encontré por ahí desvalagado.
Görmand no tiene nada que ver con el mundo ficticio de Tolkien ni con Harry Potter ni pretendo con estos textos que les comparto algo similar. Ya les contaré de dónde viene su nombre, pues antes tuvo otro más mexicanón y que por no sé qué chingados le fue cambiado al actual, que suena hasta la madre de europeo.
Tampoco le ando oliendo el pedo al bueno del Borges, ni mucho menos a Cortázar, ni me quiero colgar etiquetas Onettianas inventando mundos porque la mera verdad este pueblito no tiene tanto de ficticio como Santa María, esa ciudad que todos llevamos dentro.
Bueno, advertidos están. Pásenle a lo barrido...
PREVIO AL I
de forma parecida a todos los que habitan en Görmand tengo la educación básica. de forma parecida a pocos en Görmand estudié después lo que quise. de forma parecida a la mayoría en Görmand pude conseguir trabajo después de viajar un poco. de forma parecida a la minoría en Görmand espero el momento de la revelación para bajarme de cierto ritmo de vida y adoptar otro. todos trabajan. es como en la historia perfecta donde no pasa nada porque todo está bien. así es Görmand. donde la comida es rica. donde toda la gente habla consigo misma y elige bien la cara y la actitud que pondrá ante los demás. pero lo que nos salva es que todos sabemos eso. uno puede pensar en todo momento y si alguien te ve sabe que tú estás pensando en sabe qué cosas y él sabe que tú sabes que él está pensando. así es Görmand y sus habitantes. hoy pensaré sobre algunos de ellos.
ADVERTENCIA
en Görmand la gente llega incluso a odiar las actitudes de los otros. esto no pasa a mayores por lo que en el PREVIO AL I les conté. a eso hay que agregar que aquí las venganzas más terribles, incluso robos o asesinatos o violaciones o agresiones se dan en el peor lugar. en el interior de uno mismo. Görmand es por eso este pueblo pequeño y tranquilo que es porque no muchos soportan estas luchas en su interior. no cualquiera puede vivir aquí.
I
hoy ando medio seriesón. hoy es la consecutiva ocasión de las que vienen que lo hacen sentir a uno frágil. cuando los teléfonos de los que conoces no reciben las llamadas. cuando uno quiere dormir y no puede. desas ocasiones que uno se da cuenta que va con la inercia y nomás dejándose llevar. sin saber si todo está bien o está mal.
es como el previo a la epifanía. a la revelación. a darse cuenta que hay que chingarle. escribir. mierda. de nuevo dejaron las plantas dentro de la oficina. con esos pinches platitos abajo de ellas. caray. pinche agua puerca. apesta. será que las plantas también orinan. ora sí. a esperar a que llegue algo para transcribir. a pasearse por la pinche oficina esperando que llegue algo para poder trabajar.
llegué aquí hace dos años. cuatro meses antes de eso no tenía un empleo. ahora no sé. espero esa revelación que quizá ponga cierto orden. estoy seguro que no llegará. pa qué. puro pensar nangueras. cuestión de ponerse a hacer las cosas según decía mi abuela. que musas ni que ocho cuartos. a trabajar trabajar trabajar.
el trabajo es fácil. lo conseguí creo que igual. digo. no es sencillo en estos tiempos encontrar un trabajo. aquí somos tres: yo. que en ocasiones llego temprano para dedicarle atención y elaborar buenas copias. buenas transcripciones: el tipo de los lentes y el auto que cuando quiere llega a la hora. se dice estudiado y estaba aquí antes que yo entrara a trabajar: la chica de la nariz grande y la risa inclasificable. y la revelación que no llega. si dejaran fumar aquí... pero está prohibido. lo pohibió el jefe para que nadie más que él pudiera fumar.
entonces... aquí llega el fax. tendré que pedir que lo envíen de nuevo porque está ilegible. llegará otro. la chica de la nariz grande. le huele la boca. acepté el trabajo por falta de algo mejor. me engaño. quise trabajar en esto: me daría tiempo libre y me tendría ocupado para no pensar en otra cosa que no fuera irme. salir. llevo tanto tiempo planeándolo. sobre el tipo del auto no puedo decir otra cosa que no sea que está aquí porque no se suda. no se cansa uno más que de las manos y los ojos. el trabajo es de noche. son 6 horas diarias.
pero la chica de risa inclasificable dice que esperó 2 años para encontrar trabajo. yo me siento como dije antes. como lo vengo diciendo desde que salí del baño y me arreglé para venir a trabajar: ando seriesón. así le dicen a esa apariencia los de esta oficina cuando sólo piensas en largarte ya. en terminar tu trabajo. en que los demás debieran hacer bien su trabajo.
el tipo de los lentes y sus problemas para encontrarle trabajo a su novia. je. a veces me pregunto qué tanta carga o presión laboral puede soportar alguien que se deja llevar por la inercia. recuerdo a bartleby. leí esa novelita en la prepa. la releí a los dos meses antes de entrar a trabajar aquí. por eso pienso que yo desee este empleo. no hay mucho que hacer: sólo transcribir. leer. redactar. aquí no se piensa. se trabaja en automático.
la chica a la que le huele la boca dice con aires doctos que es inamisible la cantidad de errores ortográficos que se encuentra en lo que debe transcribir. como el tipo del auto no había llegado aún cuando ella fue contratada yo tuve que explicarle en qué consistía todo. después tembló. un pequeño sismo sacudió el edificio e intenté relacionarlo con esa revelación que esperaba. que me dijera qué es lo que debo hacer. nunca llegó. ni creo que llegué. quizá ya sea tarde para eso. en fin.
le dije a Malaliento que debía transcribir. que si no quería problemas con el jefe hiciera lo que yo: editar. redactar. reescribir. corregirlo todo. parece ser mucho para Docta Malaliento. para qué. y amenazó con sólo transcribir. qué webos. desde entonces hago parte de su trabajo. soy el revisor del trabajo que debería hacer Docta Malaliento y soporto las ínfulas de Lentesauto. y a Jefe Malumor Sinatento que despotrica contra los tres cuando alguno de nosotros ha cometido un error.
a veces. en ocasiones como esta. yo le digo la verdad a las Plantas Culopodrido: la gente no seba que sabe. y yo sé que saben y que se hacen los que no saben. entonces me doy cuenta. entonces me estoy dando cuenta en este momento de la revelación. !Sí! Parece que al fin llegó: he tomado conciencia de que Docta Malaliento Narizgrande y Lentesauto Infulero saben. que viven lo mismo que yo. que pensarían lo que yo. que los tres nos dejamos arrastrar por la inercia porque para qué Docta tiene que hacer lo que yo de todas formas haré. porque para qué Lentesauto tiene que preocuparse si estoy yo.
¿y en dónde quedo yo? Saben. les digo a las plantas: después de todo las revelaciones no son tan necesarias. a final de cuentas uno termina por saber que está atrapado en la inercia. pero Docta Lentesauto Malaliento Infulero son en realidad como estas plantas. son hijos de Culopodrido. quién entonces seré yo. a trabajar trabajar trabajar. putas plantas. cuándo trabajarán las plantas... cuándo seré un Culopodrido como ellas. como ellos.
II
es cuando transcribo que me cuido de cometer errores. pero es Malaliento quien más errores comete. ¿a quién culpar o puede culparse entonces a alguien?. yo me enojo entonces. como a las plantas Culopodrido. así a Malaliento que no puede rebajarse a poner atención y no cometer tantos errores. Docta tiene sus publicados. aún así es un error. justifica sus errores.
me pregunto si la revelación no debería ser para ella. para darse cuenta que me está jodiendo la chamba. ayer hablé con ella y no. parece no entender. definitivamente a Docta Malaliento Narizgrande hay que anexarle el Culopodrido. es una de ellas. bartleby. tan sincero él. no tuve un trabajo como el suyo. no terminaré igual que él. pero esto parece ser una enfermedad. contagiarse de errores ortográficos. lingüísticos. gramáticos. sintácticos. cómo hacen la Plantas Culopodrido para no cometer errores. para ser tan valemadres como Lentesauto.
junto con las plantas. con Narizgrande. con Infulero. con Jefe Malumor Sinatento debe haber más que van con la inercia. acabo de tirar las plantas. a la basura. basta ya.
III
dejé el trabajo de transcripción. en esta oficina no hay plantas. no tengo que lidiar con Infulero. ni con Malaliento. allá ellos. acá yo. ahora se trata de reescribir. de darles palabras. soy el encargado de prevención. de suministros para la buena redacción.
no niego que mi trabajo anterior me sirvió de mucho para obtener este. digamos que ahora sí trabajo con las palabras. es un trabajo entre literal y ficticio. hay palabras. clasificadas todas. están los sinónimos en sus estantes. los acentos en cajones. los dobles sentidos y albures encerrados bajo llave. es un mundo de palabras. con ellas esta oficina parece un taller más que una sala de redacción.
ando por los pasillos como quien anda por el jardín donde dio sus primeros pasos. como si se viviera de toda la vida en ese pueblito y se conociera la vida de todos en él. como estar entre una gran familia. mis compañeros son diferentes a mis anteriores compañeros. estoy contento por lo que ha pasado. ya no espero más esa señal. esa revelación. escribí esto más animado. lo hice porque ahora mi trabajo es ese: escribir. escribir escribir escribir. qué falta hacen las musas de las que hablaba mamá lupe cuando decía que había que trabajar trabajar trabajar cuando se está rodeado de tantas palabras tantas tantas tantas que me puedo dar el lujo de repetirlas una y otra vez: tantas tantas tantas.
cuando veo que escasean es cuestión de llamar al departamento de adverbios o verbos o al que correspondan y encargar más. lo mismo con los signos de puntuación. las comas. los puntos. como pueden notar no nos han llegado las comas. je. ese es mi trabajo: vigilar que las palabras no se terminen. que mis compañeros de trabajo: orfebres de la palabra: artistas de la creación literaria o periodística o ensayística o poética tengan a la mano la palabra.
ahora iré a solicitar esas comas que tanta falta hacen. y unos cuantos miles de acentos... y mayúsculas. esas se terminaron hace dos horas.
lunes, diciembre 19, 2005
DE estos cuentos les cuento...
A ver, pues nada más aclarar que ya subí varios cuentillos que tenía en el cajón/carpeta C:\Documents and Settings\deivd\Escritorio\carpetochas\literalia; según yo ya están más que revisados pero no falta quien les encuentre "cositas", ahí les encargo que me avisen si les ven algo, plis plis plis.
Dejé esta cosa de los blogs por un tiempecito (revísese el historial pa que saquen cuentas) y pues pasada la tempestad viene la otra tempestad. Mucha joda, muchas ganas de buscar sin encontrarle: aquí les dejo constancia de que ahí voy, ya medio saliendo de la crisis (parafraseando a una amiga: parece que traía un huracán dentro y ya ando en reconstrucción), que siempre dejan algo bueno o evidencian las carencias que hay.
Con esto de las orgifajiposadasfiestas navideñas y su concurrente pampa semántica nomás me resta decir que NO ES PROMESA AÑONUEVERA: es mero ímpetu tras encontrarme con el sorpresendero blog de Alberto Chimal (la publicidad es cortesía de la casa) http://www.lashistorias.com.mx/ que me animé a recuperar este cibernáutico espacio.
Fue eso y que Avelino Gómez, que el apodado y bienquerido don José Albertengo Llanes Castillo, Le Bristé y que el carnalo Carlangas Ramírez abrieron sus espacios en la güeb, además de la magnífica idea que tengo de no cargar más con mis archivos ni en diskettes, cds, devsd, memorias usb ni a través de correos electrónicos por la disponibilidad de que ahora hay un mayor acceso al interneis que refris con cocacolas en las tienditas y que así, Oh santo dios que permites el avance de la tecnología para el disfrute de tus creaciones postdiluvianas,
postedadmedianas,
postrenacentistas,
postenciclopedistas,
postartemoderneras,
postrevolucionarias,
postprimeraysegundaguerrasmundialeras,
postmundialesdefutboleras,
postmuertesdefamosesas,
postpartidosinganardelchiveriosero,
puedo mostrar a este mundo ojerizo y decandetemio,
pandemoniero,
friebreaviarino,
sidosete, espiritista y rocanrolero,
blusjamero y acidayazero
las chingaderas que cruzan por mi mentecita y que, gracias a vos, mi dios, onde quiera questés, me dejan la dicha de escribir.
y como ya medio me cansé de andar justificando ausencias que no tienen por qué estar aquí y el coraje que me da no saberle picar a esta chingadera pa que el blog se vea chido, pro, bonito y atrayente y hasta con fotos mías y de los cuatachos, pues ya los dejo pa que sigan leyendo.
Chinguete de gracias y bienaventurados sean los que se acuerdan de mi jefecita chula, porque yo me acuerdo más de las suyas, jejeje, y que me consideran un perfecto rupestre, silvestre e impreparado aprendiz de escribir bien textos que se acerquen a la pasión que se me escondió un rato: el cuento.
aquí andamos.
david chñavez.
(pinche mañita la mía de no separar los dedos y teclear "ñ" en lugar del amadísimo acento "´")
david chñavez.
(tamadre! otra vez!)
david chávez.
Dejé esta cosa de los blogs por un tiempecito (revísese el historial pa que saquen cuentas) y pues pasada la tempestad viene la otra tempestad. Mucha joda, muchas ganas de buscar sin encontrarle: aquí les dejo constancia de que ahí voy, ya medio saliendo de la crisis (parafraseando a una amiga: parece que traía un huracán dentro y ya ando en reconstrucción), que siempre dejan algo bueno o evidencian las carencias que hay.
Con esto de las orgifajiposadasfiestas navideñas y su concurrente pampa semántica nomás me resta decir que NO ES PROMESA AÑONUEVERA: es mero ímpetu tras encontrarme con el sorpresendero blog de Alberto Chimal (la publicidad es cortesía de la casa) http://www.lashistorias.com.mx/ que me animé a recuperar este cibernáutico espacio.
Fue eso y que Avelino Gómez, que el apodado y bienquerido don José Albertengo Llanes Castillo, Le Bristé y que el carnalo Carlangas Ramírez abrieron sus espacios en la güeb, además de la magnífica idea que tengo de no cargar más con mis archivos ni en diskettes, cds, devsd, memorias usb ni a través de correos electrónicos por la disponibilidad de que ahora hay un mayor acceso al interneis que refris con cocacolas en las tienditas y que así, Oh santo dios que permites el avance de la tecnología para el disfrute de tus creaciones postdiluvianas,
postedadmedianas,
postrenacentistas,
postenciclopedistas,
postartemoderneras,
postrevolucionarias,
postprimeraysegundaguerrasmundialeras,
postmundialesdefutboleras,
postmuertesdefamosesas,
postpartidosinganardelchiveriosero,
puedo mostrar a este mundo ojerizo y decandetemio,
pandemoniero,
friebreaviarino,
sidosete, espiritista y rocanrolero,
blusjamero y acidayazero
las chingaderas que cruzan por mi mentecita y que, gracias a vos, mi dios, onde quiera questés, me dejan la dicha de escribir.
y como ya medio me cansé de andar justificando ausencias que no tienen por qué estar aquí y el coraje que me da no saberle picar a esta chingadera pa que el blog se vea chido, pro, bonito y atrayente y hasta con fotos mías y de los cuatachos, pues ya los dejo pa que sigan leyendo.
Chinguete de gracias y bienaventurados sean los que se acuerdan de mi jefecita chula, porque yo me acuerdo más de las suyas, jejeje, y que me consideran un perfecto rupestre, silvestre e impreparado aprendiz de escribir bien textos que se acerquen a la pasión que se me escondió un rato: el cuento.
aquí andamos.
david chñavez.
(pinche mañita la mía de no separar los dedos y teclear "ñ" en lugar del amadísimo acento "´")
david chñavez.
(tamadre! otra vez!)
david chávez.
En el mismo monte, alguna vez...
David Chávez
Alguien, hace ya tiempo (creo que fue un doctor o un rockero famoso) subió a un monte y tras de sí caminaba una gran multitud. Cuando los vio hambrientos les habló así: “bienaventurados los que aún no han comido porque tendrán gastritis y tendrán que llevarlos al hospital, donde serán intervenidos quirúrgicamente antes que la úlcera péptica comience a hacer estragos en sus intestinos, y entonces –sólo entonces, después de operados- les darán de comer”.
Alguien, hace ya tiempo (creo que fue un doctor o un rockero famoso) subió a un monte y tras de sí caminaba una gran multitud. Cuando los vio hambrientos les habló así: “bienaventurados los que aún no han comido porque tendrán gastritis y tendrán que llevarlos al hospital, donde serán intervenidos quirúrgicamente antes que la úlcera péptica comience a hacer estragos en sus intestinos, y entonces –sólo entonces, después de operados- les darán de comer”.
Moscas
David Chávez
Las moscas –cuando llueve- se quedan quietecitas, quietecitas, por temor a que les caiga un rayo.
Las moscas –cuando llueve- se quedan quietecitas, quietecitas, por temor a que les caiga un rayo.
Constante (dedicado a los maistrazos de la construtsión, mis ñeros: los ñiles)
David Chávez
El movimiento es la eterna constante: hazte infinita, muévete... ¡chiquitita!
El movimiento es la eterna constante: hazte infinita, muévete... ¡chiquitita!
Variceloso
David Chávez
Hay momentos que se alargan y se alegran cuando uno tiene mucha prisa porque no se alarguen, porque se acorten, se recorten, abrevien. No hay nada para remediar esa situación. Es como moverse y que el dolor siga, como tener varicela y no poder rascarse.
De todas formas terminamos por rascarnos y con cicatrices que nos recuerdan la ocasión en que enfermamos de varicela y nos rascamos y también uno se acuerda de la desesperación, del paso lento del tiempo y se vuelve uno a rascar sobre la cicatriz nomás para revivir aquellos viejos tiempos, cuando el tiempo no pasaba tan rápido.
Hay momentos que se alargan y se alegran cuando uno tiene mucha prisa porque no se alarguen, porque se acorten, se recorten, abrevien. No hay nada para remediar esa situación. Es como moverse y que el dolor siga, como tener varicela y no poder rascarse.
De todas formas terminamos por rascarnos y con cicatrices que nos recuerdan la ocasión en que enfermamos de varicela y nos rascamos y también uno se acuerda de la desesperación, del paso lento del tiempo y se vuelve uno a rascar sobre la cicatriz nomás para revivir aquellos viejos tiempos, cuando el tiempo no pasaba tan rápido.
La historia de las tres manecillas
David Chávez
Las tres manecillas, sobrinas del tiempo, paseaban un día por la carátula del reloj. Alta, espigada, la manecilla del segundero veía con insistencia el cristal transparente que le impedía ser libre. Sus dos hermanas, la de las horas y la de los minutos, notaban que su descarnada y allegada contemporánea se volvía cada vez más nerviosa.
La más pequeña y regordeta de las tres, la de las horas, sólo pensaba en los banquetes que su tío preparará con anterioridad, cuando su esposa cumpla un milenio más de edad. Y es que su tío no pasaba en vano. Mientras fantaseaba y especuleaba sobre esto, sus hermanas comenzaron a discutir por un problema de medias horas.
La más delgada de todas, harta al fin de que la otra desoyera sus razones, se echó a correr después de hacer una rabieta. Tras ella iba su hermana mayor, gritándole que esperara, que mira, ven, no pasa nada, todo está en orden, mientras la botija de las horas –rumiando y caminando lenta – le gritaba a la perseguidora que la dejara en paz, ya vendrá, tiene que volver, por qué la prisa.
Y los números, del uno al doce, miraban el drama de las tres hermanas, que de vez en cuando descansan (generalmente cuando al reloj se le terminaba la cuerda) para después seguir una tras la otra.
Las tres manecillas, sobrinas del tiempo, paseaban un día por la carátula del reloj. Alta, espigada, la manecilla del segundero veía con insistencia el cristal transparente que le impedía ser libre. Sus dos hermanas, la de las horas y la de los minutos, notaban que su descarnada y allegada contemporánea se volvía cada vez más nerviosa.
La más pequeña y regordeta de las tres, la de las horas, sólo pensaba en los banquetes que su tío preparará con anterioridad, cuando su esposa cumpla un milenio más de edad. Y es que su tío no pasaba en vano. Mientras fantaseaba y especuleaba sobre esto, sus hermanas comenzaron a discutir por un problema de medias horas.
La más delgada de todas, harta al fin de que la otra desoyera sus razones, se echó a correr después de hacer una rabieta. Tras ella iba su hermana mayor, gritándole que esperara, que mira, ven, no pasa nada, todo está en orden, mientras la botija de las horas –rumiando y caminando lenta – le gritaba a la perseguidora que la dejara en paz, ya vendrá, tiene que volver, por qué la prisa.
Y los números, del uno al doce, miraban el drama de las tres hermanas, que de vez en cuando descansan (generalmente cuando al reloj se le terminaba la cuerda) para después seguir una tras la otra.
Niña durmienda
david chávez
A la personaja de mis cuentos
Cama. Cansada. Desvistes. Cubres. Te relajas. Miras el reloj. Cierras los ojos. Duermes. Te abandonas al sueño y te veo dormida, durmienda, cambiada: eres un niña que duerme sin preocupaciones, una adulta que sueña que es una niña que lleva dentro y que deja el sueño y se levanta a mirarte dormir en la cama, durmiendo, y que sueña que eres como una niña que es soñada y te levantas a verte dormir como una niña que duerme sin preocupación alguna. Duermes.
A la personaja de mis cuentos
Cama. Cansada. Desvistes. Cubres. Te relajas. Miras el reloj. Cierras los ojos. Duermes. Te abandonas al sueño y te veo dormida, durmienda, cambiada: eres un niña que duerme sin preocupaciones, una adulta que sueña que es una niña que lleva dentro y que deja el sueño y se levanta a mirarte dormir en la cama, durmiendo, y que sueña que eres como una niña que es soñada y te levantas a verte dormir como una niña que duerme sin preocupación alguna. Duermes.
miércoles, diciembre 14, 2005
de nuevo!
Ora sí, parece que volví, despuñes de un rato de no poder acceder a esta cosa, jejeje, sopas, al rato que despierte me pongo a subir cositas que tengo por meter por acá.
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