miércoles, julio 04, 2007
recomendeishion Pare de sufrir (por el periodismo)
buenísimo.
Tú si nos entiendes Eduardo.
Pd. Vivan los editores, correctores de estilo y traductores de lenguas y sintaxis incomprensibles!
Pd2. agradezco al señor santo milagroso por permitirme escapar por unos años de las garras de ese pseudo.cuasi.loqueseaquehayasestudiadoenelIteso.que se sentía mi jefe y que jamás diosito santo lo permita por los siglos de los siglos lo azoten con una tea ardiendo para que se te quite de andar discutiendo estupideces y obviedades hijo de tu rep*t*s*m*a*m*d*e me cae!
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Pare de sufrir (por el periodismo)
“El periodismo es una profesión de riesgo”, había dicho el profesor Valdez, a quien sus alumnos de la escuela de comunicación apodaban “el Loco”. “Y el mayor peligro no es que te censuren o te amenacen sino que nadie intente siquiera cooptarte. Eso sí que es deprimente. Eso significa que no representas nada para los poderosos, que tu opinión no vale y que tus páginas editoriales sólo sirven para envolver pescado fresco”.
El grupo de terapia para periodistas había iniciado como un círculo de amigos que se emborrachaban para compartir los gajes del oficio. Poco a poco, los integrantes pasaron de las confesiones profesionales a las personales y de ahí de nuevo a las profesionales, pero en su variante más patológica: la del periodismo que afecta la vida personal.
“Es auténticamente terrible”, confesaba J. T., editor de una página de Espectáculos, Sociales y Cultura, “todo el tiempo veo mujeres que no puedo poseer. En las notas sociales es peor, porque se trata de chicas tan cercanas y a la vez tan inaccesibles, novias de jóvenes priistas y de futuros funcionarios; ricas, pedantes, cuyas miradas llegan a ser letales. Terrible, en verdad, terrible. La única parte que me reconforta es la de Cultura, donde todos son feos e inofensivos”.
El psicólogo Alavez nos escuchaba a todos con paciencia y fe. Había formado el grupo después de recibir llamadas a la medianoche de correctores de estilo que no podían leer las recetas médicas sin encontrarles errores ortográficos.
“Yo soy reportera, aunque ahora ando desempleada”. Sonia había reporteado por cinco años antes de quedar en el limbo. “Ahora que no tengo trabajo, me he dado cuenta que viví demasiado tiempo entre funcionarios y compañeros del gremio, de una fuente a otra, de una rueda de prensa y al banderazo de un programa. ¿No saben lo que eso significa? ¡Que me he quedado sin vida social!”.
Sí, la recuerdo bien, en todo momento se quejaba de no tener tiempo libre; ahora que lo tenía, no sabía qué hacer con él.
“¡Exacto!” La palabra en este instante era de María Luisa, que había dado notas por ocho años, antes de terminar trabajando en el área de Comunicación Social de una dependencia. “Yo lo he sentido. Es una especie de… cómo explicarlo… ¡reporteropausia! Ésa es la palabra. Sientes que le has dado tus mejores años a un solo periódico y luego éste no tiene empacho en darte una patada en el cuaderno de notas (que guardas en el bolsillo trasero del pantalón) y empezar a buscar a reporteras jóvenes, que calmen sus ansias de noticias”.
“Claro, claro”, respondió de nuevo Sonia. “Como ya sospechas sus intenciones, empiezas a convertirte en una buena chica. Arreglas tus notas, buscas sinónimos, incluso ya no copias boletines, pero al maldito diario ya no le interesa eso, él sólo busca la novedad, el texto ocasional, los contratos por un mes”.
El doctor Alavez apuntaba todo en una libreta con una rapidez extraordinaria, sobre todo porque también él había trabajado de periodista en alguna etapa oscura de su vida. “Déjenme entender”, intervino el psicólogo, “¿En la reporteropausia, el reportero entra en una depresión porque no se siente capaz de satisfacer al diario que la ha mantenido por tantos años?”
“Sí”, respondió con prontitud Sonia.
“Pero es algo más complejo”. En esta ocasión, la voz era de Viridiana, quien estaba saliendo de una relación tormentosa con un medio. “Hay mucha inseguridad y dudas, sobre todo cuando te encadenas con un periódico, saliendo de la carrera. Tu mamá te dice: ‘Busca un diario estable, con muchos años de experiencia’, mientras tus amigas te aconsejan: ‘Lo mejor es probar, unos meses acá, unas semanas allá. Esto del free es lo de hoy’. Entonces la reportera entra en un conflicto, pero decide hacerle caso a su mamá. ¿Y qué sucede? Que el diario estable, medio maduro y de muchos años, después de mantenerte esclavizada por algún tiempo te dice: ‘Nena, ya no siento que rindas lo mismo’ y ¡ni siquiera te indemniza!”.
Unos lloriqueos empezaron a escucharse. “¿Y la violencia, han hablado acaso de la violencia?” Ésta era Estela, que se secaba las lágrimas, mientras tomaba fuerzas para referirse a su propia experiencia. “¿Han hablado de nuestros ojos rojos de tanto tiempo en la computadora? Y ¡claro!, lo moretones por andar cubriendo las protestas en el palacio de gobierno o los desalojos de vecinos invasores. Hace unas semanas la gente que tomó la Sagarpa, casi me secuestra; estuve encerrada en el baño de mujeres por dos horas. Esas marcas quedan en la piel y no se borran en una semana”.
“Ven, mana, dame un abrazo”, dijo Sonia.”Siempre he dicho que abusas del standing cuando reporteas en la tele y que casi siempre tus descripciones arruinan las tomas, pero en esta ocasión déjame ser solidaria contigo”.
Las dos mujeres lloraron y se dijeron sus virtudes a la hora de escribir el párrafo inicial de una noticia. Yo miraba conmovido tantas muestras de cariño en el gremio, una forma de felicidad sólo comparable a recibir una canasta navideña del Congreso. “Bueno, Eduardo, ¿y tú qué tienes que contarnos?”
Esperaba que este momento no llegara. No soy muy afecto a relatar mis intimidades ante otras personas, aún así hayan desnudado sus corazones entre suspiros y pañuelos desechables.
“Eh, mi problema no es en realidad grave, tomando en cuenta todo lo que se ha dicho aquí. Es decir, no es lo que podríamos llamar un problema-problema”. “¿No estarás cayendo en la negación?”, inquirió J. T.
“No. De ninguna manera. En absoluto”.
“Yo creo que sí, mi estimado Eduardo”, dijo el psicólogo. “De otro modo, ¿qué te hubiera traído a este grupo? Y lo más importante ¡por-qué-demonios-contestaste-con-tres-negaciones-a-la-pregunta-que-te-hicieron!”
“Buena cuestión, je”. El asunto se estaba poniendo algo violento, así que decidí cooperar. “Miren, no es que me sienta menos que un periodista. Es decir, sé que no padezco las condiciones de adrenalina que experimentan ustedes cubriendo los incendios en el teatro de la ciudad o la entrega de aparatos ortopédicos por parte del DIF. También respeto la labor de edición diaria y la redacción de columnas políticas cada semana. Es algo que yo no podría hacer. Por lo menos no a esos salarios. Pero me afecta mucho, no saben ustedes cuánto, que cada que voy al desayuno del Día de la Libertad de Expresión, nunca me dan boletos para la rifa. En serio. Podía parecer estúpido y obsesivo, pero es verdad, ¡nunca me dan nada! La gente encargada de la tómbola, como nunca me ha visto, cree que soy un colado y que no trabajo en el medio. Eso me deprime muchísimo y termino abandonando el desayuno para irme a emborrachar”.
Estas últimas palabras las dije ahogado en llanto, como para significar que todo era verdad. El doctor Alavez me dio unas palmadas en la espalda, ese ademán que algunas veces significa: “Lo has hecho bien, muchacho, pero eso no quita que seas un perdedor”. Los otros compañeros del grupo también me dieron sendos abrazos; alguien por ahí me regaló un pedazo de papel higiénico para las lágrimas.
La reunión terminó con la “Oración de la Serenidad”: “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar del medio donde trabajo; valor para cambiar las que sí puedo y sabiduría para entender que en realidad nada puede cambiarse”. Después de esto, todos nos fuimos a seguir la vida en nuestras respectivas redacciones.
http://tediosfera.blogia.com/2007/062201-pare-de-sufrir-por-el-periodismo-.php
jueves, junio 28, 2007
Wan. Cada jugador (a) comienza con un listado de ocho cosas sobre sí mismo.
Tú. Tienen que escribir en su blog esas ocho cosas, junto con las reglas del juego.
Tri. Tienen que seleccionar a 8 personas más para invitar a jugar, y anotar sus blogs/nombres.
For. No olvides dejarles un comentario en sus blogs respectivos de que han sido invitadas a participar, refiriendo al post de tu blog: "El Juego".
Cremas (funkdefino.blogspot.com) Neto Cortés (ernestocortes.blogspot.com) Wen
(wendylunada.blogspot.com) Rous (noesqueseatrip.blogspot.com) Rogelio Guedea (lamemoriainfiel.blogspot.com) Alfredo Carrera (sadismopuro.blogspot.com) Marcia Martínez (lipiria.blogspot.com) Eduardo Huchín (tediosfera.blogia.com)
viernes, junio 01, 2007
huiquihomenaje a Pablo Neruda
(y.una.canción.huiquificada.el.jinete.josé.alfredo.jiménez)
Puedo escribir los cuentos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: "Hace un frío de la chingada y tiritan, azules, los faros de los autos que pasan a lo lejos. El humo del cigarro que fumo gira en el cielo y canta. Es una buena noche para escribir un cuento, breve, sencillo, en el que tal vez un chileno escriba sobre una morra con la que anduvo. Nada nuevo. Algo leve.
Escribir, por ejemplo, que él escribe: “En las noches como esta la tuve entre mis brazos. Bebimos tantas chelas bajo el cielo infinito. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haberla querido si hasta tenía los ojos grandes, fijos”…
Puedo escribir ese cuento tan triste esta noche. Pensar, mientras escribo, que el vato ya no la tiene, que la ha perdido. Que ahora la noche le suena inmensa, infinita sin ella, y que sus lágrimas caen al alma como al pasto el rocío. Qué importa si la historia está choteada. La noche está estrellada y ella no está con él.
Eso es todo.
A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Debe ser el estéreo programado con la alarma para despertarme. Escucho el bolero que mi personaje chileno cantará: “Mi alma no se contenta con haberla perdido/ Como para acercarla mi mirada la busca/Mi corazón la busca y ella no está conmigo”.
Escribir, por ejemplo, que él escribe: “La misma noche que hace blanquear los mismos árboles (y el vato tal vez piense que ya no la quiere, es cierto, pero cuánto la quiso)…” y el chileno comienza a cantar el bolero que yo escucho: “Mi alma no se contenta con haberla perdido/ Como para acercarla mi mirada la busca/Mi corazón la busca y ella no está conmigo’, busca el viento para tocar su oído”…
De otro. La morra andará con otro. Y ahora será suya como antes de los besos del chileno. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiere, es cierto, pero tal vez la quiere. Es tan corto el amor, tan largo el olvido… ¿qué va uno a saber de esas cosas?
Puedo escribir ese cuento tan triste esta noche, que en noches como esta la tuvo entre sus brazos, que su alma no se contenta con haberla perdido. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. En esa estación de radio se escucha la voz de José Alfredo Jiménez, los acordes del mariachi, a todos cantar: “Por la lejana montaña/va cabalgando un jinete/vaga solito en el mundo y vadeeeeeeeee seando la muerte/Lleva en su pecho una herida/va con su alma destrozada/quisiera perder la viday reunirse con su amada”.
Escribir, por ejemplo, para finalizar este cuento, breve, sencillo, en el que tal vez un chileno escriba sobre una morra con la que anduvo (Nada nuevo, algo leve), escribir, por ejemplo, que tal vez ella ya ha muerto o que se ha ido, o que el chileno está muerto y que algún amigo suyo encontró esta historia entre sus cosas, cuando se enteró de esa muerte, y guardó el documento y desapareció por un tiempo y la historia sobrevivió como pudo hasta que cuando ese amigo murió alguien dio con ella y la leyó y le pareció buena.
Pero dije que podría escribir los cuentos más tristes esta noche como este, en el que ella deberá haber muerto y el chileno se acuerda de ella, aunque este sea el último dolor que ella le causa, que un personaje me/nos causa,y estos sean los renglones que yo escribo donde escribo que él escribe que serán los últimos renglones que él le escribe: “Nosotros, pienso, los que leímos a los poetas de entonces, ya no somos los mismos”.
huiquihomenaje a Villaurrutia
En medio de una calle desierta como el silencio antes del crimen
sin respirar o fumar siquiera para que nada masturbe tu muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyen tus coágulos
en este lecho que es tumba dejaste el himen sin sangre
para salir en un momento, tan lenta,
en un interminable deseo
sin brazos que extender
sin dedos para alcanzar tu escala entremuslosa que toco como un piano invisible,
sin más que una mirada y una voz y un pujido
que no recuerdan haber salido de ojos y labios y pubis
¿qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?
Y esta voz que ya no es mía
Metida dentro de tu agua que no moja
dentro de un aire de vidrio
que dentro de ti provoca el fuego lívido que corta como el grito.
Y en el infinito angustioso de un espejo frente a otro
-como nosotros-
cae mi voz y mi verga
y mi voz que madura
Y mi verga madura
y mi voz quemadura
Y mi ver gama dura
y mi bosque madura
Y mi verga más dura
Y mi verga ¿qué más dura?
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo
ahí en el caracol de la oreja
el embate de un mar, en él que no es nada
en el que no es nada
porque he dejado pies y brazos en la orilla,
ciento, caer fuera de mí la red de mis nervios
mas huye todo como el pez que se da cuenta
hasta siento en el pulso de mis sienes
muda telegrafía a la que no respondes
porque el sueño –yo- y la muerte –tú- nada tienen ya que decirse.
manifiesto wiki
Versión 2.1
I. Axiomas Huiqui:
1. Toda lectura es escritura: todo lector, un escritor.
2. Los derechos de escritor terminan en el punto inicial de la lectura. A partir de este punto, sólo existen los derechos de lector.
3. El primer derecho de lector consiste en despojar al escritor de su texto para reescribirlo. Llamaremos a este acto huiquificación, al conjunto de sus producciones literatura huiqui y al derechohabiente, huikritor.
4. El segundo derecho de lector consiste en publicar la referida huiquificación de manera inmediata, tantas veces y en tantas versiones como el derechohabiente considere necesario.
5. El papel del Internet es el papel natural de la literatura huiqui.
II. Corolarios derivados de los anteriores axiomas:
w) No hay mala literatura, sólo malas versiones esperando un huikritor.
x) La literatura no se crea ni se destruye, sólo se huiquifica.
y) La vanidad pierde al hombre en general y al escritor en particular. La literatura huiqui es un instrumento para acabar con la vanidad, si no del hombre, del escritor.
a) El Quijote es el único texto no huiquificable. Por extensión, el texto en donde Borges huiquifica el Quijote, tampoco lo es.
b) Este manifiesto tiene la modesta pretensión de cambiar para siempre la historia de la literatura (huiqui).
c) Salvo los textos citados en la cláusula a), todo texto es huiquificable, incluido el presente manifiesto.
d) Muchos años después, frente al pelotón de huiquilamiento, el dinosaurio recordó el día en que seguía ahí.
III. Movimientos de la literatura huiqui:
Movimiento W: Huiquihomenaje. El huikritor ante la obra de un gran escritor.
Movimiento X: Huiquisalvamento. El huikritor ante la maniobra de Isabel Allende.
Movimiento Y: Hara-wiki. El huikritor antes sus sobras completas.
IV. Procedimientos de la literatura huiqui:
1. Antes de comenzar, conjugue: yo huiquifico, tú huiquificas, él huiquifica, nosotros
huiquificamos, ustedes y ellos huiquifican. Vosotros (esperamos) huiquificaréis también.
2. Instrucciones para huiquificar:
w) Localice un texto.
x) Exprópielo aplicando el siguiente epitafio:
Con el poder que me confierenlos derechos de lector expropio este texto de las manos de su autor para entregarlo al árbolde la literatura huiqui.
y) Huiquifíquelo siguiendo alguno de los tres movimientos de la literatura huiqui.
z) Bautícelo según la siguiente convención:
título_original.escritor_despojado.wikritor_1.wikritor_2...wikritor_n.wiki(ejemplo: don_quijote.pierre_menard.borges.huiqui)
a) Publíquelo de inmediato en www.literaturawiki.org
b) Destape una cerveza, es usted un huikritor.
3. Para un primer acercamiento a la literatura huiqui, pronuncie continuadamente la palabra kiwi diez veces (de preferencia sin respirar).
Oswaldo Zavala, Miguel Tapia Alcaraz, Jorge Harmodio, Marcos Eymar
El Cuadrante de Caborca, abril del 2007.
www.literaturawiki.org
sábado, mayo 26, 2007
la eterna pregunta...
lléguenle.
¿a alguien le quedan algunas mayúsculas que pueda prestarme... por favor?
¿por qué escribir?
http://www.youtube.com/watch?v=SOqE4T5g-vI
viernes, mayo 18, 2007
narco, amigo, el pueblo está contigo...
se las paso al costo y saquen cuentas.
Estrictamente personal
Raymundo Riva Palacio
18 de mayo de 2007
La otra cara en Apatzingán
¿Violaciones del Ejército a los derechos humanos en Michoacán? Por favor -dice un lector- la experiencia era bastante peor con el narco.
Como todo lo que sucede hoy en día en México, la sociedad está polarizada con el tema del narcotráfico. La participación de las Fuerzas Armadas como policías y ministerios públicos, en violación de la Constitución, lejos de generar una discusión nacional enardecida cuestionando al presidente Felipe Calderón por sus actos y el desgaste de los militares, le gana una creciente popularidad entre la población. Síntoma tradicional de sociedades recién salidas de regímenes autoritarios, el bien personal es mucho más importante que el bien colectivo.
O sea, en el caso de la campaña contra el narco con toda la capacidad de fuego del Estado, aspirar a un país de leyes donde incluso el peor delincuente tiene garantizados sus derechos humanos es arrasado por la necesidad de tranquilidad, aunque sea en el mediano o largo plazo, y de la percepción de seguridad.
Nadie quiere quedar inerme ante la delincuencia organizada, pero los niveles de exigencia para que un gobierno provea la seguridad a sus ciudadanos, que es la razón primaria por la que fueron inventados tras la revolución francesa que reorganizó el mundo moderno, son muy distintos.
Una columna en este espacio el lunes pasado, donde se mencionaron violaciones a los derechos humanos en Michoacán como consecuencia de un operativo especial del Ejército, generó una inusitada oposición. Una de las personas que enviaron correos justificando las acciones extralegales de los militares permitió que se transcribiera su relato sobre lo que vive en esa región, a manera de espejo de cómo desde una perspectiva distinta se percibe esa acción inconstitucional. El correo, editado para su publicación, describe a su comunidad, en Apatzingán, Michoacán:
"Es verdad que el Ejército tiene mucha presencia en la región de Tierra Caliente, pero aquí la población opina... que el Ejército necesita una mano mucho más dura. Para los que dicen que no existe ninguna diferencia entre ahora y días atrás, algunos ejemplos: en Buenavista, Tepalcatepec Coalcoman, existía un toque de queda por el narco. Si ya eran las nueve de la noche y andabas circulando por Coalcoman, grupos armados (narcos) te arrestaban, te preguntaban qué andabas haciendo, te daban una patadita, una cachetada y si los convencías de que sólo eras un idiota que desconocía las leyes locales, te dejaban ir.
"En Aguililla, a la entrada del pueblo, siempre había un carro que revisaba a todo el que llegaba al pueblo. Si tú pasabas en tu carro, el vigilante estacionado en la orilla de la carretera se arrancaba, se te emparejaba y te analizaba. Con sólo verte, decidía si te pedía que te orillaras para una mejor inspección, si pedía refuerzos o te dejaba ir. En la región todo mundo sabe que lo mejor era, cuando te encontraras en esa situación, orillarte sin que te lo pidiera para que tranquilamente te analizara. Una vez satisfecho, se daba la vuelta y regresaba a su lugar de espera. En Apatzingán, el control era tal que todo mundo sabe que la policía era el brazo armado del narcotráfico. Arrestaron a 30 o algo así, y el jefe de la policía está prófugo. También otros tres o cuatro funcionarios del Ayuntamiento. Todo mundo sabe que El Chango (encargado de la plaza) le financió la campaña al presidente municipal.
"Pero volviendo a los balazos que se te hacen crueles (por parte del Ejército), a dos cuadras de donde se dieron vive la mamá de El Chayo (jefe de la plaza de Morelia, primero o segundo en rango dentro del cártel del Golfo en Michoacán). A una cuadra tiene un negocio de autopartes; a la vuelta de la esquina vive uno de sus lugartenientes. La policía ha venido a tomar fotos de esta casa varias veces, pero no hace nada. El operador de radio (inocente según tú) radió a los 'taxistas' antes de los balazos para que no se acercaran porque había mucho Ejército.
"Cuando El Chayo viene, le invita la borrachera a toda la colonia. En Navidad, Año Nuevo, Semana Santa, la juerga corre a cuenta de él y la colonia lo adora por eso. A todos los que arrestaron son inocentes de disparar un AK-47 el día de la balacera. No tenemos duda, pero todos somos parte del grupo armado si un niño se enferma. Con la mamá de El Chayo encuentras apoyo, una beca, un amigo. El grupo que controla la ciudad cobra cuotas no sólo a los narcotraficantes, sino también a los negocios legales. Todo comerciante que puede se ha ido del pueblo, y el que no paga consigue un balazo y un letrero (porque con el letrero descansa la policía pues no hay nada ahí para investigar: era sólo un narco).
"En muchos pueblos de la región ya se sabe a quién apoya el narco, y el que vaya contra ellos (y pueda ganar) muy probablemente se va a morir (ya se empieza a oír quién está amenazado). Dicen en el pueblo que el dueño de la casa donde fue la balacera es de un PFP, porque esa casa era visitada constantemente por la Policía de Caminos. Y nadie sabe dónde están los narcos pero sus familiares tienen ranchos sacados de un cuento, manejan carros del año, tienen los niños en escuelas privadas, hacen fiestas de lujo, pero nadie sabe dónde trabajan. No sabemos dónde está el narcotraficante pero sabemos dónde está su dinero (¿no sería bueno atacarlo? Imposible, violaríamos los derechos de los familiares de los narcotraficantes).
"En Apatzingán estamos involucrados los que trabajan en las autopartes, el radiotaxista, todos los vecinos, el presidente municipal, la policía municipal, varios funcionarios municipales, la PFP, la familia del narco, los periodistas locales. Aquí en Apatzingán nunca sale una nota en contra del narco en los periódicos locales, a excepción del locutor de canal 5 (él hablaba mal de ellos, pero un día salió al aire y dijo textualmente: 'Hoy me levantaron unos hombres armados y me dijeron que si sigo dando lata me van a quebrar. Este es mi último reporte. Yo no vuelvo a hablar del narco al aire').
"Hablabas tú de que la CNDH tiene ocho quejas por violaciones. Como verás, podemos tener 500 en un día. Tenemos para eso y más. El diagnóstico: si yo notara que a una bodega llegaron 10 toneladas de cocaína y llamo a la PFP, a la PGR, a la del estado, a la Preventiva local, al velador. me matan en cuanto cuelgue el teléfono. Si tienes suerte y el Ejército no está comprado, lo reportas al Ejército, que tiene que solicitar una orden de cateo. Para que se la den necesita aportar evidencia y que nadie de ninguna otra corporación se dé cuenta para evitar el pitazo.
¿Ves por qué es tan difícil dar los grandes golpes? Pero si el narco se da cuenta que alguien como yo está teniendo pláticas como esta, vienen y me meten un par de balazos si es que no me cortan la cabeza, y me ponen un cartel diciendo 'mándame más sicarios de éstos para seguir matándolos'. Lo que hace más efectivos a los narcos es que ellos escriben el papel después (de matar), y el gobierno lo tiene que solicitar antes. ¿No deberíamos cambiar la ley antes de que nos encuentren mandando recados a escondidas como éste?".
domingo, abril 29, 2007
trueque
David Chávez
Serían cerca de las cuatro de la tarde cuando perdí el tiempo al esperarla en la puerta del edificio donde vive. Desesperado, me puse a buscarlo. Quizás pudo habérseme escabullido por el bolsillo izquierdo de mi pantalón que olvidé zurcir por completo, o tal vez lo tiré sin querer cuando le pagué al dependiente de la tienda la tercera cajetilla de cigarros que fumaba esa semana. Jamás lo supe ni lo sabré. Antes de comenzar a revisar si estaba entre las juntas de la acera, caído debajo de un automóvil estacionado en la calle desde la mañana, siendo olido por algún perro callejero, decidí calmarme, contener mi molestia por lo ocurrido y explicarle lo que había pasado cuando la escuché decir “hola.buenastardes”. Nunca, juro que nunca olvidaré su forma de tranquilizarme, de neutralizar mi descontento que crecía con el paso de los minutos, de reducir el problema a la nada y equilibrar las cosas: además de pedirme que la perdonara por su tardanza me regaló cinco maravillosas horas de su tiempo a cambio del que yo no habría de recuperar.
Estúpida idea para perder el tiempo (de cómo pensar en cualquier cosa y luego sentirse culpable)
David Chávez
Podríamos pensar en que uno divaga en el trabajo, mientras escribe, por ejemplo, o redacta un informe, o prepara el café por la mañana, o se afeita antes de salir a trabajar. Quizá haya soñado algo que de repente lo hizo levantarse o tal vez la noche anterior se acostó pensando en eso, aunque es posible que la divagación provenga incluso del día anterior, no lo sé. Hay un momento en que el detalle salta como una chispa en la oscuridad e ilumina ciertas cuestiones ignoradas por el pensante en ese momento. Basta que el divagador atienda a esa señal, que generalmente lo hace, y se acabó la tranquilidad. Me explico. Uno sigue la idea y le presta atención hasta en el menor detalle. Es el detalle el que nos aniquila.
La sustitución entre detalle y cualquier cosa ocurre, aunque pueda considerarse que pensar en cualquier cosa y pensar en el detalle de alguna idea no tenga diferencia alguna sino la atención que se le presta a cualquiera de las dos cuestiones, pero tal supuesto es falso. Entendamos ahora que la situación se ha complicado: quien piensa en cualquier cosa deja de pensar en cualquier cosa, en sí no piensa con atención en nada, ningún detalle distrae su atención hasta que llega el flashazo de la idea, el elemento distractor que hará que el sujeto pensante pasivo en cualquier cosa cambie a un estado contemplativo y activo de los detalles de la idea, cualquiera que esta sea y que haya cruzado por su mente.
Encontramos entonces el cambio en el estado de ánimo.
¿Por qué se vuelve traicionero el detalle? Porque tienen que cuidarse las posibilidades. Por ejemplo: no olvidarse de saludar al vecino. En caso de que así ocurriera este pensará que uno no tiene educación, que poco le importa la gente, que es un mal vecino, que es un intruso en el barrio, y el trabajo se complica para el pensante porque debe intentar mantenerse al pendiente de los detalles de la idea y buscar la forma de congraciarse con el vecino y borrar la falsa idea que se tiene sobre él; hay caso excepcionales que hacen del flashazo la idea distractora, pero en casos concretos esto podría significar una contradicción dado que el elemento distractor se presenta antes que la idea de pensar que si se olvida de saludar al vecino este pensará que uno no tiene educación, que poco le importa la gente, que es un mal vecino, que es un intruso en el barrio, y el trabajo se complica para el pensante porque debe intentar mantenerse al pendiente de los detalles de la idea y buscar la forma de congraciarse con el vecino y borrar la falsa idea que se tiene sobre él.
Ambas ideas, como puede notarse, no pueden congraciarse e iniciar en el mismo momento.
El estado de ánimo puede entonces degenerar y convertirse en un malestar ya que la idea y sus detalles llegan a perderse puesto que se busca una solución para resarcir la idea de que, al olvidar saludar al vecino, este pensó que no se tiene educación, que poco importa la gente, que se es un mal vecino, que se es un intruso en el barrio. Aunque he pensado que es posible llegar a desvanecer esta situación al dar prioridad a modificar la idea que el vecino tiene de nosotros sobre la idea distractora o viceversa: que la idea distractora constituya la totalidad de nuestro pensamiento.
Ella poco a poco ofrecerá todos sus posibles detalles al pensante, quien explorará las posibilidades y las irá desechando o poniendo en acción, tal cual sea el caso y la medida en que decida hacer realidad dicha idea.
Es posible que una vez exploradas, explotadas y llevadas a la acción las posibilidades de la idea esta termine por ocupar un lugar en nuestra mente que el tiempo se encargará de cubrir de polvo, hasta que uno pueda dar por concluido tal periodo de nacimiento, desarrollo y muerte de dicha idea y entonces el camino se halle despejado de ideas y pueda uno divagar sobre cualquier cosa o aparezca una nueva idea que nos mantenga entretenidos para no estar pensado en algo como esta estúpida reflexión.
sábado, abril 07, 2007
Esa noche
Usaba maquillaje a granel, de las ocho a las diez en una esquina, como dice la canción. Jimena siempre estaba ahí para todos, para mí, como esa noche que me acerqué a ella para preguntarle lo que todos los demás, lo que le cada hombre que pasaba en su auto le cuestionaba: “¿Cuánto cuesta el servicio?”. Esa noche la invité a subir y accedí a pagar el precio (hay hombres que deben recurrir a la última y obvia opción) después de un encendido intercambio de posturas sobre el próximo proyecto con mi jefe.
Sólo quería relajarme, olvidar lo que pasó. “Entonces, vamos a tu casa”. La llevé. Mi esposa regresaría al día siguiente, “a las cuatro de la tarde, Eduardo, no olvides llevar la acreditación o no te dejarán entrar a la sala del aeropuerto”. Dos güisquis bastaron para que Jimena comenzara a hacer su trabajo: dejó la bolsa en el sillón, se arregló el cabello, encendió la luz de la cocina para luego caminar por el pasillo hasta entrar al estudio. “¿Es aquíí?”, preguntó con una mirada cómplice. Asentí con la cabeza mientras encendía un cigarrillo. Después fui tras ella. “Muéstrame lo que tienes”, dijo mientras la miraba acomodar una pequeña silla cerca del restirador. Al tiempo que deshacía el nudo de mi corbata me acerqué con los planos en la mano. Pude percibir su aroma, su perfume fino que se confundía con el humo del cigarro.
Y comenzó. Terminó el trabajo al alba y yo exhausto por darle tantas indicaciones, por tantos movimientos que Jimena hizo sobre el restirador. Ofrecí llevarla a su casa pero se negó. “Dame el dinero”, sentenció mientras se arreglaba el cabello otra vez. “Me iré en taxi” y no se despidió, sólo cerró la puerta de la entrada con cuidado. Dormiré unas horas. Iré luego al trabajo, a la hora de la comida por mi esposa. No sentiré remordimientos cuando esté con ella, a pesar de que lleve en la bolsa de la camisa la tarjeta de Jimena, de esa arquitecta que salvó mi noche, esa noche, y mi esposa y mi jefe jamás sabrán que el proyecto es tan ajeno a mi como la idea de llevar a otra mujer a mi casa.
jueves, abril 05, 2007
cruce
La vimos. Caminaba por la calle y el trueque fue desigual: se llevó nuestro aliento a cambio del perfume de sus virginales nalgas de puta.
viernes, marzo 30, 2007
Ella tarareaba no sé qué canción...
"Aquí tienes las llaves de mi alma / puedes entrar a la hora que tú quieras..." canta ella en la recámara, envuelta en la sábana balnca y delgada que deja traslúcidos sus pezones y yo, con una sonrisa irónica que alcanzo a ver en el espejo, al terminar de rasurarme, sólo atino a tocarme un poco la llave de su cuerpo, segura debajo de la bata de baño que traigo puesta.
miércoles, marzo 14, 2007
mala mañana
Amanezco con el día roto y sus pedazos me hieren los ojos. Así de rutilante siento el ímpetu que me mueve a levantarme de la cama y dejarte en ella, dormitando. Carajo. Suena el teléfono y antes de que el repiqueteo te provoque esa oleada de preguntas mañaneras que me haces sin piedad, tan aguijoneantes como los retazos de luz que se cuelan por entre los lentes negros y mis ojos, contesto. “Vaya usted a la chingada y déjeme dormir”, esgrimo sin saber de quién o qué era lo que quería la voz del otro lado de la línea.
Después de una meada dejavúyesca retiro los lentes de mi cara y lavo la grasa que se acumuló en mi rostro durante la noche. Jamás me ha gustado traer a cara sucia, ni ver esas pelotescas sonrisas que traen como incrustadas los niños pequeños, embarrados de dulce, caramelo, de mocos. “Definitivamente algo debe estarme chingando”, digo para mí, y dejo el tubo del dentífrico abierta, a manera de venganza por seguir dormida, para que cuando te levantes te super emputes.
Abro el refrigerador y sólo observo su contenido. Al cerrarlo miro la foto que pegaste hace cinco meses, tú y yo en una pose cursi, cursi, tan cursi que sólo me río y me pongo de nuevo los lentes. “¿Dónde dejé los putos cigarros?”, me interrogo y camino hacia la sala. Están en el marco de la ventana que se ha quedado abierta. “Mierda, ojalá el puto gato no se haya metido”. Enciendo un cigarrillo y el humo se cuela a la otra recámara a la que bautizaste como “el estudio”.
Me rasco las nalgas. Siento frío en los pies y entro a la habitación. Enciendo la computadora e ipsofactamente suena el pinche teléfono celular. “Rayo, marqué hace unos minutos, ¿terminaste ya el artículo que te envíe por meil?”. Es Armando. “Sí, sólo falta darle estilo; ya está redactado y corregido. Carajo, ¿cuál es tu puta prisa?”.
Sé que no debo hablarle así porque es el jefe pero el cabrón lo tiene merecido. No son horas de marcar a casa. Abro el documento. Comienzo a redactar. En el monitor parpadea el cursor y no hay nada más en la hoja en blanco virtual. “Hoja en blanco mis güevos”, tecleo con desgano. Me levanto por una cerveza. Al regresar escribo que la hipocresía es un mal necesario, una especie de parásito dentro de un parásito que es el portador de ese mal; que ha salvado a la humanidad de tantas guerras, de tanta sangre que pudo haberse derramado, que es parte del odio, otro agente patógeno que contamina hasta al más leal de los leales, al más trabajador de los trabajadores y pendejadas por el estilo hasta que caí en la retórica y mayéutica cuenta de que el artículito estaba saliendo por sí solo y que a final de cuentas lo que me traía dando vueltas en la cama no eras tú, sino el cansancio y el hartazgo de tanto imbécil indeciso con quien trabajo.
Desde mi mail le envío el trabajo a Armando. Luego comienzo a escribir “Es en este preciso instante en que me doy cuenta de que hay una especie de vacío a mi alrededor. Quizás sea yo quien velada, discreta y a la vez escandalosamente me diga “no, esto no es así, esto no es así”. Me explico. Resulta que a mi derecha hay un hombre sentado. Lee varias cifras de lo que probablemente sea parte de su trabajo. Manipula una pequeña calculadora y presiona con los dedos de la mano derecha las teclas que parecen escabullirse como hormigas que escapan a no-sé-qué cosa. Ahí está. Sorbe de vez en vez el café que desde hace media hora le trajo la mesera. Trabaja, el hombre de la derecha trabaja -no se si es una divina coincidencia (la izquierda depositaria de lo malo y la diestra simbolizando todo lo bueno)-, y esa bebida son sus efímeros descansos. Suspiro. El hombre que está sentado... (---fin del relato---)”.
Moderno caso de plagio II
Releyendo la obra de Borges me di cuenta que tal erudición no era posible reunirla en una sola persona... fue en su cuento, El Aleph, que descubrí su secreto: en la “pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor (...) de dos o tres centímetros (...)” donde vio “un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio”, también vio sus textos. Lo suyo, su obra, fue pura transcripción.
toc, toc, toc, toc, toc (primer episodio)
Golpetea el lápiz sobre el escritorio. El ventilador gira espasmódicamente. Toc toc toc toc toc. Habla, murmura, farfulla. No entiendo lo que dice. Mesa su cabello duro, engomado, hasta desprender pequeñas bolitas que flotan en el aire. Golpea con el puño cerrado su escritorio. Lo deja ahí. Parece furioso. Retira la mano del escritorio, la lleva al auricular, lo cambia a su oreja derecha. Observa el teléfono.
Abre el cajón, saca una cajetilla de cigarros. No puede controlar su mano izquiera. Recarga el auricular en su hombro y utilza las dos manos. Enciende el cigarro con el encendedor que está en el bosillo de su saco gris. Exhala el humo con violencia hacía mi. Carraspeo un poco y sigo mirándolo.
Tienes que matarla, pendejo, tienes que matarla, escucho que dice con un susurro contenido en los dientes apretados en su boca. Como sea, acaba con ella. No podemos dejar que nos siga metiendo en problemas. ¿Sabes lo que pasará si la prensa se entera que las tres colecciones de esos artistas están en mi casa? Ese escándalo nos arruinaría. Piénsalo buen, cabrón. No quiero que nos lleve la chingada.
El humo llega hasta mi. En pocos minutos me acostumbro al olor. Camino nerviosamente para no alterarlo más. Es mucho lo que nos debe, es demasiado dinero. No. No la despidas. Eres un pendejo. ¿Para qué, de qué nos serviría? Esa pinche vieja abrirá la boca. Sí, a pesar de que diga que no. Tienes que matarla. Sí, hazlo como quieras. La colección de piezas no va a volver al museo, entregarlas sería aceptar que yo las tenía. No, no las robé. Son mías, son un regalo. El mismo director del museo las trajo a casa. No. Nadie sospecha. Tienes que matar a esa pinche vieja pendeja, cabrón. Abrirá la boca, estoy seguro.
Me acerco al cristal de la ventana. El sol en el horizonte desciende lentamente. El ventilador sigue girando. Rac rac rac rac, rac rac rac rac. Ahora oprime con suma precisión el filtro del cigarro hasta aplastarlo. Lo lleva a su boca. Inhala. Arroja de nuevo el humo hacia donde estoy. deja a un lado del teléfono, junto a la agenda, el lápiz. Toma el periódico, lee los cabezales. Lee que la dirección del museo está a cargo de un hombre, no de una mujer.
No voy a pagar eso. No es lo convenido. El trato era que ella sacaría las esculturas y las pinturas del museo, te las daría a ti y yo les encontraría clientes. Si esa imbécil gastó el dinero en sus viajes a Japón, en sus cursos idiotas de hojalatería, de cómo pintar con brocha gorda es su problema. Le dije que jamás hiciera eso y no me escuchó. Sí, la auditoría fue por eso. Mucho dinero moviéndose, ¿qué necesidad había? Es su problema. Si perdió el empleo es su problema. Mátala antes de que venga a chillarme como una puta. Así no tendremos problemas. Ya veremos cómo nos arreglamos con el nuevo.
Avanzo un poco hacia el escritorio. Dudo. Acercarme más sería provocar su furia. Decido deambular un poco por la oficina. Está todo cerrado. El humo se queda en el techo, inmóvil. Yo estoy inquieto. Mira a todos lados. Frunce el entrecejo. Algo le dicen del otro lado de la línea telefónica que lo hace enfurecer más todavía.
Abre de nuevo el cajón. Saca un cenicero. Aplasta en él el cigarro a medio consumir. ¡Entonces házle como quieras, carajo!, ¡yo no te voy a pagar un puto peso, es tu problema!, ¡deshazte de esa perra, te digo! Raz. Colgó. Enmudezco. Se levanta del sillón. Sus manos van de nuevo al cabello, a la barbilla, a pensar. La suela de sus zapatos lustrados roza la alfombra. Rasp, rasp, rasp, rasp se escucha en silencio, en un ir y venir de preocupación.
Mira de nuevo el periódico. Pinche vieja, exclama. Pinche y mil veces puta. Ahora nos has metido en un buen problema, idiota. Se quita el saco. Lo coloca sobre el respaldo del sillón. De nuevo tiene un cigarro en sus manos. Lo enciende. Lo fuma. ¡Perra, si yo caigo tú caerás conmigo! Frac. Azota la palma abierta de su mano el escritorio. ¡Y tú, carajo, deja de estar chingando!, me grita.
Azorrillada, busco refugio en las paredes de la oficina. No encuentro nada. Él toma el periódico.
ebrio II
Las palabras al ser leídas se descorchan y su contenido entra, embriagador, por el oído. Ya se han reportado al menos un caso de delirium tremens de alguien que leyó más de cinco libros uno después de otro.
Las vasventas
Las mujeres vasventas habitan el sur de las islas ZaHui, ubicadas en el punto medio entre el Pacífico mexicano y Asia, siguiendo la ruta que los mercaderes de ese continente establecieron con América septentrional. Una de cosas que las particulariza, según se cree, es el uso de faldones crinolizados que fabrican con hebras obtenidas de palapas y otras plantas costeras, las cuales recogen bajo los rayos del sol –además de su tamaño pigméico-.
Ellas y su isla seguirían en el anonimato si no es porque meses atrás se descubrió que el agujero de la capa de ozono se detuvo de manera extraña sobre el pequeño archipiélago, a donde se envió una expedición, cuyo único sobreviviente (la temperatura era tal en esa parte del planeta que sus compañeros murieron algunos insolados) consiguió que una de ellas lo acompañara.
Muchas le gritaban en un idioma desconocido para que se alejara de la isla, hasta que una se arrojó al agua y se aferró a él, apuntando la dirección que debía tomar para salvarlos a ambos luego de nadar hasta el barco. Ya en tierra, resultó que la piel de las vasventas tiene un grosor inaudito.
Se ha determinado que el brillo de la piel y su aspecto plástico se debe a los constantes collares de madreperla y nácar que penden de sus cuellos y que segregan, microscópicamente, cantidades de 19-73, sustancia descubierta por Madame Alexander Fornijká en la bahía del Golfo de Cortés, Baja California Sur, México, en 2011.
La nieta de la investigadora Fornijká, Madelaine, nos explicó el extraño saludo que se prodigan las aborígenes del Pacífico medio: consta en llevar la palma de la mano izquierda a la cara de quien se saluda, colocando los dedos meñique, anular y medio en la frente del interlocutor, mientras con el índice y el pulgar se le pellizca ligeramente la nariz.
Hummer: para el niño que todos llevamos dentro
PERSONAJES:
Un niño, un señor y una voz en off.
ABRE A:
La cámara hace una toma en picada. Se escucha la voz de un niño dando instrucciones: “hay que hacer el puente más largo; el asfalto no se ha terminado de poner…”.
NIÑO 1: Tiene entre 11 y 12 años. De tez clara. Viste normal, como de esos niños que están de vacaciones.
CORTE A:
La cámara hace un acercamiento hacia lo que está construyendo: una carretera en lo que parece ser un lote baldío o un patio trasero grande.
CORTE A:
La cámara hace un paneo. Se ve lodo, agua, pedacera de madera, piedras, pasto, algunos monitos de juguete, arena, como una pista de rally.
CORTE A:
Acercamiento a los carritos del niño. Entre ellos hay un Hummer.
CORTE A:
La cámara hace un acercamiento de frente al niño, que está en cuclillas.
“Listo”, dice.
CORTE A:
La cámara hace un acercamiento a la cara del niño, quien dice:
“Ok, veremos quién llega primero”, mientras se limpia el lodo de las manos en el pantalón de mezclilla y toma el Hummer y otro carrito.
CORTE A:
SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS
Close up de las manos del niño tomando los carritos.
CORTE A:
SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS
Zoom in a los carritos de frente, corriendo por la pista que hizo el niño. Close up a una de las figuras pequeñas que puso como espectadores a la orilla de la carretera que construyó.
CORTE A:
SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS QUEDA DE FONDO
Cámara fija. Toma general del niño jugando carreras con los carritos.
CORTE A:
SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS
Close up de los carritos con las manos del niño. El Hummer va ganando.
CORTE A:
SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS
INT. DEL HUMMER. VOLANTE, ESTÉREO, ASIENTOS DELANTEROS Y TRASEROS, PALANCA DE VELOCIDADES.
CORTE A:
SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS
El niño hace que el Hummer se salga del camino. La cámara sigue su mano. El carrito corta camino por una ruta más difícil todavía que la que hizo. Deja el otro carrito en el camino. El Hummer sigue avanzando.
CORTE A:
SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS
Close up del Hummer al llegar a la meta. Está enlodado. Close up a los tenis o zapatos del niño.
CORTE A:
EXT. CALLE. DÍA
CALLE TRANSITADA
Close up a los tenis o zapatos del mismo modelo que los del niño. Pertenecen a un señor de entre 35 y 45 años. Tild-up al señor, la cámara se detiene en su cara: trae gorra, lentes oscuros y se parece al niño. Sonríe.
CORTE A:
Toma del señor subiéndose al Hummer. Lo enciende y arranca. La cámara está fija mientras el Hummer se aleja. Hace un paneo hasta llegar a una vitrina donde hay televisiones en las que se transmite:
La cámara hace una toma en picada. Se escucha la voz de un niño dando instrucciones: “hay que hacer el puente más largo; el asfalto no se ha terminado de poner…”.
NIÑO 1: Tiene entre 11 y 12 años. De tez clara. Viste normal, como de esos niños que están de vacaciones.
CORTE A:
La cámara hace un acercamiento hacia lo que está construyendo: una carretera en lo que parece ser un lote baldío o un patio trasero grande.
CORTE A:
La cámara hace un paneo. Se ve lodo, agua, pedacera de madera, piedras, pasto, algunos monitos de juguete, arena, como una pista de rally.
CORTE A:
Acercamiento a los carritos del niño. Entre ellos hay un Hummer.
CORTE A:
La cámara hace un acercamiento de frente al niño, que está en cuclillas.
“Listo”, dice.
CORTE A:
La cámara hace un acercamiento a la cara del niño, quien dice:
“Ok, veremos quién llega primero”, mientras se limpia el lodo de las manos en el pantalón de mezclilla y toma el Hummer y otro carrito.
CORTE A:
Cross a negros. Aparece en las televisiones una frase escrita en letras blancas sobre fondo negro que dice: “¿Qué tan reales son tus sueños?” seguida de otra que dice: “Hummer: para el niño que todos llevamos dentro.” Y que lee una voz en off.
FIN
viernes, marzo 09, 2007
Lo terrible es que algo haga falta
-- Lo terrible no es que tiemble, sino que no haya nadie ahí, a un lado, para decirle o decirte ay cabrón, qué culero se movió el suelo.
Así le dije a Norma y ella continuó con mi idea.
--Lo que nos asusta no es que la tierra se sacuda, sino que tenemos nuestros intereses puestos en el estéreo, en la casa, en la televisión y el dvd, en esas cosas que nos costaron muy caras y que no queremos que se rompan.
Respondí que sí y encendí un cigarro.
--Creo que lo que nos preocupa después de un temblor tan fuerte es si Fulano o Zutano se encuentran bien.
--¿Y quiénes son Fulano o Zutano? interrogó mientras ella también encendía un cigarro.
--Fulano y Zutano son esos amigos con los que estuviste unos minutos antes del temblor; tus padres, tus hermanos, tu familia, esos a los que quieres, esos a los que ibas a ver pero que por culpa del temblor quién sabe a dónde chingados se habrán largado.
--Entonces es más preocupante el compromiso que se hizo antes, durante y después del temblor- ajustó.
--Sí, en cierta forma sí- acepté.
--¿Siempre? Se dirige a mí al tiempo que mira los autos que pasan frente a nosotros y se lleva la taza de café a la boca para darle un trago largo que me deja en suspenso.
--¿Siempre es necesario que nos pasen cosas tan fuertes a todos, a la misma hora, estemos con quien estemos, para darnos cuenta de eso, para que miremos alrededor y digamos, qué chido, estoy con Fulano, estoy con Zutano?
--La mayoría de los que gritaron fue porque no estaban con aquellos a los que querían, o en su lugar favorito, o haciendo lo que les gusta hacer - contesté, y no supe si certeramente.
Nos quedamos callados. Desde el portal Medellín, sentados, podíamos contemplar las cúpulas ligeramente inclinadas de catedral a causa del temblor, mientras la gente seguía ocupada con lo suyo.
--Pinche Norma, tú sí gritaste. Casi llorabas... ¿por qué?
--¿Y por qué no?, me contestó con un tono a la ofensiva.
--No lo sé. ¿Por qué tú?
--Todo mundo tiene derecho a llorar y lo aplica cuando quiere, ¿no es cierto? - dijo ella, nerviosa. Ya sé hacia dónde vas Sergio, y si quieres saber si pensé que iba a morir sí, lo hice.
Inhalé más humo del cigarro. Comenzaba a ponerme nervioso. Norma se hacía pasar por una mujer fuerte, pero en realidad había muchos factores que la hacían permanecer así, inestable, como esos decaedros o pelotas de plástico con agujeros de diversas geometrías por donde los niños pequeños deben meter las piezas. Así es Norma. Y cuando una de esas piezas entra, algo en ella cambia y entonces suelta sus lágrimas, se caga de risa, se enoja o simplemente se enamora. Nunca supe qué tipo de pieza había sido yo, pero era claro que ya estaba fuera.
Ahora, a cuatro años del temblor, cuando la llamé para vernos y hablar al respecto ella, con sus aires de fuerza, con su madurez a cuestas, llegó y me saludó agradeciéndome la invitación y el haber estado con ella cuando el sismo. Fue terrible, dijo al sentarse. Y yo contesté lo que al principio.
--Y si vas a preguntarme también por qué temí morirme, te diré que fue porque... porque no lo sé.
Siguió hablando. La interrumpí para cuestionarle si era porque el miedo a morir se aparece cuando la muerte es probable y no hemos terminado de cumplir nuestra misión cuando estamos vivos.
--Podría ser – respondió moqueando. Apagó el cigarro. Hice lo mismo y encendí otro. Tenía que controlarme.
--Podría ser - repitió.
--Podría ser - secundé.
--Es que no hemos terminado lo que debemos hacer, no estamos con los que queremos ni en nuestro lugar favorito... no podemos escoger nuestra muerte, dijo.
--¿Miedo a morir con extraños? – deslicé.
--Puede ser. Pero es terrible esa sensación...
Cuando tuve el cigarro a la mitad hice memoria y recordé que cuando el sismo, un frío recorrió todo mi cuerpo. No me paralicé. No grité, no corrí, no huí, no recordé a nadie, no tuve miedo de morir. No lloré. Acaso porque desde pequeño he estado en contacto con los temblores, porque nada es mío, porque definitivamente no tengo nada que perder, excepto la memoria, las fuerzas, la imaginación o la vida, en el mejor de los casos. Por eso ya tenía todo por ganar. Sólo sentí frío y coordiné perfectamente mis movimientos. Ví el caos y eso me agradó. Para mí no fue tan terrible.
Sacudo la ceniza del cigarro en el cenicero, miro de nuevo las cúpulas de la catedral, los autos que pasan, a Norma sentada conmigo en la misma mesa donde hace un año estábamos sentados. Fija su vista en mis ojos esperando a que diga algo: bajo la mirada y la clavo en el cigarro: lo sigo hasta que llega a mis labios: inhalo y le digo a Norma, esa Norma que tanto quiero y que tanto me preocupa y que a veces odio:
--Lo terrible es que algo haga falta. ¿No crees?
lunes, enero 22, 2007
Tirado
Después de la boda, junto con la basura, recogimos los buenos deseos, el acta de matrimonio, las ganas de bailar, trocitos del pastel, sonrisas y miradas coqueras, lazos familiares medio rotos, etiquetas de traje sastre; el ramo de la novia, chorritos de alcohol, peticiones de baile, un borracho a media pista, cacahuates, anhelos de solteronas, un poco de ruido, dos o tres murmullos, pláticas obscenas de señoras grandes, algunos que otros celos, el olor a mierda del baño, dos vómitos, tres aretes, el sueño de treinta niños que corrieron, jugaron y destrozaron lo que quisieron en la fiesta; la felicidad de los novios, las copas de cristal en que bebieron los padres de la novia, cuatrocientas quince colillas de cigarros, un lente de contacto, seis deudas enormes de los padres del novio que los dejaron en la calle por dar la fiesta del siglo en el pueblo; ochocientos chistes simplones, veintinueve clases de olores, trece amistades que ya no lo son más, un embarazo no deseado, de cinco a siete rompimientos sentimentales, seis tacones de zapatillas, mil ciento quince corcholatas, ciento cinco botellas de tequila vacías, noventa y siente botones, una grapa de cocaína, dos condones: uno usado y el otro sin usar, un anillo de bodas (que no era el de los recién casados), la temblorina y los nervios de las madrinas, el corsé de una señora gorda en el baño, más tres cumbias, dos canciones que no venían al caso, un primo que andaba perdido y se durmió, una pintura para labios, un chongo postizo, el llanto de nueve borrachos y ocho canciones de despecho que cantó una tía divorciada y a mí, que me tocó barrer todas esas chingaderas después de andar mesereando toda la noche.
miércoles, enero 03, 2007
Lo que pensó un inmortal cuando al caminar y fumar vio a una pareja (h-m) de novios discutiendo en un jardín...
Yo poseo los momentos libres y huecos sin actividades propias que otros no tienen. Resulta fastidioso esto. Comparado con la inmortalidad, la desocupación es uno de los mayores tormentos que alguien pueda soportar. Es terrible cuando intento acercarme a alguien y charlar sobre esto. Nunca se cumple, nunca se da.
A veces llego y las personas se encuentran en su lugar, haciendo lo que deben, pueden y les gusta. En intentos por conocerlas se resisten, otras no, porque como ya dije hacen lo que deben, pueden, saben y les gusta. Las mujeres son un caso específico. De hecho existe todo un mito alrededor de ellas: frágiles, fuertes, misteriosas, complicadas, tiernas, nerviosas, desconfiadas.
Cualquiera desconfiaría de un extraño que llega y pregunta tu nombre, luego te dice el suyo y comienza una charla, o al menos lo intenta. Pero resulta que en ese momento un halo de intimidad las cubre y no puede romperse porque están pensando algo o en alguien. Están molestas o tristes o comienzan a especular acerca de ti. Es terrible eso.
miércoles, diciembre 06, 2006
Contraindicaciones
David Chávez
Tomaba sus pastillitas de cultura una vez cada ocho horas. Así llevaba haciéndolo desde hace tres años. Iba cada semana a ver al médico del IMSS, tan cuidadoso que era de su salud, a que le dijera qué nuevo mal tenía. "Furia, usted tiene furia. Después de tomarse las grageas culturosas y los baños de asiento de discursos sin contenido deberá colocar su orina en este frasquito. Tráigamelo dentro de cuatro días. Quede sin cuidado, no creo que sea grave", le dijo el galeno. Así fue. Así lo hizo. El día de la cita murió. El forense dijo que fue a causa de un tumor provocado por las constantes dosis de intelecto que a su vez le ocasionaron una trombosis en el cerebro. "Estos medicamentos... su doctor debió advertirle de los efectos secundarios", murmuró para sí el perito antes de apagar la luz.
martes, octubre 31, 2006
enfermedad terminal
Tomaba sus pastillitas de cultura una vez cada ocho horas. Así llevaba haciéndolo desde hace tres años. Iba cada semana a ver al médico del IMSS, tan cuidadoso que era de su salud, a que le dijera qué nuevo mal tenía. "Furia, usted tiene furia. Después de tomarse las grageas culturosas y los baños de asiento de discursos sin contenido deberá colocar su orina en este frasquito. Tráigamelo dentro de cuatro días. Quede sin cuidado, no creo que sea grave", le dijo el galeno. Así fue. Así lo hizo. El día de la cita murió. El forense dijo que fue a causa de un arrebato de furiosa ignorancia que no le había sido detectado.
martes, octubre 17, 2006
Desde el más allá...
Respuesta de Monterroso a la médium que lo entrevistaba:
"Un día, andando solo, como quien pasea newtonianamente por calles que no le son familiares, vi caer a una pequeña ave de uno de los hilos que conducen la energía eléctrica a las casas. Entonces supe que todo sería breve en mi vida: el sueño, mi estatura, el ocio, las mujeres, los enemigos... las ideas. Viendo el montón de plumas recordé que a las palabras se las lleva el viento, como la muerte al ave fulminada sin razón, y que debía lograr que mis palabras sobrevivieran. Por eso escribo".
lunes, octubre 09, 2006
medidas precautorias
El día que decidió ser escritor anotó en una servilleta, con la que se limpió el maquillaje barato de una puta, algunas frases que amistades y familiares podrían hacerle: "Te vas a morir de hambre", "¿Me vas a regalar tus libros?, "¿y qué vas a escribir?", ¿me dedicas un poema, un cuento?", "dime que soy tu musa", "¿Por qué no haces algo de provecho?". Fue a manera de conjuro, para protegerse de ello, como quien sale de casa y no sabe si volverá, como quien está seguro de que dejará el cigarro, el alcohol, las mujeres y otros amados vicios como escribir.
sábado, agosto 19, 2006
el auto
A las cinco con treinta de la mañana sonó el despertador. Abrieron los ojos, cada uno, como si fuera la primera vez que veían la luz del sol. Tenían que ir a trabajar. Ella hizo el desayuno mientras él tomaba un baño. Minutos después el chorro del agua fría la obligó a estremecerse. Un quejido suyo se convirtió en reclamo por haberse bañado con el agua caliente que quedaba. Contempló la silueta de su esposa y sonrió.
Mientras se peinaba discutieron sobre qué era lo que irían a comer, más tarde, cuando salieran de trabajar. Media hora después perdieron quince minutos en imprimir el trabajo que él se desveló haciendo la noche anterior.
Salieron de casa tan sólo para llevarse la sorpresa de que les habían robado el auto.
– ¡No puede ser! – exclamó ella con la desesperación y la prisa marcadas en su cara.
– ¡Puta madre, nomás esto me faltaba! Me va a chingar mi jefe si no llego a tiempo con el informe trimestral. ¡Pinche madre!, ¿y ahora que chingados vamos a hacer? ¡Puto carro, putos ladrones, puta madre! – soltó con su voz ronca y trasnochada, como metralla, en el espacio donde debería estar el automóvil, donde él lo había dejado la noche anterior.
–¡Vámonos, ya veremos luego qué carajos hacemos!
Ambos abordaron un taxi que la dejó a ella en la delegación de la Secretaría de Asuntos de Salud y él se bajó después en el centro de negocios. Esa tarde no comieron. Se la pasaron en el Ministerio Público dando informes a la policía sobre el auto. Les dijeron que no se preocuparan, que el vehículo aparecería pronto, que de inmediato comenzarían a buscarlo.
Volvieron a casa entrada la noche. El papeleo con el agente los había cansado más de lo que imaginaban. Por eso no cenaron. Estaban tan asustados por el robo que hablaron toda la noche, cerraron bien puertas y ventanas y hasta pensaron en comprar un seguro. A eso de las cuatro y treinta de la mañana ya estaban en la cama, profundamente dormidos, con la ropa puesta.
El ruido de un motor los despertó.
–Debe ser el vecino.
–No. Es el ruido del motor de nuestro auto.
–Duérmete, estás alucinando.
–No. Es el nuestro, ¡es el carro!
Ahí estaba. Con la sorpresa, la emoción y el contento. Sí. Salió corriendo mientras le gritaba ¡Aquí está, aquí está!, ¡ven!, ¡míralo, aquí está! Y ella, en la duermevela, se levantó y se dirigió a la puerta.
El auto había aparecido. Estaba en el mismo lugar que lo habían dejado hacía dos días. Lo revisaron de arriba a abajo, por dentro y fuera. Estaba completo. Sujeto al parabrisas encontraron un recado escrito a mano y un pequeño sobre. Espero que me perdone si le provoqué alguna molestia. Tomé su carro prestado porque era una situación de urgencia: mi esposa estaba a punto de dar a luz. Aquí está su coche, no le falta nada. En el sobre hay dos boletos para el teatro. Espero que vaya a la función y que se le olvide el mal rato. Gracias de nuevo y que se divierta, decía.
No salían de su asombro. El vehículo estaba en su lugar, intacto. Incluso dieron un pequeño paseo por el barrio. Funcionaba. Y además, quien lo había tomado les ofrecía un par de boletos, aparte de las disculpas, para que fueran al teatro. Sí, irían, pero después de dormir. Volvieron a bañarse, esta vez tras dormir más de diez horas.
Salieron a comer y quedaron en que al otro día retirarían la denuncia que habían levantado en el Ministerio Público por el supuesto robo del auto. Luego fueron al teatro, a cenar, pasearon un poco, visitaron a varios amigos para contarles lo que les había pasado y les mostraron el carro: “Mira, intacto, no se llevaron nada, lo dejaron tal cual y en su lugar, qué suerte tienen, vaya que sí les sacaron un susto, yo no sabría qué hacer, ¿tan temprano se los dejaron?, calla mujer, lo bueno es que lo regresaron, mira que llevárselo y regresarlo, qué gente tan loca, ¿y qué tal estuvo la función?, la pasamos bien, ya nos vamos, mañana tenemos cosas que hacer, pues qué bueno que están bien y que se divirtieron, gracias por todo, luego nos vemos, bay”.
Regresaron. Ambos sonreían y hablaban sobre la suerte que habían tenido. Bajaron del auto. Se besaron en la puerta de la entrada. Abrieron. Entraron. Encendieron las luces. Ella dijo “no puede ser, no puede ser” diecinueve veces consecutivas en voz baja, como si rezara una corta letanía mientras su esposo crispaba los puños y una rabia incontenible lo consumía por dentro. No. No era por culpa de las lágrimas de impotencia que le impedían ver, fueron los ladrones que les habían vaciado la casa. No les habían dejado nada, sólo los focos que iluminaban el espacio vacío y el carro que recién les habían devuelto esa mañana, estacionado afuera, en la calle oscura y silenciosa.
martes, agosto 15, 2006
mal de familia
"La tía Fernanda es teratóloga, lo voy a llevar con ella". Recuerdo que a mis ocho años escuché esa frase proveniente de mi madre y camino a casa de Tía Fer la palabra me ataba inmisericorde al sabor de las infusiones y cocimientos que la vieja nos daba a mi y a mis primos cuando nuestros padres no podían hacerse cargo de nosotros por atender algún asunto y quedábamos a su cargo.
Como cualquier solterona de 70 años que se preciara de serlo, Tía Fer curaba nuestras enfermedades con infusiones elaboradas con todo tipo de hierbas, raíces, hojas, cortezas, cáscaras y demás productos natulares. Nunca en su casa alguien de la familia debió ser intervenido quirúrgicamente por algú padecimiento, hasta que ella comenzó a chochear y a confundir las recetas para el té de amores que les pedían mis primas con las fórmulas para curar la diarrea con una tacita de tal cosa acompañada de una pizca de tal otra.
Recuerdo que recordaba el sabor de los brebajes de la Tía Fernanda y yo y mi imaginación nos sujetábamos con fuerza, al oír teratóloga, al viejo cuadro de la casona de los abuelos, hasta meternos a la cocina, para ver en la taza el líquido preparado para determinado fin curandero. Lo recuerdo. Sí. Y cómo olvidarlo, si Tía Fer nos dio un cocimiento especial a todos, elaborado con una fotografía que a duras penas se dejó tomar, según ella "para que nunca me pierdan el recuerdo".
A 17 años de distancia entiendo por qué la Tía Fer nunca quiso poner freno a esa ceguera que le consumió los ojos. Tantos inventos, tanta dedicación de su parte para curar nuestros males era por evitar esas anomalías en nuestras conductas, esas monstruosidades que había en nosotros que los remedios de la vieja buscaban ocultarle a su vista. Y ambos, sus pacientes y ella misma, dejábamos de vernos enfermos.
jueves, agosto 03, 2006
un hombre...
de Chéjov:
El tema favorito del abuelo de Anton era La Divina Comedia, pero iba más allá y conforme la noche se hacía más oscura elegía un círculo infernal. Hace dos días nos contó que en el alto infierno, en el cuarto círculo, debería estar el más grande de los egoístas, aquel hombre que en Montecarlo fue al casino, ganó un millón, volvió a casa y se suicidó. - "El abuelo dice- nos comentaba Anton- que el desconocido y ególatra suicida sabía que la noticia de su triunfo será menos impactante que obtener el dinero y quitarse la vida".
lunes, julio 31, 2006
miércoles, julio 19, 2006
El origen de la beca
La casa del señor rico amaneció rayoneada pero no encontraban al responsable. El hacendado, para evitar un rayoneo posterior a su casa y por consejo del vecino alcalde de Nothingham, convocó a un concurso de rayoneadores de casas. Triunfó el mejor, quien fue a la cárcel. Con el dinero del premio, obtenido de la venta de pollos, se pagó la pintura para resanar la casa. El pollero vio que esto era bueno e hizo anual el concurso. Así nació la Beca Ranchoco para Mejor Rayoneador de las Casas del Pueblo, con la cual se agranda también la cárcel.
martes, julio 11, 2006
voyeur.
Cansado de insistir hasta el hastío ha siertaz personas en comó laz palavras deven eztar hescritaz y lo muy kábron que ce ha buelto, hintentar desifrar su sijnificado; oh lo qué con heyas ce quiere desir: (casi siempre lo logro pero ya se ha vuelto un problema para mis muñecas, mis dedos y mis ojos), un día decidí seguir a varios amigos que padecen ese extraño mal ortográfico.
Sí, estoy sorprendido. En la última ventana por donde miré una chica guardaba las recomendaciones, sacaba de su cerebro lo relativo a bien escribir y lo colocaba debajo del colchón donde duer-me todas las noches, donde fornica los fines de semana, en el que hay bacterias, que se pudre cachito a cachito por los fluidos vaginales que entran en contacto con varios gérmenes, a donde se va su orina cuando tiene pesadillas y chilla y las lágrimas se acumulan... ahí, debajo de ese mullido colchón, junto con sus targetas, ce dezcompone la hortógrafia asta qué lla no hes nada.
Ahí debajo también reposan mis instintos criminales. Ahí es donde se acaba la amistad y comienza el odio...
viernes, julio 07, 2006
Diferente
Como los demás, él también pensó en moldear su rostro a conveniencia. ¿Qué más valía si lo hacía dependiendo de su estado de ánimo, de su personalidad? Dejó de lado esas preguntas, superficiales para él, y continuó en su experiencia, en su aventura de mutar el rostro a voluntad.
Al caminar por la calle, al abordar el camión no importaba si traía sus audífonos y su discman, era igual: quería aislarse un poco más, tan sólo un poco más. Así, cuando no quería que lo miraran ponía un rostro común, como el de cualquiera otra persona y seguía en sus asuntos. Si percibía que algún extraño se dirigiría a él para preguntarle por alguna calle simplemente su cara adoptaba un aire de extranjero, de turista. En su casa, si alguien llegaba a preguntar por él transfiguraba su rostro y simplemente decía que era un trabajador contratado para reparar cualquier cosa.
Sí, también llegó a preguntarse si algún día se arrepentiría por hacer eso y entonces qué cara iba a tener… poco a poco se dio cuenta de que su rostro no era el mismo de antes. Había cambiado tanto. Cuando decidió que era un error aislarse así de la gente, desesperado, buscó entre sus cosas viejas, libros, álbumes. Comenzó a ejercitar el rostro una vez más, a concentrarse.
Logró rejuvenecer tanto que cuando llegó a encontrarse con antiguos compañeros de escuela muchos de ellos le comentaron: “sigues igual , no has cambiado nada. Te recuerdo tal y como estabas, estás igualito, pareces una foto”. Sonrió al verse en el espejo, donde tenía pegado el retrato de la fiesta de graduación. Unas semanas más tarde aún dudaba de si había hecho lo correcto.
martes, julio 04, 2006
Contagiado
Las promesas son una especie de mosco parecido al que trasmite el dengue. Incuban sus huevecillos en mente y corazón de las personas crédulas, débiles de animosidad pero fuertes de fe. Lo terrible es el contagio de esperanza, maligna plaga que se expande conforme aparecen casos imposibles de resolver. El infectado pierde la memoria gradualmente.
Eso sí, las promesas que se cumplen son las que están en extinción. Como la de los pájaros bobos, sólo retengo la vaga imagen de mi padre diciéndome que yo nunca estaría solo...
martes, junio 27, 2006
Moderno caso de plagio
En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no puede acordarse, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Caballero andante, cansado de sus aventuras, decide escribir una novela. La titula "El ingenioso novelista Miguel de Cervantes Saavedra".
Muere de causas naturales días después de terminar la primera parte. Su ama de llaves, que pasaba de los cuarenta, su sobrina que no llegaba a los veinte y su mozo, Sancho Panza, que ensillaba a su caballo, deciden terminarla. La envían a una editorial muy famosa. La novela es acogida con éxito y se vende bien.
El autor dejó en su herencia los derechos del texto a su sobrina. Salen de la pobreza. Como suele suceder en este tipo de casos, no tardan en aparecer los problemas: un autor desconocido llamado Pierre Menard los demanda por plagio, pero otro escritor argentino gana el juicio, los derechos de autoría y obtiene el Premio Nobel por la obra que escribió sobre el proceso legal que Menard entabló contra los herederos del fallecido caballero andante.
jueves, junio 15, 2006
Leído desde el camión...
"Subtítulos en ingles, si los quiere en inglés le cuestan más caros, por el acento".
miércoles, junio 14, 2006
El pigmeo mayor: sobre el líder y La rebelión de los pingüinos
Meridiano, de Mérida quiero decir, regresa Agustín Monsreal a Colima. Hace unos años, cuando se presentó A la salud del cuento, el libro–entrevista que el grupo Voz de tinta realizó, hablaba de la amistad que Monsreal sostiene con el cuento. Ahora lo confirmo. De tan íntimos que son resultó Los hermanos menores de los pigmeos o Alacena de triquiñuelas y frioleras o La rebelión de los pingüinos.
Y es que esta “Obra Compuesta por el Maestro del Arte Noble de Escribir y Contar D. Agustín Monsreal E Interián Oliver y Boldo” es tan familiar como todo lo que nos acontece cada día. Porque esa convivencia del autor y lo escrito se deja ver en sus cuentos; vaya, tan familiar es que hasta Dios es una constante en sus pingüinos, en sus triquiñuelas narrativas, en la friolera que es este libro, en la vida independiente de los pigmeos, las minificciones, microcuentos, ultracortahistorias.
Don Agustín comenzó a publicar rondando los treinta años. Según los estudios neuropsicologistas de Gustav Besetzung y Segio Adelfo Alcalá Hera citados en este libro por el autor, la edad productiva de Monsreal puede ser clasificada en el segundo grupo de los cuatro en que los autores comienzan a escribir. A esa edad recibió el impulso creador el noble literato y vayan ustedes a leer de dónde y cómo fue.
No sé en qué lugar conoció a estos pingüinos letrosos que hoy presentamos. Hace años que no hablo con él. Ignoro también de dónde sacó la friolera de cuentos, aunque sospecho que las noches de desvelo y café, o sus charlas de cuates con Dios e incluso algún posible viaje al Congo pudieran ser la clave para descubrirlo.
Por eso hay que estar atentos.
En sus páginas introductorias el Maestro del Arte Noble de Escribir y Contar revela su verdadera identidad literaria. Y como si fuera cosa vana, regalo para escribidores mortales, deja como por olvido intencionado la información que por años uno anda buscando para resolverle la vida al personaje del texto propio, esa que se pretende encontrar para lograr el cuento perfecto, bien hecho, bien escrito, que arranca la reflexión, que enreda al lector y lo mete a los burdeles que las sirenas abrieron en tierra firme, a las tantas y tantas imágenes e historias –quizá de los pigmeos, probablemente suyas- que nos presenta.
Desde la página 15 hasta la 253 o mal llamada Anís del Mono o titulada Epílogo de la iniciación conocí a los pigmeos de una forma que nunca había imaginado: a cachitos, por partes, uno a uno; por medio de cartas dirigidas a endomingadas, Auroritas Boreales, Viudas Negras, Soberanas mías (o suyas), Niñas de mis ojos (o de los suyos), Caperucitas rojas, Apagafuegos, Maldemialmas, Perfectacasadas, reproches ocultos a Dios, los piques con los clásicos griegos por demostrarles, a varios miles de años, la neta del planeta y de la historia y en sus historias…
La rebelión de los pingüinos parece que fue formulada para equilibrar porcentajes lectores y editoriales, nos trae definiciones de la vida, acercamientos celestiales, historias de la urde, Rodillas sucias, meditaciones de amores, relaciones y monólogos consigo mismo y con otras personas, testimonios de crímenes ficticios y literales, y los cuentos que, después de leídos, uno quisiera escribir.
Ahí están Cabecita blanca, Predicción a mansalva, A la sombra de una doncellez en flor, las Vidas paralelas, el Burlador burlado, un Rubor amoroso y las guarriexquisitas Lástima que no sea una puta y Recetas de la casa, sobre todo la uno y Uyuyuy I y II para ejemplificar las dulciagrias convenciones sociales.
Religiosamente, los monterrosianos temas están en esta Alacena de triquiñuelas y frioleras: el amor, la muerte y las moscas, como aparecen también las ganas de reinventar a Dios en La mala semilla, ese dios pigmeo que no se encuentra en el cielo porque entonces no podría ver lo que sus criaturas hacen en la Tierra.
Les digo que hay que estar atentos: que no los sorprenda como a mi Añoranza de mamá, en la página 160: todo se cimbra, todo pierde piso y el corazón se transforma en cebolla: pocamadrísimo cuento que se cuela hasta el meritito corazón del lector.
Yo sigo advirtiéndoles. No se fíen de estos pigmeos y menos del autor. Tan seguro de sí, con esos años que da la experiencia, nos revela las dudas que pondrían en jaque a Benedicto XVI e incluso al espíritu de Juan Pablo II que ronda por el Vaticano con las preguntas y reflexiones Del cuaderno de Pepetino o los cachonderísimos Encuentros con Eva. Aunque ahora que lo pienso, no debería advertirles. De la página 15 a la 51 tendrán ustedes sus instrucciones y advertencias y todo eso que necesitan. Hasta les van a dar un intermedio para que puedan hacerse de la vista breve…
Ya mejor no los aburro ni le hago tanto al cuento y los dejo para que lean. Ahí les va mi despedida, la que promete el pronto regreso, como en Los hermanos menores de los pigmeos, donde al autor, de tanto y tanto despedirse, se le nota que ni ganas tiene de irse, pero no se fíen, no le crean: va por víveres, orita regresa, no se tarda de verdad, quédense otro rato sigan leyendo están en confianza.
miércoles, junio 07, 2006
Irrealicidio
- "Creía él, señor juez, que con quitarle el acento a sandía no encontraría las semillas adentro. ¿Qué iba yo a hacer con ese imbécil, advertirle?, ¿qué no dijo el abogado defensor que el muertito antes de partir de este mundo se decía licenciado?, ¿cómo fue que terminó la carrera? Tomó el texto, el muy idiota, y se lo comió, tanta hambre tenía el desgraciado. Así fue como perdió la vida. Yo, como verá, nada tuve que ver con esa muerte tan horrible, tan angustiante, tan asfixiante con papel bond".
Apócrifo
Augusto Monterroso, de quien poco se sabe sobre los borradores de sus textos, muchos críticos indican que hay una versión anterior al cuento La oveja negra, el cual antes de ser corregido decía: "cansados los borregos de ejercitarse en el difícil y engorroso arte de la escultura, luego de muchos monumentos a gobernadores, ovejas negras y demás personajes, decidieron probar suerte en el mundo de la televisión, actuando en telenovelas".
Lo que cuentan en el puerto
En un pueblo porteño, de cuyo nombre no quiero acordarme, se pescaba sólo pez vela. Los habitantes decidieron entonces hacer un momunento al pez, para que los visitantes tuvieran claro lo que ahí se consumía. Develada la obra, los porteños quedaron insatisfechos, la veían fea. Entonces, herida en su orgullo, una noche la escultura se arrojó al mar. Todavía hay ancianos que cuentan que por el fondo del mar, cerca de la costa, nada el pez vela metálico, en cuya cola se lee el nombre del escultor mexicano: Sebastián.
jueves, mayo 25, 2006
Subiruta
De trufil desdemoniado, cancelberto manipulador, olisqueo la petite flor de maniagua. Tan cercano lejosleo, mirascluyo, improviso. Chamanuense, agitador, el caldo gordo de las orejas frías, de las horas mansamansa, destruye el chihuahueño can del loto florito.
Impermeable de las letras malas, carromato, tumbaflor del gentilicio, un dianoche lo escondí cabizbajo en bisbiseo. Era mi mejor amigo ladrador. Menjurge matildo maldito barato. Cara fue la huída del terreno de lo real. Pura ficción, pura letra, puro mundo-mundoo-mundó.
Amalgama subitante, sublimácea. Termina el fin, termina lo que comienzo en carraspeo sigilento.
(ejercicio de escritura automática propuesto por Alberto Chimal en http://www.lashistorias.com.mx/blog/?p=87)
martes, mayo 23, 2006
definición de definición
(Del lat. definitĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de definir.
2. f. Proposición que expone con claridad y exactitud los caracteres genéricos y diferenciales de algo material o inmaterial.
3. f. Decisión o determinación de una duda, pleito o contienda, por autoridad legítima. Las definiciones del Concilio, del Papa.
4. f. Declaración de cada uno de los vocablos, locuciones y frases que contiene un diccionario.
5. f. Nitidez con que se perciben los detalles de una imagen observada mediante instrumentos ópticos, o bien de la formada sobre una película fotográfica o pantalla de televisión.
6. f. pl. En las órdenes militares, excepto la de Santiago, conjunto de estatutos y ordenanzas que sirven para su gobierno.
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lunes, mayo 22, 2006
definición de Luís
Luís (Am. Mex. Us. y cost./Sust. Sing. Masc.).- Diferénciese del sustantivo nominal Luis. "Amexicanacastellanamiento" de Louise.
voyeur I
Cansado de insistir hasta el hastío ha siertaz personas en comó laz palavras deven eztar hescritaz y lo muy kábron que ce ha buelto, hintentar desifrar su sijnificado; oh lo qué con heyas ce quiere desir: (casi siempre lo logro pero ya se ha vuelto un problema para mis muñecas, mis dedos y mis ojos), un día decidí seguir a varios amigos que padecen ese extraño mal ortográfico.
Sí, estoy sorprendido. En la última ventana por donde miré una chica guardaba las recomendaciones, sacaba de su cerebro lo relativo a bien escribir y lo colocaba debajo del colchón donde duerme todas las noches, donde fornica los fines de semana, en el que hay bacterias, que se pudre cachito a cachito por los fluidos vaginales que entran en contacto con varios gérmenes, a donde se va su orina cuando tiene pesadillas y chilla y las lágrimas se acumulan... ahí, debajo de ese mullido colchón, junto con sus targetas, ce dezcompone la hortógrafia asta qué lla no hes nada.
Ahí debajo también reposan mis instintos criminales. Ahí es donde se acaba la amistad y comienza el odio...
martes, mayo 09, 2006
Definición diezdemayera
Madre. Insulto grave en México. Carencia sustancial de miles de millones de habitantes de este país de América Central, o del cachito de Norteamérica que somos. Combinada con chingada, tónico efectivo para matizar situaciones de alto riesgo o sustancial y encabronadamente sádicas. Infalible pretexto para ponerse hasta la reverenda ídem festejando la ídem que todos tenemos en nuestras casas lavándonos nuestras ropitas, haciendo la comidita y limpiando la casita.
Sust. fem. sing. en dim.- Dícese de las muchachas guapas que pasan por la calle, frente a alguna alguna obra en construcción. Verb. grat.: "¡Adiós, mamacita!"
domingo, mayo 07, 2006
Definición
Ortografía: Dícese de la chingadera a la que uno sólo le preocupa cuando llena su pinche currículum vitae (con el fin de aser crer al futuro gefe que huno es bien chingón y bien profecional).
De oídas...
-A ver muchachas, les presento a la Ortografía. "¡Oh, es un placer, nos han hablado mucho de usted!", contestaron hipócritamente...
jueves, mayo 04, 2006
Llamada
"¿Locatel?, ¿Sí?, ¿Que se le perdieron sus acentos? Sí, si los vemos le avisaremos que usted los anda buscando..."
jueves, abril 27, 2006
Celos y certidumbres
I CELOS
Ahí está otra vez, acostada en la cama, con la mirada fija en el techo, deteniéndolo, pensativa. ¿Qué chingados hace, en qué carajos piensa, qué la tiene en las nubes? Otra vez a hacerle la misma pregunta de hace unos días:
--¿De nuevo haciendo castillos en el aire, querida?
--Fortalezas, mi amor, fortalezas... y con su príncipe azul adentro.
“Así que fortalezas”, pienso. “Así que principitos de colores”... hoy tengo otra respuesta adecuada para este tipo de situaciones: echaré a volar mi imaginación, como hace ella: le demostraré que además de matar seres mitológicos y héroes de leyendas también sé aniquilar ilusiones femeninas.
II … Y CERTIDUMBRES
De entre las cartas que ella puso sobre la mesa estaba esta, escrita con primorosa letra de niña educada en colegio de monjas: “El jueves destruiste mis sueños, el viernes mataste a los más valerosos de mis héroes; en un descuido, este sábado penetraste a los castillos que con ilusión construí en el aire y el domingo pasaste por encima de las amuralladas fortalezas en donde se resguardaba de tus celos mitológicos mi príncipe azul. No puedo más, siento que me asfixias. Decidí seguir con tu juego, así que lo confieso: te engaño con el pensamiento. No nos busques, no regresaremos. Para cuando leas esto él y yo podríamos estar... no sé: algo me dice que el País de las Maravillas es taaan extenso…”.
martes, abril 25, 2006
Homenaje póstumo para un jalisciense (Arreola)
- “Era fuerte como un roble, sí, pero su inteligencia le venía de la hidrocefalia, que le irrigaba la corteza cerebral, lo cual hacía tan fértil su imaginación. El cerebro hecho agua no fue la causa de su muerte, sino la tala inmoderada que hizo de sus ideas al escribirlas y escribir cuentos fantásticos; ser tan prolífico en la literatura le erosionó la vida. Eso y jugar ajedrez”, dijo el médico que leyó el parte forense a la prensa.
El guardaagujas sólo atinó a decir: “descanse en paz”.
sábado, abril 22, 2006
La otra cara de una (o varias) moneda (s)
Veo las noticias. Varios investigadores descubrieron un pergamino en el cual aquel que me traicionó –la gente dice que fue un denario- y me entregó a las otras monedas relata la verdadera historia: que no fue un traidor sino un héroe y que fui yo quien le pidió que actuara así.
La verdad es otra. Hace años, algunas monedas de distintas nacionalidades discutían sobre una ley antigua de un profeta. Estaban todas en el cestito de las limosnas, su templo. Una de ellas, la de mayor denominación, de color verde su túnica, se levantó entonces para expresar a las otras que debían ir con el César. Allá les darían, tras el éxodo de sus padres para llegar a la tierra prometida, los privilegios y beneficios que ahora les estaban negados, y acabarían –aseguraba- las vejaciones de las cuales eran objeto.
En el clímax de la discusión yo entré al templo. Venía de la mano de una viuda. Me llamaban óbolo. Al ver a las otras les dije que no debían seguir las leyes dictadas por el profeta, que él tenía otra visión de las cosas. Tenía mi cara marcada. Había sufrido bastante. Les dije: "Oísteis que fue dicho: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”.
La propuesta no fue bien recibida. Las demás pensaron que yo era un falso profeta y me siguieron el rastro y terminaron marcando con una cruz mi cara y cuerpo para luego desperdigar por el mundo a mis apóstoles. Se dice que varias monedas y billetes me vieron tiempo después, antes de que ascendiera al reino del comercio y el trueque fuera la piedra sobre la cual edifiqué esa historia. Lo que digan los demás me tiene sin cuidado. Que los perdone el creador porque no saben lo que hacen.
Origen monetario
El profesor de economía, Carlo Debroxi, explicó el origen de nuestro sistema monetario citando las últimas palabras de su padre, Marl Debroxi, antes de ser asesinado a manos de un miembro de alguna secta fundamentalista cristiana: “Después que el dólar cayó, después que el euro fue la moneda mundial, que la población latina y los proletarios del mundo, uníos, tomaron el control del mercado en el planeta tierra; luego de lograr ese parchesote en la capa de ozono, de clonar con los cromosomas que quedaban y volver a la vida a las especies extinguidas; cuando por fin se logró superar el capitalismo, mesianismo, comunismo, industrialismo y otros ismos por el estilo, aceptemos, en este foro mundial de economía, buen gobierno, fraternidad, disciplina y apoyo, que el sudor el es futuro de nuestros pueblos: no lo desperdiciemos, midamos el valor de nuestro trabajo con ese producto tan valioso para nuestra civilización y que adquirimos con este líquido fruto del agua que bebemos. Compañeros, este pan que hoy os comparto es el esfuerzo de mucha gente. Haced esto en cada foro que tengan”.
-”En ese instante sonaron los tres balazos”, dijo, y ya no pudo continuar con la clase.
trueque
Éramos tan pobres, que sólo nos quedaba una imagen tan gastada que ni habichuelas mágicas me dieron ayer en el mercado. “¿Qué harás con ella?”, me preguntó mi madre por la mañana mientras salía yo con la imagen en el bolsillo derecho y mascando un mendrugo de pan. Alcé los hombros y salí a la calle, siguiendo el mismo rumbo que el día anterior. Ahora que regreso a casa me pregunto qué dirá mi madre cuando le diga que cambié la imagen gastada por estas letras, con las que hice este cuento…
sábado, abril 15, 2006
Confesión anónima
Tenía un texto. Bueno, parecía serlo. Entonces vi la fotografía que Chimal puso en su blog. Sí, tenía la historia completa, lo juro, lo juro por Dios, lo juro que participaría y ganaría con ese texto. Era mejor que el que me hizo sonreír toda la noche entera, escrito por un tal Tiranicida. Era mucho mejor que el que hacía unas semanas había dejado en forma de post, perdido en la web mundial, y que había escrito también para otro concurso anterior de argumentaciones, pero ese no es el caso, esa no es la historia.
Tenía, repito, un texto excelente. Confieso que era un cuento. Pero no sé qué fue lo que ocurió, lo juro, lo juro por Dios que no lo sé. Algo tuvo que ver la pregunta de Peggy Bonilla, usuaria del blog que está en www.lashistorias.com.mx: “Una pregunta Alberto.Parece no ser tan estricto el concurso, pero si tiene que ser sinopsis o resumen o no? o la historia completa?” e incluso sospecho que la respuesta de Adan Balcazar, usuario de la misma dirección electrónica, determinó la suerte de mi cuento: “Peggy Bonilla: Amiga yo ante la duda, opte por el relato corto. Saludos”
Y heme aquí, con la hoja en la que imprimí mi cuento mojada, las letras escurriendo, como el deshielo que seguramente hay en la foto que exhibe la mujer dentro de la foto…


david chávez
Leído por casualidad en un periódico de Gördmand: “Detenidos dos ficcioneros en plena flagrancia mientras elaboraban un artefacto literario. Fueron arrestados… también sus miradas, por cómplices”.