miércoles, marzo 14, 2007

Hummer: para el niño que todos llevamos dentro

david chávez


PERSONAJES:

Un niño, un señor y una voz en off.

ABRE A:

La cámara hace una toma en picada. Se escucha la voz de un niño dando instrucciones: “hay que hacer el puente más largo; el asfalto no se ha terminado de poner…”.

NIÑO 1: Tiene entre 11 y 12 años. De tez clara. Viste normal, como de esos niños que están de vacaciones.

CORTE A:

La cámara hace un acercamiento hacia lo que está construyendo: una carretera en lo que parece ser un lote baldío o un patio trasero grande.

CORTE A:

La cámara hace un paneo. Se ve lodo, agua, pedacera de madera, piedras, pasto, algunos monitos de juguete, arena, como una pista de rally.

CORTE A:

Acercamiento a los carritos del niño. Entre ellos hay un Hummer.

CORTE A:

La cámara hace un acercamiento de frente al niño, que está en cuclillas.

“Listo”, dice.

CORTE A:

La cámara hace un acercamiento a la cara del niño, quien dice:

“Ok, veremos quién llega primero”, mientras se limpia el lodo de las manos en el pantalón de mezclilla y toma el Hummer y otro carrito.

CORTE A:

SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS

Close up de las manos del niño tomando los carritos.

CORTE A:

SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS

Zoom in a los carritos de frente, corriendo por la pista que hizo el niño. Close up a una de las figuras pequeñas que puso como espectadores a la orilla de la carretera que construyó.

CORTE A:

SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS QUEDA DE FONDO

Cámara fija. Toma general del niño jugando carreras con los carritos.

CORTE A:

SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS

Close up de los carritos con las manos del niño. El Hummer va ganando.

CORTE A:

SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS

INT. DEL HUMMER. VOLANTE, ESTÉREO, ASIENTOS DELANTEROS Y TRASEROS, PALANCA DE VELOCIDADES.

CORTE A:

SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS

El niño hace que el Hummer se salga del camino. La cámara sigue su mano. El carrito corta camino por una ruta más difícil todavía que la que hizo. Deja el otro carrito en el camino. El Hummer sigue avanzando.

CORTE A:

SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS

Close up del Hummer al llegar a la meta. Está enlodado. Close up a los tenis o zapatos del niño.

CORTE A:

EXT. CALLE. DÍA

CALLE TRANSITADA

Close up a los tenis o zapatos del mismo modelo que los del niño. Pertenecen a un señor de entre 35 y 45 años. Tild-up al señor, la cámara se detiene en su cara: trae gorra, lentes oscuros y se parece al niño. Sonríe.

CORTE A:

Toma del señor subiéndose al Hummer. Lo enciende y arranca. La cámara está fija mientras el Hummer se aleja. Hace un paneo hasta llegar a una vitrina donde hay televisiones en las que se transmite:

La cámara hace una toma en picada. Se escucha la voz de un niño dando instrucciones: “hay que hacer el puente más largo; el asfalto no se ha terminado de poner…”.

NIÑO 1: Tiene entre 11 y 12 años. De tez clara. Viste normal, como de esos niños que están de vacaciones.

CORTE A:

La cámara hace un acercamiento hacia lo que está construyendo: una carretera en lo que parece ser un lote baldío o un patio trasero grande.

CORTE A:

La cámara hace un paneo. Se ve lodo, agua, pedacera de madera, piedras, pasto, algunos monitos de juguete, arena, como una pista de rally.

CORTE A:

Acercamiento a los carritos del niño. Entre ellos hay un Hummer.

CORTE A:

La cámara hace un acercamiento de frente al niño, que está en cuclillas.

“Listo”, dice.

CORTE A:

La cámara hace un acercamiento a la cara del niño, quien dice:

“Ok, veremos quién llega primero”, mientras se limpia el lodo de las manos en el pantalón de mezclilla y toma el Hummer y otro carrito.

CORTE A:

Cross a negros. Aparece en las televisiones una frase escrita en letras blancas sobre fondo negro que dice: “¿Qué tan reales son tus sueños?” seguida de otra que dice: “Hummer: para el niño que todos llevamos dentro.” Y que lee una voz en off.

FIN

viernes, marzo 09, 2007

Lo terrible es que algo haga falta

david chávez

-- Lo terrible no es que tiemble, sino que no haya nadie ahí, a un lado, para decirle o decirte ay cabrón, qué culero se movió el suelo.
Así le dije a Norma y ella continuó con mi idea.
--Lo que nos asusta no es que la tierra se sacuda, sino que tenemos nuestros intereses puestos en el estéreo, en la casa, en la televisión y el dvd, en esas cosas que nos costaron muy caras y que no queremos que se rompan.
Respondí que sí y encendí un cigarro.
--Creo que lo que nos preocupa después de un temblor tan fuerte es si Fulano o Zutano se encuentran bien.
--¿Y quiénes son Fulano o Zutano? interrogó mientras ella también encendía un cigarro.
--Fulano y Zutano son esos amigos con los que estuviste unos minutos antes del temblor; tus padres, tus hermanos, tu familia, esos a los que quieres, esos a los que ibas a ver pero que por culpa del temblor quién sabe a dónde chingados se habrán largado.
--Entonces es más preocupante el compromiso que se hizo antes, durante y después del temblor- ajustó.
--Sí, en cierta forma sí- acepté.
--¿Siempre? Se dirige a mí al tiempo que mira los autos que pasan frente a nosotros y se lleva la taza de café a la boca para darle un trago largo que me deja en suspenso.
--¿Siempre es necesario que nos pasen cosas tan fuertes a todos, a la misma hora, estemos con quien estemos, para darnos cuenta de eso, para que miremos alrededor y digamos, qué chido, estoy con Fulano, estoy con Zutano?
--La mayoría de los que gritaron fue porque no estaban con aquellos a los que querían, o en su lugar favorito, o haciendo lo que les gusta hacer - contesté, y no supe si certeramente.
Nos quedamos callados. Desde el portal Medellín, sentados, podíamos contemplar las cúpulas ligeramente inclinadas de catedral a causa del temblor, mientras la gente seguía ocupada con lo suyo.
--Pinche Norma, tú sí gritaste. Casi llorabas... ¿por qué?
--¿Y por qué no?, me contestó con un tono a la ofensiva.
--No lo sé. ¿Por qué tú?
--Todo mundo tiene derecho a llorar y lo aplica cuando quiere, ¿no es cierto? - dijo ella, nerviosa. Ya sé hacia dónde vas Sergio, y si quieres saber si pensé que iba a morir sí, lo hice.
Inhalé más humo del cigarro. Comenzaba a ponerme nervioso. Norma se hacía pasar por una mujer fuerte, pero en realidad había muchos factores que la hacían permanecer así, inestable, como esos decaedros o pelotas de plástico con agujeros de diversas geometrías por donde los niños pequeños deben meter las piezas. Así es Norma. Y cuando una de esas piezas entra, algo en ella cambia y entonces suelta sus lágrimas, se caga de risa, se enoja o simplemente se enamora. Nunca supe qué tipo de pieza había sido yo, pero era claro que ya estaba fuera.
Ahora, a cuatro años del temblor, cuando la llamé para vernos y hablar al respecto ella, con sus aires de fuerza, con su madurez a cuestas, llegó y me saludó agradeciéndome la invitación y el haber estado con ella cuando el sismo. Fue terrible, dijo al sentarse. Y yo contesté lo que al principio.
--Y si vas a preguntarme también por qué temí morirme, te diré que fue porque... porque no lo sé.
Siguió hablando. La interrumpí para cuestionarle si era porque el miedo a morir se aparece cuando la muerte es probable y no hemos terminado de cumplir nuestra misión cuando estamos vivos.
--Podría ser – respondió moqueando. Apagó el cigarro. Hice lo mismo y encendí otro. Tenía que controlarme.
--Podría ser - repitió.
--Podría ser - secundé.
--Es que no hemos terminado lo que debemos hacer, no estamos con los que queremos ni en nuestro lugar favorito... no podemos escoger nuestra muerte, dijo.
--¿Miedo a morir con extraños? – deslicé.
--Puede ser. Pero es terrible esa sensación...
Cuando tuve el cigarro a la mitad hice memoria y recordé que cuando el sismo, un frío recorrió todo mi cuerpo. No me paralicé. No grité, no corrí, no huí, no recordé a nadie, no tuve miedo de morir. No lloré. Acaso porque desde pequeño he estado en contacto con los temblores, porque nada es mío, porque definitivamente no tengo nada que perder, excepto la memoria, las fuerzas, la imaginación o la vida, en el mejor de los casos. Por eso ya tenía todo por ganar. Sólo sentí frío y coordiné perfectamente mis movimientos. Ví el caos y eso me agradó. Para mí no fue tan terrible.
Sacudo la ceniza del cigarro en el cenicero, miro de nuevo las cúpulas de la catedral, los autos que pasan, a Norma sentada conmigo en la misma mesa donde hace un año estábamos sentados. Fija su vista en mis ojos esperando a que diga algo: bajo la mirada y la clavo en el cigarro: lo sigo hasta que llega a mis labios: inhalo y le digo a Norma, esa Norma que tanto quiero y que tanto me preocupa y que a veces odio:
--Lo terrible es que algo haga falta. ¿No crees?

lunes, enero 22, 2007

Tirado

David Chávez

Después de la boda, junto con la basura, recogimos los buenos deseos, el acta de matrimonio, las ganas de bailar, trocitos del pastel, sonrisas y miradas coqueras, lazos familiares medio rotos, etiquetas de traje sastre; el ramo de la novia, chorritos de alcohol, peticiones de baile, un borracho a media pista, cacahuates, anhelos de solteronas, un poco de ruido, dos o tres murmullos, pláticas obscenas de señoras grandes, algunos que otros celos, el olor a mierda del baño, dos vómitos, tres aretes, el sueño de treinta niños que corrieron, jugaron y destrozaron lo que quisieron en la fiesta; la felicidad de los novios, las copas de cristal en que bebieron los padres de la novia, cuatrocientas quince colillas de cigarros, un lente de contacto, seis deudas enormes de los padres del novio que los dejaron en la calle por dar la fiesta del siglo en el pueblo; ochocientos chistes simplones, veintinueve clases de olores, trece amistades que ya no lo son más, un embarazo no deseado, de cinco a siete rompimientos sentimentales, seis tacones de zapatillas, mil ciento quince corcholatas, ciento cinco botellas de tequila vacías, noventa y siente botones, una grapa de cocaína, dos condones: uno usado y el otro sin usar, un anillo de bodas (que no era el de los recién casados), la temblorina y los nervios de las madrinas, el corsé de una señora gorda en el baño, más tres cumbias, dos canciones que no venían al caso, un primo que andaba perdido y se durmió, una pintura para labios, un chongo postizo, el llanto de nueve borrachos y ocho canciones de despecho que cantó una tía divorciada y a mí, que me tocó barrer todas esas chingaderas después de andar mesereando toda la noche.

miércoles, enero 03, 2007

Lo que pensó un inmortal cuando al caminar y fumar vio a una pareja (h-m) de novios discutiendo en un jardín...

David Chávez



Yo poseo los momentos libres y huecos sin actividades propias que otros no tienen. Resulta fastidioso esto. Comparado con la inmortalidad, la desocupación es uno de los mayores tormentos que alguien pueda soportar. Es terrible cuando intento acercarme a alguien y charlar sobre esto. Nunca se cumple, nunca se da.

A veces llego y las personas se encuentran en su lugar, haciendo lo que deben, pueden y les gusta. En intentos por conocerlas se resisten, otras no, porque como ya dije hacen lo que deben, pueden, saben y les gusta. Las mujeres son un caso específico. De hecho existe todo un mito alrededor de ellas: frágiles, fuertes, misteriosas, complicadas, tiernas, nerviosas, desconfiadas.

Cualquiera desconfiaría de un extraño que llega y pregunta tu nombre, luego te dice el suyo y comienza una charla, o al menos lo intenta. Pero resulta que en ese momento un halo de intimidad las cubre y no puede romperse porque están pensando algo o en alguien. Están molestas o tristes o comienzan a especular acerca de ti. Es terrible eso.

miércoles, diciembre 06, 2006

Contraindicaciones

A Lupita, por su infinita paciencia y sus consejos.

David Chávez

Tomaba sus pastillitas de cultura una vez cada ocho horas. Así llevaba haciéndolo desde hace tres años. Iba cada semana a ver al médico del IMSS, tan cuidadoso que era de su salud, a que le dijera qué nuevo mal tenía. "Furia, usted tiene furia. Después de tomarse las grageas culturosas y los baños de asiento de discursos sin contenido deberá colocar su orina en este frasquito. Tráigamelo dentro de cuatro días. Quede sin cuidado, no creo que sea grave", le dijo el galeno. Así fue. Así lo hizo. El día de la cita murió. El forense dijo que fue a causa de un tumor provocado por las constantes dosis de intelecto que a su vez le ocasionaron una trombosis en el cerebro. "Estos medicamentos... su doctor debió advertirle de los efectos secundarios", murmuró para sí el perito antes de apagar la luz.

martes, octubre 31, 2006

enfermedad terminal

david chávez

Tomaba sus pastillitas de cultura una vez cada ocho horas. Así llevaba haciéndolo desde hace tres años. Iba cada semana a ver al médico del IMSS, tan cuidadoso que era de su salud, a que le dijera qué nuevo mal tenía. "Furia, usted tiene furia. Después de tomarse las grageas culturosas y los baños de asiento de discursos sin contenido deberá colocar su orina en este frasquito. Tráigamelo dentro de cuatro días. Quede sin cuidado, no creo que sea grave", le dijo el galeno. Así fue. Así lo hizo. El día de la cita murió. El forense dijo que fue a causa de un arrebato de furiosa ignorancia que no le había sido detectado.

martes, octubre 17, 2006

Desde el más allá...

david chávez

Respuesta de Monterroso a la médium que lo entrevistaba:
"Un día, andando solo, como quien pasea newtonianamente por calles que no le son familiares, vi caer a una pequeña ave de uno de los hilos que conducen la energía eléctrica a las casas. Entonces supe que todo sería breve en mi vida: el sueño, mi estatura, el ocio, las mujeres, los enemigos... las ideas. Viendo el montón de plumas recordé que a las palabras se las lleva el viento, como la muerte al ave fulminada sin razón, y que debía lograr que mis palabras sobrevivieran. Por eso escribo".

lunes, octubre 09, 2006

medidas precautorias

david chávez

El día que decidió ser escritor anotó en una servilleta, con la que se limpió el maquillaje barato de una puta, algunas frases que amistades y familiares podrían hacerle: "Te vas a morir de hambre", "¿Me vas a regalar tus libros?, "¿y qué vas a escribir?", ¿me dedicas un poema, un cuento?", "dime que soy tu musa", "¿Por qué no haces algo de provecho?". Fue a manera de conjuro, para protegerse de ello, como quien sale de casa y no sabe si volverá, como quien está seguro de que dejará el cigarro, el alcohol, las mujeres y otros amados vicios como escribir.

sábado, agosto 19, 2006

el auto

david chávez

A las cinco con treinta de la mañana sonó el despertador. Abrieron los ojos, cada uno, como si fuera la primera vez que veían la luz del sol. Tenían que ir a trabajar. Ella hizo el desayuno mientras él tomaba un baño. Minutos después el chorro del agua fría la obligó a estremecerse. Un quejido suyo se convirtió en reclamo por haberse bañado con el agua caliente que quedaba. Contempló la silueta de su esposa y sonrió.

Mientras se peinaba discutieron sobre qué era lo que irían a comer, más tarde, cuando salieran de trabajar. Media hora después perdieron quince minutos en imprimir el trabajo que él se desveló haciendo la noche anterior.
Salieron de casa tan sólo para llevarse la sorpresa de que les habían robado el auto.

– ¡No puede ser! – exclamó ella con la desesperación y la prisa marcadas en su cara.

– ¡Puta madre, nomás esto me faltaba! Me va a chingar mi jefe si no llego a tiempo con el informe trimestral. ¡Pinche madre!, ¿y ahora que chingados vamos a hacer? ¡Puto carro, putos ladrones, puta madre! – soltó con su voz ronca y trasnochada, como metralla, en el espacio donde debería estar el automóvil, donde él lo había dejado la noche anterior.

–¡Vámonos, ya veremos luego qué carajos hacemos!

Ambos abordaron un taxi que la dejó a ella en la delegación de la Secretaría de Asuntos de Salud y él se bajó después en el centro de negocios. Esa tarde no comieron. Se la pasaron en el Ministerio Público dando informes a la policía sobre el auto. Les dijeron que no se preocuparan, que el vehículo aparecería pronto, que de inmediato comenzarían a buscarlo.

Volvieron a casa entrada la noche. El papeleo con el agente los había cansado más de lo que imaginaban. Por eso no cenaron. Estaban tan asustados por el robo que hablaron toda la noche, cerraron bien puertas y ventanas y hasta pensaron en comprar un seguro. A eso de las cuatro y treinta de la mañana ya estaban en la cama, profundamente dormidos, con la ropa puesta.
El ruido de un motor los despertó.

–Debe ser el vecino.
–No. Es el ruido del motor de nuestro auto.
–Duérmete, estás alucinando.
–No. Es el nuestro, ¡es el carro!

Ahí estaba. Con la sorpresa, la emoción y el contento. Sí. Salió corriendo mientras le gritaba ¡Aquí está, aquí está!, ¡ven!, ¡míralo, aquí está! Y ella, en la duermevela, se levantó y se dirigió a la puerta.

El auto había aparecido. Estaba en el mismo lugar que lo habían dejado hacía dos días. Lo revisaron de arriba a abajo, por dentro y fuera. Estaba completo. Sujeto al parabrisas encontraron un recado escrito a mano y un pequeño sobre. Espero que me perdone si le provoqué alguna molestia. Tomé su carro prestado porque era una situación de urgencia: mi esposa estaba a punto de dar a luz. Aquí está su coche, no le falta nada. En el sobre hay dos boletos para el teatro. Espero que vaya a la función y que se le olvide el mal rato. Gracias de nuevo y que se divierta, decía.

No salían de su asombro. El vehículo estaba en su lugar, intacto. Incluso dieron un pequeño paseo por el barrio. Funcionaba. Y además, quien lo había tomado les ofrecía un par de boletos, aparte de las disculpas, para que fueran al teatro. Sí, irían, pero después de dormir. Volvieron a bañarse, esta vez tras dormir más de diez horas.
Salieron a comer y quedaron en que al otro día retirarían la denuncia que habían levantado en el Ministerio Público por el supuesto robo del auto. Luego fueron al teatro, a cenar, pasearon un poco, visitaron a varios amigos para contarles lo que les había pasado y les mostraron el carro: “Mira, intacto, no se llevaron nada, lo dejaron tal cual y en su lugar, qué suerte tienen, vaya que sí les sacaron un susto, yo no sabría qué hacer, ¿tan temprano se los dejaron?, calla mujer, lo bueno es que lo regresaron, mira que llevárselo y regresarlo, qué gente tan loca, ¿y qué tal estuvo la función?, la pasamos bien, ya nos vamos, mañana tenemos cosas que hacer, pues qué bueno que están bien y que se divirtieron, gracias por todo, luego nos vemos, bay”.

Regresaron. Ambos sonreían y hablaban sobre la suerte que habían tenido. Bajaron del auto. Se besaron en la puerta de la entrada. Abrieron. Entraron. Encendieron las luces. Ella dijo “no puede ser, no puede ser” diecinueve veces consecutivas en voz baja, como si rezara una corta letanía mientras su esposo crispaba los puños y una rabia incontenible lo consumía por dentro. No. No era por culpa de las lágrimas de impotencia que le impedían ver, fueron los ladrones que les habían vaciado la casa. No les habían dejado nada, sólo los focos que iluminaban el espacio vacío y el carro que recién les habían devuelto esa mañana, estacionado afuera, en la calle oscura y silenciosa.

martes, agosto 15, 2006

mal de familia

david chávez

"La tía Fernanda es teratóloga, lo voy a llevar con ella". Recuerdo que a mis ocho años escuché esa frase proveniente de mi madre y camino a casa de Tía Fer la palabra me ataba inmisericorde al sabor de las infusiones y cocimientos que la vieja nos daba a mi y a mis primos cuando nuestros padres no podían hacerse cargo de nosotros por atender algún asunto y quedábamos a su cargo.

Como cualquier solterona de 70 años que se preciara de serlo, Tía Fer curaba nuestras enfermedades con infusiones elaboradas con todo tipo de hierbas, raíces, hojas, cortezas, cáscaras y demás productos natulares. Nunca en su casa alguien de la familia debió ser intervenido quirúrgicamente por algú padecimiento, hasta que ella comenzó a chochear y a confundir las recetas para el té de amores que les pedían mis primas con las fórmulas para curar la diarrea con una tacita de tal cosa acompañada de una pizca de tal otra.

Recuerdo que recordaba el sabor de los brebajes de la Tía Fernanda y yo y mi imaginación nos sujetábamos con fuerza, al oír teratóloga, al viejo cuadro de la casona de los abuelos, hasta meternos a la cocina, para ver en la taza el líquido preparado para determinado fin curandero. Lo recuerdo. Sí. Y cómo olvidarlo, si Tía Fer nos dio un cocimiento especial a todos, elaborado con una fotografía que a duras penas se dejó tomar, según ella "para que nunca me pierdan el recuerdo".

A 17 años de distancia entiendo por qué la Tía Fer nunca quiso poner freno a esa ceguera que le consumió los ojos. Tantos inventos, tanta dedicación de su parte para curar nuestros males era por evitar esas anomalías en nuestras conductas, esas monstruosidades que había en nosotros que los remedios de la vieja buscaban ocultarle a su vista. Y ambos, sus pacientes y ella misma, dejábamos de vernos enfermos.

jueves, agosto 03, 2006

un hombre...

david chávez

de Chéjov:

El tema favorito del abuelo de Anton era La Divina Comedia, pero iba más allá y conforme la noche se hacía más oscura elegía un círculo infernal. Hace dos días nos contó que en el alto infierno, en el cuarto círculo, debería estar el más grande de los egoístas, aquel hombre que en Montecarlo fue al casino, ganó un millón, volvió a casa y se suicidó. - "El abuelo dice- nos comentaba Anton- que el desconocido y ególatra suicida sabía que la noticia de su triunfo será menos impactante que obtener el dinero y quitarse la vida".

lunes, julio 31, 2006





bueno, pues ese es el trofeo que me rolaron por compartir el gane con manue llanes en la página de las historias, de alberto chimal. aquí el enlace:

http://www.lashistorias.com.mx/blog/?p=14

miércoles, julio 19, 2006

El origen de la beca

david chávez

La casa del señor rico amaneció rayoneada pero no encontraban al responsable. El hacendado, para evitar un rayoneo posterior a su casa y por consejo del vecino alcalde de Nothingham, convocó a un concurso de rayoneadores de casas. Triunfó el mejor, quien fue a la cárcel. Con el dinero del premio, obtenido de la venta de pollos, se pagó la pintura para resanar la casa. El pollero vio que esto era bueno e hizo anual el concurso. Así nació la Beca Ranchoco para Mejor Rayoneador de las Casas del Pueblo, con la cual se agranda también la cárcel.

martes, julio 11, 2006

voyeur.

david chávez

Cansado de insistir hasta el hastío ha siertaz personas en comó laz palavras deven eztar hescritaz y lo muy kábron que ce ha buelto, hintentar desifrar su sijnificado; oh lo qué con heyas ce quiere desir: (casi siempre lo logro pero ya se ha vuelto un problema para mis muñecas, mis dedos y mis ojos), un día decidí seguir a varios amigos que padecen ese extraño mal ortográfico.

Sí, estoy sorprendido. En la última ventana por donde miré una chica guardaba las recomendaciones, sacaba de su cerebro lo relativo a bien escribir y lo colocaba debajo del colchón donde duer-me todas las noches, donde fornica los fines de semana, en el que hay bacterias, que se pudre cachito a cachito por los fluidos vaginales que entran en contacto con varios gérmenes, a donde se va su orina cuando tiene pesadillas y chilla y las lágrimas se acumulan... ahí, debajo de ese mullido colchón, junto con sus targetas, ce dezcompone la hortógrafia asta qué lla no hes nada.

Ahí debajo también reposan mis instintos criminales. Ahí es donde se acaba la amistad y comienza el odio...

viernes, julio 07, 2006

Diferente

david chávez

Como los demás, él también pensó en moldear su rostro a conveniencia. ¿Qué más valía si lo hacía dependiendo de su estado de ánimo, de su personalidad? Dejó de lado esas preguntas, superficiales para él, y continuó en su experiencia, en su aventura de mutar el rostro a voluntad.

Al caminar por la calle, al abordar el camión no importaba si traía sus audífonos y su discman, era igual: quería aislarse un poco más, tan sólo un poco más. Así, cuando no quería que lo miraran ponía un rostro común, como el de cualquiera otra persona y seguía en sus asuntos. Si percibía que algún extraño se dirigiría a él para preguntarle por alguna calle simplemente su cara adoptaba un aire de extranjero, de turista. En su casa, si alguien llegaba a preguntar por él transfiguraba su rostro y simplemente decía que era un trabajador contratado para reparar cualquier cosa.

Sí, también llegó a preguntarse si algún día se arrepentiría por hacer eso y entonces qué cara iba a tener… poco a poco se dio cuenta de que su rostro no era el mismo de antes. Había cambiado tanto. Cuando decidió que era un error aislarse así de la gente, desesperado, buscó entre sus cosas viejas, libros, álbumes. Comenzó a ejercitar el rostro una vez más, a concentrarse.

Logró rejuvenecer tanto que cuando llegó a encontrarse con antiguos compañeros de escuela muchos de ellos le comentaron: “sigues igual , no has cambiado nada. Te recuerdo tal y como estabas, estás igualito, pareces una foto”. Sonrió al verse en el espejo, donde tenía pegado el retrato de la fiesta de graduación. Unas semanas más tarde aún dudaba de si había hecho lo correcto.

martes, julio 04, 2006

Contagiado

david chávez

Las promesas son una especie de mosco parecido al que trasmite el dengue. Incuban sus huevecillos en mente y corazón de las personas crédulas, débiles de animosidad pero fuertes de fe. Lo terrible es el contagio de esperanza, maligna plaga que se expande conforme aparecen casos imposibles de resolver. El infectado pierde la memoria gradualmente.

Eso sí, las promesas que se cumplen son las que están en extinción. Como la de los pájaros bobos, sólo retengo la vaga imagen de mi padre diciéndome que yo nunca estaría solo...

martes, junio 27, 2006

Moderno caso de plagio

david chávez


En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no puede acordarse, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Caballero andante, cansado de sus aventuras, decide escribir una novela. La titula "El ingenioso novelista Miguel de Cervantes Saavedra".

Muere de causas naturales días después de terminar la primera parte. Su ama de llaves, que pasaba de los cuarenta, su sobrina que no llegaba a los veinte y su mozo, Sancho Panza, que ensillaba a su caballo, deciden terminarla. La envían a una editorial muy famosa. La novela es acogida con éxito y se vende bien.

El autor dejó en su herencia los derechos del texto a su sobrina. Salen de la pobreza. Como suele suceder en este tipo de casos, no tardan en aparecer los problemas: un autor desconocido llamado Pierre Menard los demanda por plagio, pero otro escritor argentino gana el juicio, los derechos de autoría y obtiene el Premio Nobel por la obra que escribió sobre el proceso legal que Menard entabló contra los herederos del fallecido caballero andante.

jueves, junio 15, 2006

Leído desde el camión...

david chávez

"Subtítulos en ingles, si los quiere en inglés le cuestan más caros, por el acento".

miércoles, junio 14, 2006

El pigmeo mayor: sobre el líder y La rebelión de los pingüinos

David Chávez

Meridiano, de Mérida quiero decir, regresa Agustín Monsreal a Colima. Hace unos años, cuando se presentó A la salud del cuento, el libro–entrevista que el grupo Voz de tinta realizó, hablaba de la amistad que Monsreal sostiene con el cuento. Ahora lo confirmo. De tan íntimos que son resultó Los hermanos menores de los pigmeos o Alacena de triquiñuelas y frioleras o La rebelión de los pingüinos.

Y es que esta “Obra Compuesta por el Maestro del Arte Noble de Escribir y Contar D. Agustín Monsreal E Interián Oliver y Boldo” es tan familiar como todo lo que nos acontece cada día. Porque esa convivencia del autor y lo escrito se deja ver en sus cuentos; vaya, tan familiar es que hasta Dios es una constante en sus pingüinos, en sus triquiñuelas narrativas, en la friolera que es este libro, en la vida independiente de los pigmeos, las minificciones, microcuentos, ultracortahistorias.

Don Agustín comenzó a publicar rondando los treinta años. Según los estudios neuropsicologistas de Gustav Besetzung y Segio Adelfo Alcalá Hera citados en este libro por el autor, la edad productiva de Monsreal puede ser clasificada en el segundo grupo de los cuatro en que los autores comienzan a escribir. A esa edad recibió el impulso creador el noble literato y vayan ustedes a leer de dónde y cómo fue.

No sé en qué lugar conoció a estos pingüinos letrosos que hoy presentamos. Hace años que no hablo con él. Ignoro también de dónde sacó la friolera de cuentos, aunque sospecho que las noches de desvelo y café, o sus charlas de cuates con Dios e incluso algún posible viaje al Congo pudieran ser la clave para descubrirlo.
Por eso hay que estar atentos.

En sus páginas introductorias el Maestro del Arte Noble de Escribir y Contar revela su verdadera identidad literaria. Y como si fuera cosa vana, regalo para escribidores mortales, deja como por olvido intencionado la información que por años uno anda buscando para resolverle la vida al personaje del texto propio, esa que se pretende encontrar para lograr el cuento perfecto, bien hecho, bien escrito, que arranca la reflexión, que enreda al lector y lo mete a los burdeles que las sirenas abrieron en tierra firme, a las tantas y tantas imágenes e historias –quizá de los pigmeos, probablemente suyas- que nos presenta.

Desde la página 15 hasta la 253 o mal llamada Anís del Mono o titulada Epílogo de la iniciación conocí a los pigmeos de una forma que nunca había imaginado: a cachitos, por partes, uno a uno; por medio de cartas dirigidas a endomingadas, Auroritas Boreales, Viudas Negras, Soberanas mías (o suyas), Niñas de mis ojos (o de los suyos), Caperucitas rojas, Apagafuegos, Maldemialmas, Perfectacasadas, reproches ocultos a Dios, los piques con los clásicos griegos por demostrarles, a varios miles de años, la neta del planeta y de la historia y en sus historias…

La rebelión de los pingüinos parece que fue formulada para equilibrar porcentajes lectores y editoriales, nos trae definiciones de la vida, acercamientos celestiales, historias de la urde, Rodillas sucias, meditaciones de amores, relaciones y monólogos consigo mismo y con otras personas, testimonios de crímenes ficticios y literales, y los cuentos que, después de leídos, uno quisiera escribir.
Ahí están Cabecita blanca, Predicción a mansalva, A la sombra de una doncellez en flor, las Vidas paralelas, el Burlador burlado, un Rubor amoroso y las guarriexquisitas Lástima que no sea una puta y Recetas de la casa, sobre todo la uno y Uyuyuy I y II para ejemplificar las dulciagrias convenciones sociales.

Religiosamente, los monterrosianos temas están en esta Alacena de triquiñuelas y frioleras: el amor, la muerte y las moscas, como aparecen también las ganas de reinventar a Dios en La mala semilla, ese dios pigmeo que no se encuentra en el cielo porque entonces no podría ver lo que sus criaturas hacen en la Tierra.

Les digo que hay que estar atentos: que no los sorprenda como a mi Añoranza de mamá, en la página 160: todo se cimbra, todo pierde piso y el corazón se transforma en cebolla: pocamadrísimo cuento que se cuela hasta el meritito corazón del lector.
Yo sigo advirtiéndoles. No se fíen de estos pigmeos y menos del autor. Tan seguro de sí, con esos años que da la experiencia, nos revela las dudas que pondrían en jaque a Benedicto XVI e incluso al espíritu de Juan Pablo II que ronda por el Vaticano con las preguntas y reflexiones Del cuaderno de Pepetino o los cachonderísimos Encuentros con Eva. Aunque ahora que lo pienso, no debería advertirles. De la página 15 a la 51 tendrán ustedes sus instrucciones y advertencias y todo eso que necesitan. Hasta les van a dar un intermedio para que puedan hacerse de la vista breve…

Ya mejor no los aburro ni le hago tanto al cuento y los dejo para que lean. Ahí les va mi despedida, la que promete el pronto regreso, como en Los hermanos menores de los pigmeos, donde al autor, de tanto y tanto despedirse, se le nota que ni ganas tiene de irse, pero no se fíen, no le crean: va por víveres, orita regresa, no se tarda de verdad, quédense otro rato sigan leyendo están en confianza.

miércoles, junio 07, 2006

Irrealicidio

david Chávez

- "Creía él, señor juez, que con quitarle el acento a sandía no encontraría las semillas adentro. ¿Qué iba yo a hacer con ese imbécil, advertirle?, ¿qué no dijo el abogado defensor que el muertito antes de partir de este mundo se decía licenciado?, ¿cómo fue que terminó la carrera? Tomó el texto, el muy idiota, y se lo comió, tanta hambre tenía el desgraciado. Así fue como perdió la vida. Yo, como verá, nada tuve que ver con esa muerte tan horrible, tan angustiante, tan asfixiante con papel bond".