jueves, abril 27, 2006

Celos y certidumbres

david chávez

I CELOS

Ahí está otra vez, acostada en la cama, con la mirada fija en el techo, deteniéndolo, pensativa. ¿Qué chingados hace, en qué carajos piensa, qué la tiene en las nubes? Otra vez a hacerle la misma pregunta de hace unos días:
--¿De nuevo haciendo castillos en el aire, querida?
--Fortalezas, mi amor, fortalezas... y con su príncipe azul adentro.
“Así que fortalezas”, pienso. “Así que principitos de colores”... hoy tengo otra respuesta adecuada para este tipo de situaciones: echaré a volar mi imaginación, como hace ella: le demostraré que además de matar seres mitológicos y héroes de leyendas también sé aniquilar ilusiones femeninas.


II … Y CERTIDUMBRES


De entre las cartas que ella puso sobre la mesa estaba esta, escrita con primorosa letra de niña educada en colegio de monjas: “El jueves destruiste mis sueños, el viernes mataste a los más valerosos de mis héroes; en un descuido, este sábado penetraste a los castillos que con ilusión construí en el aire y el domingo pasaste por encima de las amuralladas fortalezas en donde se resguardaba de tus celos mitológicos mi príncipe azul. No puedo más, siento que me asfixias. Decidí seguir con tu juego, así que lo confieso: te engaño con el pensamiento. No nos busques, no regresaremos. Para cuando leas esto él y yo podríamos estar... no sé: algo me dice que el País de las Maravillas es taaan extenso…”.

martes, abril 25, 2006

Homenaje póstumo para un jalisciense (Arreola)

david chávez

- “Era fuerte como un roble, sí, pero su inteligencia le venía de la hidrocefalia, que le irrigaba la corteza cerebral, lo cual hacía tan fértil su imaginación. El cerebro hecho agua no fue la causa de su muerte, sino la tala inmoderada que hizo de sus ideas al escribirlas y escribir cuentos fantásticos; ser tan prolífico en la literatura le erosionó la vida. Eso y jugar ajedrez”, dijo el médico que leyó el parte forense a la prensa.

El guardaagujas sólo atinó a decir: “descanse en paz”.

sábado, abril 22, 2006

La otra cara de una (o varias) moneda (s)

david chávez

Veo las noticias. Varios investigadores descubrieron un pergamino en el cual aquel que me traicionó –la gente dice que fue un denario- y me entregó a las otras monedas relata la verdadera historia: que no fue un traidor sino un héroe y que fui yo quien le pidió que actuara así.

La verdad es otra. Hace años, algunas monedas de distintas nacionalidades discutían sobre una ley antigua de un profeta. Estaban todas en el cestito de las limosnas, su templo. Una de ellas, la de mayor denominación, de color verde su túnica, se levantó entonces para expresar a las otras que debían ir con el César. Allá les darían, tras el éxodo de sus padres para llegar a la tierra prometida, los privilegios y beneficios que ahora les estaban negados, y acabarían –aseguraba- las vejaciones de las cuales eran objeto.

En el clímax de la discusión yo entré al templo. Venía de la mano de una viuda. Me llamaban óbolo. Al ver a las otras les dije que no debían seguir las leyes dictadas por el profeta, que él tenía otra visión de las cosas. Tenía mi cara marcada. Había sufrido bastante. Les dije: "Oísteis que fue dicho: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”.

La propuesta no fue bien recibida. Las demás pensaron que yo era un falso profeta y me siguieron el rastro y terminaron marcando con una cruz mi cara y cuerpo para luego desperdigar por el mundo a mis apóstoles. Se dice que varias monedas y billetes me vieron tiempo después, antes de que ascendiera al reino del comercio y el trueque fuera la piedra sobre la cual edifiqué esa historia. Lo que digan los demás me tiene sin cuidado. Que los perdone el creador porque no saben lo que hacen.

Origen monetario

david chávez

El profesor de economía, Carlo Debroxi, explicó el origen de nuestro sistema monetario citando las últimas palabras de su padre, Marl Debroxi, antes de ser asesinado a manos de un miembro de alguna secta fundamentalista cristiana: “Después que el dólar cayó, después que el euro fue la moneda mundial, que la población latina y los proletarios del mundo, uníos, tomaron el control del mercado en el planeta tierra; luego de lograr ese parchesote en la capa de ozono, de clonar con los cromosomas que quedaban y volver a la vida a las especies extinguidas; cuando por fin se logró superar el capitalismo, mesianismo, comunismo, industrialismo y otros ismos por el estilo, aceptemos, en este foro mundial de economía, buen gobierno, fraternidad, disciplina y apoyo, que el sudor el es futuro de nuestros pueblos: no lo desperdiciemos, midamos el valor de nuestro trabajo con ese producto tan valioso para nuestra civilización y que adquirimos con este líquido fruto del agua que bebemos. Compañeros, este pan que hoy os comparto es el esfuerzo de mucha gente. Haced esto en cada foro que tengan”.
-”En ese instante sonaron los tres balazos”, dijo, y ya no pudo continuar con la clase.

trueque

david chávez

Éramos tan pobres, que sólo nos quedaba una imagen tan gastada que ni habichuelas mágicas me dieron ayer en el mercado. “¿Qué harás con ella?”, me preguntó mi madre por la mañana mientras salía yo con la imagen en el bolsillo derecho y mascando un mendrugo de pan. Alcé los hombros y salí a la calle, siguiendo el mismo rumbo que el día anterior. Ahora que regreso a casa me pregunto qué dirá mi madre cuando le diga que cambié la imagen gastada por estas letras, con las que hice este cuento…

sábado, abril 15, 2006

Confesión anónima

david chávez

Tenía un texto. Bueno, parecía serlo. Entonces vi la fotografía que Chimal puso en su blog. Sí, tenía la historia completa, lo juro, lo juro por Dios, lo juro que participaría y ganaría con ese texto. Era mejor que el que me hizo sonreír toda la noche entera, escrito por un tal Tiranicida. Era mucho mejor que el que hacía unas semanas había dejado en forma de post, perdido en la web mundial, y que había escrito también para otro concurso anterior de argumentaciones, pero ese no es el caso, esa no es la historia.

Tenía, repito, un texto excelente. Confieso que era un cuento. Pero no sé qué fue lo que ocurió, lo juro, lo juro por Dios que no lo sé. Algo tuvo que ver la pregunta de Peggy Bonilla, usuaria del blog que está en www.lashistorias.com.mx: “Una pregunta Alberto.Parece no ser tan estricto el concurso, pero si tiene que ser sinopsis o resumen o no? o la historia completa?” e incluso sospecho que la respuesta de Adan Balcazar, usuario de la misma dirección electrónica, determinó la suerte de mi cuento: “Peggy Bonilla: Amiga yo ante la duda, opte por el relato corto. Saludos”

Y heme aquí, con la hoja en la que imprimí mi cuento mojada, las letras escurriendo, como el deshielo que seguramente hay en la foto que exhibe la mujer dentro de la foto…

miércoles, marzo 15, 2006

una noche en Gördmand

david chávez


Creíamos serlo todo. Creíamos tenerlo todo. Creíamos escribirlo todo en esa tertulias que se desarrollaban ya en casa de Joy, ya en el depa de soltero que la madre de Rubens pagaba y que acompañábamos con güisqui robado de la cava del padre de Fernando.

Embriagado por el éxito (Podría preguntar irónicamente y sonreír cuando dijera, les dijera, me dijera a mí mismo: ¿por qué otra cosa podría ser?) de mi primera minificción alguien deslizó la idea: "conozco a un joven escritor, vive en Toluca, vamos a buscarlo. Publica en el suplemento Arena. Apellida Chimal. Quizá pueda publicar tu historia".

Se aprobó la propuesta. Todo mundo abordó los dos autos. En el de Jordi íbamos Marcela, el dueño del carro y yo. En el de Joy, en la cajuela, echamos las cosas, las mochilas, las libretas, serían la avanzada... después de la curva Jordi nos advirtió, alarmado: "¡David, David, los textos, tu cuento, tu cuento!". Marcela marcó al teléfono celular de Joy para que se detuviera y así fue. "¿Por qué hay tanta tierra?", "¿Dónde están los cuentos, los textos, las letras?", "¿Qué fue lo que escribiste en tu libreta?", me interrogaron.

"Escribí que los cuentos que escribo se hacían realidad. En uno de ellos un grupo como el nuestro iba en busca de un escritor para mostrarle sus cuentos. Camino a casa del escritor los textos se convertían en tierra", les expliqué.

"¿Y cómo termina?", me preguntaron a coro. "No lo sé", dije. Antes de que Marcela y yo comenzáramos a llorar por el texto perdido les confesé que el cuento estaba precisamente en la cajuela del carro de Joy, junto con el texto recién escrito hacía unos minutos...

lunes, febrero 27, 2006

Misterios charros en Manzanillo

David Chávez

“Vamos a ver dos proyecciones. Si les gustan me dicen y le seguimos con las otras”, dijo Trino cuando terminó la proyección de El Santos contra los zombies de Sahuayo en tierras colimotas, cortometraje realizado por Andrés Villa Aldaco a manera de homenaje al moreno jalisciense y a su mono mayor –el Santos-, por la grata influencia y el humor que le brindaron a su generación.

Además, como preludio a la presentación del libro, Andrés, encargado del equipo de proyección, dejó correr El charro, videominuto de Roberto Levy Vázquez.
Entonces quienes asistieron el jueves por la noche a la presentación de Misterios Charros, título de este compilado de tiras cómicas realizadas por José Trinidad Camacho Orozco, vieron las Galimatías: los doblajes que eran transmitidos, con la venia de Carmen Aristegui y Javier Solórzano en el programa Círculo rojo, en complicidad con Octavio Limón, el locutor de radio tapatío.

Anunció dos y la minifunción terminó en seis. Luego de las risas por haber visto “doblados al humor” fragmentos de series televisivas, Trino, atlista de corazón, explicó en qué circunstancia aparecían sus Misterios charros, esa serie de cartones que ahora reunió después de su andar por periódicos de Guadalajara, el Distrito Federal y Monterrey, además de revistas, entre 1987 y 1999: “es que cualquier padre de familia de Atotonilco el Alto sueña con que su hijo sea un charro”.

A Trino no le gusta la influencia que las caricaturas japonesas tienen en los chavos que comienzan a dibujar. Hizo un pequeño silencio y añoró aquellos tiempos cuando Jis, Falcón, Jabaz y él mismo comenzaban a copiar caricaturistas de la altura de Ruis, para terminar afirmando: “No. No me gustan las influencias que traen los chavos de ahora”.

Sobre la veneración que Trinidad le tiene al Aclas, a una pregunta no le quedó de otra más que contestar que sí, que el mono con el que más se identifica es con Pipo, “fiel al equipo y defendiéndolo siempre (...) pobrecitos atlistas, ni modo; son fieles, eso sí, bien fieles”.

EL SANTOS Y SUS OTROS MONOS

Alguien alzó la mano y sin micrófono, “porque creo que así sin micro pos nos entendemos todos mejor”, preguntó de dónde le había salido lo ofensivo al Santos, la caricatura antítesis del “enmascarado de plata”: “el Jis y yo pensamos que por qué si El Santo (el luchador) era tan fresita, andaba de capa y era tan caballeroso y andaba de superhéroe, ¿a poco no puede andar haciendo guarradas? Entonces nació el Santos y luego la Tetona Mendoza (...) pero no entendemos por qué si el Santos la quiere tanto ella lo desprecia...”.

Anterior a Misterios charros, Trino había presentado Don taquero en Colima. En el transcurso de 2006 publicará la colección de tiras Pipo y don Calvino e igual sucederá con Historias del rey chiquito, sus Fábulas de policías y ladrones, además de incursionar en el mundo del cartón deportivo con otros personajes.

Su página, www.trino.com.mx comenzará a funcionar el próximo mes y en ella habrá animaciones del Santos; la voz del mono será la Trino.

Villoro: autor ornitorrinco de Safari Accidental

David Chávez

“Para mi la crónica es el ornitorrinco de la literatura”, dijo Juan Villoro, quien compara así a este género con la definición que hace Alfonso Reyes sobre el ensayo. La cara de sorpresa de quienes asistieron a la presentación de Safari Accidental, el más reciente libro de crónicas del autor nacido en el Distrito Federal, se borró poco a poco tras escuchar el postulado y la explicación de Villoro sobre él.

Antes de que Juan dejara caer como balde de agua fría el comentario, tres de sus lectores compartieron con los asistentes su visión de otro compendio más de ornitorrincos: Martha Gutiérrez, del taller literario Casa Malagua; Lucila Santana, catedrática de la Facultad de Letras de la Universidad de Colima, y Alberto Llanes, egresado de ese plantel y uno de los participantes del Encuentro de Narradores Jóvenes, celebrado en Manzanillo del 21 al 23 de febrero de 2006.

Los tres invitados a presentar el libro de crónicas coincidieron en que este híbrido de la literatura encontró en Villoro la renovación: el autor de La casa pierde explicó cómo plasmó en sus textos vivencias cercanas a él, como el testimonio sobre la frontera más cruzada del mundo, Tijuana, en Welcome to Tijuana, el rock de sus majestades los Rolling Stones, el chile mexicano, la masacre estudiantil de 1968 y las casi-fallidas Olimpiadas en México y el EZLN -por citar algunas- para dejar constancia de lo que lo había marcado emotivamente. “La literatura buscar dejar constancia de lo vivido”, aseguró.

Durante la presentación de Safari Accidental Martha Gutiérrez advirtió a los posibles lectores: “Una amiga mía me dijo que Juan estaba guapo, que no me fuera a enamorar de él, que no me pasara lo mismo que a ella… Pues sí: estoy enamorada de Juan, pero de su obra”, y los asistentes rieron en el Salón de Cabildo de la Presidencia municipal de Manzanillo.

Alberto Llanes intentó exponer a los lectores los temas con los cuales Villoro se topa en su Safari: Alto volumen, con crónicas rockeras; Álbum familiar, donde se encuentran las historias sobre su padre; Lejos del escritorio, de los viajes que ha hecho; Fetiches, donde señala las distintas maneras que tiene el mexicano de lastimarse, Libro negro, sobre el movimiento y matanza estudiantil de 1968 y las Olimpiadas, fue Lucila Gutiérrez Santana quien intentó cazar a los ornitorrincos recientes de Villoro: analizó cada apartado del libro y lo desmenuzó poco a poco para ofrecerlo al público.

“Si se goglea el nombre de Juan Villoro en ese buscador aparecen 47 mil 900 links y referencias al autor en 0.12 segundos”, precisó, y nuevamente se escucharon las risas en el salón. Al final de este evento, realizado en el marco del III Festival del Centro Histórico de Manzanillo, vino la sección de cometarios y preguntas.
Para sorpresa de muchos, Villoro abrió sin mayores preámbulos una exposición de motivos, rasgos, influencias, indicaciones, precisiones y ofreció grandes detalles, como si supiera de antemano lo que irían a cuestionarle.

Por eso y durante una hora y media Juan habló también sobre su inicio, la relación y los resultados que ha obtenido con sus crónicas, la forma en que Safari Accidental llegó a constituirse y ser editado, además de reconocer la influencia de Ángel Fernández y de Gabriel Vargas Bernal en su incursión por este género y discutir con varios asistentes dudas y precisar detalles sobre ese deporte que le apasiona: el futbol.

Primer encuentro: Manzanillo, Villoro y jóvenes narradores (primera parte)

David Chávez



A las ocho con treinta de la mañana saldría el camión que nos llevaría a Manzanillo. Parecía exagerado que la Secretaría de Cultura apoyara con un camión para llevarnos a Gabriela Alegría, Jorge Vega, Alberto Llanes, Olmo Gilberto Moreno, Armando Martínez Orozco y a mi al Encuentro de Jóvenes Narradores en el puerto.

Minutos antes de las nueve llegó la camioneta en la que nos iríamos. Estábamos un poco nerviosos, por eso las conversaciones se entrecortaban, los ojos iban de aquí a allá buscando algo en común que nos ubicara en el mismo plano. Tan diferentes éramos el martes por la mañana que sólo nos unía la narrativa, sólo había pocas cosas en común.

Tuvo que ser la charla carretera la que rompiera el hielo: Alberto platicando con Jorge, Gabriela al pendiente del velocímetro, Armando y sus diálogos con no sé que autor y Olmo y yo elucubrando supuestos relacionados con la otredad, el mestizaje y la literatura; tuvo que ser el ticuz que murió al golpearse en su vuelo contra el filo de la lámina y el parabrisas de la camioneta el que nos sacara los nervios, el que nos hizo pensar en la muerte, los accidentes, la vida, la risa y las casualidades. ¿Cuáles de ellas nos llevaban a casi 120 kilómetros por hora a Manzanillo? Convivir durante tres días, leer nuestros textos en el marco del III Festival Cultural del Centro Histórico de Manzanillo, compartir ideas e interrogantes sobre el cuento y la narrativa con Juan Villoro, asistir a la presentación de su Safari accidental, esperar a Trino el jueves para descubrir sus Misterios charros y regresar a casa.

Cuando llegamos ya el director de Cultura de Manzanillo, Avelino Gómez, nos esperaba en el salón de Cabildo. Ahí leerían Alberto, Gabriela, Olmo y Fernando Lazlo, de 17 años, de Manzanillo, buscando ser el profeta en su puerto. Aumentó el nerviosismo porque los asistentes –puros chavos del CET del Mar- estaban a la expectativa. Primer encuentro de Olmo, Gabriela, Alberto y Fernando ante el público manzanillense y viceversa. Por sugerencia de Guillermina Cuevas, Avelino distribuyó papeletas en las cuales el público, para promover la interacción de algún modo, escribiría sus comentarios a las lecturas.

Gabriela y Alberto se llevaron la mañana. Olmo obtuvo sugerencias y Fernando veía entusiasmado, sin perder la esperanza, los resultados de leer atropelladamente su texto ante los porteños. Y nos llevaron a la casa donde nos hospedaríamos. Avelino nos mandó lejos, lejos del centro histórico, allá donde Guille Cuevas ya había cocinado y junto con Teodoro Villegas nos daría la bienvenida. Vinieron las reglas, el acomodo y a las cuatro de la tarde Juan Villoro para comenzar a andar las palabras, los comentarios sobre el cuento, la narrativa, la literatura, el oficio, los temores, las esperanzas de escribir, al escribir, para escribir...

Fue el encuentro de Villoro con narradores jóvenes. Hasta las diez de la noche no paró de contestar, de conversar, de beber café de la taza blanca, de aclarar y poner en comunión las ideas que los integrantes de Casa Malagua y quienes asistimos a este encuentro de narradores jóvenes aventuramos. No se quedó a la cena. Por eso fue que lo dejamos irse con hasta luegos.

Antes que Juan presente Safari accidental también hoy a Jorge Vega, Armando Martínez, Gerardo González y a mi nos tocó encontrarnos con los chavos del CETIS 84 –poquitos pero sinceros, como decía la amiga de mi mamá-, a las once de la mañana, y vimos las esperanzas de escribir, al escribir, para escribir en ellos y nosotros, en el Salón de Cabildo. Aún no veo sus comentarios, así que será necesario leerlos para ver si encuentro otro encuentro en este encuentro de narradores jóvenes.

jueves, enero 26, 2006

del post anterior

Esta que está abajo es la presentación para la exposición de Gregorio Iván Preciado, que pueden visitar en los pasillos de la presidencia municipal de Colima. La neta la escribió el Tapiro, así que ahí sabrán...

Tan chidas las fotos, vayan a verlas antes que las quiten. Aclarado el asunto, y desligádome de esos avatares, esperen más cuentillos... Ah, el Goyo utilizó cuentillos míos que pueden leer en este blog: Yentlemencia y Colima está hecha para no andarla solo.

el deivis&chelas que ya se fue a dormir.

miércoles, enero 11, 2006

De poquito en poquito

David Chávez


Poco a poco quiero irme yendo: agarrarme llorando la noche toda.
Y así, DE POQUITO EN POQUITO desaparecer, dejando escapar el aire en cada suspiro para saber que no vuelve ya hasta amanecer despertar convertido en uncharquitodelágrimas.

Colima está hecha para no andarla solo

David Chávez

Colima está hecha para no andarla solo, para caminarla de noche, platicándole, escuchándola; para detenerse en sus esquinas, mirar si viene algún automóvil y tomarle de la mano para cruzar las calles, para que me regañe por mis fumadas.

Colima me queda muy chica, muy ajustada: me aprieta el corazón. Sus manos, sus labios, aparta las avenidas, los semáforos, a la gente, hace que respire. Sentado me levanta, tranquilo me inquieta, a lo lejos me desampara: Colima me ahoga, me asusta. Y hay tantos asesinatos, tantas violaciones, tantos robos, tanto yo, tanto tanto tanto… cosas tan cotidianas que mirar…

Si yo tuviera al cuerpo, si yo tuviera el cuerpo, si yo tuviera su cuerpo, otro, no este, lo adiestraría para amar Colima desde su origen. Le diría que deberá esperar, lo prepararía para una ausencia, le diría que andara, como yo, de la mano de la imagen colimota, de su recuerdo, su risa, sus palabras, hasta que el tiempo la materializara. Entonces desecharía ese cuerpo y me volvería yo.

Y este cuerpo y mis labios se secan como sus banquetas. Colima. Se cuartean con cada 7.1 grados de día en la escala de David Chávez. Esperan las lluvias de junio, de julio, para saciarse. Dan ganas de emborracharse de madrugadas, de embriagarse con olor a sandía, de ponerme ausente porque sigo los recuerdos, las vivencias y veo la ciudad en cada suyo: se me acabará la tranquilidad cuando se termine esa página de vivencias, ese libro que escribimos los que en sus manos vivimos.

Colima está hecha para andarse, para caminarse, para echar y poner en libertad la vida y en el caudal, en el afluente, en la corriente colimota del paso del tiempo sujetarse, aferrarse a la tabla salvadora de los sueños.
Nos da los pasos. Aquí Colima. Aquí un camino esperando a andar.

jueves, diciembre 29, 2005

noche pampera en año nuevo (pieza, primera parte)

david chávez

Vos, vení acá. Acostate junto a mi. Desnudate. Encimate. No digas nada: recostate a mi lado para olerte. Dejá la luz del baño encendida para verte los senos. Echá encima esa sábana blanca, fresca, acariciadora que te erecta los pezones, que me enrigorese el miembro. Acostate aquí conmigo un momento, un instante; cierra los ojos y deja que sea yo quien te mire, te acaricie las rodillas, las piernas, los muslos... tu sexo durmiendo, tu pubis que sube y baja, tu panza que me gusta tanto: dejame verte al ritmo que respiras cómo descansan tus senos; dejame olerte tu aliento de caña de azúcar, tocarte la frente, besarte los párpados. Dejame que te vea como a mi niña, dejame sentirme tu nuevo padre, tu amante, tu brazo, tus dedos, tu todo... tu vida, tu corazón que palpita: dejá que saque esta ternura que tengo, que te contemplemos sho y la luna pampera.

Dejame que me acerque, estar contigo, descansar mi cabeza lo más próximo a ti, soñar tu respiración, olerte, refrescarme con tu cabesho. Dejá que se erecten tus pezones con la sábana blanca, blanquísima, fresca... dejame que los bese como beso tu frente; arrusharte con este cariño. Acostate, sin miedos, sin temores, que no va a pasar nada fuera de nosotros: sho te voa mirar como el buey al abrevadero, como el cowboy a la osha del café, como gaucho a la matera, como un cholo perdido en la selva que encuentra el camino a casa después de juntar goma.

Minha, tan hermosa que vos sos... dejá que te acaricie las axilas sin hacerte cosquishas, que te mire el rostro, que te acaricie con estos labios que te rezan a besos por tu piel morena, morenita...vos sos la pampa, la shanura, el campo recién shovido, el remanso del río; acostate aquí, a mi lado, y dejá que sea sho quien te apacigue el corazón: dejá que la sabana nos cubra como la noche, dejá que te cubra mi desnudez, mis ganas sexañorantes de acariciarte miémbricamente, oloríficamente.

Date la vuelta ensoñada, girá a tu costado contrario, mostráme tuspalda limpia, plana, shanura, pampa, patio, jardín, parque, área de juegos.

Dejáme que la recorra, que la recamine, que la redisfrute, que la revea, que la reacaricie, que la rebese, que me rebase, me recubra, me reinstale, que me recrimine, reacecharla; suspirá...

andá, suspirá para mi.

Dejá que tu mano izquierda resbale y caiga a un costado tuyo, cerca de mi, para besarla...

voltea ensoñadamente hacia mi para verte de nuevo el rostro, el cuesho, los hombros, los brazos, tus senos, la cadera, y abrazarte, cruzar la pampa y visitarte las nalgas: dejame que te las acaricie, palparlas, conocerlas. Dejáme dormirme con tu cuerpo-fogata cerca, con mi miembro caluroso cercano a ti, muy cerca de ti, que casi te toca, que te quiere ver, que te shama a gritos sordos y permanece erectante, expectante, mirándote.

Dejá que duerma, dejate dormir aquí, conmigo, con esta sábana blanca, inviolable, sobre nosotros, nuestra, y despertate cuando sho te hasha recorrido con el cuerpo, cuando terminen mis pasomiembros de estar en tu cuerpo, entonces arrushame séxicamente, púbicamente, amatoriamente: dejame el cabesho extendido, dormido, cabalgante, fálico. Antes que duerma, minha mía, piba mía, cubrime tú, cubrínos con la sábana y dime, cuando sho duerma, cuando shegue la duermevela, dime que vos me amás como yo te amo.

martes, diciembre 27, 2005

Una historia de Görmand

david chávez


Estaba buscando no recuerdo qué cosa cuando convine con la ama de llaves en haber escuchado la voz de una niña que decía haberme visto muerto en uno de sus sueños. Preocupado por la noticia y por la intrusión de la niña (que en realidad no era tan niña pues andaba entre dieciocho o diecinueve años de edad, aunque su voz no los reflejara) resolví dejar la búsqueda en paz y buscar a la emisaria de aquellas noticias tan desagradables.

Antes, metí la mano por debajo del vestido de la empleada doméstica y le sobé cariñosamente las nalgas. Ella sonrió y yo tuve que salir corriendo de la casa si quería alcanzar a la optimista que -fuera de cualquier presunción- ya quisiera ella que yo me muriera.

Bajé las escaleras como el viento y al abrir la puerta conseguí verla correr a mitad de la calle. Como pude eché a correr para alcanzarla. Había algo en ella que me era familiar; sí, su voz me era familiar, tal vez alguna sobrina, alguna prima extraviada o una hija o nieta, quién sabe. Debido a que fumo mi condición física no es muy buena (pueden verlo en la forma en que coloco, las comas y los puntos) así que en unos cuantos minutos ya podía verme bufando y resoplando, echando los bofes fuera, como dicen.

A tres calles de haber intentado seguirle la pista a la mujer se detuvo ella, estaba en un Oisa, un auto fabricado exclusivamente para mujeres y que únicamente es conducido en zonas urbanas, no apto para carretera porque, al igual que el Atos, a la menor brisa que les pase por debajo se voltean. Me pidió que la siguiera, avanzó primero despacio luego rápido.

Regresé al trote hacia la casa. Ozza abrió la puerta y le agradecí hurgando por debajo del vestido. Cogí las llaves de una de mis últimas adquisiciones: un Momsa deportivo que alcanza los 204 kilómetros por hora, busqué al perro y, con él detrás, salí en persecución de la tipa.


La busqué por las calles de Villa Görmand. Hay pocos autos, acaso sesenta o cien en temporada vacacional y siempre se sabe cuando alguien es fuereño o ha comprado auto nuevo. A las quince felicitaciones por mi Momsa la vi. Estaba por estacionarse en la pescadería. Al tercer bocinazo del claxon de mi auto volteó y pudo reconocerme. Abordó el Oisa y arrancó rumbo a las afueras de Görmand.

La seguí y la persecución pronto se tornó en competencia que terminó junto al lago del Calabozo. Bajó del auto y yo también. Sacó sus cigarros y yo también. Comenzamos a hablar y a fumar mientras le preguntaba cómo era eso de que me había soñado muerto. Mientras me explicaba que su madre había hecho no sé qué cosas rodeé el automóvil y me di cuenta que era igual al que yo había regalado alguna vez, cuando fui rico y tenía muchas amantes.

En mi sueño, me dijo, alguien me pidió prestado el auto. Inquirí si se trataba del Oisa y me contestó que no. Era uno similar al mío y entonces comenzó a contarme lo que pasó. Prestó el carro, fue a un bar pero su Momsa, bueno, mi Momsa se lo prestó a un amigo para que fuera por los demás. El tipo estaba ebrio. Salió a todo lo que daba el carrito, se pasó un alto y cayó en la barranca de Medas. Tuvo que pagarle el Momsa nuevecito…

Comencé a desesperarme y la urgí para que concluyera. El problema fue que su identificación estaba en el auto dañado. Como ella era la dueña del carro la policía la detuvo. El tipo huyó pero luego pagó los gastos. No entendía por qué la detuvieron si el accidentado fue él.

Dijo que el fulano llevaba cervezas en el carro, mariguana y dos grapas de cocaína. En el sueño su madre se enteró y su padre, que se parece a mi, según ella, se fue de casa porque el hecho había rebasado todas sus expectativas puestas en la hija. Y yo me parecía a su padre, quien no se fue solo sino con otra mujer. Soñó que lo veía caminando: llevaba en un brazo un gato y en el otro a la mujer. Ella iba en el carro nuevo y aceleró. Murieron los dos. Después fue cosa de que su madre la despertara para mandarla a la escuela y cuando iba hacia allá me vio por la ventana, entró y dijo lo dicho.

Tú estás muerto, me gritó. Le dije que se calmara, que hiciéramos algo: yo a subirme al Momsa y a conducir de regreso a casa. Ella subiría a su Oisa y se iría a la escuela. La chica comenzó a llorar. Apagué el cigarro. No estaba para lloriqueos, así que decidí cumplir mi palabra: no sé qué fue de ella. Debió haberse suicidado o seguro escapó de su casa.

Metí el auto a la cochera y llamé a Ozza, que me contestó desde la cocina. El perro movió la cola cuando se acercó y los dos entramos a casa. Volvía acariciarle las nalgas a mi ama de llaves cuando llegó a ofrecerme algo de jugo de naranja.

miércoles, diciembre 21, 2005

Nunca serás miembro de la Iglesia de los Santos de los ya casi Últimos Días

david chávez

La hermana Flores tocó el timbre de tu casa: cocinabas bisteces y quesadillas. La música del radio te recuerda la infancia; no bajaste el volumen antes de salir a abrir. Eran miembras de la Iglesia de los Santos de los ya casi Últimos Días, un nombre demasiado largo para ofrecerlo como producto y medio para alcanzar la salvación, “válgame Dios” exclamaste para tus adentros.

“Hermana Flores”, leíste en el gafete de la morenita de ojos grandes que te ofrecía el reino de salvación.

“Armando Bonfil”, contestaste a la presentación que hizo la morena delgada ojigrande. De la otra ni el nombre recuerdas. El olor de las tortillas quemándose y de la carne que empezaba a sancocharse con la cebolla te hizo reaccionar y pedir unos momentos: entraste y apagaste el fuego de la estufa.

Accedieron (de otra forma igual te hubiera valido madre y las hubieras dejado ahí afuera: un buen bistec con cebolla frita es mucho más importante que una visita por parte de dos desconocidas, pero pediste permiso para retirarte unos momentos y apagar el fuego de la estufa, mientras, ellas –supusiste- escudriñarían la cochera) y de haberlas invitado a la sala quizá nunca te hubieras desecho de ellas y ni almorzado tranquilo.

Al regresar a la puerta de entrada, junto a la cochera, la morena preguntó a quemarropa si eras roquero.

“Escritor”, contestaste.

Un “Oh” que pareció más un pujidito sexy, excitante, escapó de labios de la hermana Flores, al parecer de incredulidad, pero lo dijiste con ese aplomo que ella te creyó, al menos eso pensaste cuando el choro mareador brotaba de los labios de la buenísima hermana Flores brotaba mientras dejabas tu vista en su ojo izquierdo, como tu padre habíate dicho que miraban las personas bien educadas, y luego lo bajabas hasta sus senos, valiéndote madre Todos Los Santos De Los Últimos Días Y Los Últimos Minutos que pudieran haberte visto.

La hermanaca hablaba sin cesar de un dios al que tú alguna vez rezaste, pero no andabas tan salido del redil como para entrar en otro mucho peor como el que la hermana pintaba así de bonito. Para restarle miedo y nervios a la religiosa aseguraste tolerancia: apareció entonces la imagen de tu padre despotricando y mentando madres contra las sectas. La otra “hermana” seguro llevaba la cuenta de las acciones: preguntas respondidas, tipo y modo de hablar, color de ojos y cuando te metiste a apagar la estufa seguro comentaba sobre de tu trasero.

Ahora lo ves tú a él. Sí, desde luego que pusiste atención a sus nalgas y llevaste tu vista a ese dorso cubierto con la playera traslúcida como las pantaletas que te habías puesto esa mañana. Esperaste. Regresó. El olor a cebolla frita te asqueaba y aún así el cuestionario sigió: esperabas una oportunidad divina de los Santos de los Últimos Días, asociación a la que entraste ya ni recordabas por qué.

La Güera embarazada hasta el sueño bostezó, dejándote su aliento en la oreja, excitándote los vellos de los brazos que se erectaron inmediatamente. Supusiste que estaban a punto de terminar el recorrido semanal y que pronto irías a casa a recordar esa cara, la sonrisa que puso cuando las saludó y dijo que era roquero. “No, rockero no: es escritor...” corregiste- y a pensar también en esas manos suyas, grasosas, que bien podrían haber llegado desde debajo de tu largo vestido hasta tus nalgas y bajar poco a poco las pantaletas traslúcidas como su playera de algodón, acariciarte los muslos y separarte las piernas.

La otra mujer dijo que iba a la tienda. Estabas desprotegida. El tipo respondía a las preguntas de si creía en la vida eterna, la resurrección y otras cosas que a ti te tenían sin cuidado, al menos por esa mañana.

“Estaba preparando mi comida cundo ustedes llegaron y debo estar al pendiente. Si usted pudiera venir otro día con gusto le respondo sus preguntas; inclusive podría hacer algunas cuestiones que tengo sobre el reino de Dios, sus ministros y la función que le dio a las mujeres tan bellas como usted aquí en la tierra”. Santo Dios. Lo habías dicho. Lo dijiste para observar la reacción de estas mujeres ante el galanteo. Tú, que siempre imaginaste ingresar a un Seminario, convertirte en presbítero y oficiar misa; que siempre quisiste preguntarle a alguien, después que descubriste la cogedera, la tomadera y a las mujeres fáciles, si estaba permitido jalársela de vez en cuando allá en el Seminario, porque no creías que fuera posible vivir en ese estado de celibato tan a la perfección, tan...

“Bueno, será mejor que venga otro día y así platicaremos más tranquilos”, y la hermana Flores se despidió con un apretón de manos. Sostuviste la suya por un poco más de tiempo, tan mamón y cursi como lo habías visto en las películas y jamás pensaste hacerlo o tal vez quería limpiarse la mano aceitosa y tu mente viajó a las tardes de tus catorce, quince, dieciséis años, cuando entrabas al aljibe de la casa en construcción, al regresar de clases, y enseñabas tus seños florecientes a quien se animara a besarlos, lamerlos, chupártelos. Por eso tu entrepierna se humedeció…
Fuiste a las oficinas de la congregación pero regresaste con él más tarde. Estaba sorprendido y tú más por estar ahí. Pasaste como un borreguito fuera del redil, acechada por el lobo, hacia el interior de la casa.

(Te llevó) La llevaste hasta tu cuarto donde la desvestiste y lamías lo que podía serle lamido; imaginabas que ella debía estar pensando en esas obras maléficas del demonio mientras estabas clavado en recordar a las otras que habían llegado a anunciar la buena nueva... Él se movía tan bien y sabía lo que te hacía que ya no pensaste en combatirlo: te dejaste llevar. Pronto, sentiste que tendrías un orgasmo: apretaste los dientes, sangraron tus labios y el hilillo púrpura te recordó el un libro acerca de tu secta. Gimiendo, le dijiste que eras casada.

Él, en su afán y penetración interminable te dijo que no en un pujido, que le valía madres y alzaba más y más tu vestido gris, largolargolargo, hasta dejar tus quejas: bajó con ansiedad a tu entrepierna para comenzar a rezarte un acto de contrición vaginal. Sonreíste, feliz por hacer feliz a otra persona, sobre todo a la ojigrande de los Santos de los ya casi Últimos Días.

Terminaron en un ajetreo febril: ella dando gritos (pudieron ser de arrepentimiento gozoso) y tú sudando a chorros. Se desarremangó el vestido que parecía sayal y se dirigió a la puerta de entrada, resoplando, mientras tú te deshacías del condón pecaminoso. La hermana Flores salió a la calle cuando tu madre llegaba a casa: estaba a punto de tocar el timbre. Ustedes salían, sorprendido y sorprendidas. A ti no te salvaría de esa condena ni Dios mismo en persona. Luego entraste o entraron y diste un sorbo al vaso con agua fresca de arroz que aligeró tú pena y volvió más llevadero el pecado cometido…

Moderna relación entre modernistas

david chávez

Enrique González Martínez nació cuatro años después que Rubén Darío. Ambos poetas, el primero mexicano y el segundo nicaragüense, publicaron más de una veintena de libros. Darío, con Azul… y González Martínez con La muerte del cisne, logran atraer las miradas de sus contemporáneos, lectores y autores. La obra del nicaragüense marca el inicio del movimiento que permearía a Europa: el Modernismo.

Heredero del Simbolismo, el Parnaso y el Romanticismo, el movimiento encabezado por Darío surge a raíz de la búsqueda de una propuesta que rechazara la realidad social. Intentaba refugiarse en el arte ante la degradada realidad de aquel entonces, en un esfuerzo por encontrar la belleza, dado que las condiciones históricas del momento no podían ofrecerla: después de 1810 las ideas políticas de Francia llegaron con más fuerza a América; las discriminaciones entre clases sociales y razas se volvieron débiles, pero aún así no desaparecieron por completo y el continente comenzó a pensar en la unificación y en acabar con el colonialismo; además, los modelos socieconómicos se modificaron e influyeron en el contexto social.

Tomando como punto de partida el 1 de enero de 1804, fecha en que Haití se convierte en el primer país libre del yugo colonial en América, podremos observar que el ejercicio de las letras, en general, se encuentra hondamente marcado por el proyecto emancipador, liberador y contestatario de la vida social hasta 1860, cuando los recientes países logran cierto equilibrio. En Argentina culmina con la Constitución de 1853 y en México con la caída del Imperio (1867). Con excepción de Cuba y Puerto Rico, en 1830 el proceso de emancipación estaba terminado, aunque las luchas internas no habían acabado todavía.

Como no había una tradición de administración de gobierno, prevaleció la anarquía y el despotismo. De 1830 a 1850 predomina la inestabilidad. De 1850 a 1880 se empiezan a estabilizar las sociedades bajo el control oligárquico y el fortalecimiento económico derivado de una consolidación del comercio internacional. Se da, pues, el liberalismo ideológico en lo político y el romanticismo en lo artístico y literario.

Así como los movimientos económicos determinan el comportamiento social, este ejerce su influencia hasta las expresiones artísticas, por eso no es de extrañarse que el tema modernista trate de la situación del poeta en el mundo y la sociedad, un tópico que aparece en muchas variantes. Los modernistas responden conforme a su tiempo y su propuesta habla de frívolidades, se torna a veces sensual, brillante, solemne. En ocasiones adquiere un aire de expresividad refinada que sorprende y logra que el lector pueda ver al poeta desubicado en la sociedad a la que pertenece.

De 1881 a 1910 se produce un crecimiento acelerado de las ciudades capitales y se habla ya de una nueva burguesía que buscaba controlar tanto el mundo de los negocios como el de la política, en el que el arte no tuvo cabida. Los artistas se encontraron involucrados en la confirmación de sus países. Debido a la revolución industrial inglesa, muchos de ellos se enfrentan ante la decisión de incluirse o no en el incipiente progreso que la industria trae consigo e incluso se percatan de la deshumanización y la influencia que ejerce la mecanización en la vida cotidiana.

Es probable que Darío, modernista, y González Martínez, postmodernista, hablen por ello acerca del amor, el tiempo, la muerte, de cuestiones fantásticas, macabras, incluso sobrenaturales, del ocultismo y la magia; la condición humana, lo religioso, temas que no dejan de ser populares y que aspiraban a la evasión de la realidad, a la búsqueda de la belleza en otro campo que no fuera el político o el económico, a pesar de que ambos se desempeñaron sirviendo a sus respectivas patrias en el campo de la diplomacia y sobrevivieron con éxito a los cambios drásticos.

Para escapar de la lucha de clases, de razas y status, el Modernismo se refugió en el lenguaje literario y desde ahí exhibió su inconformidad, su rebeldía, el conflicto del autor con su tiempo. Recrear mundos y utopías parecía ser el objetivo.

Tras el auge de esa vanguardia literaria, Enrique González Martínez propone, según Jaime Torres Bodet en el prólogo a Tuércele el cuello…, “abandonar ciertas galas superfluas: las que había difundido en América el Modernismo. No era culpable Rubén Darío de tantas galas. El nicaragüense había adornado muchas veces su pensamiento con joyas entre las cuales no resultaron siempre los brillantes”. Con lo anterior, González Martínez no buscaba confrontar a la obra de Darío.

Luego de que el Modernismo situara a los autores frente a las posibilidades del lenguaje y los convenció de aspirar a un mundo que se antojaba utópico, el autor de La muerte… manifestó que no era necesario encontrar la belleza en formas tan elaboradas, tan lujosas de la poesía. Si bien Enrique González aconsejó a sus seguidores torcer el cuello del cisne, o acabar con el Modernismo, no lo hizo con ese fin; antes bien, pretendía orientar a aquellos que se internaron en la senda de la imitación hacia posibilidades más cercanas, más accesibles que las propuestas en Azul….

Y no era la poesía rubendariana un mal modelo, al contrario: quien aspirara a inscribirse en la corriente modernista debía poseer la sapiencia, las lecturas y las vivencias de los cosmopolitas. Tales requerimientos, a finales de 1880, año en que se publicó Azul…, se tornan difíciles de cumplir puesto que el desarrollo del capitalismo, la democratización, el incremento de servicios educacionales y el crecimiento del sector social afectaron en gran medida la ubicación de los polos culturales, dispersaron los centros educacionales y provocaron que la educación no se destinara a un sector social en particular. Las escuelas se enfocaron entonces a transmitir los conocimientos esenciales, y para hacerlos llegar a la mayor parte de la población sacrificaron la riqueza en cuanto a contenidos y volvieron triviales y simples tópicos sumamente importantes.

Debido a esto, González Martínez sintió que era necesario encontrar un camino que llevara al mismo lugar que el Modernismo, que se adaptara, sin melódicas acrobacias, a lo que él estimaba más, la majestad simbólica de la vida. Quizá por eso resultan tan expresivos los títulos de los libros con cuya publicación inició su obra definitiva: Silenter, en cuyos poemas evoca el poder armónico del silencio.

Enrique González impulsó una etapa en el Modernismo que se define por una reacción hacia la búsqueda de la belleza encabezada por Darío, pero de acuerdo con el nicaragüense en la preocupación ética; esto provoca un rompimiento, un reinicio modernista: el Postmodernismo. El proceso del conjunto y de las diferencias individuales, obstáculos para definir al movimiento, se ofrece también en cada poeta inscrito en él. En su base, la voluntad del Modernismo era manifestar la crisis de una época en que el individuo actúa rebelándose e imponiendo sus propias perspectivas por sentirse inconforme con lo consagrado.

Modernismo significa tendencia hacia la modernidad, una exigencia por ser moderno, lo que lleva al propósito de cambio, algo que se lleva a cabo con la propuesta de González Martínez. Y tiene su mensaje, dirección, su designio de cambio, su función revolucionaria. Por eso, para torcer el cuello del cisne se necesitan imágenes para revelar la esencia que se oculta bajo las apariencias, un diálogo consigo mismo, cierto individualismo, la angustia metafísica, la hipersensibilidad, el apuro de vivir y gozar el instante… ser moderno.


Referencias:

Azul... Rubén Darío. Edición de Antonio Oliver Belmás. Ed. Porrúa. México 1979

Tuércele el cuello al cisne y otros poemas. Enrique González Martínez. Ed. FCE/SEP. México, 1984.

http://www.tmx.com.ni/rubendario/cronologia.htm

La camisa azul

david chávez

Tuve que ponerme la camisa amarilla. Era tarde y no quería llegar mal presentado a la reunión con los inversionistas, por eso me detuve unos segundos, para ver que, efectivamente, no tuviera una sola arruga: desde la muerte de mi esposa ha sido mi madre quien plancha lo que visto.

Al día siguiente a la reunión, subí al auto las prendas arrugadas y, antes de dirigirme al trabajo, se las llevé a mi madre. Ella estaba en la puerta de la casa: debió escuchar el ruido del carro. Al saludarla le entregué la ropa y en su cara noté mucha más vejez para su edad. Tenía que irme pronto. De nuevo llegaría tarde. Dije adiós y salí como huyendo; gritó que todo estaría listo ese mismo día y pude manejar más tranquilo hacia el trabajo

Y regresé caminando. El auto había sufrido una descompostura. Tal vez por eso mi madre no notó cuando llegué y no pudo ocultar nada: la televisión transmitía un programa de concursos al que ella no prestaba atención, el olor a comida se escapaba por la ventana de la cocina, los vidrios estaban cansados de tanto polvo mientras la escoba descansaba tirada, cerca del baño y la vieja, con la plancha en la mano y la boca llena de agua, rociaba la camisa para humedecerla para lograr que las arrugas se borraran. La mano con que sostenía la plancha comenzaba a temblarle y el movimiento se transmitía a los hombros, llegaba al cuello y en la cara de mi madre aparecían los pliegues que antes estaban en la camisa azul.

Detalle para una piba traído del cielo argentino

david chávez


¿Que para qué vinimos con el piloto del avión? ¿Qué otra cosa querías, ah? Imagináte la cosa ashá arriba: el copiloto sin sentido por culpa deste boludo que le dio un macanazo; no dudo lo hasha matado. Eh, Rosso, por poco le rompés la cabeza al monigote. Sho quise enamorar a alguna azafata. Y lo intenté: recordá que estábamos peleados... ahí me tenés, escuchando a la minha esa que no se cashaba la boca. Hablaba y hablaba de no sé qué cosa que tenía que ver con el amor. Me habló tanto que me acordé de vos, y aquí estamos.

¿Que es casi la media noche? ¿Y eso qué importa, no es acaso tu cumpleaños? ah, decíme ¿Que por qué no mejor te shamé? ¿no es mejor en persona? Vengo, vinimos pues aquí el Rosso y sho. ¿Qué: no querías algo grandioso para tu cumpleaños? Miráme Elena, Elenita mía: fijáte piba que he tenido que tirarme del avión en paracaída, y no ha sido fácil cargar con este desgraciado a cuestas; ¿que para qué voy a querer sho al maldito piloto? ¿Vos... vos sos estúpida, que no tenés una imaginación? Mirá donde te señalo. Ahí están tus jodidos fuegos artificiales, y vos no me volvés a decir más nunca que no me importás. Mirálo Rosso, ¡quespectáculo! ¡Eh! mi Elena, Elenita mía, acaso no es este un detashazo? ¡sho por vos, mi vida, haría lo que fuera por tenerte contenta! Vení acá y dame un beso. ¡Felí cumpleaños!

Química corporal

david chávez

Toda combustión genera agua. Si me ves sudado es porque ardo en deseos de verte.