domingo, abril 10, 2011

jesus_expulsa_a_los_mercaderes.nuevo_testamento.david_chávez.wiki.htm8

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Se acercaban las elecciones locales y federales y Jesús llegó a la presidencia municipal. Era quincena. En el edificio encontró a burócratas aviadores que fueron a cobrar su cheque, chinches que mamaban del presupuesto, a candidatos a senadores, plurinominales, al presidente del partido, diputados locales, operadores, coordinadores de campaña, presidentes de comité de barrio, gente que iba a hacer sus trámites, de rancho, con bueyes, ovejas y palomas; policías discutiendo con periodistas y guaruras que alejaban a la gente que gritaba e intentaba acercarse al señor alcalde, señor alcalde, señor alcalde, que sonreía a las cámaras como los vendedores afuera, en sus puestos de tacos, sándwiches, tortas y fruta picada. Hizo un látigo con una de las cuerdas de las vallas que daban forma a la fila de gente y los echó a todos fuera, hasta al presidente municipal le tocó un chingadazo. Entonces el político dijo, resumiendo en su pregunta las dudas de quienes atestiguaron el hecho: “¿Quién chingados se cree este cabrón para obrar así?”. Jesús le respondió: “si en este momento fueran las elecciones yo os aseguro que con una campaña previa de tres días yo las ganaré”. Los políticos y candidatos y burócratas le replicaron: nuestro partido ha estado en el poder durante más de setenta años y ha construido una perfecta red de corruptelas, ¿y tú dices que tirarás eso y recompondrás todo luego de tres días?”, mas él hablaba de los resultados que entregan las casas encuestadoras como Mitofsky y otras.
(Jn 2,13-22; Mt 21,12-17; Mc 11,15-19).

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viernes, marzo 11, 2011

los_heraldos_negros.césar_vallejo.david_chávez.wiki.hmt7

david chávez

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huiquihomenaje a césar vallejo
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Hay tangos en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Tangos como La comparsita; como si en ellos,
la resaca de todo lo sufrido y lo bailado
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!
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Son pocos; pero son... Caminito, Por una cabeza
El día que me quieras, El porteñito, La morocha
Serán tal vez los tangos como bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda Tita Merello.
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Son las caídas hondas de los compadritos del alma,
de Fiorentino, el Polaco, Podestá, Discépolo,
Troilo, Piazzolla, alguna melodía adorable que el tango blasfema.
Esos golpes de Baldeón son las crepitaciones
de algún arrabal, un amor, un corazón
que en la puerta del horno se nos quema.

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Y Gardel... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo bailado, lo bebido,
se le empozaba, como charco de culpa, en la mirada.
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Hay tangos en la vida, Malena, tan fuertes... Yo no sé!

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miércoles, diciembre 01, 2010

ateísmo creacionista: ser la palabra

david chávez


Vvivir la palabra, carajo, es más cabrón que vivir la vida -porque la vida está hecha, es pura palabra pura. vivir la palabra no es vivir de la palabra, es decir, lo es y no lo es; no es vivir en la palabra.

Vivir la palabra es sentir y ser la palabra: toda palabra cruzándote la conciencia, el cuerpo, la mente. sentir todas las palabras, saberlas, preocuparte por ellas, como si la palabra fuera tu cuerpo, como si la palabra fuera tu hija, la cosa que más quieres, lo que más te quiere, lo que más amas, lo que más te ama, como si la palabra fuera tu madre, tu padre, tu familia, tus amigos, como si la palabra, carajo, cabrón reacciona: como la puta palabra puta puta puta palabra fueras tú, chingadas madres.

Non serviam, creacionismo.


concepción, chile, jueves 2 de noviembre de 2010.

domingo, noviembre 21, 2010

yosoy

david chávez


a veces, simplemente, caray, se cuelan los adverbios en mi prosa. lo he notado y lo han de manera constante, como intentando definir al verbo -había escrito verbo con una errata, verbor, y creo que verbor suena bien-, como intentando definirme, pero muchas ideas ahora pasan por mi cabeza, rápidamente, como adverbios colándose en mi prosa.

de hecho ni siquiera -he escribo siquiera con una errata, siqueira, y también pienso que suena bien-, ni siquiera, decía, es sobre ello que quiero escribir. a tal grado se han colado. pero los adverbios no son el problema, me digo a mí mismo mientras escribo esto, sino yo mismo, me digo.

a veces simplemente quisiera no ser yo. es decir, ser yo pero no ser yo, como si estuviera un nuevo yo bajo la piel que soy e identifica a este yo. ¿cómo sería ese otro yo sitiado en mi epidermis por un dios inasible que me ahoga, como escribió Gorostiza? ¿estará oculta ahí, oculta, mi conciencia derramada, como escribe el poeta? no tengo ni puta idea.

sencillamente, quisiera no ser yo, o no tener que hacer las cosas que debo hacer. como que las obligaciones me carcomen, me marchitan la epidermis, acenizan, engrisan el yo que soy por fuera y mi yo que soy por dentro se siente sitiado -ahora veo que la cacofonía en ocasiones canta como musa, con la cólera del pélida Aquiles, cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, como inicia la Iliada-.

a veces ser yo me cuesta trabajo. quizá mi yo foráneo -el de afuera- sea adverbial. quizá mi yo-interno es el verbor que trae estas letras a colación. siqueira es una bonita palabra, desas que florecen a pleno verbor en el tronco de mi cuerpo con ideas a veces marchitas.


concepción, chile, 22 de noviembre de 2010

jueves, septiembre 09, 2010

año nuevo judío

david chávez





hoy quiero desearle un feliz año nuevo al judío errante.







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miércoles, agosto 18, 2010

11/08/06

a lo mejor no tienes facebook, o nunca tuviste, o no alcanzaste a abrirlo. sé que leías el blog, así que lo pongo por acá también. te abrazo como estoy seguro tú lo haces también. ¿vale?


11/08/06 marca la fecha el mail. te acuerdas de las canciones que te mandé, que la escuchaste en youtube? tengo tus libros, tienes el mío. creo que tengo tu voz (dime ahora que eso creo, que es puro préstamo, que te la devuelva ya y sonríe) y sé que sonreías del otro lado de la línea telefónica.

can you see them?

no vi lo que estaba p...idiendo y lo obtuve. así es cómo tenía que ser? así es como debía hacerlo? así es como debo hacerlo? textraño, tienes la voz de mi niñez. esta guitarra es una charla nuestra, ¿vale? hoy me topé con tus mails. te prometo imprimirlos, llevar conmigo esas letras, tus letras, lo que me queda de ti. me pusiste a pensar, lo sigues haciendo. ahora estarás contenta. ahora tú me la regresaste a mí. todavía me puedes, siempre lo vas a seguir haciendo. no te vayas otra vez. quédate aquí, ¿vale?
¿te puedo invocar con estas canciones, con esas canciones? quédate aquí, ¿vale? fumémonos un cigarro, en silencio, escuchando la guitarra. apóyate en mi brazo.

textraño mucho, muchísimo.


http://www.youtube.com/watch?v=YhcnKYvzfZc&feature=related


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viernes, julio 30, 2010

deivis&cheves epílogo

david chávez


¿Y ahora? No lo sé, me dice Cheves. ¿Por qué no vamos a la playa?, dice Renata. No es mala idea. Bil y Serrano la apoyan. PAsamos por Damiana. Estamos todos de acuerdo. ¿Invitarás a Sara?, le pregunto. No lo sé. Te dije que ahora sé lo que no quiero y precisamente no quiero seguir esperando. ¿Y si ella te llama? Su celular timbra. Me mira. Me encojo de hombros. Sí, estamos bien. Te llamo más tarde. Mi papá. Oquei, le digo. ¿Y tú?, pregunta. ¿Yo qué?, digo. Supongo que has escrito todo. Sí. ¿Se escribe como se vive o se vive como se escribe? YO qué sé, yo sólo escribo.

¿Qué final le vas a dar?, pregunta Renata. No lo sé. Tal vez que ustedes son yo y que yo soy ustedes o que Sara y Cheves regresan o que él la manda al carajo o que cerramos el bar y nos largamos todos de viaje. Escribe que nos irá bien, me dice. ¿Por qué?, pregunto. No lo sé: la palabra escrita tarda más en llevársela el viento... o el tiempo. Cheves, Bil y Serrano se acercan. Entonces qué, tocayo: ¿brindamos? ¿Por qué no?, respondo. Sonrío. Salud, les digo. Chocamos los vasos.

Concepción, Chile. 30 de julio de 2010

jueves, julio 29, 2010

deivis&cheves 38 final

David Chávez


Sara y Cheves salen de la oficina en silencio. Caminan hacia la terraza. Nos reunimos ahí. Escuchó poco, me dice Cheves. SAca un cigarrillo, nos ofrece la cajetilla, Sara y yo tomamos uno cada quien, encendido por Cheves. No escuché mucho, regresaré y veré qué más consigo averiguar, dice ella. Camina de vuelta a la mesa y de camino se encuentra con Moz. Ese cabrón me saca de onda, dice. No veo por qué. Parece que Sara y tú siguen igual de enamorados. No es lo mismo, dice. No es lo mismo, repite.

Suenan los acordes de una guitarra. Shilospiu sonríe. Bil y Serrano beben en la barra mientras Renata sale del cuartito del amor. Pixies, este cabrón puso a Pixies. ¿Qué tiene de malo?, pregunto. Lo miro, me fulmina con su mirada. Oquei, entiendo. With the feet in the air and your head in the ground you try this trick and spin it, yeah. Digamos que ahora sé lo que no quiero, dice. Suena el celular de Cheves. ¿Estás segura? Sí, ahora mismo les digo. ¿Avisaste a la policía? Perfecto. No, tranquila, no va a pasar nada.

Moz y Sara entran a los baños. Uno, dos, cuatro, seis tipos encapuchados entran. La gente grita. Tranquilos, por favor dejen sus celulares en la mesa, comenzando por usted, señora, le dicen a una mujer. Seis, revisa ese cuarto, dice el que parece el líder refiriéndose al cuartito del amor. Dos, ve a la cocina: quiero ver todos los celulares sobre las mesas. Todo listo, dice, regresando. Oquei, ahora al suelo, dice el líder.

Dénme sus celulares, nos dice un tipo armado a nuestras espaldas. Le damos los aparatos. ¿Hay alguien ahí? No, es la oficina y la bodega, digo. Tres, grita al que parece ser el líder, ok, Uno te cubre. El tipo al que se refieren nos encañona. El otro revisa la oficina y la bodega. Nadie intente nada, dicen. Todo bien, le dice al líder. Regresa a donde estamos. Avancen, nos dice. Caminamos hasta el baño, adentro, nos dice. Sara grita. No les haremos nada si cooperan. Tú, le dicen a Moz, ven con nosotros. Pueden usar sus teléfonos dentro de diez minutos, dicen. Encapuchan a Moz. Disculpen las molestias, son ustedes muy amables, dice. Salen, se lo llevan. Se escucha un chillido de llantas.

¿where is my mind?

Nos quedamos como si un terremoto hubiera sacudido el lugar. Acá, ayuda, grita un tipo. Hay un par de señoras histéricas, otro tipo más se desmayó. ¿Where is my mind? ¿Quién chingados eran esos?, pregunta Cheves. ¿Están todos bien?, pregunto. Bil, Serrano, ¿todos bien? Asienten moviendo la cabeza. Se sirven un par de tragos. Suenan varias sirenas y un crash a lo lejos. Luego disparos. Ovalle, el gobernador y Pedro llaman por teléfono. ¿Papá, estás bien? Sí, tranquilo. ¿Cómo está Sara? Estoy bien, dice ella, alisándose la ropa. Bil y Serrano corren a la calle.

Varios policías llegan. Un par de paramédicos entra a atender a la gente, otros se retiran, asustados. Los pocos que quedan beben tragos fuertes en la barra. I was swimming in the Caribbean. Bil, Serrano y Damiana entran al bar. Cheves, Renata y yo corremos hacia ellos. ¿Te pasó algo, estás bien? No mames, Cheves: la próxima vez tú los vas a detener. Sonreímos. Abrazo a Damiana. Te luciste, güey. Hey, ¿puede revisarla por favor?, le digo a un paramédico. Acaba de chocar. ¿Fuiste tú, Damiana?, pregunta Sara, sorprendida. Sí, había que detenerlos. Sólo atravesé el auto, quedó hecho mierda del frente, pero se detuvieron. Bajaron. Me hice la desmayada. Me duele el cuello, lo siento caliente, dice. El paramédico le coloca un collarín, la recuesta en una camilla dura y la sujeta. Se echaron a correr pero ya la policía los estaba esperando. Dispararon. Bil y Serrano llegaron por mí y me trajeron para acá.

Pedro, Ovalle y el gobernador se acercan. Muchacha cabrona, le dice don Benjamín. Te pudieron matar. Bueno, ahora les toca a ustedes, le responde. Tome, investigue qué agentes no vinieron. Serrano le extiende el celular al gobernador. Sirve que hace una pequeña limpia. Bil sonríe. Pensamos que Toño quería la zona, pero a él no le interesa, me lo dijo antes de irse a Estados Unidos, comenta Cheves.

¿Qué chingados hicieron?, pregunta intrigado Ovalle. Panóptico, contesto mientras saco un cigarrillo. Más patrullas inundan la zona, un par de balazos más suena. La luz de las torretas hace que desconozca el bar, como si fuera otra la iluminación, como si todos nosotros fueramos otros. Animals were hiding behind the rocks except the littel fish. Lo idearon las chicas. Todos vigilan a todos, dice Renata, le guiña un ojo a Sara, saca un cigarrillo, lo enciende y simulando una pistola hace como si le disparara.

En realidad, así funcionaba en Cancún, comenta Shilospiu. Todos los bares eran como uno solo. Cada uno de nosotros sabía lo que pasaba en los otros bares, quién podía entrar, quién no, quién causaba problemas, quién trabajaba para quién, qué quería cada cliente. Dónde, cómo, quién, a qué hora. Ya los atrapamos, dice un policía.

Todos cuidando de todos. El comandante Calixto, presenta Renata. El tipo saluda. Lo conozco, dice el gobernador. ¿Cómo está? Vengo a informarle: un policía fue herido, hay dos tipos muertos y el resto están heridos por el choque. Acá no se reportan más que casos de histeria y pánico, todo lo demás normal. Bien, espero el informe. Con permiso, dice, y se va.

El cabrón de Bil se sacó eso del panóptico: algo que había leído hace poco: un lugar donde todos veían a todos. El hecho de venir sin guardaespaldas prueba que no es gente de Toño. ¿Cómo lo saben? Way out in the water, see it swimmin'? Ni él ni su gente sabían que ustedes estaban sin guardaespaldas. Algo arriesgado, comenta Serrano, que se incorpora al grupo. Suena el celular de Renata. Sí, todo bien, tranquila. Te llamo luego, no no vengas. Cuelga. Mi tía: dice que están dando la noticia del tiroteo por las noticias. Me abraza. Cheves y Sara nos miran, luego se miran entre ellos. Esconden la mirada después.¿Y cómo fue que?, pregunta Ovalle. ¿Que los atrapamos? La gente los detuvo. Panópticamente, dice Bil, y sonríe. Try this trick and spin, yeah!

La zona es segura porque todos nos conocemos. Cada negocio, cada empleado. De a poco comienzan a entender. Además, si me perdonan, ustedes sirven más vivos que muertos, dice Cheves. Your head will collapse if there's nothing in it. Por eso la inversión. Bueno, el bar está funcionando, que es lo que cuenta, dice Sara. Se hace un silencio incómodo. Hablaremos después, dice Ovalle.

Por cierto… ese chico, al que se llevaron, venían por usted, responde Bil a la pregunta de Ovalle. Es una suerte que sean tan parecidos. Sí, así veo. A Ovalle no le cae bien la broma. Se despide de Pedro. Moz llegará más tarde, lo están revisando los paramédicos. Yo también me retiro, entonces, dice el gobernador. Ovalle se va. Me quedo, dice Pedro.

And you'll ask yourself where is my mind?



Concepción, Chile. 29/30 de julio de 2010

miércoles, julio 28, 2010

deivis&cheves 37

david chávez


Hay veces en que es mejor hacer lo que tienes que hacer, lo poco que sabes hacer. Lo único que sabes hacer. Ovalle y Pedro se levantan y van hacia la mesa en que don Benjamín y el gobernado platican, se saludan, se sientan, continúan platicando. Esto es raro, muy raro, me dice Bil. ¿Por qué? No hay guardaespaldas, dice. No creo que los necesiten, digo. Aquí hay gato encerrado, David, te lo digo yo. Será. Sé de alguien que sí necesitará guardaespaldas. Bil se vuelve. La miramos entrar por la puerta principal, deslumbrante. ¿Quién es ella? Sara, digo. En un instante Cheves me mira, mantiene su vista y yo alzo las cejas. Él me interroga con la mirada, le indico que se dé la vuelta, está a punto de colgar, baja su brazo, el celular, gira y antes que logre voltear ella le cubre los ojos con las manos.

Ya valió madre, digo. Tiro lo que queda del cigarrillo y entro a saludar. La famosa Sara, escucho a mis espaldas. Bil termina su cigarrillo y vuelve a la cocina. ¡Hey, David, los dos, qué gusto verlos! Igual, digo, al tiempo que saludo. ¿Cómo estás? Mírala, cómo va a estar, dice Cheves. Un raro fulgor tiene en los ojos, como si estuviera mil veces a la defensiva. Algo raro en él. Vaya, tienen bar lleno. Así es. Oh, este es Moz. Un tipo alto, mucho más alto que Cheves, parecido en extremo a Ovalle -ojos verdes, pelo ensortijado, rubio, tez morenaextiende su mano derecha, casi tritura la mía y pone la sonrisa más imbécil que he visto en mi vida. Me habían hablado mucho del bar, sólo que no había tenido tiempo, hasta ahora, para darme una vuelta, le explica a Cheves con su voz tan alta como para que yo también logre enterarme mientras acompaño a Moz. No te preocupes, les encontraremos un lugar. Esperen acá. Es la mesa de amigos. ¿Qué tiene de malo esta? Está reservada. Cheves y yo nos miramos: Bil acaba de salvar a David.

Discúlpennos. Apenas avanzamos él y yo cuando Sara ¡oye, allá está tu papá! Voy a saludarlo mientras encuentras mesa. Ninguno logra evitar que Sara interrumpa la charla entre Ovalle, Pedro, el gobernador y don Benjamín. Claro que me acuerdo de ti, mi niña, le dice y la presenta al resto de la mesa: los tres la miran como lobos al cordero. Son unos perros, ¿y tú no?, le digo a Cheves. Olvídalo. Necesitamos saber de qué putas hablan esos cuatro. Algo va mal, algo me dice que nos va a cargar la chingada y que no tenemos ni puta idea de cómo será. Tranquilízate. ¿A quién le llamas? Espera. Presiono el botón, la llamada se enlaza. Sara se disculpa, da un paso al costado, hurga en su bolso y saca su celular. Ingéniatelas, pero tenemos que saber de qué chingados están hablando en esa mesa. ¿David? Me mira, interrogante, no entiende nada. Urge. Está bien, responde. Cuelga. Camino casi arrastrando a Cheves a la oficina. De camino le digo a Renata dale algo al tipo ese, Moz, se llama. Ubícalo en alguna mesa: Sara se va a tardar. ¿Sara está acá? Hablando con don Benjamín. Pone cara de Mierda, esto no me lo pierdo por nada, y sale casi corriendo a la barra. La famosa Sara, dice Bil.

Cierro la puerta. Eres un cabrón. Espera. ¡No espero una chingada! ¡Tú sabías, tú tienes el número de Sara y me lo estuviste ocultando todo el tiempo! Mejor te lo digo de una vez. Llamo nuevamente, ven un poco, hay que aclarar las cosas. Cuelgo. Shhh, cierra los ojos. Cheves obedece, escucha cómo se abre la puerta de la oficina, escucha entrar de nuevo un poco de silencio cuando se cierra y repite eres un cabrón, son un par de cabrones, recabronsísimos cuando escucha la voz de Renata contarle lo nuestro. Y me lo negaste, me dice, abriendo los ojos. Sonríe. Renata se carcajea, ¿qué, pendejo: pensaste que David y Sara?, jajajajea y me abraza. Estás sudando, pinche Cheves. Y no es para menos. Falta saber quién es ese cabrón. Salen juntos, nada serio, no tiene planes de formalizar nada, no te preocupes, le contesta Damiana. Le pregunté, dice, antes que Cheves se lo pregunte. Mi celular suena. En el baño, dile a Cheves. Tienes que ir, le digo mientras cuelgo. ¿Dónde? Los baños. Ten cuidado, actúa natural. Asiente con la cabeza mientras sale. Un poco de música se cuela a la oficina.

Me preocupa que alguien venga y pase algo, me dice Damiana mientras enciende un cigarrillo y levanta el auricular del teléfono. ¿Algo como una balacera, que arrojen una granada y muramos todos? Ajá, dice. Pulsa los botones. También me preocupa Cheves. Estará bien. ¿Tú crees?, dice. La última vez ella lo hizo mierda. Tardó dos años en recuperarse y no lo veo del todo repuesto, agrega, hola, ¿cómo sigues? Sí, todo bien. Me levanto y enciendo un cigarrillo. Me siento en el escritorio y espero a que termine de hablar. Cuelga, me besa en la mejilla. Está mejor, me dice. Todos vinieron sin guardaespaldas. Por eso me preocupa. No pasa nada. Eso espero. Cheves entra, Sara lo sigue. Parece que ya sé lo que se traen. Sara sonríe, hola, dice, y saluda a Damiana. Vaya, parece que quien estuvo ausente fui yo, dice Cheves, molesto. Vete a la mierda, Sara le pinta un dedo, enciende un cigarrillo. Don Benjamín me comentó algo. Damiana pliega sus labios hacia dentro de su boca, ocultándolos, mientras alza las cejas, me mira y mueve los ojos en dirección a la puerta. Ustedes tienen que hablar, digo. Yep, Damiana se levanta. Cheves protesta, Sara igual y salimos. Los dejamos adentro. Damiana cierra con llave, da una vuelta, regresa la llave a su posición original. ¿No pensabas encerrarlos?, le pregunto. Ni siquiera se darán cuenta de que no tiene llave, dice. Ven, vamos a trabajar, me dice, y me agarra una nalga. Me sonrojo.

Concepción, Chile. 28 de julio de 2010.

martes, julio 27, 2010

david&cheves 36 bis

david chávez




A veces me pregunto qué se necesita para que la gente despierte. O a lo mejor está despierta y prefiere ignorar su realidad. A veces me pregunto también quién putas puede dormir con varias muertes en su conciencia, quién putas duerme tranquilamente matando a tanta gente de hambre. A veces me pregunto por qué putas me pregunto todo esto, si no hay nada que uno pueda hacer. A veces me encuentro con gente que se pregunta lo mismo.

A veces me da por intentar no pensar en nada. Salir, venir al bar, o quedarme en casa, cocinar, llamarle a Renata o a Serrano o a Cheves, a cualquier amigo para platicar, conversar. A veces ellos, ellas lo hacen. A veces prefiero no salir, quedarme aquí, fumándome un cigarrillo, pensando en cualquier cosa. Pienso en todo eso, en todo esto mientras miro a mis amigos celebrar el cumpleaños de Volpi. Pienso en todo esto mientras observo a Renata. A veces, me digo, hay que disfrutar de lo que se piensa, del momento de pensar, y a veces no pensar cuando se disfruta. Bil se acerca. Saca un cigarrillo, comienza a fumar. Ninguno de nosotros dice nada, ambos pensamos. Me mira, lo miro, ambos miramos hacia la mesa donde están don Benjamín y el gobernador, luego a la mesa en la que Pedro y Ovalle brindan mientras Cheves habla por su celular. Hay veces en que es mejor disfrutar el silencio y no ponerse a explicarse las cosas...


Concepción, Chile. 27 de julio de 2010

lunes, julio 26, 2010

deivis&cheves 36

david chávez


a Óscar "Volpi" Chapula.


Hoy, pese a que es lunes, el bar luce con menos gente. Habrá corrido ya la voz, supongo, sobre lo que pasó el miércoles. Damiana está mejor y Serrano sólo necesitó un par de puntos, por eso sólo él regresó hoy a trabajar. Suena mi celular, contesto: es Llanes. Cabrón, al rato caemos por allá para celebrar el cumpleaños de Volpi. Bien, respondo. Acálos espero. Güey, el gobernador viene otra vez, me dice Cheves. Que venga, siempre y cuando pague lo que consuma, le digo. Ja, sonríe, enciende un cigarrillo y me ofrece otro, lo tomo, lo enciendo, fumamos. Serrano me dijo que su amigo, el que hizo la escena hace un par de semanas acá, le ofreció dar con no necesitamos eso, me dice Cheves. Lo sé. Lo mismo le he dicho. ¿Y él? Dijo lo mismo.

Una comitiva precede al gobernador. ¿Por qué si sabe lo que pasó el miércoles viene de nuevo para acá?, pregunta Cheves. Recuerda que esta zona está dentro de su plan de activación turística, como dijo el secretario federal, le digo. Ahora vendrá solo. Vamos. Entramos para recibirlo. Todos estamos en la puerta, lo saludamos. Se muestra afectuoso con Serrano. Lo acompañamos a la mesa, nos encargaremos de atenderlo entre todo. GRacias, dice, y agrega que esperará a un par de amigos suyos. Suena el celular de Cheves, suena el teléfono en la oficina. Cheves se encamina hacia allá no sin antes hacerme una seña para que lo acompañe. Entramos, contesto, es don Benjamín. Lo corrijo -pensó que yo era Cheves- y le digo que está ocupado.

No importa, era para avisarle y tú podrás decírselo mejor que nadie: voy para allá, tengo cita con el gobernador. De-de-de acuerdo, tartamudeo. Tranquilo, muchacho, que no pasa nada. EStá bien, yo le diré. Por favor, trata de que no se enfade, es una reunión de trabajo. Me pidió que le sugiriera un lugar tranquilo para hablar y le hablé del bar. Pero sí, lo sé: balearon a un tipo a una cuadra de distancia, el mismo imbécil que antes intentó navajear a Serrano y que golpeó a Damiana, pero escucha: si de veras quieren que los dejen en paz no queda de otra más que invertir y ni ustedes ni los vecinos tienen esa cantidad. Nada es gratuito, claro, y por eso es que estuvo ahí el secretario federal de turismo. El gobernador tiene una propuesta, yo tengo otra, veremos cuál nos beneficia a todos al final.

Don Benjamín, sepa que también me incumbe este asunto y lo sé, lo sé, a todos ustedes les incumbe y no tienen la culpa de haber abierto el bar en ese lugar sin saber lo que pasaría después, así que tranquilo. Pero creo que al menos Cheves debe estar enterado, sí, y tú te encargarás de eso, te veo en unos minutos. Cuelga mientras Cheves hace lo mismo con su celular. ¿Y?, me pregunta, tú primero, le digo. Sara: quizá se dé una vuelta por acá mañana. Suspiro, un poco aliviado. Voy a comenzar a hablar cuando suena nuevamente el celular de Cheves. Permítele, dice. Contesta, saca un cigarrillo, lo enciende y se sienta en el escritorio. Yo hago lo propio enla silla. Fumamos. Oquei, mejórate y descansa. No es necesario preguntarlo: se trata de Damiana.

Cuelga. Era tu papá, me dijo que viene en camino, le explico a Cheves. El viejo, sólo por joder, dice. Dijo que tiene una cita de negocios con el gobernador. No me chingues, sólo eso nos faltaba: que el viejo entre a negociar nuestro pinche futuro. Mientras se lleva las manos al cabello y mira intensamente al techo de la oficina le explico. Terminamos de fumar en silencio. Espero que el viejo tenga idea de lo que hace, estos cabrones no negocian. Quien quiera que se haya ofrecido como aval será dueño de la zona. Me late que fue Ovalle. Quién sabe, le contesto.

Salimos. Vamos por un trago, me dice. Camino a la barra nos detenemos, fríos, literalmente pendejos, de una sola pieza: Pedro acaba de entrar al bar, nos saluda con la mano en alto. ¿Qué putas hace este cabrón aquí?, pregunto. Vamos a averiguarlo. Caminamos hasta encontrarlo. Pedro sonríe, Cheves intenta hacerlo, yo estoy prácticamente emputado. ¿Qué putas haces acá?, le digo. Vengan, vamos a la terraza. Pedro recorre el bar con la vista, rápidamente. Se ha dado cuenta de que el gobernador está en el lugar. Al llegar a la terraza pide a sus guardaespaldas que nos dejen solos. Oye, no es lo que piensas, de verdad, me dice. No tenía ni puta idea de que el gobernador andaba por acá. Y mucho menos que tu viejo venía. ¿Qué?, ahí, mira, va llegando. Los tres miramos a la puerta. Don Benjamín entra.

Él tiene cita con el gobernador, le dice Cheves. Entonces, le contesta Pedro palmeando la espalda de Cheves, haz de cuenta que yo no estoy aquí. ¿Quién es el aval, Ovalle comprará la zona?, le pregunto. NAda, Ovalle tampoco quiere meterse en esto, responde. No te creo, agrega Cheves. Entonces pregúntaselo tú mismo: me acaba de llamar, viene para acá. Mis amigos entran, me buscan con la vista. No puedo creerlo.

Concepción, Chile. 26 de julio de 2010

viernes, julio 23, 2010

deivis&cheves 35

david chávez


Comienzo a leer en voz alta cuando Cheves entra: "El hombre de la calle está cansado y asustado, y un hombre cansado y asustado no puede darse el lujo de tener ideales, tene que alimentar a su familia. En nuestra época hemos visto una escandalosa degeneración de la moral pública y privada. No puede pedírsele calidad moral a un pueblo cuya calidad de vida se deteriora. La calidad es incompatible con la producción masiva. El artículo de calidad es indeseable, porque es duradero. En su lugar se instituye la moda, que ees una estafa comercial cuiyo fin es producir un desus artificial. La producción comercial no podría vender sus productos el año que viene si los de este año no quedara fuera de moda". ¿Chandler?, pregunta. Sí. ¿Qué putas pasa que todo el mundo está leyendo a Chandler? No sé, pero intuyo que quizá esto vieron en clase tanto Serrano como Shilospiu.

Entiendo. Renata entra. Me levanto, la abrazo. Sonríe. ¿Qué traen? Damiana entra. Me cago de risa. Hola Pinocha. No te rías, cabrón. Lo siento, no lo puedo evitar. Sigo riéndome mientras camino hacia ella para saludarla. Una bofetada corta mi cómo est, risas de todos. No güey, no me abraces tan fuerte, me duele, perdón perdón, es cierto ¿todo bien? Sí, afortunadamente sólo fue el golpe en la nariz, ni un hueso roto. Serrano está bien, sí lo acabo de ver. Y bueno, ¿qué sigue ahora? Es obvio que ya comenzaron, inicia Cheves. Asentimos. Suena el teléfono. Renata contesta. Es para ti, le dice a Damiana. El resto salimos de la oficina. Llamó Pedro, supo lo que había pasado. Dice que es gente de Toño. Pero Toño dijo que sí sí sí pero se les acabó la paciencia. Ahora ven como un filón esta zona. Pedro también dijo que Ovalle quería venirse a vivr para acá. No lo sé. No hay nada seguro. Si Ovalle llega, es posible que hable con nosotros, que intente comprarnos, que nos ofrezca protección, que seamos sus criados. Ni madres, responde Renata. NAdie quiere eso.

Era tu papá, es un encanto, llamó para preguntar cómo estoy y cómo está Serrano. Así es el viejo. Damiana abraza a Cheves. Shilospiu, Bil y Serrano se acercan. CReo que tenemos que hablar. Todos asentimos. Nos quedamos a cenar. ¿Alguien tiene planes?, pregunta. Todos negamos. ¡Pero hablen, carajo! ¿No me diga que estos cabrones ya los intimidaron? Reímos. No, no, para nada, no, yo ya vi que aguanto bien los madrazos, lo mío fue una cortadita. Reímos. Entonces, a darle. Cheves suspira. ¿Qué pasa?, preguntamos Renata y yo. ¿Sara?, pregunto. Asiente. Bueno, no está del todo mal, ¿o sí? pregunta Renata. No lo sé, dice. ¿Hablaron? Sí, anoche, un poco. ¿Eso es lo que quieres? Tal vez sí, es algo que no puedo explicarme. ¿Qué cosa? Varias. Se interesa, no se interesa, llama o no, está o no está, viene, se queda o se va. ¿Por qué hacen eso? No lo sé, responde. Difícil saberlo, tocayo: relájate, digo, en la medida de lo posible.

Bien. ¿Y ustedes? Renata y yo nos separamos rápidamente. Ella está roja de vergüenza. N-n-nada, dice. Pues a chambear, pásenme una zona. Ayúdale a Damiana, le digo. Renata se va. Cabrón, le digo. ¿Yo qué?, contesta. Reímos. Damiana piensa que seguimso burlándonos de ella, nos pinta un dedo y sonríe. Pinocha, te pasaste, dice Cheves, y le contesta mostrándole la lengua.

Concepción, Chile. 23 de julio de 2010

jueves, julio 22, 2010

deivis&cheves 34 bis

david chávez

Los gangsters y la Mafia y los matones no son el producto de los políticos corruptos y sus aentes en la municipalidad y las legislaturas, ¿lo recuerdas, Shilospiu? ¡Obviously! El crimen no es una enfermedad sino un síntoma, el policía es como el médico que te receta una aspirina para el cáncer, recita, sólo que el policía te receta un machetazo, completa Serrano. Somos un pueblo rudo, rico y salvaje,agrega, y el precio que pagamos por eso es el crimen, añade Shilospiu, y el crimen organizado es el precio que pagamos por la organización, sube el volumen Serrano.

Beben. No desaparecerá por muchos años, sigue. El crimen organizado es el lado sucio del dólar, termina Shilospiu. ¿Cuál es el lado limpio? pregunta burlonamente Serrano, nunca lo vi, le contesta Shilospiu. Pregúntale a Harlan Potter*, bebamos una copa, secunda Serrano. Me gustó cómo entraste por la puerta, me gustó más cómo trataste a Mendy cuando sacó la navaja, ¡chócala! alternan, chocan sus manos y beben.

Cheves y yo los miramos mientras ellos ríen. Ah, eso es de El largo adiós, de Raymond Chandler, maestrazo de la novela policiaca. Ya veo, dice Cheves. Shilospiu y yo nos aprendimos de memoria esa escena, es buenísima. Y viene al caso, finaliza Shilospiu. Y que lo digas, digo. Bebo. Enciendo un cigarrillo.


*Magnate que aparece en la novela de Chandler, propietario de varios periódicos, padre de la chica asesinada y al que se refiere como un todopoderoso cacique gringo dueño de vidas y puestos en el gobierno.


Concepción, Chile. 22 de julio de 2010

deivis&cheves 34

david chávez



Fueron dos heridos, una niña y su padre. Parece que iban pasando. ¿Están bien? Sí, el tipo subió a su auto y se llevó a la niña, pero el otro imbécil quedó ahí tirado. Shilospiu cuenta lo que vio, está empapado. Cheves igual. Sigue llegando gente. Bueno, será mejor que sigamos atendiendo. Suena el celular de Shilospiu. Es Serrano, dice. Hablan un poco, cuelga. Todo está bien. Renata se quedará en casa de Damiana. Serrano insistió pero ella le dijo que era mejor que volviera a ayudarnos. No tarda en llegar. Las sirenas y torretas intenta opacar la guitarra de Jack White.

Buenas tardes, noches ya casi. Un oficial de policía entra y saluda. Yo atiendo, dice Cheves, y hace pasar al policía a la oficina. Cosas de rutina. El agente del Ministerio Público ya está dando fe del cuerpo. Nos dicen varios testigos que el tipo salió de acá, corriendo, ¿puede decirnos qué pasó? Sí, con gusto, ¿quiere algo de beber? Salen media hora después. El policía va con Shilospiu. Le pide sus datos. ¿Así que usted vio cuando le dispararon al hombre? No, señor. ¿Seguro? Sí, sólo vi una camioneta, una Toyota Rav 4, gris, sin placas. La encontramos hace poco. ¿En serio? Sí, varios casquillos percutidos. ¿Nombre? Rubén Isaac Albarrán Ort kggg, movilizarse al sector ocho, reportan disparos con arma de fuego. El tipo suelta un diezcuatro, dice con permiso y antes de salir grita que alguien más vendrá a tomarle la declaración.

Si es que nada más pasa, dice Cheves. Asiento con la cabeza. Shilospiu pregunta ¿un vodka? y Cheves y yo contestamos al mismo tiempo: no estaría mal. Sonreímos. Vamos a la barra. Un salud después Serrano pregunta: ¿y el mío?


Concepción, Chile. 22 de julio de 2010

miércoles, julio 21, 2010

deivis&cheves 33

david chávez



El viento sopla, fuerte.

Se escucha un ajetreo dentro de los baños. ¿Qué putas pasa? Cheves habla por su celular desde la entrada de la oficina. Serrano corre hacia los baños, Bil lo sigue. Detrás vamos Renata y yo y varios clientes. Serrano saca a DAmiana, que sangra: parece que tiene la nariz rota. Un tipo sale corriendo, tratamos de alcanzarlo. Shilospiu desaparece por la puerta de entrada. Cheves va tras él, se detiene en la banqueta, lo sigue con la mirada.

Llueve.

Lo vi de pasada, cuando iba al baño, ¡Hey, oiga: vaya a meterse esa mierda a otra parte! ¿Ah sí: y si no qué, me vas a correr? Estaba por salir cuando ma abrazó por la espalda. Traté de gritar pero si alguien te escucha te rompo tu madre, ¿me oíste? Le mordí la mano, me empujó, caí y comenzó a patearme. Como pude me levanté. Traté de empujarlo, hacer que cayera si pisaba el suelo resbaladizo. Me tiró un madrazo, me dio en el estómago, me sofocó. Creí que me ahogaba. No pude gritar. Otro tipo que iba saliendo del baño quiso ayudarme pero lo noqueó. Una señora vio todo y le llamó a su esposo, que estaba sentado en la mesa siete. Él fue el que le avisó a Serrano.

Hay un resplandor, luego el trueno.

Renata abre la puerta del auto, casi me mata, no siento la nariz. Estás sangrando, tranquila. Estaba por sacar una navaja cuando Serrano llegó. Descansa, tranquila, ya vamos para el hospital. Vayan por el otro señor, atiéndanlo. Sí, Cheves se hará cargo. Acelero. Avanzamos hacia el lado contrario hacia donde huyó el tipo. Quizá no era una navaja, tal vez era un tenedor, una cuchara. Nos detiene una patrulla. Está herida, los escolto, enciende la torreta, la sirena suena. Llegamos pronto, Damiana entra a urgencias. Nosotros nos hacemos cargo, dicen las enfermeras.

El bash de la lluvia nos cubre la vista.

Mi celular suena. Es Cheves. ¿Cómo está? Bien, recien llegamos. ¿La nariz rota? Eso parece, ¿y por allá? Lo mataron. ¿Qué? Al tipo. Shilospiu lo siguió, lo balearon en la esquina. ¿Lo vieron? ¿A quién? A Shilospiu. No, sólo escuchó los disparos. Cuando llegó el tipo se enfriaba en un charco de agua y sangre. Cerraremos temprano. No: Serrano y yo regresamos. No creo que pueda, me dice Renata, está herido también. No es nada, contesta Serrano. Tiene una pequeña cortada. Vamos a tardar un poco más, pero llegamos, dile, me dice, y eso mismo le repito a Cheves. ¿Está herido? Serrano me mira, no, respondo. Está bien, tengan cuidado. Cuelgo. Ve a que te revisen, le digo a Serrano. Asiente con la cabeza y entra al hospital. Mientras abrazo a Renata el policía habla por su radio.

Llovía mucho más fuerte por la mañana.




Concepción, Chile. 21 de julio de 2010.

martes, julio 20, 2010

deivis&cheves 32

david chávez




Cocinar no está nada mal piensa Bil mientras deja caer tres dientes de ajo picados a la sartén donde la mantequilla se ha derretido y mira y ve a Shilospiu sacar un disco de vinilo en cuya portada se lee The Wall, Pink Floyd, quien lo coloca luego p a r s i m o n i o s a m e n t e me gusta esa palabra, piensa Shilospiu, cuando la pronuncio l e n t a m e n t e me gusta también estar acá y pensar que tal vez los demás piensen cosas muy distintas a las que estoy pensando, y mira a Cheves ¿qué estará pensando? es lo mismo que David piensa, ambos se miran, sonríen a manera de saludo mientras Cheves le dice muy buen disco, por favor, ¿podrías poner anoderbriquindegüol las tres de continuo? Eso mismo estaba pensando hacer, dice, pero es claro que no ha pensado eso, como bien piensa Cheves, este anda pensando en otra cosa, piensa, y hola, saluda, ¿todo bien? Sí, le contesta Damiana, te veo más relajado, como que ya dejó de pensar en ella, piensa Damiana, sí, la verdad es que mejor dejo de preocuparme por algunas cosas que ya se irán dando solitas, me alegra, le contesta ella, de verdad que sí, ya era como tiempo de que lo superaras aunque no me cuentes ya nada, de seguro piensa que no le cuento nada, piensa David, pero este trabajo, de seguro me vio besando a Serrano anoche, mientras cenábamos, no te preocupes, esto es cuestión de tiempo y de que las cosas vayan acomodándose.

Tu tocayo salió a pagar el gas, le dice antes de que salude a Renata, perfecto, gracias por recordárselo, en realidad se lo recordó tu padre. Vaya con el viejo, piensa, no, yo creo que este sigue pensando en ella, piensa Damiana, si no fuera por él, piensa Cheves, no sé qué haría, en realidad, no sé qué haría sin todos, piensa Renata antes de saludarlola, David fue a sí me acaba de decir ah era por si lo buscabasoquei ¿quieres que te? no gracias, debo hacer el balance del mes y ver qué hace falta entonces sí, gracias, mierda ¿por qué estoy nerviosa? como que la noto rara no debí haberle dicho que David salió a pagar las cuentas tal vez como que entre mi tocayo y ella pero no pasó a mayores me acompañó, charlamos, fumamos hasta que dejó de llover tal vez Serrano sepa o piense que tal vez Serrano sepa pero no porque él se fue a dejar a DAmiana o Shilospiu, ah pero yo pasé a dejarlo ayer, entonces no creo que bueno, que piense lo que quiera porque ¿para qué habrá llamado el viejo? Ya ha venido varias veces, tal vez.

Si quería hablar conmigo me lo hubiera dicho, pero esto de recordarme que debo pagar el gas. LE preguntaré a Cheves quiénes están a cargo de surtir los faltantes, no, pensará que me persigo solo y no quiero que piense eso, por otra parte tengo tanto en qué pensar, piensa Cheves, quizá lo moleste, quizá tenga otras cosas en qué pensar, piensa el tocayo. TAl vez tenga noticias de Sara, tal vez alguien ya haya pensado que hay algo entre Renata y yo o no sé qué pensar, piensa Cheves. REalmente, si pudiera saber lo que piensan los demás, piensa, ¿me gustaría saberlo? Al menos me daría algo de ventaja, piensa. Podría tomar decisiones fácilmente, piensa Damiana, o podría tratar de mejorar, piensa Serrano, aunque es posible que me ahorre tiempo, piensa Bil, tal vez podría funcionar, piensa Renata, facilitaría las cosas pero también las complicaría, piensa Shilospiu, no, es una estupidez, piensa el tocayo.

Como si supiera lo que quienes viven en ella piensan, la ciudad, sin importarle gran cosa tal hecho, sopla un viento calmo para barrer las calles y advertir a los que aprovechan para moverse bajo la sombra de los nubarrones que la lluvia se aproxima, piensa el tocayo mientras aprovecha para moverse bajo la sombra de los nubarrones de camino al Deivis&cheves. La lluvia se aproxima, piensa. La calle debe estar llena, tal vez haya venido de nuevo la diputada. Dobla la esquina, la calle está llena de autos buscando lugar para estacionarse. Entra al bar. Varios con permisos después saluda a Serrano y pregunta por Cheves. Está en la oficina. Acá, tocayo, le responde Cheves desde la cocina. Listo, pagué el gas, sí, me dijeron, oye, bar lleno, vino la diputada, les ayudo.

Renata, Damiana, Shilospiu piensan que hay personas, tras ver a varias de ellas ya un poco borrachas, que verdaderamente demuestran que no necesitan educación. Optan por irse. El resto del bar sigue cantando: los que se van son sólo un ladrillo más en la pared, pienso.

Concepción, Chile. 20 de julio de 2010

lunes, julio 19, 2010

deivis&cheves 31

david chávez



Es muy extraño que, desde el incidente con el amigo de Serrano, las cosas han estado cada vez más tranquilas. Tan tranquilas como para llamar demasiado la atención. Hasta la fecha, hemos recibido una clientela impresionante. Por desgracia, como dice Bil, hasta políticos han venido al bar: diputadas, senadores, ex candidatos y ex candidatas. La gente sabe que es una zona tranquila y no sólo este lugar: el resto de los restaurantes, bares, tiendas y negocios han visto cómo más gente viene para acá debido a ello.

No es una zona cara, tampoco es bonita. Simplemente se respira calma, seguridad. Eso sí: entre todos, vecinos y socios, comerciantes, habitantes, visitas y clientela hemos hecho del lugar el más limpio de la ciudad. O al menos así nos lo parece. Hoy por la mañana vinieron el gobernador y el secretario federal de Turismo y comentaron eso. Hacían una gira por el sector con la intención, según escuchamos, de planear una serie de eventos en el lugar con motivo del bicentenario. Nos importó poco. Si vinimos fue en realidad porque Cheves nos avisó y no queríamos desairar a nuestras autoridades. Por mí, dijo Damiana, seguiría durmiendo. Los planes de otras personas, como ellas, por lo general nunca son los míos, aunque ellos piensen lo contrario. La visita fue a las once y media de la mañana. Tuvimos que llegar temprano para arreglar todo. Incluso David nos llamó apenas lo supo: le avisaron un par de horas antes sobre el evento.

A manera de protesta todos en el bar bostezaron lo que duró el recorrido. El secretario de Turismo se sintió un poco avergonzado por habernos levantado tan temprano. Sé que abren en la tarde noche y se van entrada la madrugada, así que les agradezco que estén aquí, dijo mientras probaba el famoso lomo de cerdo con pepino que Bil le preparó en unos minutos. Exquisito, dijo al terminar. Cheves le dio el recorrido y luego ambos, el gobernador y el secretario federal de Turismo, se despidieron de nosotros y volvieron a su caminata para llegar al café que está a dos casa de Deivis&cheves.

Bueno, eso fue todo. Qué mamada. Sí, pensar que estaría durmiendo en este momento. Bueno, eso servirá para que refuercen la vigilancia. A nosotros nos conviene, dice Cheves. Bueno, ten en cuenta, David, que una zona concurrida y vigilada no garantiza nada, agregó Serrano. ¿Recuerdas el Barrio Estación?, le preguntó a Cheves. Claro. ¿Recuerdas lo que pasó ahí? A espaldas de la antigua estación del ferrocarril pusieron las oficinas de la presidencia municipal y al frente abrieron los bares, pensaron que habría seguridad todo el día y parte de la noche. Una oficina de gobierno impone pero también puede ser imán para que todas las frustraciones se descarguen física y violentamente en ella. Por eso la policía la vigila, sí, Cheves, pero también la gente busca la oportunidad para dañarla. En fin, así lo veo. Concuerdo contigo y tienes razón: esta zona se ha hecho por la gente y para la gente, esperemos que siga así. Bueno, vámonos, dijo. Tenemos que volver más tarde.

Por lo que veo, varios pudieron seguir durmiendo y descansar antes de venirse al bar. Qué poca madre eso de levantarnos temprano, comentan todos. Shilospiu programa una lista breve de temas y nos ayuda con las mesas y los clientes. Damiana y Renata y Cheves entran y salen de la barra, Serrano está a cargo del cuartito del amor, Bil y yo hacemos lo propio en la cocina: ambos recogemos las comandas, preparamos como podemos y llevamos todo a la mesa. Como en Cancún, ríe Serrano. Shilospiu y Damiana entrebailan cuando cantascriben lo que piden los clientes. Como en Cancún, le dicen a Serrano.

Serrano es el más chico de todos. De edad, quiero decir, porque en estatura y cuerpo se impone a todos. Serrano jugaba futbol, como sus hermanos, los tres con un parecido impresionante. Podría decirse que son trillizos, pero la edad de cada uno de ellos ayuda a desmentir esa idea. Es el único de los tres, también, al que le gusta la playa y el calor y el mezcal y conducir. Por eso él se ofreció a atender la barra y a llevarnos a todos de vuelta a casa en su camioneta. La compró de a poco, con lo que la renta de la casa en Chiapas le dejó hasta que su madre se enteró de lo que había hecho con ella. Aparte, es de los pocas personas que conozco a quienes el alcohol les hace el más mínimo efecto. Sorprendente. Puede que sea por la edad, puede que sea por otra cosa.

Damiana alguna vez dijo que Serrano sería como su hermano menor, o que al menos si tuviera uno le hubiera gustado que fuera él. Serrano piensa lo mismo: de haber tenido hermanas me hubiera gustado que Damiana fuera una de ellas. Dejó el futbol temprano, cuando le hicieron pedazos la rodilla derecha de una patada. En realidad sólo le movieron la rótula, pero varias operaciones después y pocas asistencias a terapia le dejaron un inefable dolor que pronostica, infaliblemente, las lluvias. También por eso no se aleja de los climas cálidos, de la playa, del sol, de Damiana, con quien baila ahora al ritmo de Sussie 4, on time...

I'm on time to find my way to go
It' s not mine this face without eyes
When you're tired, you just have to try
To keep your mind under control
And believe you're your own

¿Te la sabes? Claro. Renata me toma del brazo. ¿Bailamos? Apenas le voy a contestar cuando Shilospiu se la lleva al centro de la pista.

Esos dos sólo bailan cuando uno de ellos tiene miedo. ¿Cansancio? No, tocayo: escuchaste bien lo que dije. ¿Celos? Al contrario, tocayo: ella es como mi hermanita. Ambos los vemos bailar, algunos clientes los siguen. Todos en el Deivis&cheves mueve la cabeza, siguiendo el ritmo.

On time, on time, to find my way to go for yo.

Música!


Concepción, Chile. 20 de julio de 2010.

viernes, julio 16, 2010

deivis&cheves 30

david chávez


A Olivia Cannales, por el dato.


Años atrás, antes que pensara en hacer a David, me dijo don Benjamín, yo era chofer de José Alfredo Jiménez. Bil, que venía por una cerveza, alcanzó a escuchar, como lo hicieron también Renata y dos clientes más. Yo me quedé helado. ¿Qué, no me crees? Ja. Bueno, no es que no le crea, don Benjamín, pero es que lo sé, es extraño, ¿verdad? Sí, digo, bueno muchacho: uno no anda por ahí contándo que fue el chofer y amigo cercano de uno de los cantautores más famosos de México. ¿Y, qué pasó? Renata y los otros clientes se acercaron. Bil también. Primero, otra ronda para los que están en la barra.

Luego brindamos por cualquier cosa, por el gusto de estar, de tener un buen trago entre manos. De un trago terminó con su tequila, me pidió la botella y cuando se sirvió otro comenzó a contarnos lo que todo el mundo sabe es que esa canción, el corrido del caballo blanco, se la dedicó no a un caballo: en realidad era su Cadillac del 57, blanco, obviamente, en el que salimos de Guadalajara hasta Ensenada, Baja California. El resto de la historia está en la letra de la canción. Bil, Renata y el par de clientes comenzaron a fumar.

José Alfredo me llamó un día para que pasara por él. Estábamos en Guanajuato, descansando después de una gira a la que lo acompañé. Para perderle un poco el miedo a la gente el cabrón me echaba a mí primero a los leones. ¿Cómo? Sí: me decía: ora, Benja, véme calentando a la gente: échate una desas que tú sabes. No seas cabrón, le decía. Yo ni sé cantar. La gente en la barra sonrió. Pues el otro día fue todo lo contrario, le respondió Renata. Bueno, la cosa es que yo tenía que salir y cantar unas que otras canciones, hasta que José Alfredo agarrara valor con tres, cuatro tequilitas, a veces media botella, dependiendo el ánimo, y salía a cantar.

Ese día fuimos a comer al centro, ya en la tarde. Ahí nos alcanzaron otros amigos suyos y comenzamos a cantar. Benja, vamos a la cantina del Negro. A José Alfredo le gustaba ir para allá porque era una cantina más chica, donde se había iniciado a cantar. El Negro era muy amigo suyo, bueno, de los dos. Crecimos juntos. Allá fuimos. Vaciamos botella tras botella, José Alfredo, yo y otros amigos cantábamos por turnos: ¿te acuerdas de esta? y comenzábamos a cantar, hasta que sólo quedamos el Negro, José Alfredo, Javier, dos amigas suyas y yo. Ahí nos amanecimos. Serían como las seis de la mañana cuando tocaron la puerta.

Todo el mundo se calló. El Negro salió a ver quién era. Entró un tipo. Se veía muy mal. Nos saludó y se siguió de largo hasta la barra. El Negro caminaba detrás suyo, franqueó la puertita de la barra y comenzaron a hablar. Benja, abusado, me dijo José Alfredo. A lo mejor estos canijos van a echar bala. El Negro siempre tenía una pistola para lo que se ofreciera. Busqué con la vista si el recién llegado venía armado pero no, no vi nada. José Alfredo se levantó al baño. Yo lo seguí después. Adentro, mientras nos lavábamos las manos, me dijo: ese que está con el Negro segurito que es Jimy Castro. ¿Quién? Jimy Castro, ¿no te acuerdas de él? Ni idea. Bah. Regresemos.

No le di importancia. Volvimos a la mesa. El Negro estaba serio, el tipo le rogaba por otro tequila. Tú me viste, Negro: llevo casi cuatro días tomando. Tú te tomaste la primera botella conmigo. ¿Qué te cuesta pasarme otra? No tengo nada de dinero, nadita, mira: ni una moneda, ¿pero sabes qué? ¡Quédatela, nada más una botella te pido para curarme la cruda! Yo sé que ustedes se entienden, que ella te quiere y tú la quieres. Si se queda contigo, yo no tengo problema ni te los voy a dar: tú sabes que soy un borracho. El Negro lo miraba en silencio. José Alfredo tomó su botella y se cambió de mesa, a una más cercana a la barra, donde pudiera escucharlo todo. Luego me levanté a acompañarlo, para que pareciera que hablábamos de algo privado.

Yo te prometo que la dejo en paz, Negro. Te lo juro. Puedes quedarte con ella si quieres, yo sé que ella te quiere a ti. Puedes pegarme un tiro, pero antes dame una botella. Yo no pienso molestarlos y no lo haría porque sé que tú también la quieres. ¿Qué tanto más quieres? ¡Quédatela, pero por amor de Dios dame otra botella! Yo no voy a matarme por nadie, yo mi vida la vivo borracho. Tú dime que eres su dueño, destapa otra botella y brindamos por eso. Yo no voy a matarme por nadie: te la dejo, por Dios, te la dejo.

El Negro nos miró. Luego puso su vista en el hombre, le dio la espalda y caminó hacia una pequeña puertita empotrada en la pared. La abrió y sacó una botella de tequila. Se la dio al hombre. Tú de mí, Negro querido, no vuelves a saber más, le dijo. Que Dios te bendiga, que sean muy felices. Se levantó, nos dijo buenas noches y antes de cruzar la puerta bebió un buen sorbo de la botella.

Todos se quedaron en silencio, dijo Serrano. No me esperaba ese final. El viejo. Cheves y yo, que estábamos escuchando la historia que nos contaba Serrano, sonreímos. Siempre la cuenta. Cada vez mejor. Salud. Brindamos. Serrano, confundido, nos preguntó si sabíamos esa historia. Claro. Un día, en la cantina del Negro, nos la platicó. ¿Y? El Negro se casó con la mujer del Jimy Castro, dijo Cheves. ¿Entonces? Sí, fue cierto, completé. HAsta morir, de Caifanes, comenzó a sonar. Brindamos de nuevo. Por don Benja. Por el Negro. Por José Alfredo Jiménez.

Concepción, Chile. 16 de julio de 2010.

jueves, julio 15, 2010

deivis&cheves 29

david chávez




No sabía que don Benjamín cantara tan bien. Ya ves. ¿Es de familia? CReo que no, yo canto pésimo. ¿Cheves cantando? ¡Ni hablar! ¿Ves? Tocayo, ¿cuántas veces me has visto cantar? Nueve, y con esas bastaron para convencerme de no incitarte al canto. ¿Viste? ¿Y tú, cuándo aprendiste a tocar guitarra? Un par de años atrás. No sabía. Nunca me prestaste una. Cierto, pero anoche te luciste.

Quedamos de nuevo en silencio. Bil se acerca. Cheves: tienes llamada. ¿Quién? Tu papá. Bil nos ofrece los cigarrillos que Cheves le deja al irse. Acepto uno, él ssaca otro y enciende el mío, luego el suyo. ¿Dónde aprendiste a tocar guitarra? No recuerdo, contesta Damiana. Anoche te luciste. Un poco, responde, y se sonroja. Aprendí a tocar yo sola, practicando. Casi me acabé los dedos. Je. Sonreímos. ¿Y tú, tocas algo? Nada, respondo. Alguna vez probé con el violín, dice. ¿En serio? Damiana lo mira, incrédula. Pero lo dejé. Era como mucho para mí. Los violines son caros, además tenía otras cosas por hacer.

¡Tocayo!, grita Cheves. Lo miro. A señas me dice que vaya. Nos encontramos a medio camino. El viejo. ¿Don BEnjamín? Sí, viene para acá. Hombre, me parece. Me dijo que las cosas parecen complicarse. Habrá que esperar. Sí, caray. Tranquilo, no creo que pase a mayores. No veo ahora cómo putas nos van a complicar el asunto. Ya lo sabremos. Regresamos a la terraza. El viejo no tarda mucho en llegar. Mira, lo invocaron, dice Bil. Chamacones, ¿cómo les va?, ¿qué tal estuvo la playa?, ¿no les llovió mucho? Para nada, dice Damiana, y corre a abrazarlo. ¿Cómo está, don Benja? Bien bien bien, ¿qué hay? Saluda a Bil. ¿Cómo estás, David? Bien, don Benjamín. Pase. Hola mijo. ¿Qué hay, papá? Con permiso, señorita, joven. Pase usted, contestan Bil y DAmiana.

Concepción, Chile. 15 de julio de 2010

miércoles, julio 14, 2010

deivis&cheves 28

david chávez


Conocí a Cheves hará cosa de quince años. Un tiempo, por sus estudios, los míos, sus viajes, mis otros asuntos, mis letras, lecturas, los negocios de su padre no supimos mucho el uno del otro. Hasta hace cinco años cuando ambos regresamos. TArdamos casi un año en ponernos al tanto de la vida de cada cual, y todavía seguimos haciéndolo. Es como si intentáramos recuperar el tiempo perdido. Es como un hermano. Es un año mayor que yo. Antes vivía a la vuelta de la calle donde quedaba mi casa, era vecino de Fabiola y Enrique, los hijos del trailero. Digo vivía, quedaba porque ahora vive en otra parte y yo ya no vivo con mis padres.

Estuvo a punto de casarse hasta que empezó a hacerse cargo de los negocios del papá. Su hermano menor no tendía ni a edad ni la experiencia. Ahí se chingó todo. Decidieron que no era tiempo y lo dejaron para después. Luego Cheves conoció a SAra y el stand by, el modo hibernación de la relación quedó en un off, apagado definitivo, hasta que pasó lo mismo o casi lo mismo con Sara. Ahora está intentando dejar eso atrás.

La idea de abrir el bar, una vez que Damiana, Serrano y Shilospiu regresaron a Colima, de que nosotros mismos regresamos a Colima, era retomar, revivir, recuperar nuestro lugar no tanto en una ciudad que conocemos, que nos conoce hasta la punta de las uñas, sino entre y con los amigos que dejamos, que se quedaron. DE alguna forma, era como aportar, traer con nosotros un pedacito del lugar, del mejor lugar en el que estuvimos, en el que vivimos fuera de COlima. Cheves se encargó de hablar con los demás y así, entre todos, darle forma al bar. DE alguna forma sería como tener otra casa fuera de casa, de vernos, de convivir un poco.

Algo que nos uniformó, que evitó broncas, problemas y discusiones serias era que de alguna forma todos tenemos gustos similares. Como si fuéramos parte de una misma persona, dijo una vez Serrano. Estás cabrón, eso mismo pienso. Todos estuvimos de acuerdo. Hasta Bil, que se sumó más tarde. En el ir y venir y planear y limpiar y conseguir y poner, quitar, mover, sacudir, comprar, pagar, beber, fumar, comer, idear, salir, ir a la playa, el río, el rancho de la familia de REnata nos fuimos conociendo más a detalle. Y aquí estamos, me dice Damiana, palméandome la espalda. Aquí estamos, contesto. Podríamos ir a la playa hoy otra vez. Sería bueno. ¿Cómo anda Cheves? Bien, ¿y Sara? Ha estado intentando comunicarse con él. El otro día Cheves me pasó su celular. ¡No chingues!, ¿para qué? Quería que yo le contestara. ¿Y? Le dije que Cheves no estaba, habló un poco conmigo, colgó, llamó de nuevo: así estuvimos casi toda la noche. Entiendo... entiendo y no, es que es complicado: ¿por qué se zafó si después se iba a arrepentir? Ninguno de los dos está arrepentido. ¿Ah, no? No. Pinche Cheves, no me ha tenido al tanto. Eso parece.


David camina hacia nosotros. ¿Playa? PArecen ser uno mismo. Me adivinaste el pensamiento. Se abrazan. Y te tengo noticias. Damiana voltea a verme, luego mira a Cheves y palmotea como una niña pequeña y emocionada. Tocayo, diles yo les digo, yo les digo yo les digo a los demás: heeeeeeeeeey, todos, salgan: Bil se asoma, Serrano acomoda a una pareja que acaba de llegar en el Cuartito del Amor y sale inmediatamente, Renata sirve tres comandas y Shilospiu baja un poco el volumen de la música: ¡playita hoy! Varios clientes, los más jóvenes, celebran como nosotros. Aplaudimos. A la playa, pinche tocayo, me dice. Sonrío. Renata también sonríe conmigo. Marco Antonio Solís, invocado por Shilospiu, canta Cómo fui a enamorarme de ti si yo sabía que no era bueno. Cuando en tus ojos me vi supe que ya no era yo de mi alma dueño. Cómo fui a enamorarme de ti si envejecido estoy de pena. Cómo fue que te encontré justo cuando me libré de mil cadenas.



Concepción, Chile. 14 de julio de 2010