lunes, julio 09, 2012

el viento que entra me confirma cada día que he tomado la decisión correcta




david chávez


van a delegar a dios de su puesto como administrador de la tierra. es un buen tipo, trabajador, simpático. es malo para contar chistes y tiene un humor muy raro. fuma de vez en cuando y a mí me cae muy bien
porque en cierta forma se parece a un amigo de la infancia de quien  tengo gratos recuerdos. todos los días lo veo con una pelotita que estruja con su mano derecha mientras supervisa vía satélite algún derrame petrolero que elimina a unas cuantas especies animales que ya están descontinuadas y para las que ya no tenemos refacciones.

la reunión ha comenzado. la junta cree que es mejor enviarlo al departamento de mantenimiento universal. alguien sugiere que es una estupidez, un desperdicio no haber puesto a los pájaros, a las aves, a  fabricar casas para los humanos con materiales biodegradables y reutilizados. pero entonces, les digo, levantándome, las aves, los pájaros no se darían abasto y caerían muertos de cansancio, no podrían  reproducirse y una serie de desagradables acontecimientos ocurrirían en el universo, desequilibrándolo, y no sabemos los efectos adversos que ello tendría. otro argumenta que lo mismo se había dicho acerca de la extinción de las abejas. los murmullos aumentan. al final la junta directiva me da la razón. damas, caballeros, si no hay otro punto que tratar los veré luego, digo, y salgo del edificio, saludo a dios al  pasar frente a su oficina rumbo al estacionamiento, subo al auto y me despido agitando la mano por la ventana. el viento que entra me confirma cada día que he tomado la decisión correcta.

miércoles, mayo 30, 2012

Quemadura



david chávez


Quemadura: según Villaurrutia, voz que madura “en medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen”. // Marca que deja una gran viveza de los afectos y pasiones. // Herida cuyo ardor es causado por el ansia o un anhelo. // Incendio provocado por el continuo roce de ideas contradictorias. // Manifestación corporal de una calentura moral excesiva que se externa en un dicho, razón o palabra picante con que se busca provocar a alguien. // Cuerpo que se resiste al dicho, razón o palabra picante con que se busca contagiar una calentura moral excesiva. // Marca de la mordedura o del paso de una lengua de fuego por la superficie de alguna persona, animal o cosa. 

martes, mayo 15, 2012

Carlos Fuentes y la fuga de gas



david chávez


Joel Flores supo que murió Carlos Fuentes cuando el fontanero descubrió una fuga de gas en el cuarto de lavado. Después de mostrarle de dónde venía el olor, el fontanero le preguntó si ya sabía que se había muerto el escritor ese, Carlos Fuentes. No me chingue, le dijo. ¿Cuándo supo eso? Hace rato en las noticias lo dijeron. Se quedó mudo, mirando al fontanero que mezclaba un poco de jabón y agua. Distribuyó todo por el tubo delgado y en medio del silencio le dijo: "ya le encontré la falla: aquí está la fuga, mire las burbujas que salen del tubo medio trizado", igualitas a todas las referencias sobre fuentes que le borboteaban en la cabeza. "Hay que cambiarlo", dijo el fontanero. Y mientras pensaba Joel  en la muerte de Carlos Fuentes, en que Flor estaría menos preocupada cuando le dijera que la fuga ya había sido reparada, le respondió: “haga los cambios necesarios; total, de lo que se trata es de seguir con vida”. 

jueves, mayo 10, 2012

Vejez



david chávez 

Vejez: etapa de la vida en que más sabe el diablo. // Edad física en que entra el cuerpo en que todo comienza a ponerse tan bueno, que nos decidimos por realizar una sola cosa a la vez. // Empaque en que vienen envueltos los achaques, reumas, padecimientos, olvidos, arrugas y problemas grastrointestinales, entre otros. // Principio de autopsia. //Olor parecido al de la madera con que elaboran los ataúdes. // Ausencia de juventud. // Carencia de niñez.

martes, mayo 08, 2012

Playa

david chávez




Playa: 

superficie vacacional en que reposa la preocupación por saber dónde quedó el bronceador. // Espacio que ocupan ciertos cuerpos, nacionales o extranjeros, por más de una horilla. // Geografía donde florecen miles de colinas y ojos que van a veranear. // Faja de arena larga y angosta que suele colarse entre las ropas. // Desembarcadero en que los compañeros poetas son cuestionados, tomando en cuenta los últimos sucesos en la poesía, acerca del tipo de adjetivos que deben usarse para “hacer el poema de un barco sin que se haga sentimental, fuera de la vanguardia o evidente panfleto”.

sábado, abril 21, 2012

"El triángulo"

David Chávez . -–El primer ósculo me lo dio viendo el crepúsculo desde un vehículo –-dice el viejo del báculo, quien recuerda esa boca, en círculo: apenas un músculo, dice. Regulo el estímulo, pregunto por el vínculo. Toma el póculo, da un sorbo. Se atosiga, carraspea. Simulo atenderlo pero lo estrangulo. Mis manos revientan un forúnculo. Sangra. No reculo. Un minúsculo recuerdo ilumina el cubículo y recapitulo: “ha muerto ella, ya ha muerto él”. Titulo la escena como “El triángulo”. Deambulo. Salgo.

viernes, enero 13, 2012

Escenas I

David Chávez


Como si hubieran salido de un poema de Girondo se contemplan, se desgarran, se muerden, se miran, se gustan, se desean, se besan, se respiran, se olfatean, se apetecen, se chupan, se babean, se enlazan, se entregan, se penetran, se acoplan, se menean, se acometen, se entrechocan, se apresan, se retuercen, se estremecen, se estiran. Luego él se fue, moviendo la cola, como diciéndole adiós.

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lunes, enero 09, 2012

Cancerbero

David Chávez


Cancerbero: perro de tres cabezas que laboraba como barman en el mítico centro nocturno El Infierno, actividad que desempeñó luego de fungir como guardameta del equipo de futbol soccer Olimpus. // Constelación cuyas estrellas se transforman en agujeros negros y otras formas de la materia que proliferan de manera anormal e incontrolada por el universo, enfermando de impaciencia a los científicos que investigan tal actividad.

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martes, septiembre 06, 2011

Optimismo

David Chávez


Yo no quiero que me llamen pesimista porque no creo en que la fe mueve montañas o que la esperanza muere al último. Llámenme como quieran pero sé -porque me consta- que el vacío que ocupa un vaso es el mismo que se sienta en una silla cuando nos levantamos de ella. Por eso opto por pensar -cuando la miro sola, como esperando a que me siente, medio coqueta- que la silla esconde todo un mundo debajo de esas cuatro patas bien torneadas que la sustentan.

sábado, agosto 20, 2011

El Kare-kane

Davd Chávez

Dicen que las sirenas usan como jabón a cierta especie de pez. Particularmente el Kare-kane, que deshova en el Río Amarillo. Sus crías, del mismo color, parecidas a un pedernal puntiagudo, son transportadas por las corrientes marítimas hasta llegar al Pacífico. Luego cruza el Canal de Panamá por entre buques y cargueros y llega al Atlántico, al Mar de los Sargazos. Ahí se alimenta, crece hasta que su piel pinta tres líneas que apunta hacia sus ojos, y se reproduce, generalmente entre abril y mayo, cuando tritones enviados por Neptuno colectan cardúmenes.

Ellas pisciformemente se dejan remorear por los Kare-kanes al caer la tarde, para que el sol tinte sus cabellos. Ellos les mordisquean cariñosamente los pezones y ellas ríen, se sonrojan. Luego, el Kare-kane mira fijamente a la sirena, como si quisiera enamorarla y comienza a emitir una tonada en determinada frecuencia hasta agonizar y si algún perro llegara a escucharla ladraría, encantado de contento. La melodía entonces paraliza a la sirena y restira su piel. Ellas besan al Kare-kane para infundirle un poco de vida: es necesario llevarlo al agua dulce, a un río, a una poza, a un charco. La carne de los Kare-kane muertos se transforma en arena y su esqueleto de oro es ocupado como peine por ellas.

Aquellos que han atrapado un Kare-kane los encierran en una bola de cristal para lavarse el cuerpo, el alma, los ojos con los restos del pez muerto. Dicen que quita el mal de ojo. Que elimina las bacterias. Que deshace las arrugas. Que su perfume supera a una caricia. Que luego del baño se terminan las penas y el mal de amores y que quien consume dos espinas de su esqueleto puede vivir sin comer durante cuatro años. Pero es sumamente adictivo. Tanto como la belleza, como el canto, como la mirada profunda, océanica de una sirena.

martes, julio 05, 2011

el_hombre_que_aprendió_a_hablar.mario_benedetti.mi_perro_raimundo.david_chávez.wiki.htm9

el_hombre_que_aprendió_a_hablar.mario_benedetti.mi_perro_raimundo.david_chávez.wiki.htm9


(wikihomenaje, wikitributo, wikiversión a Mario Benedetti)

Luego de arduos, largos, pragmáticos años de enseñanza en que estuve a punto de desistir, Raimundo aprendió a hablar. No a imitar sonidos, como suelen hacer los bebés –y hay algunos chistosos que les celebran trompetillas y balbuceos-, sino verdaderamente a hablar. Se me quedaba viendo todos los días con esos ojos tristes, tristísimos y desde cachorro evitaba ladrar si no era estrictamente necesario. Sólo lloriqueaba hasta el cansancio y había que ir a verlo.
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"La verdad es que ladro por no llorar", me dijo la primera vez. No le creí. Yo sigo pensando que verdaderamente es un humano atrapado en el cuerpo de un perro y quería comunicarse con el resto de los de su especie. Por eso se volvió loco de alegría cuando logró decir “Hola, Leonardo, ¿cómo has estado” de un tirón, clarito, como si nunca hubiera ladrado, y (algo más extraordinario aún) él comprendió cuando le dije “Hubiera jurado que nunca llegaría este día”. “Yo también”, me dijo.
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A partir de ese día Raimundo y yo caminábamos hasta el parque, por lo general antes del atardecer, después de la comida, y dialogábamos sobre temas generales. A pesar de ser perro, nunca había imaginado que Raimundo tuviera una tan sagaz visión del mundo. Una tarde, mientras me pedía sonrojadísimo que le ayudara a buscar un sitio adecuado y algo de papel para cagar, se animó a preguntarme con una pronunciación impecable: "Dime, Leo, con toda franqueza: ¿qué opinas de mi forma de hablar?". Yo le respondí escueto y sincero, mientras le pasaba unos cuantos pañuelos desechables y le daba la espalda para ocultarlo del guardia forestal que pasaba metros adelante, saludando: "Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando hablas todavía se te nota cierto acento canino”.

domingo, abril 10, 2011

jesus_expulsa_a_los_mercaderes.nuevo_testamento.david_chávez.wiki.htm8

jesus_expulsa_a_los_mercaderes.nuevo_testamento.david_chávez.wiki.htm8



Se acercaban las elecciones locales y federales y Jesús llegó a la presidencia municipal. Era quincena. En el edificio encontró a burócratas aviadores que fueron a cobrar su cheque, chinches que mamaban del presupuesto, a candidatos a senadores, plurinominales, al presidente del partido, diputados locales, operadores, coordinadores de campaña, presidentes de comité de barrio, gente que iba a hacer sus trámites, de rancho, con bueyes, ovejas y palomas; policías discutiendo con periodistas y guaruras que alejaban a la gente que gritaba e intentaba acercarse al señor alcalde, señor alcalde, señor alcalde, que sonreía a las cámaras como los vendedores afuera, en sus puestos de tacos, sándwiches, tortas y fruta picada. Hizo un látigo con una de las cuerdas de las vallas que daban forma a la fila de gente y los echó a todos fuera, hasta al presidente municipal le tocó un chingadazo. Entonces el político dijo, resumiendo en su pregunta las dudas de quienes atestiguaron el hecho: “¿Quién chingados se cree este cabrón para obrar así?”. Jesús le respondió: “si en este momento fueran las elecciones yo os aseguro que con una campaña previa de tres días yo las ganaré”. Los políticos y candidatos y burócratas le replicaron: nuestro partido ha estado en el poder durante más de setenta años y ha construido una perfecta red de corruptelas, ¿y tú dices que tirarás eso y recompondrás todo luego de tres días?”, mas él hablaba de los resultados que entregan las casas encuestadoras como Mitofsky y otras.
(Jn 2,13-22; Mt 21,12-17; Mc 11,15-19).

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viernes, marzo 11, 2011

los_heraldos_negros.césar_vallejo.david_chávez.wiki.hmt7

david chávez

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huiquihomenaje a césar vallejo
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Hay tangos en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Tangos como La comparsita; como si en ellos,
la resaca de todo lo sufrido y lo bailado
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!
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Son pocos; pero son... Caminito, Por una cabeza
El día que me quieras, El porteñito, La morocha
Serán tal vez los tangos como bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda Tita Merello.
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Son las caídas hondas de los compadritos del alma,
de Fiorentino, el Polaco, Podestá, Discépolo,
Troilo, Piazzolla, alguna melodía adorable que el tango blasfema.
Esos golpes de Baldeón son las crepitaciones
de algún arrabal, un amor, un corazón
que en la puerta del horno se nos quema.

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Y Gardel... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo bailado, lo bebido,
se le empozaba, como charco de culpa, en la mirada.
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Hay tangos en la vida, Malena, tan fuertes... Yo no sé!

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miércoles, diciembre 01, 2010

ateísmo creacionista: ser la palabra

david chávez


Vvivir la palabra, carajo, es más cabrón que vivir la vida -porque la vida está hecha, es pura palabra pura. vivir la palabra no es vivir de la palabra, es decir, lo es y no lo es; no es vivir en la palabra.

Vivir la palabra es sentir y ser la palabra: toda palabra cruzándote la conciencia, el cuerpo, la mente. sentir todas las palabras, saberlas, preocuparte por ellas, como si la palabra fuera tu cuerpo, como si la palabra fuera tu hija, la cosa que más quieres, lo que más te quiere, lo que más amas, lo que más te ama, como si la palabra fuera tu madre, tu padre, tu familia, tus amigos, como si la palabra, carajo, cabrón reacciona: como la puta palabra puta puta puta palabra fueras tú, chingadas madres.

Non serviam, creacionismo.


concepción, chile, jueves 2 de noviembre de 2010.

domingo, noviembre 21, 2010

yosoy

david chávez


a veces, simplemente, caray, se cuelan los adverbios en mi prosa. lo he notado y lo han de manera constante, como intentando definir al verbo -había escrito verbo con una errata, verbor, y creo que verbor suena bien-, como intentando definirme, pero muchas ideas ahora pasan por mi cabeza, rápidamente, como adverbios colándose en mi prosa.

de hecho ni siquiera -he escribo siquiera con una errata, siqueira, y también pienso que suena bien-, ni siquiera, decía, es sobre ello que quiero escribir. a tal grado se han colado. pero los adverbios no son el problema, me digo a mí mismo mientras escribo esto, sino yo mismo, me digo.

a veces simplemente quisiera no ser yo. es decir, ser yo pero no ser yo, como si estuviera un nuevo yo bajo la piel que soy e identifica a este yo. ¿cómo sería ese otro yo sitiado en mi epidermis por un dios inasible que me ahoga, como escribió Gorostiza? ¿estará oculta ahí, oculta, mi conciencia derramada, como escribe el poeta? no tengo ni puta idea.

sencillamente, quisiera no ser yo, o no tener que hacer las cosas que debo hacer. como que las obligaciones me carcomen, me marchitan la epidermis, acenizan, engrisan el yo que soy por fuera y mi yo que soy por dentro se siente sitiado -ahora veo que la cacofonía en ocasiones canta como musa, con la cólera del pélida Aquiles, cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, como inicia la Iliada-.

a veces ser yo me cuesta trabajo. quizá mi yo foráneo -el de afuera- sea adverbial. quizá mi yo-interno es el verbor que trae estas letras a colación. siqueira es una bonita palabra, desas que florecen a pleno verbor en el tronco de mi cuerpo con ideas a veces marchitas.


concepción, chile, 22 de noviembre de 2010

jueves, septiembre 09, 2010

año nuevo judío

david chávez





hoy quiero desearle un feliz año nuevo al judío errante.







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miércoles, agosto 18, 2010

11/08/06

a lo mejor no tienes facebook, o nunca tuviste, o no alcanzaste a abrirlo. sé que leías el blog, así que lo pongo por acá también. te abrazo como estoy seguro tú lo haces también. ¿vale?


11/08/06 marca la fecha el mail. te acuerdas de las canciones que te mandé, que la escuchaste en youtube? tengo tus libros, tienes el mío. creo que tengo tu voz (dime ahora que eso creo, que es puro préstamo, que te la devuelva ya y sonríe) y sé que sonreías del otro lado de la línea telefónica.

can you see them?

no vi lo que estaba p...idiendo y lo obtuve. así es cómo tenía que ser? así es como debía hacerlo? así es como debo hacerlo? textraño, tienes la voz de mi niñez. esta guitarra es una charla nuestra, ¿vale? hoy me topé con tus mails. te prometo imprimirlos, llevar conmigo esas letras, tus letras, lo que me queda de ti. me pusiste a pensar, lo sigues haciendo. ahora estarás contenta. ahora tú me la regresaste a mí. todavía me puedes, siempre lo vas a seguir haciendo. no te vayas otra vez. quédate aquí, ¿vale?
¿te puedo invocar con estas canciones, con esas canciones? quédate aquí, ¿vale? fumémonos un cigarro, en silencio, escuchando la guitarra. apóyate en mi brazo.

textraño mucho, muchísimo.


http://www.youtube.com/watch?v=YhcnKYvzfZc&feature=related


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viernes, julio 30, 2010

deivis&cheves epílogo

david chávez


¿Y ahora? No lo sé, me dice Cheves. ¿Por qué no vamos a la playa?, dice Renata. No es mala idea. Bil y Serrano la apoyan. PAsamos por Damiana. Estamos todos de acuerdo. ¿Invitarás a Sara?, le pregunto. No lo sé. Te dije que ahora sé lo que no quiero y precisamente no quiero seguir esperando. ¿Y si ella te llama? Su celular timbra. Me mira. Me encojo de hombros. Sí, estamos bien. Te llamo más tarde. Mi papá. Oquei, le digo. ¿Y tú?, pregunta. ¿Yo qué?, digo. Supongo que has escrito todo. Sí. ¿Se escribe como se vive o se vive como se escribe? YO qué sé, yo sólo escribo.

¿Qué final le vas a dar?, pregunta Renata. No lo sé. Tal vez que ustedes son yo y que yo soy ustedes o que Sara y Cheves regresan o que él la manda al carajo o que cerramos el bar y nos largamos todos de viaje. Escribe que nos irá bien, me dice. ¿Por qué?, pregunto. No lo sé: la palabra escrita tarda más en llevársela el viento... o el tiempo. Cheves, Bil y Serrano se acercan. Entonces qué, tocayo: ¿brindamos? ¿Por qué no?, respondo. Sonrío. Salud, les digo. Chocamos los vasos.

Concepción, Chile. 30 de julio de 2010

jueves, julio 29, 2010

deivis&cheves 38 final

David Chávez


Sara y Cheves salen de la oficina en silencio. Caminan hacia la terraza. Nos reunimos ahí. Escuchó poco, me dice Cheves. SAca un cigarrillo, nos ofrece la cajetilla, Sara y yo tomamos uno cada quien, encendido por Cheves. No escuché mucho, regresaré y veré qué más consigo averiguar, dice ella. Camina de vuelta a la mesa y de camino se encuentra con Moz. Ese cabrón me saca de onda, dice. No veo por qué. Parece que Sara y tú siguen igual de enamorados. No es lo mismo, dice. No es lo mismo, repite.

Suenan los acordes de una guitarra. Shilospiu sonríe. Bil y Serrano beben en la barra mientras Renata sale del cuartito del amor. Pixies, este cabrón puso a Pixies. ¿Qué tiene de malo?, pregunto. Lo miro, me fulmina con su mirada. Oquei, entiendo. With the feet in the air and your head in the ground you try this trick and spin it, yeah. Digamos que ahora sé lo que no quiero, dice. Suena el celular de Cheves. ¿Estás segura? Sí, ahora mismo les digo. ¿Avisaste a la policía? Perfecto. No, tranquila, no va a pasar nada.

Moz y Sara entran a los baños. Uno, dos, cuatro, seis tipos encapuchados entran. La gente grita. Tranquilos, por favor dejen sus celulares en la mesa, comenzando por usted, señora, le dicen a una mujer. Seis, revisa ese cuarto, dice el que parece el líder refiriéndose al cuartito del amor. Dos, ve a la cocina: quiero ver todos los celulares sobre las mesas. Todo listo, dice, regresando. Oquei, ahora al suelo, dice el líder.

Dénme sus celulares, nos dice un tipo armado a nuestras espaldas. Le damos los aparatos. ¿Hay alguien ahí? No, es la oficina y la bodega, digo. Tres, grita al que parece ser el líder, ok, Uno te cubre. El tipo al que se refieren nos encañona. El otro revisa la oficina y la bodega. Nadie intente nada, dicen. Todo bien, le dice al líder. Regresa a donde estamos. Avancen, nos dice. Caminamos hasta el baño, adentro, nos dice. Sara grita. No les haremos nada si cooperan. Tú, le dicen a Moz, ven con nosotros. Pueden usar sus teléfonos dentro de diez minutos, dicen. Encapuchan a Moz. Disculpen las molestias, son ustedes muy amables, dice. Salen, se lo llevan. Se escucha un chillido de llantas.

¿where is my mind?

Nos quedamos como si un terremoto hubiera sacudido el lugar. Acá, ayuda, grita un tipo. Hay un par de señoras histéricas, otro tipo más se desmayó. ¿Where is my mind? ¿Quién chingados eran esos?, pregunta Cheves. ¿Están todos bien?, pregunto. Bil, Serrano, ¿todos bien? Asienten moviendo la cabeza. Se sirven un par de tragos. Suenan varias sirenas y un crash a lo lejos. Luego disparos. Ovalle, el gobernador y Pedro llaman por teléfono. ¿Papá, estás bien? Sí, tranquilo. ¿Cómo está Sara? Estoy bien, dice ella, alisándose la ropa. Bil y Serrano corren a la calle.

Varios policías llegan. Un par de paramédicos entra a atender a la gente, otros se retiran, asustados. Los pocos que quedan beben tragos fuertes en la barra. I was swimming in the Caribbean. Bil, Serrano y Damiana entran al bar. Cheves, Renata y yo corremos hacia ellos. ¿Te pasó algo, estás bien? No mames, Cheves: la próxima vez tú los vas a detener. Sonreímos. Abrazo a Damiana. Te luciste, güey. Hey, ¿puede revisarla por favor?, le digo a un paramédico. Acaba de chocar. ¿Fuiste tú, Damiana?, pregunta Sara, sorprendida. Sí, había que detenerlos. Sólo atravesé el auto, quedó hecho mierda del frente, pero se detuvieron. Bajaron. Me hice la desmayada. Me duele el cuello, lo siento caliente, dice. El paramédico le coloca un collarín, la recuesta en una camilla dura y la sujeta. Se echaron a correr pero ya la policía los estaba esperando. Dispararon. Bil y Serrano llegaron por mí y me trajeron para acá.

Pedro, Ovalle y el gobernador se acercan. Muchacha cabrona, le dice don Benjamín. Te pudieron matar. Bueno, ahora les toca a ustedes, le responde. Tome, investigue qué agentes no vinieron. Serrano le extiende el celular al gobernador. Sirve que hace una pequeña limpia. Bil sonríe. Pensamos que Toño quería la zona, pero a él no le interesa, me lo dijo antes de irse a Estados Unidos, comenta Cheves.

¿Qué chingados hicieron?, pregunta intrigado Ovalle. Panóptico, contesto mientras saco un cigarrillo. Más patrullas inundan la zona, un par de balazos más suena. La luz de las torretas hace que desconozca el bar, como si fuera otra la iluminación, como si todos nosotros fueramos otros. Animals were hiding behind the rocks except the littel fish. Lo idearon las chicas. Todos vigilan a todos, dice Renata, le guiña un ojo a Sara, saca un cigarrillo, lo enciende y simulando una pistola hace como si le disparara.

En realidad, así funcionaba en Cancún, comenta Shilospiu. Todos los bares eran como uno solo. Cada uno de nosotros sabía lo que pasaba en los otros bares, quién podía entrar, quién no, quién causaba problemas, quién trabajaba para quién, qué quería cada cliente. Dónde, cómo, quién, a qué hora. Ya los atrapamos, dice un policía.

Todos cuidando de todos. El comandante Calixto, presenta Renata. El tipo saluda. Lo conozco, dice el gobernador. ¿Cómo está? Vengo a informarle: un policía fue herido, hay dos tipos muertos y el resto están heridos por el choque. Acá no se reportan más que casos de histeria y pánico, todo lo demás normal. Bien, espero el informe. Con permiso, dice, y se va.

El cabrón de Bil se sacó eso del panóptico: algo que había leído hace poco: un lugar donde todos veían a todos. El hecho de venir sin guardaespaldas prueba que no es gente de Toño. ¿Cómo lo saben? Way out in the water, see it swimmin'? Ni él ni su gente sabían que ustedes estaban sin guardaespaldas. Algo arriesgado, comenta Serrano, que se incorpora al grupo. Suena el celular de Renata. Sí, todo bien, tranquila. Te llamo luego, no no vengas. Cuelga. Mi tía: dice que están dando la noticia del tiroteo por las noticias. Me abraza. Cheves y Sara nos miran, luego se miran entre ellos. Esconden la mirada después.¿Y cómo fue que?, pregunta Ovalle. ¿Que los atrapamos? La gente los detuvo. Panópticamente, dice Bil, y sonríe. Try this trick and spin, yeah!

La zona es segura porque todos nos conocemos. Cada negocio, cada empleado. De a poco comienzan a entender. Además, si me perdonan, ustedes sirven más vivos que muertos, dice Cheves. Your head will collapse if there's nothing in it. Por eso la inversión. Bueno, el bar está funcionando, que es lo que cuenta, dice Sara. Se hace un silencio incómodo. Hablaremos después, dice Ovalle.

Por cierto… ese chico, al que se llevaron, venían por usted, responde Bil a la pregunta de Ovalle. Es una suerte que sean tan parecidos. Sí, así veo. A Ovalle no le cae bien la broma. Se despide de Pedro. Moz llegará más tarde, lo están revisando los paramédicos. Yo también me retiro, entonces, dice el gobernador. Ovalle se va. Me quedo, dice Pedro.

And you'll ask yourself where is my mind?



Concepción, Chile. 29/30 de julio de 2010

miércoles, julio 28, 2010

deivis&cheves 37

david chávez


Hay veces en que es mejor hacer lo que tienes que hacer, lo poco que sabes hacer. Lo único que sabes hacer. Ovalle y Pedro se levantan y van hacia la mesa en que don Benjamín y el gobernado platican, se saludan, se sientan, continúan platicando. Esto es raro, muy raro, me dice Bil. ¿Por qué? No hay guardaespaldas, dice. No creo que los necesiten, digo. Aquí hay gato encerrado, David, te lo digo yo. Será. Sé de alguien que sí necesitará guardaespaldas. Bil se vuelve. La miramos entrar por la puerta principal, deslumbrante. ¿Quién es ella? Sara, digo. En un instante Cheves me mira, mantiene su vista y yo alzo las cejas. Él me interroga con la mirada, le indico que se dé la vuelta, está a punto de colgar, baja su brazo, el celular, gira y antes que logre voltear ella le cubre los ojos con las manos.

Ya valió madre, digo. Tiro lo que queda del cigarrillo y entro a saludar. La famosa Sara, escucho a mis espaldas. Bil termina su cigarrillo y vuelve a la cocina. ¡Hey, David, los dos, qué gusto verlos! Igual, digo, al tiempo que saludo. ¿Cómo estás? Mírala, cómo va a estar, dice Cheves. Un raro fulgor tiene en los ojos, como si estuviera mil veces a la defensiva. Algo raro en él. Vaya, tienen bar lleno. Así es. Oh, este es Moz. Un tipo alto, mucho más alto que Cheves, parecido en extremo a Ovalle -ojos verdes, pelo ensortijado, rubio, tez morenaextiende su mano derecha, casi tritura la mía y pone la sonrisa más imbécil que he visto en mi vida. Me habían hablado mucho del bar, sólo que no había tenido tiempo, hasta ahora, para darme una vuelta, le explica a Cheves con su voz tan alta como para que yo también logre enterarme mientras acompaño a Moz. No te preocupes, les encontraremos un lugar. Esperen acá. Es la mesa de amigos. ¿Qué tiene de malo esta? Está reservada. Cheves y yo nos miramos: Bil acaba de salvar a David.

Discúlpennos. Apenas avanzamos él y yo cuando Sara ¡oye, allá está tu papá! Voy a saludarlo mientras encuentras mesa. Ninguno logra evitar que Sara interrumpa la charla entre Ovalle, Pedro, el gobernador y don Benjamín. Claro que me acuerdo de ti, mi niña, le dice y la presenta al resto de la mesa: los tres la miran como lobos al cordero. Son unos perros, ¿y tú no?, le digo a Cheves. Olvídalo. Necesitamos saber de qué putas hablan esos cuatro. Algo va mal, algo me dice que nos va a cargar la chingada y que no tenemos ni puta idea de cómo será. Tranquilízate. ¿A quién le llamas? Espera. Presiono el botón, la llamada se enlaza. Sara se disculpa, da un paso al costado, hurga en su bolso y saca su celular. Ingéniatelas, pero tenemos que saber de qué chingados están hablando en esa mesa. ¿David? Me mira, interrogante, no entiende nada. Urge. Está bien, responde. Cuelga. Camino casi arrastrando a Cheves a la oficina. De camino le digo a Renata dale algo al tipo ese, Moz, se llama. Ubícalo en alguna mesa: Sara se va a tardar. ¿Sara está acá? Hablando con don Benjamín. Pone cara de Mierda, esto no me lo pierdo por nada, y sale casi corriendo a la barra. La famosa Sara, dice Bil.

Cierro la puerta. Eres un cabrón. Espera. ¡No espero una chingada! ¡Tú sabías, tú tienes el número de Sara y me lo estuviste ocultando todo el tiempo! Mejor te lo digo de una vez. Llamo nuevamente, ven un poco, hay que aclarar las cosas. Cuelgo. Shhh, cierra los ojos. Cheves obedece, escucha cómo se abre la puerta de la oficina, escucha entrar de nuevo un poco de silencio cuando se cierra y repite eres un cabrón, son un par de cabrones, recabronsísimos cuando escucha la voz de Renata contarle lo nuestro. Y me lo negaste, me dice, abriendo los ojos. Sonríe. Renata se carcajea, ¿qué, pendejo: pensaste que David y Sara?, jajajajea y me abraza. Estás sudando, pinche Cheves. Y no es para menos. Falta saber quién es ese cabrón. Salen juntos, nada serio, no tiene planes de formalizar nada, no te preocupes, le contesta Damiana. Le pregunté, dice, antes que Cheves se lo pregunte. Mi celular suena. En el baño, dile a Cheves. Tienes que ir, le digo mientras cuelgo. ¿Dónde? Los baños. Ten cuidado, actúa natural. Asiente con la cabeza mientras sale. Un poco de música se cuela a la oficina.

Me preocupa que alguien venga y pase algo, me dice Damiana mientras enciende un cigarrillo y levanta el auricular del teléfono. ¿Algo como una balacera, que arrojen una granada y muramos todos? Ajá, dice. Pulsa los botones. También me preocupa Cheves. Estará bien. ¿Tú crees?, dice. La última vez ella lo hizo mierda. Tardó dos años en recuperarse y no lo veo del todo repuesto, agrega, hola, ¿cómo sigues? Sí, todo bien. Me levanto y enciendo un cigarrillo. Me siento en el escritorio y espero a que termine de hablar. Cuelga, me besa en la mejilla. Está mejor, me dice. Todos vinieron sin guardaespaldas. Por eso me preocupa. No pasa nada. Eso espero. Cheves entra, Sara lo sigue. Parece que ya sé lo que se traen. Sara sonríe, hola, dice, y saluda a Damiana. Vaya, parece que quien estuvo ausente fui yo, dice Cheves, molesto. Vete a la mierda, Sara le pinta un dedo, enciende un cigarrillo. Don Benjamín me comentó algo. Damiana pliega sus labios hacia dentro de su boca, ocultándolos, mientras alza las cejas, me mira y mueve los ojos en dirección a la puerta. Ustedes tienen que hablar, digo. Yep, Damiana se levanta. Cheves protesta, Sara igual y salimos. Los dejamos adentro. Damiana cierra con llave, da una vuelta, regresa la llave a su posición original. ¿No pensabas encerrarlos?, le pregunto. Ni siquiera se darán cuenta de que no tiene llave, dice. Ven, vamos a trabajar, me dice, y me agarra una nalga. Me sonrojo.

Concepción, Chile. 28 de julio de 2010.