viernes, agosto 24, 2007

Me motiva. (segunda parte)


Programa de Apoyo al Desarrollo Artístico Aprobó 36 Proyectos

http://www.diariodecolima.com/?Fecha=08/21/2007

•Se destinaron dos millones de pesos •Los proyectos fueron elegidos por su viabilidad e impacto artístico y cultural

Rosalba Nava Chagollán

El Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico de Colima, Feca 2007, aprobó 36 propuestas para esta emisión; esto, con un monto total de dos millones de pesos, invertidos de manera bipartita por el gobierno de Colima a través de su Secretaría de Cultura y el Conaculta por medio de su Dirección General de Vinculación Cultural.

Lo anterior fue dado a conocer mediante un rueda de prensa encabezada por el secretario de Cultura, Rubén Pérez Anguiano, quien dio los pormenores del programa.Se dio a conocer que los proyectos fueron elegidos por su viabilidad e impacto artístico y cultural en la población, de un total de 81 propuestas que fueron recibidas este año, a diferencia del 2006 en que se tuvieron 78 participantes, lo cual da muestra del interés que ha ido en aumento en dicha convocatoria, considerada por la comunidad artística como una oportunidad de obtener financiamiento para desarrollar su trabajo y darlo a conocer en diferentes espacios del estado.


Pérez Anguiano, que estuvo acompañado por la directora de Vinculación con Estados, Yolanda Orozco, informó el dictamen final y la aprobación de dos recursos más del total del Feca para la creación de un Fondo Editorial de apoyo a quienes presentaron propuestas de publicaciones y no fueron seleccionados en la convocatoria, así como un Fondo para Promoción y Difusión de Exbecarios que permita fortalecer la continuidad de sus proyectos.

Cabe mencionar que para la emisión 2007 del Feca las becas fueron de 30 a 50 mil pesos según su impacto en la población y comenzarán a producirse en septiembre con un plazo máximo de un año, resultando seleccionados en la categoría de Jóvenes Creadores, los proyectos de Alfredo Hermosillo López con el ensayo “La sonrisa desdichada, literatura rusa a través del humor”; Alma Isela Méndez Trujillo con la serie de video “El cuerpo en la pantalla”; César Gabriel Burgos Salcedo con la instalación plástica “Péndulos, condenas exquisitas”; David Alva González con el taller “Cuicaitoa, entonándonos con nuestros instrumentos musicales”; Edna Karelia Amezcua Fletes con la obra “La batalla de los monstruos y las hadas y faldas largas”; Eleazar Cortés Pérez con “Nueva música de cámaras”; Enrique Omar Torres Alvarez con el proyecto de arquitectura “Pop. diseñando una fusión de cultura” y Esteban Anastasio Cadena Gallardo con “El actor, síntesis de la expresión humana”.

En esta misma categoría resultaron beneficiados José Luis Juanes Gómez con “Danzón, sublime adicción”; Luis Cristóbal Barreto Heredia con “El mandril, novela virtual interdisciplinaria”; Luis Ernesto Delgado Ceballos con “Horizontes de esplendor prehispánico, gran juego de astros”; Mariana Gómez de la Mora con el guión cinematográfico “La sotana voladora”; Marisela Becerra Verduzco con “Colimografías, objetos que se leen, literatura que se toca”; Rosa Nélida López Hernández con el poemario “Efectos de la lengua triste”; Sandra Paulina Hernández Gallardo con “La formación multidisciplinaria” en las disciplinas circenses y Víctor Ibarra Cárdenas con la obra para clarinete y guitarra “Walkers by the sea”.

En la categoría de Coinversión, fue aprobado el proyecto “La manzana de Newton, laboratorio infantil de arte y ciencia” de Mireya Sarahí Abarca Cedeño, mientras que en la de Creadores con Trayectoria, recibirán beca Alejandro Vera Avalos con la propuesta de danza contemporánea “El bailarín integral de Colima”, César Anguiano Silva con la novela “El relato de los artistas mellizos”, Davide Arena Perino con el cortometraje en video “El vuelo de Aura”, Eliseo Enciso Dolores con la composición musical “Al compás de los columpios” y Jaime Velasco Chávez con el montaje unipersonal “Pessoa”.

En la categoría de Difusión del Patrimonio Cultural se apoyará a Abraham Elías López con “Colima prehispánica, tierra de flautas”; Angel Iván Salcedo Gómez con “El otro Colima, un recorrido visual”; Ernesto Cortés Medina con “Lo escrito por este revolucionario”; Georgina Navarro Núñez con “Recuperando la historia de la danza en Colima”; José Antonio Amador Ramírez con “¡Ya no me mates!, animales de Colima”; Laura Patricia Carbajal Berber con “Los arrozales germinaron cultura colimota”; Liliana Márquez Orozco con “Juegos y juguetes tradicionales de Colima”; Miguel Angel Alatorre Alvarez con “Regresando al pasado, transcripción de acervo musical” y Patricia Eugenia González Sánchez con “Taller de afinación para formar melómanos”.Finalmente, en la categoría de Grupos Artísticos se apoyará con un monto económico a César Marcelino Granados Barba con “¡Al son que me toquen bailo!”, Claudia Denet Castellanos Sánchez con “Apariciones, danza experimental de Colima”, Humberto Gazpar Osorio con “Tragedias sucedidas en Colima”, José Alberto Moreno con “Colima y su historia a través del son” y Luis Manuel Cernas Alvarez con “Cantarte para Colima”.

Las categorías Empresas Culturales y Publicación de Obra, fueron declaradas desiertas por la Comisión Técnica, debido a que los concursantes no reunieron los requisitos pertinentes.

El jurado estuvo integrado por dos especialistas de Querétaro y uno de Colima en cada disciplina artística; así pues, en el área de Letras participaron César Cano Basaldúa, Hugo Hernández Rodríguez y Jorge Vega Aguayo; en Música, Laura Chávez Blanco, Marta García Renart y Miguel Angel Igartúa Olver; en Artes Escénicas estuvieron Pamela Jiménez Draguicevic, Alma Rosa Martín Suárez y Francisco Lozano Moreno, además, en Artes Visuales intervinieron Jordi Boldó Belda, Víctor Caoduro y Jonathan Aparicio, mientras que en Patrimonio Cultural las decisiones fueron tomadas por José Rodolfo Anaya Larios, Guadalupe Zárate Miguel y Adolfo Gómez Amador.

Entrevistarán psicólogos a reconocidos escritores en la UNAM

va...

Entrevistarán psicólogos a reconocidos escritores en la UNAM

http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2007/08/23/entrevistaran-psicologos-a-reconocidos-escritores-en-la-unam

Notimex / La Jornada On Line

Xavier Velasco, Rosa Beltrán y Gonzalo Celorio, entre los literatos que irán al diván público.

México, DF. Especialistas en psicología entrevistarán a los escritores mexicanos Rosa Beltrán, Gonzalo Celorio, Ignacio Padilla, Rosa Nissán y Xavier Velasco, como parte del ciclo “Psicología y Literatura”.

Este acontecimiento tendrá lugar en el auditorio “Luis Lara Tapia” de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, del 6 de septiembre al 25 de octubre.
La finalidad del ciclo consiste en promover la lectura de la narrativa contemporánea mexicana entre los estudiantes, así como profundizar en la relación entre la obra literaria y esa disciplina social.

Organizado por la Dirección de Literatura y la Facultad de Psicología de la máxima casa de
estudios, este encuentro entre especialistas y narradores funcionará también como taller.

En éste se involucrarán los alumnos de esa facultad, quienes serán invitados por sus profesores a leer con anticipación las obras de dichos escritores.

Rosa Beltrán, quien nació en la Ciudad de México en 1960, estudió Letras Hispánicas en la UNAM y cursó el doctorado en Literatura Comprada en la Universidad de California. Fue subdirectora de La Jornada Semanal y en 1992 obtuvo el reconocimiento de la American Association of University Women, por el valor de su obra. Ha publicado los relatos La espera (1986) y Amores que matan (1996), el ensayo América sin americanismos (Premio Florence Fishbaum 1997) y la novela La corte de los ilusos (1995), con la que obtuvo el Premio Internacional de Novela Planeta/Joaquín Mortiz.

Por su parte, Gonzalo Celorio nació en la Ciudad de México en 1968 y cursó la licenciatura en Lengua y Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes. Además es editor, ensayista, narrador y crítico literario. Fue director de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y de 1989 a 1998 fue coordinador de Difusión Cultural de la UNAM y de 1998 a 2000, fungió como director de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma institución. Asimismo, es miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua.


Ignacio Padilla, quien también es originario de la capital del país, nació en 1968. Es licenciado en Comunicación por la Universidad Iberoamericana, doctor en Literatura Inglesa por la Universidad de Edimburgo y en Literatura Española e Hispanoamericana en Salamanca. Fue agregado cultural de la Embajada de México en la Gran Bretaña (2001-2003) y entre sus principales obras destacan: El año de los gatos amurallados (1994) y Las tormentas del mar embotellado (1994), entre otras.

Nacida en la Ciudad de México, la escritora Rosa Nissán se dedicó profesionalmente a la fotografía y a la realización de audiovisuales. Entre sus escritos destaca Novia que te veo.

Finalmente Xavier Velasco nació en esta ciudad en 1964. Obtuvo el V Premio Alfaguara en 2003 por su novela Diablo Guardián y escribió durante 16 años en el suplemento "Sábado”, del periódico Unomasuno. Es autor de los libros Una banda nombrada Caifanes (1990), Cecilia (1992) y Los hijos de Ziggy Stardust (publicada inconclusa por entregas) (1995), entre otros.

jueves, agosto 23, 2007

De prisa... II

david chávez

Es tarde, te has despertado tarde, muy tarde. Llegarás tarde. Lo sabes. ¿Llegarás a tiempo? Llegarás tarde, muy tarde, demasiado tarde (¿cuándo se sabe cuándo es demasiado?). Habrá un llamado de atención, tu jefe se molestará, podrías perder el trabajo. Piensas en lo que debes hacer. Bañarte no, desayunar tampoco. Deberás subir al auto y acelerar, queriendo relativizar el tiempo perdido, el tiempo ido, las horas consumidas de sueño, bailadas, bebidas unas horas atrás, fumadas para luego besarla, ir a su casa, coger y salir de vuelta a casa a intentar dormir algo.


Y estarás en la carretera pensando en todo eso, en que es tarde, muy tarde. Casi rezando porque el tráfico no te impida llegar a tiempo. Unos minutos, tan sólo unos minutos de tolerancia, insuficientes para tu jefe. Perderás el trabajo, te quedarás sin dinero, deberás buscar otro empleo. Y si te perdonan este retraso entonces juras que no volverás a llegar tarde, no tan tarde, que no irás con ella, quien quiera que sea, que te invite a su casa después de bailar, que cogerás más temprano, y pisarás el acelerador para rebasar el camión de pasajeros delante tuyo, verás el camión y parte de su carga: autos último modelo, que viene de frente, te darás cuenta de tu error y morirás prensado, ni duda cabe.

"¿En qué piensan aquellos que por una mala decisión, como rebasar, terminan condenados a muerte? ¿Qué piensan antes de morir?", piensas. Giras en tu cama, inquieto. Levantas el teléfono celular del suelo. Marcas un número. Cuelgas. Decides que será más verosimil llamar desde casa. "¿Hola? ¿Lupita? Mal, ¿puedes decirle a Don Fernando que estoy enfermo? Gracias, hasta luego". Cuelgas. "¿En qué piensan aquellos que por una mala decisión, como rebasar, terminan condenados a muerte? ¿Qué piensan antes de morir?", piensas. Nunca se llega tarde a la hora de la muerte.

martes, agosto 21, 2007

A manera de agradecimiento

david chávez

El señor que plantó el árbol de naranjas nunca se imaginó que pudiera estar en casi toda la ciudad, al mismo tiempo, mucho menos pudo saber que ese carácter omnipresencial lo obtuvo después que todas aquellas personas a las que les regaló uno de esos cítricos no tan cítricos, sino más bien dulzones, como era su carácter, acudieron a casa de su viuda para pedirle que por favor señora, dénos tantitas de sus cenizas, mire que era un señor muy bueno y yo quiero que vea que planté las semillas de las naranjas que me regaló. Y así fue.

domingo, agosto 12, 2007

La guerra de los mundos (o "la venganza es dulce")

Interrumpimos la transmisión texticulera para informarles que se avecina una nueva guerra de los EU contra las garrapatas; cuiden a sus perros, los gringos la emprenderán contra ellos.

http://www.milenio.com/index.php/2007/08/10/105242/

George Bush fue picado por una garrapata

El presidente de los Estados Unidos de América fue picado por una garrapata, causándole una infección, la cual tiene como principales síntomas las erupciones en la piel, fiebre y dolores de cabeza y musculares.

La enfermedad de Lyme es una infección provocada por la bacteria Borrelia burgdoferi que
habitualmente se transmite a humanos a través de mordeduras de garrapatas y que es común en las zonas rurales de Estados Unidos.

Además de esta enfermendad, Bush también sufrió sinusitis, otitis y episodios de vértigo provocados por una infección viral durante el año pasado, aunque éstas “no tuvieron mayores complicaciones”, según informes de la Casa Blanca.

miércoles, agosto 08, 2007

lento_amargo_animal.jaime_sabines.david_chavez.wiki.htm3

huiquihomenaje a Jaime Sabines


lento, amargo animal
¿qué es hoy? ¿qué es i do?
Ah, Margo, desde el nudo de polvo y malaguas (aviento)
que en la primera degeneración del hombre pedí a Dios.

Ah, Margo, como esos miles cereales amargos
que en las noches de exacta soledad —maldita y arruinada soledad, pinche soledad, puta soledad, perra soledad, culera soledad, pinche tía Chofi, sin uno mismo—
trepan a la garganta
y, costras de silencio, a
sfixian, tosen, cogen, carraspean, matan, resucitan.

Ah, Margo, como es a vos, amarga,
prenatal, presubstancial, que dijo
nuestra palabra, que anduvo nuestro camino,
que murió nuestra muerte,
y que en todo momento descubrimos.

Amago desde dentro,
desde el palindroma no soy o son,
—mi piel como mi lengua, sin pelos—
desde el primer vi vientre, anuncio y policía.

Lento desde hace siglos,
control remoto —nada hay detrás—,
lejano, lejos, descosido.

Lento, a Margo, animal
que es hoy, que es ido.

greguería simple

david chávez

Edward Norton es el antivirus de Joligud.

viernes, agosto 03, 2007

de prisa...

david chávez

te saluda... estás mirando la calle, desde la ventana que has abierto hace unos minutos. pasa cantando por lo bajo una canción de sabina "aprender a ser malo y fugitivo" y atina a decir buenas tardes mientras deseas tener un cigarro entrelabiado. mueves la cabeza, asintiendo, largamente al ir hacia abajo; sigues con la mirada los ojos, el saludo, y se lo respondes de esa forma. esbozas lo que parece ser una sonrisa complice.

si pudieras cortar la luz lo harías como el frío de la madrugada. "preferís la navaja a la pistola" escuchas a manera de despedida y asientes con los ojos. eliges, sacando de tu bolsillo la mano derecha, tamborilear con los dedos sobre la mesa, haciendo bailar la navaja. piensas en la muerte del día, descuartizado, en su muerte lenta, en el trabajo sobre el facón, el gaucho borgeano y el puña de los cuchilleros de 1830, del boom de la ganaderia en la argentina con irigoyen cuando optas por cerrar la ventana. decides tomar una cerveza que bebes al tiempo que orinas larga, iluminadamente. te lavas la cara y sales del baño después de mirarte al espejo.

te pones a pensar en qué es tener prisa, en por qué existe la prisa, qué es la prisa. y escribes estas letras para que no se te olvide retomar el tema en otra ocasión, cuando otras cosas no desvién tu atención del tema. bostezas. miras nuevamente hacia la calle. suspiras. escribes esto y cierras los ojos. tal vez cuando despiertes tengas las respuestas. queda pendiente explicar la presencia de la pistola, la elección de la navaja, el uso que le darás a la navaja. ¿qué importa?, te dices. nadie leerá esto, escribes. te recuestas en la cama. cierras los ojos. más tarde continuarás. no hay prisa, te dices. no hay prisa, repites. no hay prisa... y si la hay... ¿de qué hay prisa?

viernes, julio 27, 2007

“y la prosa, como la verdad, os hará libres…
a cambio de la sonrisa en vuestras caras”.

Marl Debroxi

pinches patos*

david chávez

Sintió un ardor en el hombro, así, de repente. Gritó quejándose por una herida que una bala le había hecho en el hombro. Eduardo, su compañero de cacería, volteaba a todos lados para ver quién había sido el autor del disparo, pero no lograba dar con el responsable. Armando comenzó a quejarse:
-Puta, me duele un chingo.
-No te muevas.
-Cabrón, me duele...
-Aguántate, no tienes nada, es un rozón nomás.
-¿Rozón?, ¿Rozón? Casi me vuela el brazo, ahhh, ¡puta madre!...
-¿Qué sientes?
-Ahh, me arde, como que me quema, ahhh, me arde un chingo...
Mientras Armando se quejaba de la herida, Eduardo busca con la mirada al autor del disparo.
-No hay nadie más aquí... chingada madre ¿Quién habrá sido?
De repente escuchó otra detonación. Armando volvió a quejarse y Eduardo se dirigió hacia él pensando en que el segundo disparo iba dirigido a su compañero. Silencio.
-Armando, ¿Armando, todavía estás vivo?
-Puta madre... no mames, qué pregunta, claro pendejo. Me estoy desangrando... ¿Qué chingados hacías allá, no escuchaste que volvieron a disparar?
-Estaba buscando al que nos dispara...
-Nada más te estabas haciendo pendejo... Ahhh, ya vámonos cabrón, que me estoy muriendo.
-Levántate...
-¿Levántate? ¿Qué no me estás viendo? ¡Ayúdame güey!
-Ándale pues, párate...
Ambos se levantaron para caer de nuevo al escuchar cuatro disparos más.
-No veo a nadie...
-Yo tampoco... ¿Quién será?
Graznidos que lejos de serlo parecían carcajadas. Armando y Eduardo miraron hacia arriba. “Pinches patos...” dijeron, y las aves jalaron del gatillo.

*creo que este fue el tercer cuento que publiqué y el primero publicado a nivel nacional, chale era un mocozuelo! en el universo del búho, de rené avilés fabila

la madrugada

david chávez

Yo… no sé. Serían acaso las tres o cuatro de la madrugada cuando escuché ruidos y música ranchera. Salí al patio. Vi luces a lo lejos que tal vez completaban el cuadro de hombres discutiendo que imaginé. Escuché los disparos. Debieron provenir de ese lugar. Yo… no sé: sólo recibí cuatro balazos y un perro ladró.

final de cuento

david chávez

Creíamos serlo todo. Creíamos tenerlo todo. Creíamos escribirlo todo en esas tertulias que se desarrollaban ya en casa de Joy, ya en el depa de soltero que la madre de Rubens pagaba y que acompañábamos con güisqui robado de la cava del padre de Fernando.

Embriagado por el éxito (Podría preguntar irónicamente y sonreír cuando dijera, les dijera, me dijera a mí mismo: ¿por qué otra cosa podría ser?) de mi primera minificción alguien deslizó la idea: "conozco a un joven escritor, vive en Toluca, vamos a buscarlo. Publica en el suplemento Arena. Apellida Chimal. Quizá pueda publicar tu historia".

Se aprobó la propuesta. Todo mundo abordó los dos autos. En el de Jordi íbamos Marcela, el dueño del carro y yo. En el de Joy, en la cajuela, echamos las cosas, las mochilas, las libretas, serían la avanzada... después de la curva Jordi nos advirtió, alarmado: "¡David, David, los textos, tu cuento, tu cuento!". Marcela marcó al teléfono celular de Joy para que se detuviera y así fue. "¿Por qué hay tanta tierra?", "¿Dónde están los cuentos, los textos, las letras?", "¿Qué fue lo que escribiste en tu libreta?", me interrogaron.

"Escribí que los cuentos que escribo se hacían realidad. En uno de ellos un grupo como el nuestro iba en busca de un escritor para mostrarle sus cuentos. Camino a casa del escritor los textos se convertían en tierra", les expliqué.

"¿Y cómo termina?", me preguntaron a coro. "No lo sé", dije. Antes de que Marcela y yo comenzáramos a llorar por el texto perdido les confesé que el cuento estaba precisamente en la cajuela del carro de Joy, junto con el texto recién escrito hacía unos minutos...

el del fin

de Tristan Bernard*...

Un hombre colecciona niños, legítimos, ilegítimos, de un primer matrimonio, de un segundo matrimonio, adoptivos, recogidos, bastardos, etc. Un día da una fiesta en la que los reúne a todos. Un amigo cínico le dice entonces: “falta uno”. El coleccionador angustiado le pregunta: “¿cuál?” “El hijo póstumo”. Después de lo cual el hombre pasional le hizo un hijo a su mujer y se suicidó.


*jean baudrillard.(2004). el sistema de los objetos. siglo xxi editores.18ed. francisco gonzález aramburu traductor. p. 111.

lunes, julio 09, 2007

Y sigue el huiqui dando...


andrés_noé_lópez_obrador.luis_gonzález_de_alba/david_chávez.wiki.hmt3
(obtenido de la red mundial de información el 09/07/07 de http://www.milenio.com/mexico/milenio/firma.php?id=527271 a eso de las 10:22 horas)

Noé López Obrador. Y buscó Noé diez justos para que Dios cancelara la función del Diluvio Universal. Y diez justos no hubo. Entonces buscó tres. Y tres no hubo. Uno, pidió el Señor. Y no hubo un justo. Cayó el Diluvio. Noé López ha buscado diez corruptos que vendieron su alma ciudadana en las casillas del 2 de julio y dieron por buenas actas falseadas. Y diez no encuentra. Busca tres, busca uno, con nombre, apellidos, cantidad recibida. Y no encuentra uno...

domingo, julio 08, 2007

No te enamores de mí*

david chávez

Te lo voy a decir nada más porque eres cuate, porque te tengo un buen de confianza y sé que para guardar secretos eres una tumba, ¿Ok? La conocí cuando aún tenía la costumbre de andar solo por las calles. Desde que iba a su casa ya no hago eso. Llegaba a su casa y la esperaba abajo, fumando, hasta que ella salía. Se llamaba Ananke. Entonces yo apenas tenía veintiuno, ¿te acuerdas? Y ella había cumplido diecinueve años.

Esa noche salimos en su auto. Uno café, ¿no te subiste una vez que nos dio aventón hasta casa del Carlos? Bueno, llegamos a la gasolinera con un par de cervezas y platicábamos de las broncas que ella tenía con su mamá. Me dijo que no se sentía bien en su casa. De la señora seguro te acuerdas, ¿no, Oswaldo? Sí, es una güerita, de buen cuerpo, con el cabello medio lacio, esa que creíste era hermana de Ananke... ándale, esa misma.

Pues la verdad que nunca me dijo que Ananke traía esa broncas. Total que nos fuimos al bar, a
ese que estaba por la Villa. Ahí estuvimos como dos horas y yo todavía estaba pensando en lo que iba a regalarle al otro día, el catorce de febrero. Claro, con tanta lana nomás dime: ¿A qué mujer puedes darle algo mejor de lo que tiene?... exactamente, y ahí me tienes, pensando como pendejo en algo bien, algo medio fresa para que combinara con su forma de ser.

Salimos del bar y me dijo que se sentía algo mal. Cambiamos de asiento y me llevé el automóvil hasta el rey Coliman, por donde inauguraron las oficinas del periódico. Ahí mero. Y me estaciono, la miro y me doy cuenta que tenía la mirada fija, así, como si estuviera ausente.

La verdad, Oswaldo, me imaginé todo menos que pudiera estar muerta. Su mamá dijo que había sido un paro cardiaco. Fui su primer novio, así, formal. Bueno, Ananke siempre me decía eso, y que nunca me fuera a enamorar de ella. Imposible.

“No te enamores de mí”, me pedía. Y luego se sacaba la ropa, comenzaba a desnudarse, siempre, siempre diciéndome: -“No te enamores de mí”. Su carita se le ponía roja cuando me le quedaba mirando, con mi cigarro en la izquierda, siempre en la mano izquierda.

Y ella me decía mientras hacíamos el amor, mientras domábamos el sillón de la sala, mientras la tocaba, recorriendo con mis manos su piel delicada en la que dejaba mi olor a cigarro: -“No te enamores de mí.” Pero ¿Cómo no enamorarse de ella, Oswaldo? ¡Dime!

Sí, sí la extraño. Me quedé con el regalo y lo guardé hasta cuando bajaban el ataúd. Lo abrí y lo dejé caer sobre su féretro. ¿Qué era? Eran las cenizas de los cigarros que fumé mientras la esperaba fuera de su casa.

Antes que su corazón fallara se despidió. Fue como amarla. Esperó tanto para tan poco. Esperó mucho. Disimuló, intentó ser racional, pero no aguantó. Terminó acostumbrándose a esas tardes en el bar, al sillón de la sala, a su auto que fue testigo de su último gesto de placer, de una mueca nada más. Un gesto. Lo esperaba pronto pero ¿sabes una cosa, Oswaldo? Ella siempre me decía:

-“No te enamores de mí...”



*si mal no recuerdo este cuentillo fue el primero que publiqué. años atrás, claro. que les sea leve y no, no es autobiográfico.

que llueva tierra (gud versión)

concepción, chile. siete de junio de dos mil siete.
(a eso de las 16:30 horas)



David Chávez

En el cielo también existe el polvo. Las nubes blancas son el aire reflejado, vuelto visible, hecho realidad. Son las nubes oscuras las que enturbian la vista, el azul barrido por el sol y el viento. Cuando esas nubes sucias, cuando ese polvo se junta en el cielo, se oscurece más; entonces nos enterregamos de lluvia. Misticismo de la naturaleza que hace llover tierra en forma de agua. El granizo son las pequeñas piedras que hay entre ellas.

miércoles, julio 04, 2007

recomendeishion Pare de sufrir (por el periodismo)

Acá el buenazo de Eduardo Huchín nos da unos tips para aquellos pobres menesterosos, hijos de la reverenda ignorancia que, perdónanos padre, pero no sabíamos para lo que estudiábamos (si alguna vez alguien estudió para aprender a hacer una nota (perdón por el paréntesis en el paréntesis pero ya ni la recontrachingan) y se dedicó a puro entrevista banquetera).

buenísimo.

Tú si nos entiendes Eduardo.

Pd. Vivan los editores, correctores de estilo y traductores de lenguas y sintaxis incomprensibles!

Pd2. agradezco al señor santo milagroso por permitirme escapar por unos años de las garras de ese pseudo.cuasi.loqueseaquehayasestudiadoenelIteso.que se sentía mi jefe y que jamás diosito santo lo permita por los siglos de los siglos lo azoten con una tea ardiendo para que se te quite de andar discutiendo estupideces y obviedades hijo de tu rep*t*s*m*a*m*d*e me cae!


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Pare de sufrir (por el periodismo)

“El periodismo es una profesión de riesgo”, había dicho el profesor Valdez, a quien sus alumnos de la escuela de comunicación apodaban “el Loco”. “Y el mayor peligro no es que te censuren o te amenacen sino que nadie intente siquiera cooptarte. Eso sí que es deprimente. Eso significa que no representas nada para los poderosos, que tu opinión no vale y que tus páginas editoriales sólo sirven para envolver pescado fresco”.

El grupo de terapia para periodistas había iniciado como un círculo de amigos que se emborrachaban para compartir los gajes del oficio. Poco a poco, los integrantes pasaron de las confesiones profesionales a las personales y de ahí de nuevo a las profesionales, pero en su variante más patológica: la del periodismo que afecta la vida personal.

“Es auténticamente terrible”, confesaba J. T., editor de una página de Espectáculos, Sociales y Cultura, “todo el tiempo veo mujeres que no puedo poseer. En las notas sociales es peor, porque se trata de chicas tan cercanas y a la vez tan inaccesibles, novias de jóvenes priistas y de futuros funcionarios; ricas, pedantes, cuyas miradas llegan a ser letales. Terrible, en verdad, terrible. La única parte que me reconforta es la de Cultura, donde todos son feos e inofensivos”.

El psicólogo Alavez nos escuchaba a todos con paciencia y fe. Había formado el grupo después de recibir llamadas a la medianoche de correctores de estilo que no podían leer las recetas médicas sin encontrarles errores ortográficos.

“Yo soy reportera, aunque ahora ando desempleada”. Sonia había reporteado por cinco años antes de quedar en el limbo. “Ahora que no tengo trabajo, me he dado cuenta que viví demasiado tiempo entre funcionarios y compañeros del gremio, de una fuente a otra, de una rueda de prensa y al banderazo de un programa. ¿No saben lo que eso significa? ¡Que me he quedado sin vida social!”.

Sí, la recuerdo bien, en todo momento se quejaba de no tener tiempo libre; ahora que lo tenía, no sabía qué hacer con él.

“¡Exacto!” La palabra en este instante era de María Luisa, que había dado notas por ocho años, antes de terminar trabajando en el área de Comunicación Social de una dependencia. “Yo lo he sentido. Es una especie de… cómo explicarlo… ¡reporteropausia! Ésa es la palabra. Sientes que le has dado tus mejores años a un solo periódico y luego éste no tiene empacho en darte una patada en el cuaderno de notas (que guardas en el bolsillo trasero del pantalón) y empezar a buscar a reporteras jóvenes, que calmen sus ansias de noticias”.

“Claro, claro”, respondió de nuevo Sonia. “Como ya sospechas sus intenciones, empiezas a convertirte en una buena chica. Arreglas tus notas, buscas sinónimos, incluso ya no copias boletines, pero al maldito diario ya no le interesa eso, él sólo busca la novedad, el texto ocasional, los contratos por un mes”.

El doctor Alavez apuntaba todo en una libreta con una rapidez extraordinaria, sobre todo porque también él había trabajado de periodista en alguna etapa oscura de su vida. “Déjenme entender”, intervino el psicólogo, “¿En la reporteropausia, el reportero entra en una depresión porque no se siente capaz de satisfacer al diario que la ha mantenido por tantos años?”

“Sí”, respondió con prontitud Sonia.

“Pero es algo más complejo”. En esta ocasión, la voz era de Viridiana, quien estaba saliendo de una relación tormentosa con un medio. “Hay mucha inseguridad y dudas, sobre todo cuando te encadenas con un periódico, saliendo de la carrera. Tu mamá te dice: ‘Busca un diario estable, con muchos años de experiencia’, mientras tus amigas te aconsejan: ‘Lo mejor es probar, unos meses acá, unas semanas allá. Esto del free es lo de hoy’. Entonces la reportera entra en un conflicto, pero decide hacerle caso a su mamá. ¿Y qué sucede? Que el diario estable, medio maduro y de muchos años, después de mantenerte esclavizada por algún tiempo te dice: ‘Nena, ya no siento que rindas lo mismo’ y ¡ni siquiera te indemniza!”.

Unos lloriqueos empezaron a escucharse. “¿Y la violencia, han hablado acaso de la violencia?” Ésta era Estela, que se secaba las lágrimas, mientras tomaba fuerzas para referirse a su propia experiencia. “¿Han hablado de nuestros ojos rojos de tanto tiempo en la computadora? Y ¡claro!, lo moretones por andar cubriendo las protestas en el palacio de gobierno o los desalojos de vecinos invasores. Hace unas semanas la gente que tomó la Sagarpa, casi me secuestra; estuve encerrada en el baño de mujeres por dos horas. Esas marcas quedan en la piel y no se borran en una semana”.

“Ven, mana, dame un abrazo”, dijo Sonia.”Siempre he dicho que abusas del standing cuando reporteas en la tele y que casi siempre tus descripciones arruinan las tomas, pero en esta ocasión déjame ser solidaria contigo”.

Las dos mujeres lloraron y se dijeron sus virtudes a la hora de escribir el párrafo inicial de una noticia. Yo miraba conmovido tantas muestras de cariño en el gremio, una forma de felicidad sólo comparable a recibir una canasta navideña del Congreso. “Bueno, Eduardo, ¿y tú qué tienes que contarnos?”

Esperaba que este momento no llegara. No soy muy afecto a relatar mis intimidades ante otras personas, aún así hayan desnudado sus corazones entre suspiros y pañuelos desechables.

“Eh, mi problema no es en realidad grave, tomando en cuenta todo lo que se ha dicho aquí. Es decir, no es lo que podríamos llamar un problema-problema”. “¿No estarás cayendo en la negación?”, inquirió J. T.

“No. De ninguna manera. En absoluto”.

“Yo creo que sí, mi estimado Eduardo”, dijo el psicólogo. “De otro modo, ¿qué te hubiera traído a este grupo? Y lo más importante ¡por-qué-demonios-contestaste-con-tres-negaciones-a-la-pregunta-que-te-hicieron!”

“Buena cuestión, je”. El asunto se estaba poniendo algo violento, así que decidí cooperar. “Miren, no es que me sienta menos que un periodista. Es decir, sé que no padezco las condiciones de adrenalina que experimentan ustedes cubriendo los incendios en el teatro de la ciudad o la entrega de aparatos ortopédicos por parte del DIF. También respeto la labor de edición diaria y la redacción de columnas políticas cada semana. Es algo que yo no podría hacer. Por lo menos no a esos salarios. Pero me afecta mucho, no saben ustedes cuánto, que cada que voy al desayuno del Día de la Libertad de Expresión, nunca me dan boletos para la rifa. En serio. Podía parecer estúpido y obsesivo, pero es verdad, ¡nunca me dan nada! La gente encargada de la tómbola, como nunca me ha visto, cree que soy un colado y que no trabajo en el medio. Eso me deprime muchísimo y termino abandonando el desayuno para irme a emborrachar”.

Estas últimas palabras las dije ahogado en llanto, como para significar que todo era verdad. El doctor Alavez me dio unas palmadas en la espalda, ese ademán que algunas veces significa: “Lo has hecho bien, muchacho, pero eso no quita que seas un perdedor”. Los otros compañeros del grupo también me dieron sendos abrazos; alguien por ahí me regaló un pedazo de papel higiénico para las lágrimas.

La reunión terminó con la “Oración de la Serenidad”: “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar del medio donde trabajo; valor para cambiar las que sí puedo y sabiduría para entender que en realidad nada puede cambiarse”. Después de esto, todos nos fuimos a seguir la vida en nuestras respectivas redacciones.


http://tediosfera.blogia.com/2007/062201-pare-de-sufrir-por-el-periodismo-.php

jueves, junio 28, 2007

REGLAS

Wan. Cada jugador (a) comienza con un listado de ocho cosas sobre sí mismo.
Tú. Tienen que escribir en su blog esas ocho cosas, junto con las reglas del juego.
Tri. Tienen que seleccionar a 8 personas más para invitar a jugar, y anotar sus blogs/nombres.
For. No olvides dejarles un comentario en sus blogs respectivos de que han sido invitadas a participar, refiriendo al post de tu blog: "El Juego".
UNO Drogas. En orden de aparición en mi vida: literatura, música, alcohol, tabaco, humo de mariguana y alucinógenos. No me atrae ni la coca, ni las tachas ni los ácidos, just the adrenalina, la pasión por escribir. La gastritis es una bendición en ciertas ocasiones. Quien tenga ojos para ver, que vea.
DOS Memoria. Hasta la prepa, el registro de todo lo que caía en mis manos para leer funcionaba a la perfección. De pequeño, fui obligado a aprenderme de memoria las tablas de multiplicar, cosa que todavía recuerdo (las tablas de multiplicar y el hecho y forma en que me hayan obligado a memorizarlas). Ahora, un cuarto de siglo más tarde, mi memoria a corto plazo (y a mediano plazo) no registra nombres de autores, novelas, cuentos, teóricos, cumpleaños, aniversarios, teléfonos, calles, palabras y/o acciones. Lo que he leído lo leí, y si me acuerdo bueno y si no, me limito a decir: “creo haberlo leído”. Tengo pánico. Sólo recuerdo situaciones y palabras dichas por mí a mi conveniencia. Y miraban a la serpiente en la cruz y de inmediato se sanaban.
TRES Gastronomía y excentricidades. Mole, pipián y menudo jamás entrarán a mi estómago. Nunca. Desarrollé un instinto de repulsión hacia esos platillos de la cocina mexicana no sé cuándo ni por qué. No sé si son sabrosos. Puedo golpear a alguien si me obliga a tragarlos. Contrario a ello, “puedo comer los tacos más grasientos esta noche (…) beber, a lo lejos, una chela que llora de frío hasta vaciarla”; considero que las aguas frescas de tamarindo, chan, alfalfa, naranja, limón, guanábana, papaya, mandarina, guayaba, arroz, jamaica, el tejuino, la tuba, el tepache y el bate (o vate, no recuerdo cómo se escribe) deben ser de consumo obligatorio todo el año en Colima. Recomiendo el tepache y el tejuino con un chisguetón de tequila cuervo. Si su ofrenda es un holocausto de ganado mayor ofrecerá un macho sin defecto.
CUATRO Sexo y sexualidad. Aunque fui iniciado en estas bellas artes a temprana edad (pónle tú a eso de los 11 años) fue casi una década más tarde cuando penetré en los oscuros misterios entrepiernosos, vigilados por las mujeres. Seguidor del dogma macdonalesco (“dedicados a hacer sonrisas”) con visos freudianos (“todo gira en torno al sexo”) a los 18 años llegué a pensar que no, no es amor: se llama orgasmo. Más tarde descubrí mi error y me di cuenta del ciclo de la vida: naces, creces, fornicas (te reproduces) y te mueres; ergo, nacemos para fornicar. Me considero antigalán, influenciado por el romanticismo, el lirismo, el tabaquismo de amigos, el alcoholismo de familiares, el escultismo de los scouts de noches sin dormir, los Fabulosos cadillacs y Molotov y me gusta que una nena se deje conquistar a sonrisas, a punta de pupilazos. Miren, el pueblo de Israel es más numeroso y fuerte que nosotros.
CINCO La banda. Como advertí en el punto Dos, no recuerdo quién chingados dijo que uno puede escoger a su familia, formar una aparte de la biológica. Ahí entra la banda. Tengo muchos amigos y amigas a los que considero mis hermanos, hermanas, maestros, compas y escritores a los que veo como tíos y tías, incluso como abuelos; banda como yo que escribe y comparte y departe con las letras a la que veo como la primiza; afinidades tantas que van desde el blues y el jazz hasta el arte culinario (sin albur). Viva la banda. Viva mi familia. La Familia, pero a lo Corleone.
SEIS Letras. Dicen que uno debe saber bien lo que quiere porque puede que llegue alguien o algo que te lo cumpla. Saber lo que se quiere hace que uno ahorre tiempo para pensar lo que se quiere. Yo hasta tengo una escena ideal de un momento de mi vida en el que tengo lo que he querido por años. Escuché el llamado de las letras como Samuel a Dios en el templo. “Habla literatura que tu siervo escucha”, debí haber respondido. Y aquí ando. A ratos me siento escritor rupestre. A ratos peor: siento llegar la mediocridad pero pedísima, de la mano de la ansiedad. Vienen de alguna peda con algún editor que publica a chavos que escriben. Poco a poco le pierdo el miedo a ese par de culeras. Ya me enojé. Prometo que leeré más. Desdichada memoria mía. Noé contaba 600 años cuando acaeció el diluvio (y yo tengo 26 años y no he publicado ni un libro en solitario).
SIETE Música, clima, mujeres. No me gusta el reggaeton, ni la trova ni la banda. A veces ni el new age o el metal. Me late más algo que me motive, que me haga imaginar cosas y no siempre me gusta una canción por la letra. Como los vinos con la comida, creo que la música debe tener un maridaje con el clima: cierta rola para ondas lluviosas, soleadas, algo así, y el clima con las mujeres: clima frío para las chicas ardientes, mujeres de sangre caliente para gozar de su compañía, presencia, charla y tacto en zonas costeras, la cabeza fría y la palabra en llamas, junto con una rolita sabrosona, para entibiar a las beibes frías como chelas, como que se antoja bebérselas. Sólo hay tres mujeres en la vida de todo hombre que responden bien a la música, el clima, el vino y a tipos como yo que creen en esto. No quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.
OCHO La muerte. Me gustan las malas palabras y las groserías porque son puro sentimiento. Uno puede conocer el estado de ánimo según el nivel de volumen de la mentada de madre. A veces me tiro al sol (quiero decir que permanezco inmóvil, en alguna posición sobre determinada superficie, a recibir en mi cuerpo algo de luz solar) y siento sudar. El calor. La brisa. Los tremores del suelo. Me gusta saber que el tiempo que tenemos está contado, como una cuerda cuya longitud ha sido dada de antemano. Me gusta pensar que cada uno de nosotros somos cuerdas que se van entretejiendo y que la cuerda se revienta por lo más fino. Me gusta la provocación y me caga que piensen en la procacidad y en la vulgaridad como algo malo. Lo son cuando no son claros, cuando no tienen sentido. Y todas las cosas que carecen de sentido bla bla bla bla bla. Me gusta pensar que tenemos que hacer alguna actividad en lo que nos llega la muerte. La pérdida duele. Yo mientras tanto escribo. Y fumo.
Invito a jugar a:

Cremas (funkdefino.blogspot.com) Neto Cortés (ernestocortes.blogspot.com) Wen
(wendylunada.blogspot.com) Rous (noesqueseatrip.blogspot.com) Rogelio Guedea (lamemoriainfiel.blogspot.com) Alfredo Carrera (sadismopuro.blogspot.com) Marcia Martínez (lipiria.blogspot.com) Eduardo Huchín (tediosfera.blogia.com)

viernes, junio 01, 2007

huiquihomenaje a Pablo Neruda

poema_xx.pablo_neruda.david_chávez.wiki.hmt2

(y.una.canción.huiquificada.el.jinete.josé.alfredo.jiménez)


Puedo escribir los cuentos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: "Hace un frío de la chingada y tiritan, azules, los faros de los autos que pasan a lo lejos. El humo del cigarro que fumo gira en el cielo y canta. Es una buena noche para escribir un cuento, breve, sencillo, en el que tal vez un chileno escriba sobre una morra con la que anduvo. Nada nuevo. Algo leve.

Escribir, por ejemplo, que él escribe: “En las noches como esta la tuve entre mis brazos. Bebimos tantas chelas bajo el cielo infinito. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haberla querido si hasta tenía los ojos grandes, fijos”…

Puedo escribir ese cuento tan triste esta noche. Pensar, mientras escribo, que el vato ya no la tiene, que la ha perdido. Que ahora la noche le suena inmensa, infinita sin ella, y que sus lágrimas caen al alma como al pasto el rocío. Qué importa si la historia está choteada. La noche está estrellada y ella no está con él.

Eso es todo.

A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Debe ser el estéreo programado con la alarma para despertarme. Escucho el bolero que mi personaje chileno cantará: “Mi alma no se contenta con haberla perdido/ Como para acercarla mi mirada la busca/Mi corazón la busca y ella no está conmigo”.

Escribir, por ejemplo, que él escribe: “La misma noche que hace blanquear los mismos árboles (y el vato tal vez piense que ya no la quiere, es cierto, pero cuánto la quiso)…” y el chileno comienza a cantar el bolero que yo escucho: “Mi alma no se contenta con haberla perdido/ Como para acercarla mi mirada la busca/Mi corazón la busca y ella no está conmigo’, busca el viento para tocar su oído”…

De otro. La morra andará con otro. Y ahora será suya como antes de los besos del chileno. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiere, es cierto, pero tal vez la quiere. Es tan corto el amor, tan largo el olvido… ¿qué va uno a saber de esas cosas?

Puedo escribir ese cuento tan triste esta noche, que en noches como esta la tuvo entre sus brazos, que su alma no se contenta con haberla perdido. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. En esa estación de radio se escucha la voz de José Alfredo Jiménez, los acordes del mariachi, a todos cantar: “Por la lejana montaña/va cabalgando un jinete/vaga solito en el mundo y vadeeeeeeeee seando la muerte/Lleva en su pecho una herida/va con su alma destrozada/quisiera perder la viday reunirse con su amada”.

Escribir, por ejemplo, para finalizar este cuento, breve, sencillo, en el que tal vez un chileno escriba sobre una morra con la que anduvo (Nada nuevo, algo leve), escribir, por ejemplo, que tal vez ella ya ha muerto o que se ha ido, o que el chileno está muerto y que algún amigo suyo encontró esta historia entre sus cosas, cuando se enteró de esa muerte, y guardó el documento y desapareció por un tiempo y la historia sobrevivió como pudo hasta que cuando ese amigo murió alguien dio con ella y la leyó y le pareció buena.

Pero dije que podría escribir los cuentos más tristes esta noche como este, en el que ella deberá haber muerto y el chileno se acuerda de ella, aunque este sea el último dolor que ella le causa, que un personaje me/nos causa,y estos sean los renglones que yo escribo donde escribo que él escribe que serán los últimos renglones que él le escribe: “Nosotros, pienso, los que leímos a los poetas de entonces, ya no somos los mismos”.

huiquihomenaje a Villaurrutia

nocturno.en.que.nada.se.oye.villaurrutia.david.chávez.wiki.htm1

En medio de una calle desierta como el silencio antes del crimen
sin respirar o fumar siquiera para que nada masturbe tu muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyen tus coágulos
en este lecho que es tumba dejaste el himen sin sangre
para salir en un momento, tan lenta,
en un interminable deseo
sin brazos que extender
sin dedos para alcanzar tu escala entremuslosa que toco como un piano invisible,
sin más que una mirada y una voz y un pujido
que no recuerdan haber salido de ojos y labios y pubis
¿qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?
Y esta voz que ya no es mía
Metida dentro de tu agua que no moja
dentro de un aire de vidrio
que dentro de ti provoca el fuego lívido que corta como el grito.
Y en el infinito angustioso de un espejo frente a otro
-como nosotros-
cae mi voz y mi verga
y mi voz que madura
Y mi verga madura
y mi voz quemadura
Y mi ver gama dura
y mi bosque madura
Y mi verga más dura
Y mi verga ¿qué más dura?
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo
ahí en el caracol de la oreja
el embate de un mar, en él que no es nada
en el que no es nada
porque he dejado pies y brazos en la orilla,
ciento, caer fuera de mí la red de mis nervios
mas huye todo como el pez que se da cuenta
hasta siento en el pulso de mis sienes
muda telegrafía a la que no respondes
porque el sueño –yo- y la muerte –tú- nada tienen ya que decirse.

manifiesto wiki

Manifiesto de la Literatura Huiqui
Versión 2.1

I. Axiomas Huiqui:

1. Toda lectura es escritura: todo lector, un escritor.

2. Los derechos de escritor terminan en el punto inicial de la lectura. A partir de este punto, sólo existen los derechos de lector.

3. El primer derecho de lector consiste en despojar al escritor de su texto para reescribirlo. Llamaremos a este acto huiquificación, al conjunto de sus producciones literatura huiqui y al derechohabiente, huikritor.

4. El segundo derecho de lector consiste en publicar la referida huiquificación de manera inmediata, tantas veces y en tantas versiones como el derechohabiente considere necesario.

5. El papel del Internet es el papel natural de la literatura huiqui.

II. Corolarios derivados de los anteriores axiomas:

w) No hay mala literatura, sólo malas versiones esperando un huikritor.

x) La literatura no se crea ni se destruye, sólo se huiquifica.

y) La vanidad pierde al hombre en general y al escritor en particular. La literatura huiqui es un instrumento para acabar con la vanidad, si no del hombre, del escritor.

a) El Quijote es el único texto no huiquificable. Por extensión, el texto en donde Borges huiquifica el Quijote, tampoco lo es.

b) Este manifiesto tiene la modesta pretensión de cambiar para siempre la historia de la literatura (huiqui).

c) Salvo los textos citados en la cláusula a), todo texto es huiquificable, incluido el presente manifiesto.

d) Muchos años después, frente al pelotón de huiquilamiento, el dinosaurio recordó el día en que seguía ahí.

III. Movimientos de la literatura huiqui:

Movimiento W: Huiquihomenaje. El huikritor ante la obra de un gran escritor.

Movimiento X: Huiquisalvamento. El huikritor ante la maniobra de Isabel Allende.

Movimiento Y: Hara-wiki. El huikritor antes sus sobras completas.

IV. Procedimientos de la literatura huiqui:

1. Antes de comenzar, conjugue: yo huiquifico, tú huiquificas, él huiquifica, nosotros
huiquificamos, ustedes y ellos huiquifican. Vosotros (esperamos) huiquificaréis también.

2. Instrucciones para huiquificar:

w) Localice un texto.

x) Exprópielo aplicando el siguiente epitafio:

Con el poder que me confierenlos derechos de lector expropio este texto de las manos de su autor para entregarlo al árbolde la literatura huiqui.

y) Huiquifíquelo siguiendo alguno de los tres movimientos de la literatura huiqui.

z) Bautícelo según la siguiente convención:

título_original.escritor_despojado.wikritor_1.wikritor_2...wikritor_n.wiki(ejemplo: don_quijote.pierre_menard.borges.huiqui)

a) Publíquelo de inmediato en www.literaturawiki.org

b) Destape una cerveza, es usted un huikritor.

3. Para un primer acercamiento a la literatura huiqui, pronuncie continuadamente la palabra kiwi diez veces (de preferencia sin respirar).


"Gutemberg agoniza"

Oswaldo Zavala, Miguel Tapia Alcaraz, Jorge Harmodio, Marcos Eymar

El Cuadrante de Caborca, abril del 2007.

www.literaturawiki.org

sábado, mayo 26, 2007

la eterna pregunta...

gracias a www.soy13.blogspot.com por el link. reflexivo, videíto chabocho pa los que todavía aspiramos... errr... a escribir.

lléguenle.

¿a alguien le quedan algunas mayúsculas que pueda prestarme... por favor?

¿por qué escribir?

http://www.youtube.com/watch?v=SOqE4T5g-vI

viernes, mayo 18, 2007

narco, amigo, el pueblo está contigo...

david chávez

se las paso al costo y saquen cuentas.


Estrictamente personal

Raymundo Riva Palacio

18 de mayo de 2007


La otra cara en Apatzingán

¿Violaciones del Ejército a los derechos humanos en Michoacán? Por favor -dice un lector- la experiencia era bastante peor con el narco.

Como todo lo que sucede hoy en día en México, la sociedad está polarizada con el tema del narcotráfico. La participación de las Fuerzas Armadas como policías y ministerios públicos, en violación de la Constitución, lejos de generar una discusión nacional enardecida cuestionando al presidente Felipe Calderón por sus actos y el desgaste de los militares, le gana una creciente popularidad entre la población. Síntoma tradicional de sociedades recién salidas de regímenes autoritarios, el bien personal es mucho más importante que el bien colectivo.

O sea, en el caso de la campaña contra el narco con toda la capacidad de fuego del Estado, aspirar a un país de leyes donde incluso el peor delincuente tiene garantizados sus derechos humanos es arrasado por la necesidad de tranquilidad, aunque sea en el mediano o largo plazo, y de la percepción de seguridad.

Nadie quiere quedar inerme ante la delincuencia organizada, pero los niveles de exigencia para que un gobierno provea la seguridad a sus ciudadanos, que es la razón primaria por la que fueron inventados tras la revolución francesa que reorganizó el mundo moderno, son muy distintos.

Una columna en este espacio el lunes pasado, donde se mencionaron violaciones a los derechos humanos en Michoacán como consecuencia de un operativo especial del Ejército, generó una inusitada oposición. Una de las personas que enviaron correos justificando las acciones extralegales de los militares permitió que se transcribiera su relato sobre lo que vive en esa región, a manera de espejo de cómo desde una perspectiva distinta se percibe esa acción inconstitucional. El correo, editado para su publicación, describe a su comunidad, en Apatzingán, Michoacán:

"Es verdad que el Ejército tiene mucha presencia en la región de Tierra Caliente, pero aquí la población opina... que el Ejército necesita una mano mucho más dura. Para los que dicen que no existe ninguna diferencia entre ahora y días atrás, algunos ejemplos: en Buenavista, Tepalcatepec Coalcoman, existía un toque de queda por el narco. Si ya eran las nueve de la noche y andabas circulando por Coalcoman, grupos armados (narcos) te arrestaban, te preguntaban qué andabas haciendo, te daban una patadita, una cachetada y si los convencías de que sólo eras un idiota que desconocía las leyes locales, te dejaban ir.

"En Aguililla, a la entrada del pueblo, siempre había un carro que revisaba a todo el que llegaba al pueblo. Si tú pasabas en tu carro, el vigilante estacionado en la orilla de la carretera se arrancaba, se te emparejaba y te analizaba. Con sólo verte, decidía si te pedía que te orillaras para una mejor inspección, si pedía refuerzos o te dejaba ir. En la región todo mundo sabe que lo mejor era, cuando te encontraras en esa situación, orillarte sin que te lo pidiera para que tranquilamente te analizara. Una vez satisfecho, se daba la vuelta y regresaba a su lugar de espera. En Apatzingán, el control era tal que todo mundo sabe que la policía era el brazo armado del narcotráfico. Arrestaron a 30 o algo así, y el jefe de la policía está prófugo. También otros tres o cuatro funcionarios del Ayuntamiento. Todo mundo sabe que El Chango (encargado de la plaza) le financió la campaña al presidente municipal.

"Pero volviendo a los balazos que se te hacen crueles (por parte del Ejército), a dos cuadras de donde se dieron vive la mamá de El Chayo (jefe de la plaza de Morelia, primero o segundo en rango dentro del cártel del Golfo en Michoacán). A una cuadra tiene un negocio de autopartes; a la vuelta de la esquina vive uno de sus lugartenientes. La policía ha venido a tomar fotos de esta casa varias veces, pero no hace nada. El operador de radio (inocente según tú) radió a los 'taxistas' antes de los balazos para que no se acercaran porque había mucho Ejército.

"Cuando El Chayo viene, le invita la borrachera a toda la colonia. En Navidad, Año Nuevo, Semana Santa, la juerga corre a cuenta de él y la colonia lo adora por eso. A todos los que arrestaron son inocentes de disparar un AK-47 el día de la balacera. No tenemos duda, pero todos somos parte del grupo armado si un niño se enferma. Con la mamá de El Chayo encuentras apoyo, una beca, un amigo. El grupo que controla la ciudad cobra cuotas no sólo a los narcotraficantes, sino también a los negocios legales. Todo comerciante que puede se ha ido del pueblo, y el que no paga consigue un balazo y un letrero (porque con el letrero descansa la policía pues no hay nada ahí para investigar: era sólo un narco).

"En muchos pueblos de la región ya se sabe a quién apoya el narco, y el que vaya contra ellos (y pueda ganar) muy probablemente se va a morir (ya se empieza a oír quién está amenazado). Dicen en el pueblo que el dueño de la casa donde fue la balacera es de un PFP, porque esa casa era visitada constantemente por la Policía de Caminos. Y nadie sabe dónde están los narcos pero sus familiares tienen ranchos sacados de un cuento, manejan carros del año, tienen los niños en escuelas privadas, hacen fiestas de lujo, pero nadie sabe dónde trabajan. No sabemos dónde está el narcotraficante pero sabemos dónde está su dinero (¿no sería bueno atacarlo? Imposible, violaríamos los derechos de los familiares de los narcotraficantes).

"En Apatzingán estamos involucrados los que trabajan en las autopartes, el radiotaxista, todos los vecinos, el presidente municipal, la policía municipal, varios funcionarios municipales, la PFP, la familia del narco, los periodistas locales. Aquí en Apatzingán nunca sale una nota en contra del narco en los periódicos locales, a excepción del locutor de canal 5 (él hablaba mal de ellos, pero un día salió al aire y dijo textualmente: 'Hoy me levantaron unos hombres armados y me dijeron que si sigo dando lata me van a quebrar. Este es mi último reporte. Yo no vuelvo a hablar del narco al aire').

"Hablabas tú de que la CNDH tiene ocho quejas por violaciones. Como verás, podemos tener 500 en un día. Tenemos para eso y más. El diagnóstico: si yo notara que a una bodega llegaron 10 toneladas de cocaína y llamo a la PFP, a la PGR, a la del estado, a la Preventiva local, al velador. me matan en cuanto cuelgue el teléfono. Si tienes suerte y el Ejército no está comprado, lo reportas al Ejército, que tiene que solicitar una orden de cateo. Para que se la den necesita aportar evidencia y que nadie de ninguna otra corporación se dé cuenta para evitar el pitazo.

¿Ves por qué es tan difícil dar los grandes golpes? Pero si el narco se da cuenta que alguien como yo está teniendo pláticas como esta, vienen y me meten un par de balazos si es que no me cortan la cabeza, y me ponen un cartel diciendo 'mándame más sicarios de éstos para seguir matándolos'. Lo que hace más efectivos a los narcos es que ellos escriben el papel después (de matar), y el gobierno lo tiene que solicitar antes. ¿No deberíamos cambiar la ley antes de que nos encuentren mandando recados a escondidas como éste?".

domingo, abril 29, 2007

trueque

David Chávez

Serían cerca de las cuatro de la tarde cuando perdí el tiempo al esperarla en la puerta del edificio donde vive. Desesperado, me puse a buscarlo. Quizás pudo habérseme escabullido por el bolsillo izquierdo de mi pantalón que olvidé zurcir por completo, o tal vez lo tiré sin querer cuando le pagué al dependiente de la tienda la tercera cajetilla de cigarros que fumaba esa semana. Jamás lo supe ni lo sabré. Antes de comenzar a revisar si estaba entre las juntas de la acera, caído debajo de un automóvil estacionado en la calle desde la mañana, siendo olido por algún perro callejero, decidí calmarme, contener mi molestia por lo ocurrido y explicarle lo que había pasado cuando la escuché decir “hola.buenastardes”. Nunca, juro que nunca olvidaré su forma de tranquilizarme, de neutralizar mi descontento que crecía con el paso de los minutos, de reducir el problema a la nada y equilibrar las cosas: además de pedirme que la perdonara por su tardanza me regaló cinco maravillosas horas de su tiempo a cambio del que yo no habría de recuperar.

Estúpida idea para perder el tiempo (de cómo pensar en cualquier cosa y luego sentirse culpable)

David Chávez

Uno puede pensar cualquier cosa. Pensar, por ejemplo, que puede mudarse de casa. Pero entonces algo, un detalle traicionero en el que no se ha pensado cambia el rumbo de cualquier pensamiento y con ello el estado de ánimo. Y es que uno se siente tan bien pensando en cualquier cosa hasta antes de ese detalle que la tranquilidad llega de a poco, quizás tal vez nunca llegue, y entonces uno aprende a vivir sin una seguridad de poder pensar en cualquier cosa, o pensar en cualquier cosa le hace a uno la vida más llevadera, borra el detalle delator, cuestión de enfoques.

Podríamos pensar en que uno divaga en el trabajo, mientras escribe, por ejemplo, o redacta un informe, o prepara el café por la mañana, o se afeita antes de salir a trabajar. Quizá haya soñado algo que de repente lo hizo levantarse o tal vez la noche anterior se acostó pensando en eso, aunque es posible que la divagación provenga incluso del día anterior, no lo sé. Hay un momento en que el detalle salta como una chispa en la oscuridad e ilumina ciertas cuestiones ignoradas por el pensante en ese momento. Basta que el divagador atienda a esa señal, que generalmente lo hace, y se acabó la tranquilidad. Me explico. Uno sigue la idea y le presta atención hasta en el menor detalle. Es el detalle el que nos aniquila.

La sustitución entre detalle y cualquier cosa ocurre, aunque pueda considerarse que pensar en cualquier cosa y pensar en el detalle de alguna idea no tenga diferencia alguna sino la atención que se le presta a cualquiera de las dos cuestiones, pero tal supuesto es falso. Entendamos ahora que la situación se ha complicado: quien piensa en cualquier cosa deja de pensar en cualquier cosa, en sí no piensa con atención en nada, ningún detalle distrae su atención hasta que llega el flashazo de la idea, el elemento distractor que hará que el sujeto pensante pasivo en cualquier cosa cambie a un estado contemplativo y activo de los detalles de la idea, cualquiera que esta sea y que haya cruzado por su mente.

Encontramos entonces el cambio en el estado de ánimo.

¿Por qué se vuelve traicionero el detalle? Porque tienen que cuidarse las posibilidades. Por ejemplo: no olvidarse de saludar al vecino. En caso de que así ocurriera este pensará que uno no tiene educación, que poco le importa la gente, que es un mal vecino, que es un intruso en el barrio, y el trabajo se complica para el pensante porque debe intentar mantenerse al pendiente de los detalles de la idea y buscar la forma de congraciarse con el vecino y borrar la falsa idea que se tiene sobre él; hay caso excepcionales que hacen del flashazo la idea distractora, pero en casos concretos esto podría significar una contradicción dado que el elemento distractor se presenta antes que la idea de pensar que si se olvida de saludar al vecino este pensará que uno no tiene educación, que poco le importa la gente, que es un mal vecino, que es un intruso en el barrio, y el trabajo se complica para el pensante porque debe intentar mantenerse al pendiente de los detalles de la idea y buscar la forma de congraciarse con el vecino y borrar la falsa idea que se tiene sobre él.

Ambas ideas, como puede notarse, no pueden congraciarse e iniciar en el mismo momento.

El estado de ánimo puede entonces degenerar y convertirse en un malestar ya que la idea y sus detalles llegan a perderse puesto que se busca una solución para resarcir la idea de que, al olvidar saludar al vecino, este pensó que no se tiene educación, que poco importa la gente, que se es un mal vecino, que se es un intruso en el barrio. Aunque he pensado que es posible llegar a desvanecer esta situación al dar prioridad a modificar la idea que el vecino tiene de nosotros sobre la idea distractora o viceversa: que la idea distractora constituya la totalidad de nuestro pensamiento.

Ella poco a poco ofrecerá todos sus posibles detalles al pensante, quien explorará las posibilidades y las irá desechando o poniendo en acción, tal cual sea el caso y la medida en que decida hacer realidad dicha idea.

Es posible que una vez exploradas, explotadas y llevadas a la acción las posibilidades de la idea esta termine por ocupar un lugar en nuestra mente que el tiempo se encargará de cubrir de polvo, hasta que uno pueda dar por concluido tal periodo de nacimiento, desarrollo y muerte de dicha idea y entonces el camino se halle despejado de ideas y pueda uno divagar sobre cualquier cosa o aparezca una nueva idea que nos mantenga entretenidos para no estar pensado en algo como esta estúpida reflexión.

sábado, abril 07, 2007

nunca terminaron de entenderse

david chávez

Leído por casualidad en un periódico de Gördmand: “Detenidos dos ficcioneros en plena flagrancia mientras elaboraban un artefacto literario. Fueron arrestados… también sus miradas, por cómplices”.

Esa noche

david chávez

Usaba maquillaje a granel, de las ocho a las diez en una esquina, como dice la canción. Jimena siempre estaba ahí para todos, para mí, como esa noche que me acerqué a ella para preguntarle lo que todos los demás, lo que le cada hombre que pasaba en su auto le cuestionaba: “¿Cuánto cuesta el servicio?”. Esa noche la invité a subir y accedí a pagar el precio (hay hombres que deben recurrir a la última y obvia opción) después de un encendido intercambio de posturas sobre el próximo proyecto con mi jefe.

Sólo quería relajarme, olvidar lo que pasó. “Entonces, vamos a tu casa”. La llevé. Mi esposa regresaría al día siguiente, “a las cuatro de la tarde, Eduardo, no olvides llevar la acreditación o no te dejarán entrar a la sala del aeropuerto”. Dos güisquis bastaron para que Jimena comenzara a hacer su trabajo: dejó la bolsa en el sillón, se arregló el cabello, encendió la luz de la cocina para luego caminar por el pasillo hasta entrar al estudio. “¿Es aquíí?”, preguntó con una mirada cómplice. Asentí con la cabeza mientras encendía un cigarrillo. Después fui tras ella. “Muéstrame lo que tienes”, dijo mientras la miraba acomodar una pequeña silla cerca del restirador. Al tiempo que deshacía el nudo de mi corbata me acerqué con los planos en la mano. Pude percibir su aroma, su perfume fino que se confundía con el humo del cigarro.

Y comenzó. Terminó el trabajo al alba y yo exhausto por darle tantas indicaciones, por tantos movimientos que Jimena hizo sobre el restirador. Ofrecí llevarla a su casa pero se negó. “Dame el dinero”, sentenció mientras se arreglaba el cabello otra vez. “Me iré en taxi” y no se despidió, sólo cerró la puerta de la entrada con cuidado. Dormiré unas horas. Iré luego al trabajo, a la hora de la comida por mi esposa. No sentiré remordimientos cuando esté con ella, a pesar de que lleve en la bolsa de la camisa la tarjeta de Jimena, de esa arquitecta que salvó mi noche, esa noche, y mi esposa y mi jefe jamás sabrán que el proyecto es tan ajeno a mi como la idea de llevar a otra mujer a mi casa.

jueves, abril 05, 2007

cruce

david chávez

La vimos. Caminaba por la calle y el trueque fue desigual: se llevó nuestro aliento a cambio del perfume de sus virginales nalgas de puta.

viernes, marzo 30, 2007

Ella tarareaba no sé qué canción...

david chávez

"Aquí tienes las llaves de mi alma / puedes entrar a la hora que tú quieras..." canta ella en la recámara, envuelta en la sábana balnca y delgada que deja traslúcidos sus pezones y yo, con una sonrisa irónica que alcanzo a ver en el espejo, al terminar de rasurarme, sólo atino a tocarme un poco la llave de su cuerpo, segura debajo de la bata de baño que traigo puesta.

miércoles, marzo 14, 2007

mala mañana

david chávez

Amanezco con el día roto y sus pedazos me hieren los ojos. Así de rutilante siento el ímpetu que me mueve a levantarme de la cama y dejarte en ella, dormitando. Carajo. Suena el teléfono y antes de que el repiqueteo te provoque esa oleada de preguntas mañaneras que me haces sin piedad, tan aguijoneantes como los retazos de luz que se cuelan por entre los lentes negros y mis ojos, contesto. “Vaya usted a la chingada y déjeme dormir”, esgrimo sin saber de quién o qué era lo que quería la voz del otro lado de la línea.

Después de una meada dejavúyesca retiro los lentes de mi cara y lavo la grasa que se acumuló en mi rostro durante la noche. Jamás me ha gustado traer a cara sucia, ni ver esas pelotescas sonrisas que traen como incrustadas los niños pequeños, embarrados de dulce, caramelo, de mocos. “Definitivamente algo debe estarme chingando”, digo para mí, y dejo el tubo del dentífrico abierta, a manera de venganza por seguir dormida, para que cuando te levantes te super emputes.

Abro el refrigerador y sólo observo su contenido. Al cerrarlo miro la foto que pegaste hace cinco meses, tú y yo en una pose cursi, cursi, tan cursi que sólo me río y me pongo de nuevo los lentes. “¿Dónde dejé los putos cigarros?”, me interrogo y camino hacia la sala. Están en el marco de la ventana que se ha quedado abierta. “Mierda, ojalá el puto gato no se haya metido”. Enciendo un cigarrillo y el humo se cuela a la otra recámara a la que bautizaste como “el estudio”.

Me rasco las nalgas. Siento frío en los pies y entro a la habitación. Enciendo la computadora e ipsofactamente suena el pinche teléfono celular. “Rayo, marqué hace unos minutos, ¿terminaste ya el artículo que te envíe por meil?”. Es Armando. “Sí, sólo falta darle estilo; ya está redactado y corregido. Carajo, ¿cuál es tu puta prisa?”.

Sé que no debo hablarle así porque es el jefe pero el cabrón lo tiene merecido. No son horas de marcar a casa. Abro el documento. Comienzo a redactar. En el monitor parpadea el cursor y no hay nada más en la hoja en blanco virtual. “Hoja en blanco mis güevos”, tecleo con desgano. Me levanto por una cerveza. Al regresar escribo que la hipocresía es un mal necesario, una especie de parásito dentro de un parásito que es el portador de ese mal; que ha salvado a la humanidad de tantas guerras, de tanta sangre que pudo haberse derramado, que es parte del odio, otro agente patógeno que contamina hasta al más leal de los leales, al más trabajador de los trabajadores y pendejadas por el estilo hasta que caí en la retórica y mayéutica cuenta de que el artículito estaba saliendo por sí solo y que a final de cuentas lo que me traía dando vueltas en la cama no eras tú, sino el cansancio y el hartazgo de tanto imbécil indeciso con quien trabajo.

Desde mi mail le envío el trabajo a Armando. Luego comienzo a escribir “Es en este preciso instante en que me doy cuenta de que hay una especie de vacío a mi alrededor. Quizás sea yo quien velada, discreta y a la vez escandalosamente me diga “no, esto no es así, esto no es así”. Me explico. Resulta que a mi derecha hay un hombre sentado. Lee varias cifras de lo que probablemente sea parte de su trabajo. Manipula una pequeña calculadora y presiona con los dedos de la mano derecha las teclas que parecen escabullirse como hormigas que escapan a no-sé-qué cosa. Ahí está. Sorbe de vez en vez el café que desde hace media hora le trajo la mesera. Trabaja, el hombre de la derecha trabaja -no se si es una divina coincidencia (la izquierda depositaria de lo malo y la diestra simbolizando todo lo bueno)-, y esa bebida son sus efímeros descansos. Suspiro. El hombre que está sentado... (---fin del relato---)”.

Moderno caso de plagio II

david chávez

Releyendo la obra de Borges me di cuenta que tal erudición no era posible reunirla en una sola persona... fue en su cuento, El Aleph, que descubrí su secreto: en la “
pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor (...) de dos o tres centímetros (...)” donde vio “un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio”, también vio sus textos. Lo suyo, su obra, fue pura transcripción.

toc, toc, toc, toc, toc (primer episodio)

david chávez

Golpetea el lápiz sobre el escritorio. El ventilador gira espasmódicamente. Toc toc toc toc toc. Habla, murmura, farfulla. No entiendo lo que dice. Mesa su cabello duro, engomado, hasta desprender pequeñas bolitas que flotan en el aire. Golpea con el puño cerrado su escritorio. Lo deja ahí. Parece furioso. Retira la mano del escritorio, la lleva al auricular, lo cambia a su oreja derecha. Observa el teléfono.

Abre el cajón, saca una cajetilla de cigarros. No puede controlar su mano izquiera. Recarga el auricular en su hombro y utilza las dos manos. Enciende el cigarro con el encendedor que está en el bosillo de su saco gris. Exhala el humo con violencia hacía mi. Carraspeo un poco y sigo mirándolo.

Tienes que matarla, pendejo, tienes que matarla, escucho que dice con un susurro contenido en los dientes apretados en su boca. Como sea, acaba con ella. No podemos dejar que nos siga metiendo en problemas. ¿Sabes lo que pasará si la prensa se entera que las tres colecciones de esos artistas están en mi casa? Ese escándalo nos arruinaría. Piénsalo buen, cabrón. No quiero que nos lleve la chingada.

El humo llega hasta mi. En pocos minutos me acostumbro al olor. Camino nerviosamente para no alterarlo más. Es mucho lo que nos debe, es demasiado dinero. No. No la despidas. Eres un pendejo. ¿Para qué, de qué nos serviría? Esa pinche vieja abrirá la boca. Sí, a pesar de que diga que no. Tienes que matarla. Sí, hazlo como quieras. La colección de piezas no va a volver al museo, entregarlas sería aceptar que yo las tenía. No, no las robé. Son mías, son un regalo. El mismo director del museo las trajo a casa. No. Nadie sospecha. Tienes que matar a esa pinche vieja pendeja, cabrón. Abrirá la boca, estoy seguro.

Me acerco al cristal de la ventana. El sol en el horizonte desciende lentamente. El ventilador sigue girando. Rac rac rac rac, rac rac rac rac. Ahora oprime con suma precisión el filtro del cigarro hasta aplastarlo. Lo lleva a su boca. Inhala. Arroja de nuevo el humo hacia donde estoy. deja a un lado del teléfono, junto a la agenda, el lápiz. Toma el periódico, lee los cabezales. Lee que la dirección del museo está a cargo de un hombre, no de una mujer.

No voy a pagar eso. No es lo convenido. El trato era que ella sacaría las esculturas y las pinturas del museo, te las daría a ti y yo les encontraría clientes. Si esa imbécil gastó el dinero en sus viajes a Japón, en sus cursos idiotas de hojalatería, de cómo pintar con brocha gorda es su problema. Le dije que jamás hiciera eso y no me escuchó. Sí, la auditoría fue por eso. Mucho dinero moviéndose, ¿qué necesidad había? Es su problema. Si perdió el empleo es su problema. Mátala antes de que venga a chillarme como una puta. Así no tendremos problemas. Ya veremos cómo nos arreglamos con el nuevo.

Avanzo un poco hacia el escritorio. Dudo. Acercarme más sería provocar su furia. Decido deambular un poco por la oficina. Está todo cerrado. El humo se queda en el techo, inmóvil. Yo estoy inquieto. Mira a todos lados. Frunce el entrecejo. Algo le dicen del otro lado de la línea telefónica que lo hace enfurecer más todavía.

Abre de nuevo el cajón. Saca un cenicero. Aplasta en él el cigarro a medio consumir. ¡Entonces házle como quieras, carajo!, ¡yo no te voy a pagar un puto peso, es tu problema!, ¡deshazte de esa perra, te digo! Raz. Colgó. Enmudezco. Se levanta del sillón. Sus manos van de nuevo al cabello, a la barbilla, a pensar. La suela de sus zapatos lustrados roza la alfombra. Rasp, rasp, rasp, rasp se escucha en silencio, en un ir y venir de preocupación.

Mira de nuevo el periódico. Pinche vieja, exclama. Pinche y mil veces puta. Ahora nos has metido en un buen problema, idiota. Se quita el saco. Lo coloca sobre el respaldo del sillón. De nuevo tiene un cigarro en sus manos. Lo enciende. Lo fuma. ¡Perra, si yo caigo tú caerás conmigo! Frac. Azota la palma abierta de su mano el escritorio. ¡Y tú, carajo, deja de estar chingando!, me grita.

Azorrillada, busco refugio en las paredes de la oficina. No encuentro nada. Él toma el periódico.

ebrio II

david chávez

Las palabras al ser leídas se descorchan y su contenido entra, embriagador, por el oído. Ya se han reportado al menos un caso de delirium tremens de alguien que leyó más de cinco libros uno después de otro.

Las vasventas

davi chávez

Las mujeres vasventas habitan el sur de las islas ZaHui, ubicadas en el punto medio entre el Pacífico mexicano y Asia, siguiendo la ruta que los mercaderes de ese continente establecieron con América septentrional. Una de cosas que las particulariza, según se cree, es el uso de faldones crinolizados que fabrican con hebras obtenidas de palapas y otras plantas costeras, las cuales recogen bajo los rayos del sol –además de su tamaño pigméico-.

Ellas y su isla seguirían en el anonimato si no es porque meses atrás se descubrió que el agujero de la capa de ozono se detuvo de manera extraña sobre el pequeño archipiélago, a donde se envió una expedición, cuyo único sobreviviente (la temperatura era tal en esa parte del planeta que sus compañeros murieron algunos insolados) consiguió que una de ellas lo acompañara.

Muchas le gritaban en un idioma desconocido para que se alejara de la isla, hasta que una se arrojó al agua y se aferró a él, apuntando la dirección que debía tomar para salvarlos a ambos luego de nadar hasta el barco. Ya en tierra, resultó que la piel de las vasventas tiene un grosor inaudito.

Se ha determinado que el brillo de la piel y su aspecto plástico se debe a los constantes collares de madreperla y nácar que penden de sus cuellos y que segregan, microscópicamente, cantidades de 19-73, sustancia descubierta por Madame Alexander Fornijká en la bahía del Golfo de Cortés, Baja California Sur, México, en 2011.

La nieta de la investigadora Fornijká, Madelaine, nos explicó el extraño saludo que se prodigan las aborígenes del Pacífico medio: consta en llevar la palma de la mano izquierda a la cara de quien se saluda, colocando los dedos meñique, anular y medio en la frente del interlocutor, mientras con el índice y el pulgar se le pellizca ligeramente la nariz.

Hummer: para el niño que todos llevamos dentro

david chávez


PERSONAJES:

Un niño, un señor y una voz en off.

ABRE A:

La cámara hace una toma en picada. Se escucha la voz de un niño dando instrucciones: “hay que hacer el puente más largo; el asfalto no se ha terminado de poner…”.

NIÑO 1: Tiene entre 11 y 12 años. De tez clara. Viste normal, como de esos niños que están de vacaciones.

CORTE A:

La cámara hace un acercamiento hacia lo que está construyendo: una carretera en lo que parece ser un lote baldío o un patio trasero grande.

CORTE A:

La cámara hace un paneo. Se ve lodo, agua, pedacera de madera, piedras, pasto, algunos monitos de juguete, arena, como una pista de rally.

CORTE A:

Acercamiento a los carritos del niño. Entre ellos hay un Hummer.

CORTE A:

La cámara hace un acercamiento de frente al niño, que está en cuclillas.

“Listo”, dice.

CORTE A:

La cámara hace un acercamiento a la cara del niño, quien dice:

“Ok, veremos quién llega primero”, mientras se limpia el lodo de las manos en el pantalón de mezclilla y toma el Hummer y otro carrito.

CORTE A:

SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS

Close up de las manos del niño tomando los carritos.

CORTE A:

SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS

Zoom in a los carritos de frente, corriendo por la pista que hizo el niño. Close up a una de las figuras pequeñas que puso como espectadores a la orilla de la carretera que construyó.

CORTE A:

SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS QUEDA DE FONDO

Cámara fija. Toma general del niño jugando carreras con los carritos.

CORTE A:

SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS

Close up de los carritos con las manos del niño. El Hummer va ganando.

CORTE A:

SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS

INT. DEL HUMMER. VOLANTE, ESTÉREO, ASIENTOS DELANTEROS Y TRASEROS, PALANCA DE VELOCIDADES.

CORTE A:

SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS

El niño hace que el Hummer se salga del camino. La cámara sigue su mano. El carrito corta camino por una ruta más difícil todavía que la que hizo. Deja el otro carrito en el camino. El Hummer sigue avanzando.

CORTE A:

SONIDO DEL NIÑO IMITANDO LOS MOTORES DE LOS CARROS

Close up del Hummer al llegar a la meta. Está enlodado. Close up a los tenis o zapatos del niño.

CORTE A:

EXT. CALLE. DÍA

CALLE TRANSITADA

Close up a los tenis o zapatos del mismo modelo que los del niño. Pertenecen a un señor de entre 35 y 45 años. Tild-up al señor, la cámara se detiene en su cara: trae gorra, lentes oscuros y se parece al niño. Sonríe.

CORTE A:

Toma del señor subiéndose al Hummer. Lo enciende y arranca. La cámara está fija mientras el Hummer se aleja. Hace un paneo hasta llegar a una vitrina donde hay televisiones en las que se transmite:

La cámara hace una toma en picada. Se escucha la voz de un niño dando instrucciones: “hay que hacer el puente más largo; el asfalto no se ha terminado de poner…”.

NIÑO 1: Tiene entre 11 y 12 años. De tez clara. Viste normal, como de esos niños que están de vacaciones.

CORTE A:

La cámara hace un acercamiento hacia lo que está construyendo: una carretera en lo que parece ser un lote baldío o un patio trasero grande.

CORTE A:

La cámara hace un paneo. Se ve lodo, agua, pedacera de madera, piedras, pasto, algunos monitos de juguete, arena, como una pista de rally.

CORTE A:

Acercamiento a los carritos del niño. Entre ellos hay un Hummer.

CORTE A:

La cámara hace un acercamiento de frente al niño, que está en cuclillas.

“Listo”, dice.

CORTE A:

La cámara hace un acercamiento a la cara del niño, quien dice:

“Ok, veremos quién llega primero”, mientras se limpia el lodo de las manos en el pantalón de mezclilla y toma el Hummer y otro carrito.

CORTE A:

Cross a negros. Aparece en las televisiones una frase escrita en letras blancas sobre fondo negro que dice: “¿Qué tan reales son tus sueños?” seguida de otra que dice: “Hummer: para el niño que todos llevamos dentro.” Y que lee una voz en off.

FIN

viernes, marzo 09, 2007

Lo terrible es que algo haga falta

david chávez

-- Lo terrible no es que tiemble, sino que no haya nadie ahí, a un lado, para decirle o decirte ay cabrón, qué culero se movió el suelo.
Así le dije a Norma y ella continuó con mi idea.
--Lo que nos asusta no es que la tierra se sacuda, sino que tenemos nuestros intereses puestos en el estéreo, en la casa, en la televisión y el dvd, en esas cosas que nos costaron muy caras y que no queremos que se rompan.
Respondí que sí y encendí un cigarro.
--Creo que lo que nos preocupa después de un temblor tan fuerte es si Fulano o Zutano se encuentran bien.
--¿Y quiénes son Fulano o Zutano? interrogó mientras ella también encendía un cigarro.
--Fulano y Zutano son esos amigos con los que estuviste unos minutos antes del temblor; tus padres, tus hermanos, tu familia, esos a los que quieres, esos a los que ibas a ver pero que por culpa del temblor quién sabe a dónde chingados se habrán largado.
--Entonces es más preocupante el compromiso que se hizo antes, durante y después del temblor- ajustó.
--Sí, en cierta forma sí- acepté.
--¿Siempre? Se dirige a mí al tiempo que mira los autos que pasan frente a nosotros y se lleva la taza de café a la boca para darle un trago largo que me deja en suspenso.
--¿Siempre es necesario que nos pasen cosas tan fuertes a todos, a la misma hora, estemos con quien estemos, para darnos cuenta de eso, para que miremos alrededor y digamos, qué chido, estoy con Fulano, estoy con Zutano?
--La mayoría de los que gritaron fue porque no estaban con aquellos a los que querían, o en su lugar favorito, o haciendo lo que les gusta hacer - contesté, y no supe si certeramente.
Nos quedamos callados. Desde el portal Medellín, sentados, podíamos contemplar las cúpulas ligeramente inclinadas de catedral a causa del temblor, mientras la gente seguía ocupada con lo suyo.
--Pinche Norma, tú sí gritaste. Casi llorabas... ¿por qué?
--¿Y por qué no?, me contestó con un tono a la ofensiva.
--No lo sé. ¿Por qué tú?
--Todo mundo tiene derecho a llorar y lo aplica cuando quiere, ¿no es cierto? - dijo ella, nerviosa. Ya sé hacia dónde vas Sergio, y si quieres saber si pensé que iba a morir sí, lo hice.
Inhalé más humo del cigarro. Comenzaba a ponerme nervioso. Norma se hacía pasar por una mujer fuerte, pero en realidad había muchos factores que la hacían permanecer así, inestable, como esos decaedros o pelotas de plástico con agujeros de diversas geometrías por donde los niños pequeños deben meter las piezas. Así es Norma. Y cuando una de esas piezas entra, algo en ella cambia y entonces suelta sus lágrimas, se caga de risa, se enoja o simplemente se enamora. Nunca supe qué tipo de pieza había sido yo, pero era claro que ya estaba fuera.
Ahora, a cuatro años del temblor, cuando la llamé para vernos y hablar al respecto ella, con sus aires de fuerza, con su madurez a cuestas, llegó y me saludó agradeciéndome la invitación y el haber estado con ella cuando el sismo. Fue terrible, dijo al sentarse. Y yo contesté lo que al principio.
--Y si vas a preguntarme también por qué temí morirme, te diré que fue porque... porque no lo sé.
Siguió hablando. La interrumpí para cuestionarle si era porque el miedo a morir se aparece cuando la muerte es probable y no hemos terminado de cumplir nuestra misión cuando estamos vivos.
--Podría ser – respondió moqueando. Apagó el cigarro. Hice lo mismo y encendí otro. Tenía que controlarme.
--Podría ser - repitió.
--Podría ser - secundé.
--Es que no hemos terminado lo que debemos hacer, no estamos con los que queremos ni en nuestro lugar favorito... no podemos escoger nuestra muerte, dijo.
--¿Miedo a morir con extraños? – deslicé.
--Puede ser. Pero es terrible esa sensación...
Cuando tuve el cigarro a la mitad hice memoria y recordé que cuando el sismo, un frío recorrió todo mi cuerpo. No me paralicé. No grité, no corrí, no huí, no recordé a nadie, no tuve miedo de morir. No lloré. Acaso porque desde pequeño he estado en contacto con los temblores, porque nada es mío, porque definitivamente no tengo nada que perder, excepto la memoria, las fuerzas, la imaginación o la vida, en el mejor de los casos. Por eso ya tenía todo por ganar. Sólo sentí frío y coordiné perfectamente mis movimientos. Ví el caos y eso me agradó. Para mí no fue tan terrible.
Sacudo la ceniza del cigarro en el cenicero, miro de nuevo las cúpulas de la catedral, los autos que pasan, a Norma sentada conmigo en la misma mesa donde hace un año estábamos sentados. Fija su vista en mis ojos esperando a que diga algo: bajo la mirada y la clavo en el cigarro: lo sigo hasta que llega a mis labios: inhalo y le digo a Norma, esa Norma que tanto quiero y que tanto me preocupa y que a veces odio:
--Lo terrible es que algo haga falta. ¿No crees?

lunes, enero 22, 2007

Tirado

David Chávez

Después de la boda, junto con la basura, recogimos los buenos deseos, el acta de matrimonio, las ganas de bailar, trocitos del pastel, sonrisas y miradas coqueras, lazos familiares medio rotos, etiquetas de traje sastre; el ramo de la novia, chorritos de alcohol, peticiones de baile, un borracho a media pista, cacahuates, anhelos de solteronas, un poco de ruido, dos o tres murmullos, pláticas obscenas de señoras grandes, algunos que otros celos, el olor a mierda del baño, dos vómitos, tres aretes, el sueño de treinta niños que corrieron, jugaron y destrozaron lo que quisieron en la fiesta; la felicidad de los novios, las copas de cristal en que bebieron los padres de la novia, cuatrocientas quince colillas de cigarros, un lente de contacto, seis deudas enormes de los padres del novio que los dejaron en la calle por dar la fiesta del siglo en el pueblo; ochocientos chistes simplones, veintinueve clases de olores, trece amistades que ya no lo son más, un embarazo no deseado, de cinco a siete rompimientos sentimentales, seis tacones de zapatillas, mil ciento quince corcholatas, ciento cinco botellas de tequila vacías, noventa y siente botones, una grapa de cocaína, dos condones: uno usado y el otro sin usar, un anillo de bodas (que no era el de los recién casados), la temblorina y los nervios de las madrinas, el corsé de una señora gorda en el baño, más tres cumbias, dos canciones que no venían al caso, un primo que andaba perdido y se durmió, una pintura para labios, un chongo postizo, el llanto de nueve borrachos y ocho canciones de despecho que cantó una tía divorciada y a mí, que me tocó barrer todas esas chingaderas después de andar mesereando toda la noche.

miércoles, enero 03, 2007

Lo que pensó un inmortal cuando al caminar y fumar vio a una pareja (h-m) de novios discutiendo en un jardín...

David Chávez



Yo poseo los momentos libres y huecos sin actividades propias que otros no tienen. Resulta fastidioso esto. Comparado con la inmortalidad, la desocupación es uno de los mayores tormentos que alguien pueda soportar. Es terrible cuando intento acercarme a alguien y charlar sobre esto. Nunca se cumple, nunca se da.

A veces llego y las personas se encuentran en su lugar, haciendo lo que deben, pueden y les gusta. En intentos por conocerlas se resisten, otras no, porque como ya dije hacen lo que deben, pueden, saben y les gusta. Las mujeres son un caso específico. De hecho existe todo un mito alrededor de ellas: frágiles, fuertes, misteriosas, complicadas, tiernas, nerviosas, desconfiadas.

Cualquiera desconfiaría de un extraño que llega y pregunta tu nombre, luego te dice el suyo y comienza una charla, o al menos lo intenta. Pero resulta que en ese momento un halo de intimidad las cubre y no puede romperse porque están pensando algo o en alguien. Están molestas o tristes o comienzan a especular acerca de ti. Es terrible eso.