miércoles, marzo 27, 2013

Ciertas mujeres

David Chávez

Algunas mujeres salen con hombres más altos que ellas porque así pueden comprarse esos zapatos de tacón que vieron en la tienda.

Mis amigos

David Chávez

Hoy he visto cómo el trabajo, la ropa, los lentes, el sueldo, la rutina, los desvelos, las deudas, la salud y la enfermedad; el desempleo y los trasnoches, la pinche responsabilidad les han ido marcando la cara a mis amigos, mis amigas, dejándoselas de hombres, de mujeres, e intentan  arrebatarnos la  alegría, la risa, la vida. Pero nosotros, y me incluyo, nosotros las combatimos juntos, abofeteándolas con letras. En  conjunto. Con  ciertos abrazos, complicidades y cerveza, mezcal, ron, vodka, algo de comida hecha en casa, cigarros y nos vemos mañana. De acuerdo. Yo te llamo. Que estés bien. Hasta luego. Con la cercanía y otras formas de estar al tanto unos de otros.

sábado, febrero 16, 2013

El perico “Güero” (†)

david chávez


murió. tenía 32 años con nosotros. Mis padres cuentan que “Rocky”, un pastor alemán que murió también años atrás, por más que le gustaba la vida, por más que le encantaba tomar el fresco en el pasillo de la casa, lo atrapó en el patio. Nunca supe quién lo bautizó como “El Güero”. Venía con una parvada de pericos que llegó a tomarse un descanso en el guayabo que crecía atrás, en el patio de la casa.

Junto con otros, bajó a darse un baño, a beber un poco de agua en el charco que se forma en una pequeña depresión en el tercer tramo del minihuerto cuando el agua se derrama por horas. Ahí lo atrapó el perro.

Del escándalo, tuvo que salir mi padre a ver lo que pasaba y rescató al perico. Vivió un tiempo con nosotros, y luego se mudó a casa de mi abuela paterna, donde aprendió a hablar. Decía “güero” y otras palabras que quedaron sepultas en mi infancia, como los trinos de los periquillos australianos que ya no resuenan en ese pasillo.

Estaba en una jaula grande, junto a la pared, a la entrada de la cocina, entre la cochera, la salita y el comedor. Le encantaba comer cacahuates, bolillo, tostadas y fruta. Cuando nuestra abuela murió “El Güero” se mudó a casa de una de mis tías. Ahí aprendió a decir “Socorro” –el nombre de mi tía- y “cotorro”.

Pasó otra temporada allá, hasta que mi tío enfermó y el perico regresó a nuestra casa, hace casi 8 años. Acá aprendió a imitar la risa de mi hermano menor, la de mi madre, silbaba las canciones que mi padre cantaba y armaba un revuelo cuando me escuchaba llegar. Nunca dejó que lo acariciara. De todos en la casa, fui el único al que no se le subió al hombro. Supongo que así se cobró tanta chingaderas que le hice cuando vivía con mi abuela y yo llegaba a molestarlo, a probar su equilibrio moviéndole el palito que le servía de sostén.

Lo voy a extrañar. El hueco que dejará su jaula, ubicada precisamente en el pasillo de la casa, justo a la entrada de la cocina, mirando hacia el comedor, va a ser difícil de llenar. O quizá sea irremplazable. Por más suspiros y miradas que le dediquemos a ese espacio reemplazaremos su compañía. Porque hay mascotas que siempre van a estar ahí, revoloteando en nuestros recuerdos, ladrándonos en el corazón. Vuela lejos, "Güero".



El amor nos dio cocodrilos: cuentos que no se escaman


David Chávez

Como un reptil, este libro se fue gestando de a poco. Alimentándose de lecturas, correcciones, erratas, incertidumbres. Y más correcciones, más lecturas, hasta alcanzar la talla adecuada. Desciende dinosáuricamente –por lo distante- de la tradición clásica del cuento instalada por Poe, coquetea descaradamente con la propuesta cortaziana de la narración hasta parir el suspenso, los escenarios y a personajes hermanados a aquellos producidos por la imaginación rulfiana de Amparo Dávila.

En el cuento que da nombre al libro encontramos una pieza que combina lo mismo la ternura que el desamor, el  anhelo con la incertidumbre. Pero en sí, el texto es un replanteamiento rotundo de las convenciones sociales. Dudas que reflejan el carácter de ambos personajes, cada uno más ensimismado que el otro conforme el relato avanza. Parten de sí mismos (“El aborto de Zam sucedió en los años de la preparatoria. Ella me ocultó que el bebé era mío […]. Nos distanciamos un tiempo, ella lo pidió”) y tres años después se rencuentran, tan solo para comenzar a separarse totalmente, para perderse cada quien en su vida, sus deseos, sus anhelos.

Como en el nido, los reptiles se gestan cada uno en su huevo. Los protagonistas de “El amor nos dio cocodrilos” rompen el cascarón tan solo para encontrarse contenidos en otro. Con una libertad utópica, con pasiones que encadenan, con deseos que esclavizan. Por eso Zam sufre quiroguianamente. Por eso quien relata la historia busca en sí una forma de lograr que las derrotas se conviertan en victorias, bajo el riesgo de no poder volver de sí mismo.

Tal vez “El amor nos dio cocodrilos” es la suma de soluciones que conducen al despeñadero, cuando el despeñadero es la única y última de las posibilidades. Destruirse todo por dentro y re-comenzar… o no.
El poder para reinventarse también se encuentra en los cuentos de Joel Flores. La apuesta que hace en “Niño superhéroe” no es otra cosa que la reconstrucción de una realidad de por sí distorsionada, cambiante, multifacética como lo es el mundo infantil. Si ya los temores y resquebrajamientos de la psique fueron tratados en el cuento anterior, en este se establece una cierta frecuencia, una tonalidad que va a conservarse a lo largo del libro y que le da unidad a los cuentos: los cambios sutiles que alteran la escena al final. Son pequeños detalles, menciones que cobran sentido para armar al texto, como escamas en el cuerpo del cocodrilo.

Esos cambios le protegen. Y el “Niño superhéroe” afronta los peligros que todo cuento debe vencer, como las acciones que un chico de seis años –por su físico- no lograría concretar. Noquea, eso sí, como un batazo a la nuca, el encuentro de historia. La conjunción de detalles pareciera un descuido, pero su progresión se detiene a tiempo. “¿En qué pudimos haber fallado en nuestra misión?”, se pregunta, y esa misma interrogante desafía al lector.  

“Héctor Foley”, por su parte, es el encargado de recoger las preguntas que el cuento anterior deja y construye otras. El cuento es en sí un hilo de Ariadna que nos salva de la interiorización –otra vez- del personaje. Héctor Foley podría ser el Niño superhéroe. Héctor Foley podría ser quien ama a Zam. Pero su historia es otra aunque resume las dos anteriores en la idea de venganza, en la reformulación de los recuerdos, en los cuestionamientos sociales.

El cuento puede leerse de, al menos, dos formas: seguir la línea de los cuestionamientos que el personaje se hace o bien a la manera tradicional. Sin embargo, existe una tercera que es la propuesta vertiginosa que el autor nos propone: leer ambas, de corrido, sin detenerse, sin cuestionarse nada. Ser cómplice del personaje.

Pero esa alternativa podría resultar cansada para el lector y Joel lo sabe. Por eso, en “El visitante”, existe una especie de descanso. Cocina, como si fuera sopa y liebres asadas, un pote en el que los personajes se revelan bajtineanamente dostoievskianos. Los ambientes, los cronotopos, son retomados para colocar en ellos a personajes que se transforman en los otros. La cabaña, la nieve, la montaña, afuera la guerra, complementan la historia. El lector no está a salvo tampoco ahí.

“El extraño” es el ‘cuento bisagra’ del libro. El ‘cuento-puerta’, el ‘cuento-ventana’: nos muestra el camino que venimos siguiendo, guiados por giros y matices bien plantados como migas en el camino. Y para no perdernos debemos seguirle la pista al lector. Preferible eso a perderse como El Extraño: en un bosque “mientras la guerra terminaba”. Y al salir de “El extraño” veremos otra de las obsesiones en los personajes de El amor nos dio cocodrilos: la destrucción del amor. Ni siquiera el desamor. La destrucción del amor, el cómo todo se va jodiendo.

Joel Flores sabe, como lo dice uno de los personajes de Álvaro Enrigue, que “son mejores las historias de amor que fracasan: hay todo para que a conduzca a b y de ahí a los hijitos, pero algo se jode sin que nadie sepa bien qué fue lo que pasó”. Y así lo confirma “Cuento no apto para pulcros”, cuando declara: “Lo que aquí importa es que Lidia ha dejado de creer en nuestro amor. Y ya no la tendré más”, como si fuera un pretexto para recordarnos que en El amor nos dio cocodrilos las enfermedades, como la que padece Lilia en el texto, son también uno de los temas subyacentes, que se liberan en el momento menos pensado, a la hora más inoportuna.

Esa es la respiración del libro. Como la de los cocodrilos, que pueden estar semanas bajo el agua, acechando a su presa, a la que atacan intempestivamente.  Pero los cuentodrilos de Joel pertenecen a otra especie. Estos odian que sufran a las personas que aman. Su solución es, pues, esperar, esperar a que el otro reconozca el sacrificio, la espera, la paciencia. La vaga esperanza de que “el sufrimiento […] valdría la pena: […] eso nos hacía soportar todos los dolores y fracasos del mundo”.

Esta continuación de dolor, de fracaso, crece en “Luz óxida”. Si de entrada Joel nos propone que el amor dé cocodrilos, ¿pueden los cocodrilos dar amor?  ¿Puede lo fallido ser un éxito? ¿Puede lo exitoso ser un error? ¿Puede todo ser un error?

Y las dudas comienzan a dispararse. “Hiperbólico” insulta al lector, juega con él, se burla. El narrador mira a los ojos, le meterá un madrazo en la cara al lector. “Me lo estoy calando a ver si cae en mis mentiras, y ni cuenta se da”, dice. Y yo parafraseo: “¿Está seguro que usted es un buen lector?”.
Con ese estilo diatribesco, Ricardo Morales, el ‘Mono Richard’ va cumpliendo cabalmente el contrato de lectura que el título del cuento en que se encuentra establece con los lectores. El texto es toda una hipérbole, esa exageración que termina por concretarse en la lectura. Sin embargo, la incertidumbre persiste, el narrado continúa amenazándonos: “¿quién le asegura que esas historias son reales?”, nos advierte.

¿Es el narrador un reptil, un cocodrilo acechante? ¿Es realmente un asesino? ¿Confiaremos en él pese a que confiesa que dejará de insultarnos? “Porque estos son pedos mayores. Muy elevados”, que en general son bien resueltos en los amores que dan estos cocodrilos, en los cocodrilos que dan estos amores, en la literatura en la que, parafraseando al Mono Richard, “hay que ponerse chingón, mi lector”. Y enmendándole la plana, agregaría que uno se debe empuercar del lenguaje para hacer literatura. Como esta, la de un autor y sus textos que no se escaman.




martes, enero 22, 2013

el amor y las bicicletas

David Chávez




El amor es un cabrón en bicicleta y siempre anda en sentido contrario.


miércoles, enero 02, 2013

la impertérrita velocidad con que avanza 2013

david chávez


2013 es un año voraz y si no analízalo con atención: cuando leas esto será miércoles 2 de enero. dos días más tarde llega el viernes 4 y para muchos habrá terminado la jornada laboral. dentro de 11 días será quincena, dos semanas después enero ya será historia. vendrá febrero, el corto febrero, y 30 días luego caput, se acabó: estaremos en marzo. tras marzo viene abril: a medio mes mi cumpleaños; cuando menos lo esperes será día del trabajo, día de la madre, verano, otoño, septiembre y fiestas patrias, noviembre con su día de muertos y henos aquí nuevamente celebrando navidad, esperando ansiosamente a 2014. qué rápido se fue este 2013.

lunes, julio 09, 2012

el viento que entra me confirma cada día que he tomado la decisión correcta




david chávez


van a delegar a dios de su puesto como administrador de la tierra. es un buen tipo, trabajador, simpático. es malo para contar chistes y tiene un humor muy raro. fuma de vez en cuando y a mí me cae muy bien
porque en cierta forma se parece a un amigo de la infancia de quien  tengo gratos recuerdos. todos los días lo veo con una pelotita que estruja con su mano derecha mientras supervisa vía satélite algún derrame petrolero que elimina a unas cuantas especies animales que ya están descontinuadas y para las que ya no tenemos refacciones.

la reunión ha comenzado. la junta cree que es mejor enviarlo al departamento de mantenimiento universal. alguien sugiere que es una estupidez, un desperdicio no haber puesto a los pájaros, a las aves, a  fabricar casas para los humanos con materiales biodegradables y reutilizados. pero entonces, les digo, levantándome, las aves, los pájaros no se darían abasto y caerían muertos de cansancio, no podrían  reproducirse y una serie de desagradables acontecimientos ocurrirían en el universo, desequilibrándolo, y no sabemos los efectos adversos que ello tendría. otro argumenta que lo mismo se había dicho acerca de la extinción de las abejas. los murmullos aumentan. al final la junta directiva me da la razón. damas, caballeros, si no hay otro punto que tratar los veré luego, digo, y salgo del edificio, saludo a dios al  pasar frente a su oficina rumbo al estacionamiento, subo al auto y me despido agitando la mano por la ventana. el viento que entra me confirma cada día que he tomado la decisión correcta.

miércoles, mayo 30, 2012

Quemadura



david chávez


Quemadura: según Villaurrutia, voz que madura “en medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen”. // Marca que deja una gran viveza de los afectos y pasiones. // Herida cuyo ardor es causado por el ansia o un anhelo. // Incendio provocado por el continuo roce de ideas contradictorias. // Manifestación corporal de una calentura moral excesiva que se externa en un dicho, razón o palabra picante con que se busca provocar a alguien. // Cuerpo que se resiste al dicho, razón o palabra picante con que se busca contagiar una calentura moral excesiva. // Marca de la mordedura o del paso de una lengua de fuego por la superficie de alguna persona, animal o cosa. 

martes, mayo 15, 2012

Carlos Fuentes y la fuga de gas



david chávez


Joel Flores supo que murió Carlos Fuentes cuando el fontanero descubrió una fuga de gas en el cuarto de lavado. Después de mostrarle de dónde venía el olor, el fontanero le preguntó si ya sabía que se había muerto el escritor ese, Carlos Fuentes. No me chingue, le dijo. ¿Cuándo supo eso? Hace rato en las noticias lo dijeron. Se quedó mudo, mirando al fontanero que mezclaba un poco de jabón y agua. Distribuyó todo por el tubo delgado y en medio del silencio le dijo: "ya le encontré la falla: aquí está la fuga, mire las burbujas que salen del tubo medio trizado", igualitas a todas las referencias sobre fuentes que le borboteaban en la cabeza. "Hay que cambiarlo", dijo el fontanero. Y mientras pensaba Joel  en la muerte de Carlos Fuentes, en que Flor estaría menos preocupada cuando le dijera que la fuga ya había sido reparada, le respondió: “haga los cambios necesarios; total, de lo que se trata es de seguir con vida”. 

jueves, mayo 10, 2012

Vejez



david chávez 

Vejez: etapa de la vida en que más sabe el diablo. // Edad física en que entra el cuerpo en que todo comienza a ponerse tan bueno, que nos decidimos por realizar una sola cosa a la vez. // Empaque en que vienen envueltos los achaques, reumas, padecimientos, olvidos, arrugas y problemas grastrointestinales, entre otros. // Principio de autopsia. //Olor parecido al de la madera con que elaboran los ataúdes. // Ausencia de juventud. // Carencia de niñez.

martes, mayo 08, 2012

Playa

david chávez




Playa: 

superficie vacacional en que reposa la preocupación por saber dónde quedó el bronceador. // Espacio que ocupan ciertos cuerpos, nacionales o extranjeros, por más de una horilla. // Geografía donde florecen miles de colinas y ojos que van a veranear. // Faja de arena larga y angosta que suele colarse entre las ropas. // Desembarcadero en que los compañeros poetas son cuestionados, tomando en cuenta los últimos sucesos en la poesía, acerca del tipo de adjetivos que deben usarse para “hacer el poema de un barco sin que se haga sentimental, fuera de la vanguardia o evidente panfleto”.

sábado, abril 21, 2012

"El triángulo"

David Chávez . -–El primer ósculo me lo dio viendo el crepúsculo desde un vehículo –-dice el viejo del báculo, quien recuerda esa boca, en círculo: apenas un músculo, dice. Regulo el estímulo, pregunto por el vínculo. Toma el póculo, da un sorbo. Se atosiga, carraspea. Simulo atenderlo pero lo estrangulo. Mis manos revientan un forúnculo. Sangra. No reculo. Un minúsculo recuerdo ilumina el cubículo y recapitulo: “ha muerto ella, ya ha muerto él”. Titulo la escena como “El triángulo”. Deambulo. Salgo.

viernes, enero 13, 2012

Escenas I

David Chávez


Como si hubieran salido de un poema de Girondo se contemplan, se desgarran, se muerden, se miran, se gustan, se desean, se besan, se respiran, se olfatean, se apetecen, se chupan, se babean, se enlazan, se entregan, se penetran, se acoplan, se menean, se acometen, se entrechocan, se apresan, se retuercen, se estremecen, se estiran. Luego él se fue, moviendo la cola, como diciéndole adiós.

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lunes, enero 09, 2012

Cancerbero

David Chávez


Cancerbero: perro de tres cabezas que laboraba como barman en el mítico centro nocturno El Infierno, actividad que desempeñó luego de fungir como guardameta del equipo de futbol soccer Olimpus. // Constelación cuyas estrellas se transforman en agujeros negros y otras formas de la materia que proliferan de manera anormal e incontrolada por el universo, enfermando de impaciencia a los científicos que investigan tal actividad.

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martes, septiembre 06, 2011

Optimismo

David Chávez


Yo no quiero que me llamen pesimista porque no creo en que la fe mueve montañas o que la esperanza muere al último. Llámenme como quieran pero sé -porque me consta- que el vacío que ocupa un vaso es el mismo que se sienta en una silla cuando nos levantamos de ella. Por eso opto por pensar -cuando la miro sola, como esperando a que me siente, medio coqueta- que la silla esconde todo un mundo debajo de esas cuatro patas bien torneadas que la sustentan.

sábado, agosto 20, 2011

El Kare-kane

Davd Chávez

Dicen que las sirenas usan como jabón a cierta especie de pez. Particularmente el Kare-kane, que deshova en el Río Amarillo. Sus crías, del mismo color, parecidas a un pedernal puntiagudo, son transportadas por las corrientes marítimas hasta llegar al Pacífico. Luego cruza el Canal de Panamá por entre buques y cargueros y llega al Atlántico, al Mar de los Sargazos. Ahí se alimenta, crece hasta que su piel pinta tres líneas que apunta hacia sus ojos, y se reproduce, generalmente entre abril y mayo, cuando tritones enviados por Neptuno colectan cardúmenes.

Ellas pisciformemente se dejan remorear por los Kare-kanes al caer la tarde, para que el sol tinte sus cabellos. Ellos les mordisquean cariñosamente los pezones y ellas ríen, se sonrojan. Luego, el Kare-kane mira fijamente a la sirena, como si quisiera enamorarla y comienza a emitir una tonada en determinada frecuencia hasta agonizar y si algún perro llegara a escucharla ladraría, encantado de contento. La melodía entonces paraliza a la sirena y restira su piel. Ellas besan al Kare-kane para infundirle un poco de vida: es necesario llevarlo al agua dulce, a un río, a una poza, a un charco. La carne de los Kare-kane muertos se transforma en arena y su esqueleto de oro es ocupado como peine por ellas.

Aquellos que han atrapado un Kare-kane los encierran en una bola de cristal para lavarse el cuerpo, el alma, los ojos con los restos del pez muerto. Dicen que quita el mal de ojo. Que elimina las bacterias. Que deshace las arrugas. Que su perfume supera a una caricia. Que luego del baño se terminan las penas y el mal de amores y que quien consume dos espinas de su esqueleto puede vivir sin comer durante cuatro años. Pero es sumamente adictivo. Tanto como la belleza, como el canto, como la mirada profunda, océanica de una sirena.

martes, julio 05, 2011

el_hombre_que_aprendió_a_hablar.mario_benedetti.mi_perro_raimundo.david_chávez.wiki.htm9

el_hombre_que_aprendió_a_hablar.mario_benedetti.mi_perro_raimundo.david_chávez.wiki.htm9


(wikihomenaje, wikitributo, wikiversión a Mario Benedetti)

Luego de arduos, largos, pragmáticos años de enseñanza en que estuve a punto de desistir, Raimundo aprendió a hablar. No a imitar sonidos, como suelen hacer los bebés –y hay algunos chistosos que les celebran trompetillas y balbuceos-, sino verdaderamente a hablar. Se me quedaba viendo todos los días con esos ojos tristes, tristísimos y desde cachorro evitaba ladrar si no era estrictamente necesario. Sólo lloriqueaba hasta el cansancio y había que ir a verlo.
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"La verdad es que ladro por no llorar", me dijo la primera vez. No le creí. Yo sigo pensando que verdaderamente es un humano atrapado en el cuerpo de un perro y quería comunicarse con el resto de los de su especie. Por eso se volvió loco de alegría cuando logró decir “Hola, Leonardo, ¿cómo has estado” de un tirón, clarito, como si nunca hubiera ladrado, y (algo más extraordinario aún) él comprendió cuando le dije “Hubiera jurado que nunca llegaría este día”. “Yo también”, me dijo.
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A partir de ese día Raimundo y yo caminábamos hasta el parque, por lo general antes del atardecer, después de la comida, y dialogábamos sobre temas generales. A pesar de ser perro, nunca había imaginado que Raimundo tuviera una tan sagaz visión del mundo. Una tarde, mientras me pedía sonrojadísimo que le ayudara a buscar un sitio adecuado y algo de papel para cagar, se animó a preguntarme con una pronunciación impecable: "Dime, Leo, con toda franqueza: ¿qué opinas de mi forma de hablar?". Yo le respondí escueto y sincero, mientras le pasaba unos cuantos pañuelos desechables y le daba la espalda para ocultarlo del guardia forestal que pasaba metros adelante, saludando: "Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando hablas todavía se te nota cierto acento canino”.

domingo, abril 10, 2011

jesus_expulsa_a_los_mercaderes.nuevo_testamento.david_chávez.wiki.htm8

jesus_expulsa_a_los_mercaderes.nuevo_testamento.david_chávez.wiki.htm8



Se acercaban las elecciones locales y federales y Jesús llegó a la presidencia municipal. Era quincena. En el edificio encontró a burócratas aviadores que fueron a cobrar su cheque, chinches que mamaban del presupuesto, a candidatos a senadores, plurinominales, al presidente del partido, diputados locales, operadores, coordinadores de campaña, presidentes de comité de barrio, gente que iba a hacer sus trámites, de rancho, con bueyes, ovejas y palomas; policías discutiendo con periodistas y guaruras que alejaban a la gente que gritaba e intentaba acercarse al señor alcalde, señor alcalde, señor alcalde, que sonreía a las cámaras como los vendedores afuera, en sus puestos de tacos, sándwiches, tortas y fruta picada. Hizo un látigo con una de las cuerdas de las vallas que daban forma a la fila de gente y los echó a todos fuera, hasta al presidente municipal le tocó un chingadazo. Entonces el político dijo, resumiendo en su pregunta las dudas de quienes atestiguaron el hecho: “¿Quién chingados se cree este cabrón para obrar así?”. Jesús le respondió: “si en este momento fueran las elecciones yo os aseguro que con una campaña previa de tres días yo las ganaré”. Los políticos y candidatos y burócratas le replicaron: nuestro partido ha estado en el poder durante más de setenta años y ha construido una perfecta red de corruptelas, ¿y tú dices que tirarás eso y recompondrás todo luego de tres días?”, mas él hablaba de los resultados que entregan las casas encuestadoras como Mitofsky y otras.
(Jn 2,13-22; Mt 21,12-17; Mc 11,15-19).

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viernes, marzo 11, 2011

los_heraldos_negros.césar_vallejo.david_chávez.wiki.hmt7

david chávez

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huiquihomenaje a césar vallejo
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Hay tangos en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Tangos como La comparsita; como si en ellos,
la resaca de todo lo sufrido y lo bailado
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!
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Son pocos; pero son... Caminito, Por una cabeza
El día que me quieras, El porteñito, La morocha
Serán tal vez los tangos como bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda Tita Merello.
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Son las caídas hondas de los compadritos del alma,
de Fiorentino, el Polaco, Podestá, Discépolo,
Troilo, Piazzolla, alguna melodía adorable que el tango blasfema.
Esos golpes de Baldeón son las crepitaciones
de algún arrabal, un amor, un corazón
que en la puerta del horno se nos quema.

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Y Gardel... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo bailado, lo bebido,
se le empozaba, como charco de culpa, en la mirada.
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Hay tangos en la vida, Malena, tan fuertes... Yo no sé!

...

miércoles, diciembre 01, 2010

ateísmo creacionista: ser la palabra

david chávez


Vvivir la palabra, carajo, es más cabrón que vivir la vida -porque la vida está hecha, es pura palabra pura. vivir la palabra no es vivir de la palabra, es decir, lo es y no lo es; no es vivir en la palabra.

Vivir la palabra es sentir y ser la palabra: toda palabra cruzándote la conciencia, el cuerpo, la mente. sentir todas las palabras, saberlas, preocuparte por ellas, como si la palabra fuera tu cuerpo, como si la palabra fuera tu hija, la cosa que más quieres, lo que más te quiere, lo que más amas, lo que más te ama, como si la palabra fuera tu madre, tu padre, tu familia, tus amigos, como si la palabra, carajo, cabrón reacciona: como la puta palabra puta puta puta palabra fueras tú, chingadas madres.

Non serviam, creacionismo.


concepción, chile, jueves 2 de noviembre de 2010.