martes, mayo 04, 2010
cóbraselo caro...
Armando el cocinero
sé que México no es un recuerdo: es un pinche lastre que te inmoviliza, o mejor, un ancla que sólo te permite moverte para donde ella quiere. Nos tiene de los tanates, ¿entiendes? De los huevos, controlados y programados; como dice Macedonio: es un agradable contratiempo, ¿por qué no podemos vivir sin esa cadena? ¿Sabes por qué no me gusta ir allá? Porque siempre me quiero quedar, veo a la gente, el lugar donde crecí y algo me ata al piso... página 66
Élmer Mendoza. Cóbraselo caro. Tusquets. México, DF. 2005.
lunes, abril 19, 2010
recordatorio
De lo que se trata -me dijo Darwin en un suspiro- es de que la ola te revuelque lo menos posible... y salir bien parado de ello, y ser capaz de seguir adelante, aunque el agua salada te haga vomitar, aunque el esfuerzo te haya dejado cansado, aunque dejes de lado el tratamiento para la gastritis, aunque sigas fumando, aunque sigas bebiendo, aunque los amigos estén lejos y cerca.
Aunque te ardan los ojos -parecía decirme con su mirada canina- hay que seguir. Seguir escribiendo. Ladró. Que la prisa te motive, que la furia te impulse. Que el dinero vaya y venga, que lo que quieres no se te olvide. Que escribas. Que vivas. Que escribas. Me lamió la mano, bostezó como bostezan los perros, meneó un poco la cola y se largó a dormir sobre el sillón. Yo apuré el último trago de la cerveza rubia que estaba bebiendo -aún fría-, aplasté el cigarrillo a la mitad en el cenicero, apagué las luces y a tientas caminé hacia mi habitación. De camino recorrí con los dedos el pelaje de Darwin. Gruñó. Abrí la puerta, busqué en la oscuridad mi pequeña libreta de apuntes y con la luz del celular anoté: debo escribir más. Me saqué las botas y me tiré en la cama. A veces hay que pisar fuerte, murmuré. Fue lo último que recuerdo antes de quedarme dormido.
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lunes, abril 05, 2010
re-flexionado
El tema, en sí, ya era de mi ocupación. Es decir, había pensado en él años atrás. ¿A dónde putas se larga el tren? ¿De dónde carajos viene? ¿Quién chingados es capaz de interpretar, entender su silbatesco lenguaje -fuera de los guardavías y demás trabajadores ferroviarios- que pronuncia y a veces tartamudea? Sobre esas dudas básicas, que a la mayoría -supongo- se nos cruzan como durmientes bajo las vías en el camino, había estado pensando y ahora, la casa sola, el pasto regado y creciente, las flores marchitándose a ratos, en turnos; los vasos de plástico azules en que puse una ciruela pasa a remojar, en que olvidé beber agua y en el que bebí agua, junto con los cuatro que permanecen encimados sobre la repisa, testimonian el silente cantar de los grillo que ya se han refugiado en la frescura cespedita.
Crepitan las ventanas con este calor potosino. A casi diez cuadras el tren avanza rítmicamente, con una sonoridad de palomilla que busca la luz. Suspira, o parece hacerlo, cuando pita. Y las casas le contestan crujiendo. Tengo la impresión de que la insensibilidad del gusano de metal que birla los caminos magueyeros, agaveros, y que conoce las intimidades montañosas es contagiosa. O al menos da esa impresión. ¿Quién podría decir que debajo de esa piel de hierro, de esa hermética y remachada y recalcitrada y asoleada piel hay hombres que la operan como neuronas al cerebro, la máquina, para que ande el resto del cuerpo, para que el cuerpotrenhumano incluso pite, silve, cague, se embriague de diesel, mezcal, vino, cerveza?
Como los pocos entendidos en la materia, como aquellos que nunca hemos tenido conocimiento ferrocarrilero mínimo, ignoro qué putas quiere decir la mirada de un tren, si es que acaso tiene mirada, si es que acaso sólo alumbra el camino. ¿Y qué putas debe iluminar el camino si tiene la senda marcada, si no puede hacer otra cosa que seguir los rieles, las vías? ¿De qué le sirve descarrilarse, abandonar la senda metálica que le quema los pies, si lleva tras de sí vagones cargados? ¿Lo hace acaso cuando lo desea o tiene que esperar que algo, alguien se atraviese en su camino?
Sísificamente, es triste verlo pasar, aullando, gritando, alardeando acerca de sus viajes, sus ires y venires. Ellos llevan, transportan. ¿Quién los lleva, los transporta a ellos?
Compadezco, en ocasiones, a los treneshumanos. Son poderosos, capaces, viajeros, nada los hiere, su coraza metálica los protege. Y qué bueno. Jamás serán heridos. Vale un mantenimiento para seguir su camino. Y ese es el problema. Tanta locomoción, es cierto, tanta potencia y determinación... guiada por los rieles, caramba, carajo, gatdemon, que no pueden saltarse. Yo, para mi consuelo, me levanto de la piedra en que estoy sentado, enciendo un cigarro y vuelvo a casa, a unas cuantas cuadras de aquí. Cruzo las vías cuando el tren ha pasado. Esa es una dicha que un tren no puede obtener.
San Luis Potosí, México. 5 de abril de 2010
altamar
Hay botellas en las que, simplemente, por más que uno lo intente nomás no cabe. Entonces, al no caber, uno simplemente un día se arroja al mar -no en el sentido storniano- y se deja llevar por el bamboleo de olas, holas y corrientes. Después de un tiempo, mareado por tanto vaivén, uno simplemente arroja el corcho y vomita el mensaje que lleva dentro. Tal vez eso sea, simplemente, de lo que se trata de hacer en esta pinche vida.
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domingo, marzo 14, 2010
vaivenes
Miro hacia atrás y me doy cuenta del trecho que he avanzado. no quepo en Colima, no porque me quede chica, sino porque no encajo en su ritmo. ya no encajo en su ritmo. y si yo tuviera la misma intemperancia, intempestividad, lo terco y necio, lo imaginacional y la estupidez de David Chávez, la forma en que le busca la forma de hacer las cosas que quiere y le gusta hacer -como escribir, por ejemplo, o cocinar, por otro ejemplo- no tendría problema alguno en sentirme ya ubicado en San Luis Potosí, por ejemplo.
No me sentiría tan cansado de andar tan al trote, resistiendo, avanzando por la vereda, el camino polvoriento, cavilando y aplicando la forma de subir y remontar esta pendiente hasta llegar a donde pueda verse lo que está por venir, la nueva forma del camino que está más adelante.
Sucede que en ocasiones la curiosidad es un buen aliciente. Si yo tuviera la curiosidad de David Chávez -carajo!-, o el feelling, la alquimia y el timing de Carlos Ramírez Vuelvas, la explosividad y tino de suspicacia, el valor de caminar de Volpi, alias Óscar Fernando Chapula, el tacto para estar en un par de lugares ideológicos tan opuestos como en el cielo y en el invierno y tener el poder de mezclarlos -estar en el cielo en el infierno y en el infierno mientras se intenta llegar al cielo- que posee Julio César -salve- Zamora (Parri querido); lo pequeño/precioso, templado y acicate que puede ser un giro, un guiño, una finta en el humor, la amistad Yanezcastillosa de Alberto mi Bristy; lo tumultuosa y aduanera que es la vida, las vueltas que da, sus vaivenes hedónicos y medulares transfronterizos como se lo ha demostrado a David Chávez Paulina Barrenechea; la sorpresa de lo sencillo, el fluir, aenimesco, toolousero aprendido gracias a Pablo Angulo; los tremores y angustias que se disuelven con una dosis de guararé, bebiendo intravenosamente los influjos hectorlavoreanos que prepara Clara Parra; el compadrazgo y la confiansividad a botepronto-crecerápido en la cocina y la compañía de Roberto Machuca; la tejumbre y guiserío, el hermanamiento generacional que Lucy Gutiérrez Santana le han enseñado; la mexicaneidad y el chilenismo a flor de piel en las buenas y en las malas de Iván Trejo, de la comunidad chilenomexicana de la facultad de Derecho de la Universidad de Concepción, la de Letras, la de Maderas e Ingeniería Civil de la Universidad del Bío-bío; el cálculo, creatividad y animosidad que aprendió de Javier Zepeda y Óscar Rivera; las palmadas en la espalda de parte de Tapiro, los cigarros que escuchan de Marek Daniela; el cigarro y la cerveza templados de Lalo Urzúa; los ojos acuosos, llenos de risa de Nora Jiménez, Rosa Arias; la haceladepedotividad de Olivia Cannales y familia; el hazparismo de la banda potosina: la inguesuidad de Gabriela Nájera, la tos y desveladas fifaleras de David Pérez unidas a la opericia de Sara Martínez; la confianza y lazos de Alejandro Roque; la adoptividad amistosa con que se cuentan las alegrías y desgracias entre Dilva Castañeda, Goyo Preciado y David Chávez, similar a la que tienen entre ellos Avelino Guzmán y Los Escapistas, la familia y otra situaciones que a diario nos ponen a prueba, borrándonos de la memoria a otros y otras a quienes queremos, yo podría ser un poco como David Chávez: sería "el que esto escribe".
A veces siento que no encajo ni en el pasado ni en el futuro y el presente lo ocupa ahora David Chávez.
A veces siento que lo que a uno lo mantiene en el camino, lo que a mí me mantendría en el camino, aunque David Chávez siga en él, es saber que alguien nos mira, como a estas letras, como los ojos de Amanda Cárdenas, como la sonrisa de quien nos quiere, y se sonroja al descubrir que estas letras también te miran, mientras uno camina lentamente y se pierde en la distancia, desbaratándose como un cercado de piedra, precipitándose como lágrima a la comisura de los labios, de sus labios, de mis labios, de tus labios dentro de tus ojos.
miércoles, marzo 10, 2010
huiquidefinición de "Acoso textual"
definición.de.acoso.textual.wikipedia.david_chávez.wiki_htm6
La definición de acoso textual puede abarcar un amplio abanico, dependiendo de la opinión de cada individuo respecto a lo que entiende que pueda ser al acoso, llevando a confusiones. El término es resultado de las múltiples experiencias que asistentes, libreros, vendedores, autores, escritores y fanáticos han compartido luego de las ferias de libros, sean estas escolares, laborales, universitarias, municipales, estatales, nacionales e internacionales, en las que han sufrido el tacto indeseado de sus libros en los eventos arriba citados.
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También engloba los comentarios lascivos, discusiones sobre superioridad de textos, las bromas y los favores textuales (¡literarios y literales!) para conseguir otros status en el mundo editorial, etc. El acoso fuera del lugar de concurrencia, como en lecturas, recitales, presentaciones y conferencias autorales, también está considerado otra forma de acoso textual (cfr. Infrarrealistas: cronología del acoso textual en México).
domingo, enero 10, 2010
Hay días así
Hoy me encontré con un hombre que esperaba el camión a tres cuadras de mi casa. Me dijo que hoy había sentido cómo toda la literatura, toda la vida (en lo que a su sentido se refiere "vivir" y sus derivadas conjugaciones), las religiones, todas las lecturas, las letras, lo que yotúélnosotrosvosotrosustedesellos hehashahemoshan leídoleeránleeremosleerás lo había atravesado por completo como un flujo, como el viento que mece hojas, ramas e ideas.
Es sorprendente, me dijo. Asentí. Encendí un cigarrillo para conjurar cualquier pensamiento vago que pudiera interponerse entre nosotros. Así me sentí yo ayer, le dije, y encendí un cigarrillo. El humo que salió a continuación, le dije al hombre -que para ese entonces me miraba atenta, intensamente-, dijo tantas cosas que ni siquiera ahora he podido de hacerme de las palabras suficientes para describir lo que sentí después.
El hombre sacó un cigarrillo para conjurar cualquier pensamiento vago que pudiera interponerse entre nosotros. Ocho bocanadas después llegó el camión que yo debía abordar y nos despedimos con una mirada atenta, intensa, y una sonrisa luego de decirnos pase usted buenas tardes.
martes, enero 05, 2010
Sucede que a veces no hay nada como un chingas a tu madre
Sucede que a veces, cuando escribo, tiemblo. A veces lo hago cuando pienso en lo que podría escribir: una furia mal curada, una emoción descontenida que me rebasa, alguna idea que febriliza en mi cabeza y que me parece genial, sobre la que pienso -después de escribirla- que es una reverenda pendejada.
Escribir, a veces, es como velar armas. Pero sucede que a veces escribir es visto como un no combate, como una no lucha, como un no estar armado. He temblado, repito cuando he escrito. Lo he hecho tambié lleno de furia, cegado y poseso de un espíritu fiero, demandante, descontenido que selecciona cada pinche palabra con tal tino que hiera o mate o remate. La musa muere.
Las Furias mandan. Dictan.
Sucede que a veces, cuando se recibe el dictado, cuando alguna de las musas sobrevive, quedan retazos de palabras tiernas. Cuando una de ellas vence, cuando las Furias son dominadas, la visión de las musas es otra. Musas mecánicas que dan la vuelta de tuerca.
Sucede que a veces los combates entre ellas son desiguales y no se sabe quiénes ganarán. Uno podría decir entonces que se encuentra entre "fuego amigo", recogiendo la metralla ardiente y despojos de las armas usadas con las que se pueden construir otras. A esas armas se les ponen palabras como municiones. Yo simplemente espero entrar en combate. Y mientras, en lo que algo sucede, guardo parque, luthierizo nuevos artefactos: veo cómo luchan musas y furias.
viernes, diciembre 18, 2009
Reacciones post-nortec: pinches sustos condicionantes
Tenía cerca de año y algunos meses sin ir a México, hasta que regresé en julio de 2009. Como esta vez iba por tres meses, opté por hacerme de un teléfono celular que de buena onda mi hermano Rogelio me prestó. La cosa del chip fue donación de mi otro hermano, Marco Antonio. So, así iba yo durante mi estancia. El dichoso teléfono tenía reproductor de mp3, cámara fotográfica integrada, horario de verano, teclado iluminado, convertidor de monedas, cronómetro, calendario y también enviaba y recibía mensajes y hacía y recibía llamados.
Recuerdo que uno podía programar como timbre alguna canción en particular. Decidí, tan lejos de México había estado, seleccionar algo de Ramón Ayala. Así anduve cerca de tres días, hasta que perdí cerca de 5 llamadas por no alcanzar a escuchar el timbre. Por eso mejor opté por cambiar la canción. Luego, andaba yo feliz con Nortec: Tijuana Sound Machine sonaba cada vez que alguien de mis amigos o familiares me llamaba.
Dejaba que el teléfono sonara 10 o 15 segundos antes de contestar. La mezcla de norteño con electrónica resultó ser muy muy muy de mi agrado y a otros les causaba curiosidad. Sin embargo, todo fue uno y ahora sufro las consecuencias de esta especie de comportamiento/condicionamiento-operante.
Sucede que dentro de 11 días vuelo de regreso a México. En lo que se llega la fecha trato de terminar un anális. Mientras hago eso, y llevado por la melancolía y la ansiedad, escucho Nortec. El reproductor de la laptop, programado para tocar los mp3s aleatoreamente, selecciona Tijuana Sound Machine. Tengo puestos los audífonos, que ignoro porque todos los días lo llevo puestos, y al escuchar el tema, el acordeón, la tarola, el bajo y la voz robotizada en un mix inconfundible me levanto y busco el celular: alguien, alguien, estoy seguro, me está llamando desde Colima, México, para vernos. Estoy seguro.
Tropiezo y al sujetarme de la cama voy a dar al suelo con todo y almohadas, cobijas, ropa, libros y una pequeña mochila que logro quitarme de la cara. Al levantarme desconecto el cable de los audífonos y me doy cuenta que la canción suena en la computadora. No hay tal celular. Nadie llama desde Colima (o Manzanillo o Tecomán o Guadalajara o el DF o Chiapas o Los Cabos o Morelia o Guanajuato o Puebla o San Luis Potosí).
Son síntomas de que, en esta ocasión, debo cambiar el estímulo (el tono del timbre) de mi condicionante (mi celular) para evitarme este tipo de eventualidades.
Colima, Guadalajara, Tecomán, Amig@s: l@s extraño a ritmo de Nortec:
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http://www.youtube.com/watch?v=4zYaCGEtFDU&feature=video_response
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martes, diciembre 15, 2009
viernes, diciembre 11, 2009
2014 árboles había en ese bosque
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Dicen que antes, cuando alguien a alguien quería guardar un secreto, buscaba un árbol en una montaña. Cuando lo encontraba tallaba un hueco y confesaba en él lo que no quería que se supiera. Luego sellaba el hueco con barro. Así nadie nunca sabía lo que había ocultado en él. Sin embargo, después de hacer lo anterior, aquel que había guardado su secreto regresaba a casa sin mirar atrás. Nunca nadie veía cómo los pájaros Tdzum, que anidan en los árboles haciendo un hueco y sellándolo con barro, confundían el escondite del secreto con sus nidos.
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Nadie sabía, tampoco, que entre las plumas de los pájaros Tdzum, con las que se elaboraban los almohadones de plumas, habitan diminutos seres que llegan a crecer como bichos gigantes y horrorosos que se alimentan de sangre mientras susurran al oído de su víctima secretos de antaño, crímenes, robos, asesinatos, bajas pasiones y amores ocultos que ocasionan a quien los escucha indescriptibles angustias mientras va consumiéndose poco a poco, hasta que muere.
pedro_páramo.juan_rulfo.david_chávez.reveses.wiki.htm4
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pedro_páramo.juan_rulfo.david_chávez.reveses.wiki.htm4
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-Así lo haré, padre.
-No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.
Todavía antes me había dicho:
“No dejes de ir a visitarla -me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy seguro de que le dar gusto conocerte.” Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después de que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.
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Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi madre, una tal Dolores Preciado. Mi padre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verla en cuanto él muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues él estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo…
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(texto para concurso Las historias, alberto chimal, 16 de julio de 2008)
Circunscripciones
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Abro la puerta del baño. Recibo el pequeño envoltorio con cocaína. Lo abro. Distribuyo el polvo en un par de líneas con una tarjeta de crédito. Me acerco al borde del lavamanos. Lo aspiro por la nariz. Repito la operación. Me lavo la cara. Me miro en el espejo. A mis espaldas, escucho que alguien se pedorrea. Alguien intenta vomitar. La tos es fuerte y nada. No vomita. Imagino ese par de escenas, al par de tipos que están dentro. Tres golpes cortos a la puerta: la señal de que alguien más entrará al baño. Mojo un poco mi cabello. Me miro fijamente en el espejo y comienzo a pensar si realmente Dios lo ve todo, si inhalará cocaína, si puede ver al par de imbéciles intentando cagar, intentando vomitar.
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Me sonrío. Saludo al tipo que entra. Abre su envoltorio, arma un par de líneas e ihnala. Gracias, le digo, cuando me invita un poco. ¿Usted cree en Dios?, le pregunto. A veces, me responde. Dios está en todas partes, le digo. ¿Ah sí?, me pregunta, mientras saca un cigarrillo e intenta encenderlo. Dicen que puede verlo todo, le digo. Cierto, eso dicen, me dice. ¿Usted lo cree?, me pregunta. Es probable, le digo. Quizá Dios sea un ingeniero o un tipo muy listo, tan listo que para saber lo que hacemos convirtió los televisores en sus ojos. Tenga cuidado. Ese televisor por donde transmiten las películas porno o las novelas o las noticias, ese que tiene usted en su habitación, quizá sea una rendija por donde Dios lo ve coger, comer, dormir, le digo. Puede ser, me dice, puede ser, me dice. Un zumbido cruza por mi cabeza. Bien, es hora, le digo, y me dirijo a la salida…
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(texto para concurso de minificción Las Historias, alberto chimal -24 de abril de 2009-)
miércoles, diciembre 09, 2009
nuevastecnologíasalalcancedesumano.
david Chávez
Primerosemetrabólabarraespaciadora.Penséqueranormal,eltecladoylacomputadoratienenmásde10añosdeuso.
Cuando solucione el asunto del teclado constate que los acentos de la computadora no aparecian.
Luego
vino
el
ProBlemA con las MAYUsculas y las MINUScUlAs y el
enter, que provocaba que los reglones estuvieran todos desordenados y
el texto careciera de orden.
El colmo SobrVino CuandO senti unpequeño CosquilleoEnMisManosYParaDejarConstancia
DeLoAcontecidoHiceLoQueACualquieraSeLePudoHaber OcurridoCuandoLaBarraEspaciadoraSeDescompusoOtraVez:
EscribirConjugado,SeparandoConMayUsculas
ElInicioDeLasPalabrasYEvitandoLosAcentos.MiroMis
Manos:ahora…ellas¡SonDeColorNegro!LevantoLasManosDelTeclado
YVeoLasLetrasMarcadasEnLasYemasDeMisDedos…No…Lo…
Puedo…Creer;SientoUnLigeroMareo…ElEspejoFrenteALaComputadora
ReflejaUnaImagenBorrosaDelQueSoy,DelQueHastaAhoraHeSido.LaTintaOLoQue…quiera…que…
sea…que…me…invade…que…se….a.p.o.d.e.r.a…de…este…mi
…cuerpo…subepormisbrazos,lentamente,comosifuerachapopote,comounaespeciede…f.a.n.g.o…
quienleaesto,porfavor:yanopuedo…despegarlosdedos/del/teclado.
lentamentelnegromeincorpora/alnegromismo.temodejardeseryo.
martes, diciembre 08, 2009
Melodía desencadenada
Melodía desencadenada
Sin ouija, sin médium, sin nada de superchería, para celebrar el cumpleaños de mi hermana y sabiendo cuánto sufrió cuando supo que Patrick Swayze había muerto -era una devota admiradora del actor-, esa noche toqué en el piano esa canción romántica que volvió un clásico el hecho de modelar en barro. Sin embargo, del pentagrama donde estaban las claves, de la partitura, comenzó a salir una especie de humo que no era humo: poco poco fue ennegreciendo toda la casa hasta concentrarse en la sala. Luego envolvió por completo a mi hermana, quien dio un grito y cayó inconsciente al suelo.
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Despertó minutos después, cuando las sombras o el humo ya habían desaparecido por debajo de la puerta principal. No dejaba de preguntar por una tal Molly Jensen. Decía que su nombre era Sam Wheat. Pensé que ella fingía ser el protagonista de esa película. Así se lo dijimos. "Oh, debo estar confundido. Yo hice el papel de alguien que había muerto y después morí, de cáncer", nos dijo. Luego seguimos conversando.
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Nos contó que tuvo cuatro hermanos, que desde joven ya le gustaba aquello de las artes escénicas, que era bueno para el atletismo y el futbol americano hasta que lo dejaron sus rodillas; que estudió ballet y se casó con Lisa Niemi. Desde que comenzó a relatarnos todo varios grabaron y fotografiaron a mi hermana. Era increíble que alguien supiera tantos detalles. Luego hizo una pausa y pidió prestado el teléfono. Marcó y habló en inglés. Era increíble: mi hermana nunca ha hablado ni intentado siquiera estudiar inglés, pero los videos lo prueban. "Tenía que decirle a mi esposa que estoy bien. Ella cree que después de la muerte estoy jodido. La amo. Si la ven, díganle que la amo", dijo mientras se limpiaba un par de lágrimas.
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Luego se tomó un par de copas con nosotros y cuando supo que celebrábamos el cumpleaños de mi hermana dijo que tenía una idea muy buena: cantaría el tema central de la película, esa canción romántica que volvió un clásico el hecho de modelar en barro, especialmente para ella, a manera de regalo por la devoción que le profesaba a su carrera artística. Me senté y comencé a tocar el piano. Él, es decir, mi hermana, cuyo cuerpo era habitado por Patrick Swayze, comenzó a cantar. Estábamos por finalizar la canción cuando nuevamente apareció el humo que no era humo, la bruma, la sombra proveniente del pentagrama, y envolvió otra vez a mi hermana, es decir, a Patrick Swayze, quien en ese momento habitaba el cuerpo de mi hermana, quien volvió a caer inconsciente al suelo.
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Despertó minutos después, cuando las sombras o el humo o la bruma o lo que fuera ya habían desaparecido por debajo de la puerta principal. No dejaba de preguntar qué chingados le había pasado. Volvió a desmayarse cuando vio el tercer video. Es curioso, dijo al despertar, minutos después, cuando las sombras o el humo o la bruma o lo que fuera ya habían desaparecido de su mente. Soñé que Patrick Swayze cantaba para mí. Decidimos que todo estaba bien y seguimos con la celebración. De eso hace casi un mes. Y todo hubiera quedado ahí si no fuera porque hace unos minutos, cuando las sombras o el humo o la bruma o lo que fuera ya habían desaparecido de mi cabeza, nublando mi vista, permitiendo que escuchara los gritos de mi hermana, quien me llamaba por mi nombre, cuando abrí el recibo telefónico, aparecía el cobro por una llamada de larga distancia a Los Ángeles, California. Mi hermana llora y yo estoy a punto de hacer lo mismo.
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miércoles, noviembre 18, 2009
Distancias
miércoles, noviembre 04, 2009
(e)vocación
increíble cómo la letra sobrevive a la muerte. cómo el significado perdura por siempre con el significante. increíble cómo con sólo leer los nombres en las lápidas nos acercamos a nuestros muertos. cómo la piel de los difuntos toma la textura del concreto, la madera llovida, podrida, astillada, sin pintura; de la tierra suelta, del pasto recién podado, del montón de pedruscos que tienen por lápida, por sepultura. la tumba que más recuerdo es la de mi abuela materna, tal vez por ser el primer sepulcro de un familiar que conocí. el nicho de mármol tiene un libro abierto, elaborado con el mismo material, en el que pueden leerse su nombre y el de otros parientes. cada año procuro visitar la tumba. esa y otras más. paseo las yemas de mis dedos por sobre las letras enterregadas por el viento que arrastra el polvo de los cerros cercanos. a veces ocurre que mis ojos se llenan de tierra. no lloro. más bien sonrío. esas letras es lo último que me queda de quienes han muerto. me gusta pensar que ese libro, la lápida de mi abuela, definió de alguna forma mi gusto por las letras. tal vez por eso la quiero, las quiero tanto.
¡Ya bájenle!
por eso, ahí les va una sopa de su propio chocolate: siquiera que sepan que neta ya estuvo.
SÚMENSE:
lunes, octubre 19, 2009
La canción de los desposeídos
(fragmento)
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(fragmento)
sábado, septiembre 26, 2009
(De)Generaciones bíblicas
Lot quería tanto a su mujer que para llevarla consigo optó por inhalársela toda.
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Bórgicas I
¿Un espejo frente a un espejo no es un aleph artificial? ¿Qué se ve del aleph cuando este se refleja en un espejo?
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De humectaciones
La lectura de novelas río, cuentos gota, enciclopedias oceánicas y poemas rocío me ha dejado de un bonito color aguamarina este humilde par de ojos.
jueves, septiembre 24, 2009
Juego de palabras 1
Hace rato, mientras iba sentado en el camión del transporte público, vi a un par de niños jugando, colgados de los brazos de su madre. Entonces me sentí inseguro. No sé si estoy seguro de que madurar sea decidirse a jugar un solo juego durante toda la vida, jugarlo profesionalmente e incluso divertirse mientras se juega, y ni siquiera estoy seguro ahora de que eso sea madurar. Más de tres décadas me costó llegar a esa conclusión, a decidirme a jugar lo que ahora juego, y ahora no tengo idea siquiera de a qué estoy jugando. Por eso bajé del camión y jugué a ser un peatón durante un par de calles. Es cansado. Caminé hasta esta banca. Ahora me dan ganas de jugar a ser un perro, aunque la carpeta con los seguros de gastos médicos de mis clientes me recuerda claramente que con la vida de las otras personas no se juega. Ya será en otra ocasión.
domingo, septiembre 06, 2009
trescero.--
Apenas tenía un par de días en la nueva casa. Faltaban algunos muebles y un poco de compañía para que estuviera completa, pero me sentía cómodo. Así que salí a buscar una botella de mezcal a la vinatería para beber un poco mientras veía el partido de futbol que habían estado anunciando por todas partes. Pensé que sería como una forma de celebrar algo, lo que fuera. Había una llovizna ligera. Pregunté a la primera persona con la que me crucé en la calle dónde vendían licores. Llegue a la esquina, dé vuelta a la derecha y camine tres cuadras, en la esquina está el negocio; si no, puede dar vuelta a la izquierda después de esas tres calles y ahí hay otro, me dijo. Le agradecí y saqué un cigarrillo que encendí debajo de la marquesina de un restaurante. El humo del tabaco se mezcló con el de un filete de res a la plancha.
La llovizna arreció hasta convertirse en lluvia que seis cigarrillos después desapareció como el agua por las coladeras de la calle y las bachichas que había arrojado al pavimento húmedo. Caminé por el rumbo que me habían indicado. No encontré el local. Caminé una cuadra más y nada. Decidí regresar. Podía volver a llover y el abrigo impermeable no lo era tanto. Caminé un par de calles y me detuve en una esquina a fumar nuevamente. Un acomodador de autos pasó a mi lado escuchando el audio de la transmisión del encuentro. Iba con prisa. Intenté seguirlo como si quisiera recuperar la mirada que le dejé sobre los hombros. Tal vez por eso se detuvo en la esquina, como si algo le pesara. Se sacudió el cabello y siguió caminando hasta doblar a la derecha en el siguiente cruce. Cuando llegué no vi rastro de él.
Quizá se había refugiado de la lluvia que caía otra vez, como yo lo hice a la entrada de un restaurante clausurado y abandonado.
Avancé cuando briseaba un poco. Algunas calles comenzaron a serme familiares. Había llegado a mi nuevo barrio. Me detuve en un puesto de tacos y pedí tres: dos de suadero y uno de tripa, con todo. Déme un refresco también. Veintiocho pesos después entré a una tienda donde varios tipos veían el partido de futbol. Compré pastillas para el aliento y una cajetilla de cigarros. Encendí otro afuera para unirme a ellos en silencio cómplice.
Mal, mal, mal que están jugando, dijo uno. Espérate pues, apenas van treinta minutos, mira, mira mira te dije, ¡uy! casi la meten te dije, no mames, por poquito. Varias personas que pasaban por el lugar se quedaban unos instantes a ver el marcador y seguían su rumbo. Algunos acomodadores de autos y vigilantes de la zona llegaron después a ver la transmisión y a fumar los cigarrillos sueltos que don Chuy, como saludaban al propietario, vendía a dos pesos. Y luego me miraban, como intentando reconocer si no era yo otra persona, otro vecino del barrio. Sólo sonreían y seguían mirándome, como aprobando mi presencia, dándome la bienvenida en cada fumada que dábamos al cigarrillo, en cada exhalación y humo que se mezclaban arriba en el aire.
Al minuto treinta y cinco llegó otro sujeto. Todos lo miraron brevemente, sin reconocerlo, y siguieron con la atención puesta en el televisor. Tras una amonestación que interrumpió el partido me pidió un cigarro. Gracias, dijo. Está cabrón, dijo. Sí, un poco, le respondí pensando en que se refería al juego. Apenas es seis y ya me chingué el dinero de la quincena, agregó. Ei, pinche dinero se va como agua, le dije sin dejar de mirar la televisión. Como esta pinche agua hija de la chingada que parece que no se va a quitar... Pa' mí que va a durar hasta mañana. Ojalá que no, dije, y seguí fumando. Pinche cigarrito, se antoja una cervecita para acompañarlo, ¿no, amigo?, volvió a decirme. Pues sí, estaría bien, dije. Y mire, no traigo un centavo, pero la verdad es que no le quiero pedir prestado y me ofendería si me invita una cerveza, dijo. Puta madre, casi la meten, dijo otra vez.
Sus palabras resbalaron como gotas frías por mi espalda. Amigo, el partido está muy bueno y no lo quiero molestar. Me hacen falta los centavos. ¿Me regala otro cigarrito? Eso sí se lo acepto. Le extendí el paquete y sacó uno que encendió cubriéndose la cara. Sin duda no quería que lo reconociera. Aquí tiene, mi amigo. Muchas gracias, es usted muy amable. Ya falta poco para que termine el medio tiempo, ¿verdad? ¿como cuántos minutos? Cinco, contesté nervioso. Definitivamente era un asaltante. Un asaltante tranquilo, sin prisa, que se daba su tiempo, tal vez disfrutando mi pinche miedo... y mis cigarrillos.
Pinche cigarrito, se antoja una cervecita para acompañarlo, ¿no, amigo?, volvió a decirme. Y con la cerveza fácil entran unos taquitos, ¿a poco no, amigo? Asentí con la cabeza mientras le decía: así es, y la quijada me tembló lo que duró el pitazo del árbitro indicando el fin del primer tiempo. Venga amigo, acompáñeme. Sabía que si me resistía podría ponerse violento, o quizá atacarme, atacarnos a todo. No sabía si el hombre estaba armado. Ni siquiera le había visto la cara. Lo acompañé. ¿Ya probó estos tacos, amigo?, me dijo. Déme nueve, pidió. No vi cuando terminó de comérselos. Setenta y cinco con el refresco, dijo el taquero. Pagué la cuenta y escuché que el hombre me decía, venga, amigo, por acá.
Lo seguí. No era muy alto ni muy bajo. Estaba vestido con un saco viejo, mojado por la lluvia, y los pantalones de mezclilla sucios le cubrían unos zapatos con los tacones gastados. Tenía el cabello largo y lleno de mugre y su andar era cansino pero vigoroso. Debía tener al menos cuarenta y tres años y de ellos casi diez bebiendo y fumando, por la voz. Entramos a una tienda de autoservicio y caminó hasta el pasillo. Escogió una botella de mezcal y dos de tequila. Luego regresamos a la caja y pagué.
Caminamos un par de calles más y nos detuvimos en la esquina. Espéreme aquí, amigo. Entró y salió pasados un par de minutos. Venga, vámonos. No debe tardar en llover otra vez, dijo, y lo seguí apresuradamente. Caminaba más rápido. Parecía tener las manos ocupadas en algo. Ya no braceaba como antes, ni se veía tan lento. Déme otro cigarro, con esto compraremos más ahorita que lleguemos a la otra tienda, me dijo. Tomó la caja de cigarrillos y sacó uno. Se lo encendí. Antes de apagar el encendedor pude ver un fajo de billetes de distintas cifras. Y vi también la pistola.
No se asuste, amigo, es para defenderme de los ladrones y los asaltantes, dijo, y se echó a reír. Sonreí. Venga, vamos a la tiendita esa donde estábamos viendo el futbol. Una patrulla pasó por un costado de nosotros, como acompañándonos. Buenas noches, saludaron. El tipo les contestó el saludo, ellos sonrieron y le pidieron cigarros. No traigo, pero mi amigo sí, ¿verdad? Y les extendí la caja. Agradecieron y arrancaron. Son mis amigos, me dijo, y sonrió para dejarme ver que le faltaban un par de dientes. Venga, vamos. No tarda en comenzar a llover. Llegamos nuevamente a la tienda donde estaba la televisión. La misma gente seguía en el lugar. El tipo me pidió otro cigarrillo, y otro y otro, hasta que se terminaron. Tenga, me dijo mientras metía un billete en uno de los bolsillos de mi impermeable. Compre más. Y una cerveza. O dos, si usted quiere. Obedecí.
Seguimos fumando y bebiendo cervezas hasta que se terminó el partido. El equipo local, al que apoyábamos todos, había vencido a su rival tres por cero. Comenzó a llover otra vez. Amigo, fue un gustazo conocerlo, me dijo. No volteé, no me busque la cara. ¿Pa' qué? Mejor quédese con esa buena impresión de mí, susurró mientras el resto de los que estaban ahí comentaba el final y hacía algunas compras que no hicieron por ver el partido. ¿Le quedan cigarros? Cuatro, le dije. Tenga, cómprese otros mañana. Déme chance de irme tranquilito, ¿estamos? Está lloviendo. No se moje. Espere al menos a que se calme un poco el agua. Cuídese mucho, y tenga cuidado con los ladrones y los asaltantes, me dijo mientras me palmeaba la espalda y comenzaba a reírse. El jajajeo se desvaneció con el agua, como mis temores. Entré a la tienda, saqué un litro de leche fría del refrigerador y abrí mi cartera. Estaba vacía, sin un peso. Busqué en mis bolsillos y a duras penas completé con monedas el importe. Primer asaltante que me hace gastar mi dinero en sus antojos, pensé.
Volví a casa dándole tragos enormes a la botella de leche mientras escuchaba en mi cabeza la risa de aquel hombre salido de la nada, de entre la lluvia. Antes de llegar a casa me detuve frente a una ventana. Dejé la botella por un minuto, mientras bajaba mi cierre para mear. Trescero, me dije, y el eco y la imagen del tipo se escurrían de mi mente como el agua que expulsaban mi cuerpo y las nubes, seguramente más negras a esa hora de la noche.
Ciudad de México, 6 de septiembre de 2009.
domingo, agosto 09, 2009
Perro que ladra
Darwin camina a mi lado. A veces se entretiene olisqueando insectos o plantas que luego mea para después alcanzarme con un trote suave. Darwin viene a todas partes conmigo. Viaja conmigo. A Darwin le vale madre la gente. Si alguien se acerca a saludarme no gruñe, simplemente mira fijamente a la persona, luego me lame la mano y avanza unos pasos. Con permiso, debo irme, digo, y seguimos avanzando. Tal vez Darwin me cuida o me cela, no lo sé, pero sabe cuando no quiero detenerme a hablar con alguien.
En casa es el mismo. Huele mis deseos. Se inquieta y parece impedirme el paso cuando decido levantarme, tomar el teléfono y marcar su número. Me mira y su cara parece decirme: ¿para qué le llamas? De todas formas marco su número. Darwin se resigna, lanza un suspiro y se echa a mis pies. Cualdo cuelgo sus ojos me miran fijamente. Estoy molesto. ¿Ya ves, pendejo? Te lo dije, parece decirme. Lo acaricio un poco y lame mi mano.
Salimos a caminar de nuevo por la tarde y la gente nunca hace caso de Darwin, como si él no existiera, como si fuera una sombra, como si fuera un perro más. Creen que Darwin es un perro callejero (su madre fue una collie, su padre un pastor alemán, él tiene cara de Cerbero) y no es hasta que los mira a los ojos, cuando los observa con detenimiento y lame mi mano cuando se fijan en él. Los miro y cuando me despido pienso en lo que me preguntan, en el tiempo que me queda por estos rumbos, en mi regreso, si me quedo allá o qué planes tengo. A Darwin parece inquietarle que sólo yo respondo. Ignoro qué planes tienen ellos. No sé si realmente se acuerdan de mí o si soy sólo la sombra, el recuerdo del que una vez conocieron, del tipo que hace más de tres años salió de sus rutinas, sus reuniones en los bares, al que dejaron de ver con aquella chica morena clara, de pelo chino y ojos grandes que vive en Guadalajara.
No sé si ellos pensaron que Darwin y yo los estaríamos recordando. Cuando uno piensa a las personas las mantiene vivas, o tal vez sólo mantiene viva una forma de ser de esa persona. Al volver a ver a esa persona, esa forma de ser que uno mantiene consigo de ella es totalmente distinta a la forma de ser actual. Darwin puede darse cuenta de eso. Las fosas de su nariz se abren y cierran discretamente, lo he visto, como si oliera algo profundamente. Pareciera que Darwin suspira por mí cuando estamos pensando en alguien. Cuando nos encontramos en la calle con esa persona Darwin actúa diferente cada vez, dependiendo del grado de cambio que se haya operado en esa persona.
En algún momento he creído que Darwin y yo hemos muerto. Es decir, que para pocas personas estamos vivos. "Pensar que son pocos quienes nos piensan nos hace pensar en ellos", digo en voz alta. Darwin enmarca las cejas y me mira, interrogante. Tú sabes bien de lo que estoy hablando, le digo. Se echa de nuevo y me sigue con la vista. Camino por la sala pensando en voz alta: ¿lo sientes, Darwin? Esta sensación. Es como probar una fruta sin conocerla, de nombre y aspecto raro pero con un sabor agradable. Como un durazno. Como dejar 70 duraznos en casa, salir, irse a trabajar y durar en el trabajo tres años, pensando siempre en los duraznos, pero al regreso sólo hay cinco. Cinco duraznos que pueden sembrarse y de ellos recoger fruto.
Hay veces, le digo a Darwin, que cuando muerdo un durazno sabe bien, pero a la quinta mordida me sabe ácido. Darwin bosteza. Tienes razón, esto es aburrido. ¿Quién sabe si los duraznos piensen en nosotros como nosotros en ellos?, le digo. Darwin lanza un suspiro. Perro que ladra no duerme, le digo, se levanta y salta al sillón donde me siento para comenzar a leer un libro. Darwin se echa a mi lado.
lunes, julio 06, 2009
trilceado
pasó la onda el golpe el shock la ola lo que sea que haya sido y me aferré con fuerza a lo que creo. sigo sujeto a ello. siguen mis dientes apretados, la mandíbula firme, los ojos trémulos. sé lo que fue, sé lo que ocurrió y me siento normal, un poco pensatibundo, morseado, pinchitierno, recuerdero, anheloso, eso sí.
siento cómo me palpita el corazón, más cuando ella está cerca. cierro los ojos y la veo latir aquí adentro. suspiro e intento dormir. de a poco me llegará la calma, se irá la adrenalina en una meada, quizá mañana.
si alguien pregunta cómo estoy, si ella pregunta cómo me siento, tienes que saber, mors, que estoy totalmente trilceado.
jueves, julio 02, 2009
dios con médicos y enfermeras
El objeto del escrutinio es la labor. los médicos como dios, dios a imagen y semejanza nuestra, nosotros, con errores, falibles. luego entonces los médicos fallan, se equivocan. y si dios no existe, y si dios no diagnostica? los médicos no existen, no diagnostican. y no me vengan con mamadas, porque aquel que diga que nunca ha insultado a un médico/a dios es un mentiroso, es como decir que nunca nadie se ha enfermado.
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Eso sí:
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Nadie me va a negar que lo mejor de la vida, la mejor creación de dios, la mejor receta es la que incluye un par de enfermeras comprensivas, atentas y solteras, de ojos grandes y amielados, caderas amplias, nalguiparadas y cabello rizado, castaño claro, morenas claras y labios carnuditos que le digan a uno así, coquetísimas, señor, despierte, ya es hora de su medicina, y con sus manos tersas, a veces ampuladas por el estrés postlaboral, abrir el frasco, sacar las pastillas y dejarlas en nuestras manos con un discreto roce de pieles. Y el que me lo niegue que vaya con dios o que chingue a su madre.
viernes, junio 26, 2009
Tributo al rey... adiós michael
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bueno, está de moda. así que el texticulario despide a su manera al, desde ayer, leyenda y rey del pop, el amo del "moonwalk", el bailarín más cabrón que bonito; el más piter pan, millonario, lurias y buena onda de los acusados de pedofilia (véanle la cara a succar kuri o al gober precioso o a camel nacif).

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jueves, junio 25, 2009
Memorias del Sr Cobranza
http://www.youtube.com/watch?v=0MWHlunE9wI&feature=related
Voy a la cocina, luego al comedor,
miro las revistas y el televisor,
me muevo para aquí, me muevo para allá.
Norma Plá a Cavallo lo tiene que matar.
Que me vienen con chorizo pero ya va a llegar.
Que cocinen a la madre de Cavallo y al papá
y a los hijos, si es que tiene
o a su amigo el presidente no le dejen ni los dientes.
Porque Menem,
Menem,
Menem se lo gana y no hablemos de pavadas, si son todos
traficantes y si no el sistema qué... y si no el sistema qué... qué.
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No me digan se mantienen con la plata de los pobres:
eso sólo sirve para mantener algunos pocos.
Transan, venden y es sólo una figurita el que esté de presidente
porque si estaba Alfonsín el que transa es otro gil.
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Son todos narcos, de los malos,
si te agarran con un gramo
después de que te la pusieron se viene la policía,
y seguro que vas preso.
Y así sube, la balanza, el precio también sube,
también sube la venganza.
Y ahora va, ¿y ahora qué? Son todos narcos
y el presidente -ese tipo que mantenga más tranquila a nuestra gente-
lleva plata del lavado: mientras no salte la bronca el norte no manda palos.
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¡Ay ay ay, uy uy uy! ¿Que me dicen del dedito que le meten en Jujuy?
¡Ay ay ay, uy uy uy! ¿Que me dicen del dedito que le meten en Jujuy?
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Es ese Perro, "El Santillán",
si no lo pueden voltear lo van a querer comprar con discursos,
si no les sale son capaz de darle acciones a los grandes mercaderes,
eso no importa,
porque el Perro va dejando otro perrito que le mete a este sistema el dedito en el culito y cómo sangra y no es el culo,
si no el que sangra y se retuerce es el gran culo de este mundo.
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¡Adiós al muro stanilista!
¡Los demócratas de mierda y los forros pacifistas,
todos narcos,
todos narcos,
todos narcotraficantes!
Te transmiten por cadena,
son de caos,
paranoiquean:
te persiguen si sos puto, te persiguen si sos pobre, te persiguen si fumás, si tomás si vendés, si fumas, si compras un pobre tonto para hacer para comer, si tomás, vendés, comprás, fumás
y vayanse todos a la concha de su madre!!!
¿Y ahora qué?, ¿qué nos queda?
Elección o reelección para mí es la misma mierda
¡Hijos de puta en el congreso, hijos de puta en la Rosada y en todos los ministerios
van cayendo hijos de puta, que te cagan a patadas!!!
En la selva se escuchan tiros
son las armas de los pobres,
son los gritos del latino...
Ellos tienen el poder y lo van a perder...
Tienen el poder y lo van a perder...
Tienen el poder y lo van a perder...
En la selva se escuchan tiros
son las armas de los pobres,
son los gritos del latino...
domingo, junio 21, 2009
a ver quién dice que sí...
A VER QUIÉN DICE QUE SÍ
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Rafa Mesina
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A veces, a veces, cada vez
más frecuente, cuando mira
fotografías de periódicos colimensillos,
mira caras de varones
con quienes cogió.
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Ah, chín, me dice, si ya estamos
mostrando tiempo y vida
en nuestras pieles. Y se acuerda
de aquel momento formador,
ese cale para ser como se ven ahora,
comprobación orgánica que niegan
como gatos, y la cubren,
o la enmascaran y la siguen disfrutando
como el que vi de padrino de bautizo
la semana pasada, dice.
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Y me pregunta qué pasaría
si en esta campaña electoral
se les arrima con una pancarta LGBT
a dos-tres de ésos. Qué sentirían
en sus testículos o en su largo recto receptor,
en los pulmones o en el hígado,
o en el hipotálamo, o donde habite
esa emoción hacia el contexto
llamada espiritu o alma según
la brutez de las religiones,
me dice tocándose el bigote.
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Ah qué vatos, cómo han crecido,
dice al verlos impresos, si hasta abuelos unos son.
La inseguridad, la desconfianza, el miedo
los hace mojar mujeres
con afán de prolongar su mierda.
Como si valiera la pena que hubiera raza
igual a ellos por siempre con esa hambre.
Nunca aprenderán, los muy putos, dice,
que la homosexualidad es el único
método inteligente de control natal.
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VOTARÉ POR TU PARTIDO
SI ME DAS UN BESO Y DEFIENDES TU PUTISMO
les dirá en la pancarta.
A ver quién le dice que sí.
viernes, junio 12, 2009
tentativa de Humor de tierra 1 (fragmento)
Un extraño olor me despierta. En realidad es un poco de humo con olor a pino, quizá, el que penetra por los pequeños espacios entre el vidrio y el marco de la ventana. Afuera hace frío. Un frío penetrante, húmedo; así que por más que me abrigue lo sentiré de todas formas. Es un frío óseo. Cuesta respirar. Tal vez el frío y no el olor me despertó. Me llevo la mano a la nariz tan sólo para comprobar que la tengo fría. Urgo dentro de ella y nada: las mucosidades están congeladas, áridamente estáticas. Al despegar con la uña del índice de mi derecha me viene un poco de dolor, luego una sustancia líquida y tibia ocupa el lugar del moco reseco que queda perdido entre las sábanas.
Una avalancha de mucosidad invade mi nariz. Aspiro fuerte, como intentando que el aire frío contenga, detenga en cierta forma el fluido. Con la manga de mi suéter me empeño en alejar de mí la comezón que recién comienza en la nariz y es entonces que lo noto: el olor a leña, a humo, se ha impregnado en la ropa. Entonces me da por pasear mi nariz por entre la sábana como a un perro que se lleva al parque. Mismo resultado. Todo tiene olor a humo, a leña, a leña de pino.
Pienso en eso, en cómo los olores se añaden a nosotros, se impregnan, viajan, nos hacen ser. En eso y en por dónde putas entra el olor, diminuto, atractivo, embriagante, a pino. Corro las cortinas y miles de pequeñas gotas deforman, lloran, el árbol de castañas de la casa vecina, la pintura desgastada de una de sus paredes, los techos de zinc de al lado, la mata de níspero, la ventana que está enfrente, abajo a la derecha, donde celebraban un cumpleaños anoche, y el cielo nublado con posibilidad de lluvia al final del día, como dijo el meteorólogo ayer, antes de cerrar transmisiones. Luego el paisaje, el naranjo, la calle, las aves que revolotean para quitarse el frío, se van deslavando poco a poco. Todo comienza a verse color cinco grados centígrados.
Cierro los ojos y exhalo fuerte para volver a empañar el vidrio de la ventana. Desaparecen las cosas que están afuera y se internan tras mis párpados. Veo el árbol de castañas de la casa vecina, la pintura desgastada de una de sus paredes, los techos de zinc de al lado, la mata de níspero, la ventana que está enfrente, abajo a la derecha, donde celebraban un cumpleaños anoche, y el cielo nublado con posibilidad de lluvia al final del día, como dijo el meteorólogo ayer, antes de cerrar transmisiones. Luego el paisaje, el naranjo, la calle, las aves que revolotean para quitarse el frío. Los veo y los huelo. De a poco su olor va rebasando y dejando atrás el humo de la estufa a leña que alguien encendió en la cocina y que sale por la chimenea para confundirse con la neblina, el rocío y el resto del humo que sale de las casas vecinas.
Abro los ojos y pienso en qué tanto el olor de las cosas nos obliga, nos indica, determina lo que somos, lo que hacemos. Cómo el humo de los autos es diferente al de todas las cocinas a la hora de la comida. Cómo ese humo determina la forma en que nos comportamos. Hay olores que te hacen bien, otros te chingan el día. ¿Qué tanto estamos dispuestos a oler, qué tanto podemos oler?, ¿cuando distinguimos un olor de otro es porque los dimensionamos, sabemos qué consecuencias puede tener oler una cosa u otra? "Si andas entre la mierda es difícil no ensuciarse", le escuché decir ayer a alguien en una oficina de gobierno, y ahora la frase cobra sentido para mí. ¿Qué tanto somos lo que olemos?, ¿qué tanto de lo que olemos nos hace ser lo que somos? Yo agregaría: "dime lo que hueles y te diré quién eres". Porque si es cierto que somos lo que albergamos, lo que defendemos, entonces somos lo que comemos, lo que escuchamos, lo que sentimos, lo que bebemos, el qué y el cómo, lo que hacemos y cómo lo hacemos. Lo que olemos, ¿es tan imperceptible que no nos damos cuenta de la forma en que logra determinar nuestra vida, nuestras acciones? No hay una forma particular de oler. Se huele y punto.
"Si andas entre la mierda es difícil no ensuciarse...", claro. También es difícil no olerla y mucho más difícil distinguir que uno hiede, apesta, cuando uno vive rodeado de hedores y pestilencias. Digamos, uno necesita no un cambio de aires, que es temporal, sino un cambio de olores y aromas, me digo. Entonces sigo esa comezón que sigue prófuga por todo mi cuerpo y la atrapo y aniquilo en mi nalga derecha. Me tiro un pedo. "Es el fragor del combate", pienso, y me río. Aspiro una vez más, fuerte, para contener el avance de mis mocos suicidas que quieren precipitarse desde mi nariz al suelo, a mis ropas: quieren huir. Los detengo. Doy un salto a la cama y me envuelvo entre las sábanas y las frazadas. Cierro los ojos e intento dormir.
martes, junio 09, 2009
amistades peligrosas
Alguien me dijo alguna vez: "Si quieres conocer a alguien que se dice amigo tuyo préstale 2o dólares. Si regresa y te los paga, es tu amigo... si no, sólo habrás perdido 20 dólares". Hoy perdí 40 dólares. Pero es que quería estar bien seguro.
martes, mayo 19, 2009
cuando basta con moverse...
el padre de familia viudo, su esposa muerta de cáncer, sus nueve hijos menores de 14 años, viviendo en la miseria, sobrellevando la vida, la tv, la ayuda, el lucro... benedetti muerto, la suspicacia de la mexicanidad en el mundo influenzado, colom acusado de asesino, el video que grabó su víctima antes de ser ultimado, un gol de último minuto, barcelona campeón, una puesta de sol, la moneda que completa la cifra, un gatito atropellado en la carretera, un perro golpeado por un auto o con sarna, una flor, un regalo, una sorpresa, un te quiero, te extraño, una llamada inesperada, la voz familiar, el olor de la infancia, el sabor de la comida favorita, unas palabras de aliento, estar acompañado, una mala noticia, una buena noticia, la incertidumbre resuelta, una lesión de un tenista, un colibrí revoloteando en mi ventana, el lucro con la discapacidad, las historias de la nota roja...
todo eso pudo haberme conmovido hoy, pero no ocurrió así. sólo pudieron lograrlo las manos ásperas y curtidas del trabajador en la parecela azapeña, la voz sudorosa de su ayudante y los ojos negrísimos que se protegían del sol bajo un manojo de cabellos desordenados que le cruzaban la cara, como aprisionando la mirada sedienta de esa mujer peruana que abonaba las plantas y cuidaba que su hijo no fuera a envenenarse.
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martes, mayo 05, 2009
guatafack!
por favor, que alguien me lo explique con manzanitas:
El carguero de la Armada Mexicana, El Huasteco, regresó al puerto de Veracruz tras ser rechazado por Haití con 70 toneladas de comida de ayuda humanitaria.
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Ante la epidemia de influenza que el país registra, los víveres que consistían en frijoles, arroz, azúcar y otros alimentos no perecederos, equivalentes a tres tráileres llenos fue rechazado por la isla caribeña.
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Según informa elgolfo.info, la comida quedó a cargo de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), pues desde marzo zarpó el navío para, supuestamente, ayudar al país más pobre de América tras una serie de desastres naturales que vivió la isla.
cgb
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http://www.eluniversal.com.mx/notas/595958.html
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jueves, abril 30, 2009
Malas influenzas...
domingo, abril 26, 2009
Al borde...
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Debí haberme duchado. Todavía tengo sueño en los brazos y cansancio en los ojos. Mis pies ya no pestañean y aún así continúo caminando este domingo por la tarde. El tintineo del piano cae a plomo como los acordes del sol. Suspiro y exhalo. El aire se confunde con el aire, como si el suspiro de repente fuera un pequeño avión de papel que serpentea un poco y cae como aguijón en la banqueta. Una gota de sudor se despeña desde mi frente, intenta sujetarse de mi mentón. No lo consigue y cae. Su cuerpo queda inerte como un * sobre mi zapato. Me detengo y la miro. Pienso en algún motivo para que haya hecho eso. Quizá fue un accidente.
Miro hacia ambos lados, al frente y atrás. La calle está sola. Pocos vehículos circulan. La sensación de frío que provoca la sudoración me invade. Me recuesto en el piso, boca abajo, mirando el suelo a detalle, con los pies pegados a la pared de una casa y las manos que alcanzan el borde de la banqueta. Miro fijamente un punto en la calle, cerca de mí. Aparece el vértigo y algunas letras, como hormigas, se meten en mi cabeza hasta formar la palabra cornisa. Siento el calor del suelo. Me levanto lentamente, sin perder de vista el punto que miro en la calle, y conservo la sensación de vértigo. Mucho más lento recojo la vista, la arrastro por el suelo y miro ahora, siempre fijamente, el lugar en que banqueta y calle se unen.
Siempre lentamente llevo mis manos a los bolsillos del pantalón. De uno saco el encendedor, del otro los cigarrillos. Enciendo uno. Sin dejar de mirar ese punto allá abajo, que ahora parece tan lejano, noto que dos gotas más de sudor se arrojan al vacío. ¿Y si en realidad la calle no estuviera tan cerca?, pienso. Mientras sigo mirando me concentro y repito mentalmente la palabra cornisa, cornisa, cornisa, cornisa, cornisa, cornisa, cornisa, cornisa, c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a , c o r n i s a . . . hasta que logro materializarla, verla.
Pongo el pie izquierdo en la letra ese, el derecho en la letra a. Podría saltar y salir de dudas, pero temo que la altura sea distinta a la que percibo. Exhalo el humo del cigarro y se confunde con el aire, como si de repente fuera una pequeña nube mecida por el aire como la que acaba de dejar caer su sombra en la banqueta. Tengo nubes dentro, pienso. Soy una nube, me digo, por eso veo todo a la distancia, tan lejano, yo tan en las alturas, y el vértigo se hace más intenso. El sol desaparece por un momento. La sombra me cubre. El cambio de temperatura hace que los vellos de mis brazos sacudan un poco del sueño que hay en ellos. Debí haberme duchado. Lentamente me pongo en cuclillas. Aparece el sol. De a poco, y siempre lentamente, apoyo mis manos en el borde de la banqueta. Me siento. Estiro las piernas. Muevo los pies y choco las puntas del uno con el otro. El cloc cloc marca su lento parpadeo. Despojo al cigarro de la ceniza, que se dispersa y cae entre mis piernas, que son como el cuerpo del suicida que muere colgado y pende sin auxilio, buscando el vacío.
Me levanto. Y para hacerlo apoyo mis manos en el borde de la palabra cornisa. Pongo mis pies nuevamente sobre la ese, sobre la a. Alzo la vista y miro hacia adelante. La acera del frente se asemeja a la orilla de un río que no quiero ni estoy dispuesto a cruzar. Mejor regreso, me digo. Debí haberme duchado, pienso. Le doy una última fumada al cigarro a medio consumir y lo arrojo al caudal en el que imagino se ha convertido la calle. Exhalo el humo del cigarrillo y le doy la espalda a la calle. Mientras camino, de regreso a casa, el humo se confunde con el aire, como si de repente fuera yo una pequeña locomotora que funciona con carbón, con herrumbe en su armadura, y avanzo lentalentamente. Mis pies dejan de parpadear y simulan el chucuchú cuando los arrastro, trazando una vía imaginaria...
martes, abril 07, 2009
el mariachi rocker quiere tocar, el mariachi rocker quiere slamear...!!
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si gozaste con los éxitos de los chirrines en el hudsons de ensenada... si destapaste 3 caguamas y le diste replay una y otra y otra vez al video para ambientar la peda con tus compas de la chamba desde tu blackberry, si cantaste a grito pelado y destemplado have you seen the rain, si buscaste más éxitos del grupo sensación en baja californication, si moviste tu culito asentado en esa silla al ritmo de europa, cover de santana por parte de los chirrines...
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entonces, estás preparado para estooooooooooooooooooooo!
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beat it, mariachi style:
http://www.youtube.com/watch?v=faArbI4Fkj4
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zombie, de los cranberries, en mariachi:
http://www.youtube.com/watch?v=PKD6k_VRH5o
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sweet alabama, en un restaurante:
http://www.youtube.com/watch?v=zLv3qWEd3gg
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rock you like a hurricane:
http://www.youtube.com/watch?v=k91qb87-Y9A&feature=related
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y la madre de todas las rolas...
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a cargo del mariachi Los Vargas...
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La guerra de las galaxias!
http://www.youtube.com/watch?v=d53NemcyZVw
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quiobo?.
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martes, marzo 31, 2009
No surprises?
david chávez
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De pura caca alcancé boletos para ir a ver a una de las bandas de mi generación (la del 81) acá, en Santiago de Chilito.
Radiohead tocaba el 26 y 27 de marzo y ni dormí de la emoción, pegué los ojos hasta que arrancó el autobús. Total. Llegamos,
tocaron, cantamos, fumamos,
pero hubo algo, algo tenía que pasar antes de todo esto. Y para allá voy. Resulta ser que Radiohead tocó el 22 de marzo en Brasil. Y todo hubiera pasado normal de no haber sido porque, como en la mayoría de las veces, el coño sur siempre sorprende a propios y extraños. No voy a quemar a mi compa, pero es una muy buena fuente y me contó que después del concierto, al día siguiente, la banda se fue a echarse unos drinks en Ipanema pal relax y a ver qué garotinha salía moviendo sus caderas para cantarle: “oh, qué cosa más linda, tan llena de gracia…”.
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En esas andaban cuando se toparon con unas morras chilenas que también estaban cotorreando por ahí. Turista tú, turista yo, se armó la charla y después de algunos jijijijeos ellas les preguntaron que si habían ido al concierto de Radiohead. Vergas. Imagínense la cara de estos vatos. Mínimo un trago de cachaza pal susto y para el azore. Chale. Obvio dijeron que sí y no mintieron. ELLOS habían estado en el concierto. Las morras, siguiendo con la charla, les preguntaron que qué les había parecido y ellos dijeron que bien, chido, nais, fain fain fain, very gud, very gud,very gud, veryveryverygud. Doble chale. Es que no mames, imagínense estar cotorreando con estos vatos, tsss!!!
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En fin. Ahí no paró la cosa. A esas alturas cualquiera ya hubiera reconocido a estos pelados, pero no, ellas no. Triple chale. Siguió el cotorreo y entonces les preguntaron que qué onda, que si pensaban ir a Chile. Estos weyes dicen que sí, que tienen planeado hacer una escala acá en Chile, en Santiago, y ahí es donde viene el chale cuádruple: las morras les dicen, “es que tenemos boletos para los conciertos de Radiohead en Chile, pero como andamos de vacaciones pues no vamos a poder ir; se los vendemos, para que no se pierdan las entradas y que vayan ustedes al concierto”.
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No mamaaaaaaaaaaar!!!!! No, simplemente no, no, no, no y no! Va contra natura, las leyes de la física no lo permiten, es algo insólito! O al menos, como dice Condorito -chileno, por cierto- PLOP! o mejor aún: EXIJO UNA EXPLICACIÓN!
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La nota que salió en la prensa: http://www.radioheadchile.com/2009/03/radiohead-en-tvn/#more-586
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lunes, marzo 30, 2009
échale ganas, ucol!
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lunes, marzo 16, 2009
qué comen los pajaritos? Maciiiiiitaaa!
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¿Qué sigue: prohibido respirar?
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Lanzar piropos y ver porno será penado en Culiacán
El nuevo Bando de Policía y Buen Gobierno castigará también a quienes no pinten sus casas, hagan ruido en fiestas y dejen a menores de 12 años en autos
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http://www.eluniversal.com.mx/notas/584070.html
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jueves, marzo 12, 2009
Carstens, la porra te saluda!!!
ahhh, pan y circo! Cómo me gustaría haber estado ahí, tan sólo ese minuto, y gritarle a la pinche pelota humana:
CARSTENS, CHINGAS A TU PUTA MADRE PENDEJOOOOOOOOOOO!
y haberlo hecho con toditita el alma!
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