miércoles, junio 16, 2010

davis&cheves 11

david chávez


Levanta la mano. Más. Más todavía, debe estar por sobre tu hombro. Así. No entiendo. Así. El flujo de sangre es más lento. ¿Y? Al menos no estás ensagrentando todo. Toma, ponte esto. ¿Qué es? La piel más fina de la cebolla. Puta madre, con ustedes el doctor House se queda corto. Serrano ríe. Bil termina de colocarle la cebolla. House diagnostica, no es un curandero. Pero sabe qué medicamentos administrar. Yo río. Renata sigue insistiendo en que Serrano mantenga la mano en lo alto. Como si estuvieran pasando lista y tú dijeras presente.

Ya llegó, ya llegó: ya llegó Sergio El Bailador...

David, te buscan. ¿Quién es? No sé, un tipo. Dice que quiere hablar con David. ¿Segura que es conmigo? Mejor sal. Ok,termina de limpiar la barra y recojan los vidrios rotos; Serrano está fuera de combate por un par de horas. ¿Se le detuvo la sangre? Sí, va a estar mejor. Salgo. Recibo al hombre. Hola, ¿qué tal? Me saluda, le ofrezco un cigarrillo. Lo acepta. Entramos. Lo conduzco a la oficina de Cheves. Durante el trayecto me pregunta por él. Precavidamente contesto con monosílabos acerca del negocio, la clientela, el calor, la lluvia, el futbol. David pide que sigamos sin él durante un rato. Mira a Shilospiu, alza las cejas y lo apunta con el índice de la mano derecha, mueve los labios: "abusado, cabrón". Ningún sonido sale de su boca. Shilospiu asiente con la cabeza.

¿Y ese quién es?, parecen preguntarme todos desde la barra. Renata, a la mesa diez; Damiana, a la mesa dos. No mames, nos vamos a perder el chisme. ¿Cómo está? Bien, ya no sangra. Damiana regresa primero con la comanda: un ron, dos vodkas, dos margaritas y una tabla de carnes. Ni pedo, me perderé el chisme. Bil entra. Demora unos minutos, al igual que Damiana, en preparar todo.

Bailar jalao le gusta más...

La mesa diez quiere una pizza grande y una tabla mediterránea, dos vodkas y dos tequilas. Salgo con los tragos. Regreso. Todos siguen mirándome. Es el güey de la Dirección de Permisos y Licencias. No chingues, ¿qué pasó con José Manuel? Renunció, le dieron el cargo de dirigente en el partido. ¿Y quién es este pendejo? Uno nuevo, parece. Vendrá a revisar algo, supongo. A ver, cuando me dijeron que abriríamos el bar me prometieron que iba a ser legal. Lo es. Pinche Damiana, bájale un poco a tu paranoia, ¿sí? ¿Entonces qué hace ese güey acá? No sé, está todo en regla, se han hecho las declaraciones, tenemos todos los papeles al día, no tenemos problemas con los supervisores ni con los vecinos. Lo mejor es esperar. Llegó más gente. ¿Quién atiende a ese grupo? Yo, pero que alguien me ayude. ¿Ya dejó de sangrar? Sí. A la primera gotita de sangre te retiras. Va.

Porque tiene gracia pa' moverse con sabor...

La puerta de la oficina de David se abrió de golpe. Le he dicho que no y haga el favor de retirarse inmediatamente. Yo sólo le digo que podemos llegar a un acuerdo. Ningún acuerdo, señor mío y mejor retírese porque no quiero comprometer su reputación como usted pretende hacerlo con la mía, la de este bar, la de mis socios y mucho menos le voy a permitir que quiera hacerlo con la de mis clientes. Está cometiendo un grave error. Mire, se lo dije allá adentro y se lo repito acá afuera Y a todas les gusta cómo las mueve el señor eso se llama extorsión. Revisó los documentos, los permisos, está todo en orden. Ese pago le evitará problemas en el futuro, a menos que me los dé usted y si me está amenazando dígamelo, como yo y aquí alzó la voz le diré a mis socios, a mis clientes, que usted vino con su charolita de funcionario público del gobierno municipal a pedirme dinero a cambio de evitarme problemas. Haga usted lo que quiera, por favor retírese. Esto se sabrá y vaya que se sabrá tengo amigos y yo también los tengo vamos a ver eso estoy esperando que tenga usted un buen día.

Cheves cerró la puerta de la oficina, al tipo le sonó el celular y contestó camino a la barra. Pidió un güisqui ¿el baño? y al regresar se veía un poco más compuesto. ¿Va a pagar en efectivo o con tarjeta? Pensé que era cortesía de la casa. No señor, esa fue la que le brindó el gerente. El tipo se dio vuelta y se largó ante la vista de todos los clientes. ¡Eso es todo, pinche Damiana! La mesa de las visitas comenzó a aplaudir, luego nosotros, luego todo el bar. David salió de la oficina. ¿Y ora, por qué chingados aplauden? Nada güey, sírvete.

Bueno, ya vieron lo que quería. ¿Vamos a tener pedos? No, tranquilos. Los papeles están en regla, aquí no se hace nada ilegal. Nada de qué preocuparse. ¿Y sus amigos? Yo también tengo, no va a pasar nada. Sonó su celular. ¿Sí? sí, acaba de venir. Ya lo despaché. "A L F R E D O", intentó decirme y luego hizo el ademán para que lo acompañara a fumar a la terraza. No, tranquilo: ese cabrón sólo quería dinero. Sí, entiendo. Sí, sí, recuerdo que me lo dijiste. No, nada de eso. Ok, tú tranquilo. No intervengas. Sí, los conozco. Sí, sí: mira, los conozco. Son amigos míos. De acuerdo. Cuídate. ¿Hoy? Grandes bandas. Sí, Bronco. Ok. Sí, quedan mesas. Dale. Te veo acá. Bye. ¿Has hablado con José Manuel? No, es un pendejo. Como Sergio. Cree que mis propios amigos van a venir a chingarme. ¿Quieres un cigarro? Lo acepto. Parece más tranquilo. ¿Vienen tus papás? Sí, ya sabes. Al viejo le encanta bailar. ¿Qué mesa les dejamos? Ninguna, sin trato preferencial: si llegan y encuentran una libre, perfecto. Como a todos. Como a todos.

Nunca es presumido, es un buen amigo y mete a los bailes botellas de vino. Ese bailador tiene corazón y es enamorado pero de a montón....

concepción, chile. 16 de junio de 2010

martes, junio 15, 2010

deivis&cheves 10

david chávez



Volvió a poner The Beatles. Serrano llegó acompañado de la chica que lava la loza. Bil fumaba en la terraza con Cheves. Damiana preparaba una segunda ronda y Renata llegó detrás de mí. Las burlas no se hicieron esperar. Uy, así juntitos, para que no se pierdan. Pendejo. ¿Te quedó la ropa de David? No mames. Había algo en los comentarios que hacía que me sonrojara. Todo era mentira y, sin embargo, tal vez hubiera querido que fuera verdad. Algo tenían los Beatles que apaciguaron todo. Bueno, casi todo. Es decir, lo apaciguaron de más. Renata rompió tres vasos -digamos que uno por hora-, a Bil se le quemaron dos platillos y yo serví en cinco mesas equivocadas.

Cheves le pidió a Shilospiu que mantuviera la lista de canciones de los Beatles pero con distintos artistas. Él le reprochó que era martes de no cover, no chingues: ¿cómo voy a poner versiones de los Bitles? Es tu pedo. ¿Tú eres el fan, no? Sí, pero nada, versiones versiones versiones. Nuncamente vuelvo a hacerlo. Nada, seguro tienes cuatro o cinco o seis versiones de Twist and shout. Hasta con mariachi. Pónlas. Va.

Es por la balacera. Todos andamos apendejados, como en shock. Damiana tenía razón. Hoy en la tarde me compré un bat de alumnio. No mames, ¿para qué? En la madrugada una camioneta se estacionó afuera de mi cochera. ¿Y? Caben perfectamente dos autos y el tuyo está en el taller. No importa. Quiero tener mi cochera libre, ¿entiendes? Está bien. Bil se acercó a la barra. ¿Te dijeron algo los de la mesa ocho? Nada. Menos mal. Encendió un cigarro. ¿Vodka? Por favor. ¿Y tu auto? Sigue en el taller. Así que salí a preguntar a los vecinos de quién era la camioneta y resultó ser que de nadie. Frente a mi casa viven tres morras. Las recuerdo. Ok. Les pregunté y dijeron que no sabían nada. Regresé y me puse a espiar desde el segundo piso. Al poco rato salió un tipejo de casa de las vecinas del frente. Bajé corriendo para reclamarle y decirle que en su pinche vida volviera a estacionarse afuera de mi cochera pero no lo alcancé.

Shilospiu había puesto Twist and shout con The Isley Broters. Me puse una playera, un pantalón y las sandalias. Fui en bicicleta al centro comercial y compré un bat de aluminio. Ese pendejo y cualquier otro que se ponga en mi cochera va a sentir la misma duda que yo cuando pregunté si alguien sabía de quién era la camioneta. Más si al regresar ve que tiene los vidrios rotos. Bil sonrió. Estás bien pinche paranoica, le dijo al tiempo que le ponía las manos en los hombros y Damiana cerraba los ojos, fruncía el entrecejo y apretaba los puños en tanto pisoteaba el suelo con coraje. Es que no mames, ¡se creen mucho esos hijos de su puta madre! Bil le dejó un beso encima de la frente, en el cabello. Ya pasó, no seas tontita. Cabrón. Toma tu pinche vodka. Bil movió el índice de la mano derecha por sobre su hombro para rechazarlo. Ese cabrón. Te aseguro que si no lo quisiera tanto sería el primer con quien probaría mi bat.


Sonrío. Giro la cabeza y me encuentro con la mirada de Renata. Sonríe.


concepción, chile. 15 de junio de 2010

lunes, junio 14, 2010

deivis&cheves 9

david chávez

a Arcelia Pérez Magaña


¿Y eso? Celso Piña. Suena bien. Cumbia. Se. Bueno, después de todo la lluvia no es tan mala. ¿Después de estar lloviendo durante tres días?, no chingues: seguro tienes mucha ropa que ponerte y poca por lavar. Renata me pinta un dedo. Le saco la lengua y le doy dos palmadas en el hombro a Bil, que va rumbo al baño. David entra corriendo. Pensamos que es para evitar mojarse. No mames, ¿no les pasó nada? No, güey, ¿de qué? Un cabrón echando plomo mientras se les escapaba a unos tiras. No, por acá nada. Escuchamos una serie de disparos. Deben serlo. Cheves lo dice. Nos tiramos al piso. Justo en ese momento se va la luz.

La luz de siete u ocho torretas nos iluminan intermitentemente. Luego uno, otro, cuatro cigarrillos se encienden antes de que cada uno de nosotros hable. A ese güey no lo agarran vivo. Serrano asintió. Renata me quita el cigarro para volver a hablar. La luz vuelve cinco minutos después. La calma en el bar se la llevaron esas patrullas. Estábamos ansiosos. Venía escuchando la noticia por el radio. Nunca pensé que irían a pasar por aquí, por eso les pregunté si. Ya. Déjalo así, Cheves. ¿Qué? Eso, deja que sea. No chingues. Primero el mundial, luego la lluvia, luego esta mierda de inseguridad; de verdad que no quiero verme como una paranoica o una evasiva, pero mejor deja las cosas así. Quiero seguir saliendo de acá con tranquilidad, pensando que cada cliente que viene paga con dinero limpio, que puedo caminar hasta la avenida y tomar un taxi, o que Serrano puede llevarnos a casa sin temor a que me den un plomazo.

Suena el acordeón al fondo.

De acuerdo. Parece que Damiana habla por todos. Cheves se va a su oficina. Serrano prepara una ronda para todos mientras Damiana, Bil y yo salimos a la terraza a fumar. Shilospiu toma un par de vodkas y va a la oficina de David. Renata nos trae los tragos. Sigue lloviendo. Bueno, entonces quedarían dos opciones. ¿Cuáles? Que vengas desnuda a trabajar o que saliendo vayamos a mi casa para que te pruebes algo de mi ropa. Todos reímos. Renata me abraza mientras dice eres un pendejo y me saca la cartera. Mejor me la compro. Damiana suspira. Bil y Serrano bailan los últimos 40 segundos de la canción. Yo sigo corriendo tras Renata, intentando quitarle la cartera y mi vista de sus nalgas. Me encanta cuando corre. Me encanta cuando ríe.

Llueve.

concepción, chile. 14 de junio de 2010

viernes, junio 11, 2010

deivis&cheves 8

david chávez

David y yo hablamos mientras apostamos si hoy habrá más hombres que mujeres en el bar. En la mañana se jugó el primer partido, México abrió el Mundial, así que Cheves dice que la mayoría de los que lo vieron andan desmañanados, sin ganas de salir, por eso vendrán más mujeres. Yo digo que será al contrario: uno enfiestado no regresa al trabajo, o regresa tan sólo para ponerse de acuerdo con el resto y al salir buscar dónde seguir la fiesta.

Bien, ahora dime ¿todo ese rollo para ligarse a Damiana y nada? No. Le aceptó un par de tragos, pero nada más. ¿Le dio su número de teléfono? Vaya, ¿celoso? Nada, sólo me preocupa. Si dejaras de estar cuidándola te preocuparías de otras cosas. ¿Cómo qué? Un tipo. Serrano me contó que llegó y se instaló en la barra. Parecía sobrio. Saludó y pidió un ron. Luego comenzó a platicarle a Serrano que venía de casa de unos amigos suyos. Había estado con ellos, sus compadres si no mal recuerdo, celebrando que habían comprado una yegua. Seríamos como cinco, seis, no más. Porque cuando uno invita a más gente no se puede, no señor, ya es mucho, luego uno no se coordina con los demás o no falta el que desentona, el que le rompe la armonía a todo y sin embargo con cuatro o cinco si usted quiere ya uno como que le agarra la onda a todo, ¿o no, mi amigo?

Oiga, es guapa su amiga. ¿Son novios? Disculpe si me ando metiendo en lo que no me importa pero ya ve, le digo, uno tiene que ubicarse bien, saber dónde está parado. Por ejemplo yo, digo no es por presumir, pero tengo esposa y una hija y ya voy de regreso pa' la casa pero vio que se puso a llover y me metí y mire que es un bar, así que un ron para seguir, se antoja ¿a poco no? Entonces yo, le digo, ya con lo que he vivido sé dóntoy parado, ya sé que mire: uno, por ejemplo como ahorita, a mí me da curiosidad preguntarle y pues, le pregunto, ¿verdad? de manera que usted no se ofenda, si la señorita acá presente es su novia, pero por pura curiosidad si le digo que yo soy casado y toda la cosa. Mire, le cuento esto porque no hay que ser grosero: si uno es grosero, si no se comporta pues a uno no lo reciben en ningún lado y mire, le digo, en casa de mis compadres a mi hijita, porque son sus padrinos, pues la quieren mucho y yo también quiero a sus hijos. Hoy, por ejemplo, fuimos a comprar la yegua porque mi comadre estaba dale que dale con que una yegua que para las carreras y cuando llegamos con mi compadre con el animal mi comadre saltó de contenta y de volada fue y mandó traer sidra y vino y cerveza y toda la cosa. Yo tomé ron porque es lo que me gusta, pero mi comadre quería una potranquilla, para las niñas, ¿usted me entiende? Cosa que la pudieran criar desde chica y que la monten, porque su suegro es cuidador de caballos.

Entonces llegaron otros amigos, le digo, y se armó el eh eh eh salucita por aquí, salucita por allá, y ahí estábamos todos contentos, los justos, le digo, pasándola bien, sin envidias, porque los hermanos de mi comadre, uhhh, si usted viera cómo son de egoístas. Mire, mi compadre trabaja, le va bien, tiene su casa bien, grande, pa que corran y jueguen los niños, su buen trabajo, su buen dinero y no es de los que lo anda presumiendo, al contrario: así como que invita, como que comparte su dinero, ¿no? y así debe ser. Digo, yo así sería. Entonces para evitar malas vibras le pusieron a la yegua, acá en la mano derecha, un trapo rojo, para el mal de ojo, ya ve usted que no está de más, ¿verdad? Entonces pues como mi comadre mandó traer los brindis pues nos quedamos a celebrar. Nada de envidias, le digo. Porque uno debe ser derecho, legal, transparente.

Mire incluso yo le digo que a mí mis compadres me quieren mucho y yo los quiero a ellos, así de simple. Y soy de las pocas personas a las que dejan entrar a su casa. Así de sencillo. ¿Por qué? Porque yo no soy de las personas que se andan con chingaderas, a mí la verdad me da gusto que a mis compadres les vaya bien, que estén contentos y sus hijos también porque así es uno, uno le desea lo mejor a los demás para que a uno también le vaya bien, ¿a poco no? Por eso estábamos unos cuantos, como cuatro o cinco, los precisos. Y entonces por eso mi comadre mandó traer el bebestible, algo con qué brindar y festejar. Porque si uno invita gente de más, uh, mire, le cuento así rápido que una vez mi compadre invitó a un fulano y otras personas y como un par de horas después, uh, ¿lo va a creer que llegó mi comadre y así en confianza me dijo: compadre, fíjese que el tipo aquel me dijo que yo, que muy guapa, que estoy que lo otro y yo no sé si decirme a Juan? Pues mire, déjeme hablar con el tipo y ya si no se pone quieto entonces sí coméntele a mi compadre.

¿Se imagina? No, uno no puede andar haciendo eso, oiga: lo invitan a uno a compartir, a una casa decente, con gente decente, gente de bien, y uno lo menos que puede hacer es respetar, ¿a poco no? Mire más tardé en decirle eso a mi comadre que mi compadre en romperle el hocico al fulano ese. Tenía pa' matarlo a golpes pero hasta ahí la dejó. Obvio que tuvo la delicadeza de pedir un taxi y ora sí que literalmente mandarlo al hospital. ¿Ve? Por eso uno debe saber comportarse, uno ya no es chico, ya tiene sus años corridos, ya es responsable.

Yo ahorita, a ver, sírvame otro ron pa' ya irme. Yo ahorita termino este ron, gracias, termino este ron y me voy pa' la casa. Yo soy chofer de camiones, ¿sabe? Y aparte que mi esposa es tan guapa ella, ¿cómo la voy a andar dejando solita? No, yo me termino esta y me voy pa' la casa. Mire, le confieso: hace rato, cuando la comadre fue por los tragos, mi compadre sacó un par de churritos de mota. Nos fumamos uno, eso sí, todo con medida. Pero uno sabe, uno sabe hasta cuándo y en dónde hacerlo, ¿o no, mi amigo? Entonces, entre nosotros, por ejemplo, no es que nos corramos, pero sí a tal hora, si sabemos que el otro tiene que trabajar comenzamos a hacerle bromas hasta que nos ponemos serios y paramos toda la cosa. Sí, total, uno va, trabaja, ya tendrá tiempo de seguir la fiesta. Así que hoy fue así: una cosa tranquila, para platicar, para celebrar lo de la yegua. ¿Me puede decir dónde queda el baño?

¿Y? Se fue. ¿Cómo? Sí. Damiana prefirió retirarse de la barra y atender antes que el tipo siguiera preguntando si ella y Serrano son novios. ¡Qué cabrón el tipo! No te rías. Pero es buenísima la historia. Ni tanto. Bueno, esa escena. Bueno, no todos los días llega alguien a contarte sobre sus compadres. No, por eso lo digo. Igual no la escribiría. Allá tú. Ahí no terminó la cosa. ¿Ah, no? No. ¿Qué pasó después? Como el tipo no regresaba Serrano fue a buscarlo. Nada, se había ido. Como preguntara por el baño fue a buscarlo allá y ¿qué crees que encontró? No sé. 75 pesos. Ah, cabrón, ¿y eso? El costo de los dos rones que pidió el tipo. No mames. En serio. No, no mames, eso sí no te lo creo. Pregúntale a Serrano. No mames, no es cierto. Te lo juro. Cosas así pasan, aunque te rías. No mames, me cago del susto: si eso pasa en este bar... Ja, y afuera de él pasan cosas peores. Dame un cigarro. Tú los tienes. No mames, 75 pesos. Ni un centavo más ni un centavo menos, y nadie tocó ese dinero. No mames, voy a estar en mi oficina. Acaban de llegar cinco hombres más. La apuesta está hecha, en un par de horas veremos. 75 pesos, no mames.

concepción, chile. 11 de junio de 2010

jueves, junio 10, 2010

deivis&cheves 7

david chávez


A eso de las siete de la tarde comenzó a llover. Primero fue una agüita mojapendejos que luego se convirtió en sereno. Cinco minutos después, como si hubiera dado chance de ponerse a resguardo, el cielo dejó caer de madrazo un santo tormentón que ni en el día de San Juan se hubiera visto. Doble chinga para todos nosotros: el deivis&cheves se retaca, todo mundo corre a lugar seco. Y peor hoy: jueves de conciertos. Shilospiu recuperó el vinilo de Deep Purple con la Orquesta Sinfónica de Londres y, ps, ya sabrán: todo el mundo vuelto loco, conversando, pidiendo ron, pidiendo cerveza, pidiendo algo calientito para botanear no mames Ian Gillan está bien pinche pelón, jajajean, entonces, si tú consigues al inversionista me cae de a madres que busco la forma de que entres a la licitación, pero yo le dije que si quería algo conmigo me lo dijera de frente, aunque Antonia nunca le dijo que sí siguieron saliendo y antier se casaron al civil, David está listo el plato para la mesa quince, disculpe señorita tendrá encendedor, oiga no le han dicho que tiene los ojos apúrate güey, urge la cuenta de la mesa ocho.


A veces alguien de acá, Renata, Cheves, le ha dicho a Shilospiu que es muy pinchemente conservador. Él siempre dicen “nuncamente”. Igual varía un poco, pero sigue siendo conservador. Tal vez a los clientes que vienen les guste, no sé, el caso es que varía, la clientela varía pero se mantiene. Arriba de 35 personas todos los días, desde que abre hasta que cierra. Cabrón, invitas a tus compas, así qué pinche chiste. No, cómo crees, nunca nunca nuncamente Cheves lo ha aceptado. Todos, todas las los que vienen lo conocen de una u otra parte. Amigos, amigas nuestras, es decir, de los socioempleados, viene de vez en cuando. Hay un par de mesas disponibles, reservadas, pero nunca se llenan.

Oye, ¿y el presidente municipal está enterado? Mira, el cabrón quiere que la licitación la gane su compadre, pero ni madres. El cabildo debe ver todas las propuestas. Yo te comento porque eres de ley y no te andas con mamadas. Al final quiero dormir pinche tranquilo. Imagínate si esas casas se desploman, quedan mal, se les cuela el agua, se cuartean. Ni madre, sobre mi conciencia nada. Está bien, pásame las fechas y ahí hablo con los socios de la constructora. Oiga, ¿dónde quedan los baños? Grandes y cafés, muy bonitos, y aparte tiene la nariz la cuenta de la ocho, carajo, ahí te va, dos rones Don Q, dos tequilas y una tabla italiana, después pon algo de Creedence, voy a buscar si tengo algo sinfónico, no mames por poco pones al TRI, güey, Renata acá están las dos ensaladas mediterráneas y la pizza, gracias Bil te encargo también dos hamburguesas de camarón sin jalapeño y tres órdenes de papas fritas urgen porque son para las amigas de Cheves, tienes que agitar más para que quede mejor si no el tequila no amarra, pinche Serrano, eso hago, más fuerte, carajo pinche mandón.

Señorita no hay papel, ah ok ahorita llevo David revisa los baño, no mames revísalos tú ¿o no tienes manitas? Cabrón, voy yo. Qué chinga con el examen, no mames no estudié nada, ¿pagaste el semestre? Ja, ¿de dónde crees que voy a sacar para pagar las chelas? Entonces, ¿es la de la barra? Sí, está guapa la morra. Ots. ¿Y qué onda, ya se las cantaste? Ne, creo que el vato al que le ayuda es su novio. Pregúntale, igual en una de esas. Pinche barecito te armaste, güey. Na, no es nada. ¿Y la gente? Son socios pero cada quien atiende una parte del bar. Y tú, ¿de güevonazo, rascándote la panza? Nada deso: me encargo de lo que hace falta, compro las cosas para la cocina en la mañana, escobas, trapos, vasos, botellas, básicamente surtir cocina y bar. Bien bien. ¿Él es el famoso Shilospiu? Se. Ven, te lo presento. Shilospiu, unos compas: Bristy, Volpi y Carlos, él es el Shilospiu. Un gustazo mi hermano, ‘ta perra la música, qué ondas qué hay, cámara, pásenle a lo barrido, vénganse, acá están las mesas pa’ las visitas. ¿Entonces qué onda, qué plan hay para mañana que inicia el mundial? Pues podríamos verlo acá. Ni madre: cero fubtol en este bar. ¿Y eso? ¡No chingues, papá! Tenemos la semana ocupada, hay más bares que lo van a transmitir. Yo creo que habrá que discutir esto con unas chelas, ¿qué te parece? Va mi Carlitros, yo las traigo. Pinche Cheves, ¡cómo has cambiado mi rey!

concepción, chile. 10 de junio de 2010

miércoles, junio 09, 2010

deivis&cheves 6

david chávez


Creemos que Damiana y Serrano andan queriendo entre ellos, pero a nadie le consta. Llegaron juntos, digamos, al 2x1. Hacen un buen equipo cuando están en la barra. Bromean con Shilospiu, los tres la pasan bien. A ratos Damiana se bajonea, como que se abstrae, se pierde, se desconecta. Ella es mayor que Serrano. Días después que llegó Damiana apareció Serrano.

Cheves la había conocido en Chetumal, haciendo lo mismo: barwoman y camarera. De vez en cuando cantaba una que otra rolita. La familia de Damiana tenía algún tipo de empresa, así que ella trabajaba por gusto. Se hicieron amigos. Nunca se cogieron. En lugar de eso David la esperaba y se iban a la playa. Mezcal, cerveza y ron. En ese orden. Pasaban botellas y botellas, horas y horas platicando, nadando en el mar, hasta amanecerse. Luego ella se fue. Había juntado tanto como para pagarse una carrera. Después fue Cheves quien viajó. Se encontraron por casualidad en Berlín, en una pequeña plazoleta. Siete cafés después quedaron de verse al día siguiente.

Pasaron tres años hasta que volvieron a toparse en un bar ubicado en el segundo piso de un edificio, frente al mercado El Parián. Ella vivía por ahí. Es posible que ahí haya nacido la idea del bar. De este bar.

Ella se ofreció como barwoman, ¿te conté? Creo que sí. Llegó con algo de dinero para asociarse. Tenía rato de no verla, así que acepté. No sé cómo hace pero es capaz de hacer que una botella dure más de lo que uno espera. Las adultera. No. Nada. Es como si el alcohol se multiplicara. ¿Tipo Yizuscraist? Algo así. Na, tú la ves con ojos de amor. La veo como la hermanita que no tuve. ¿Y nunca nada de nada? No. Reconozco que es atractiva, guapa, está sabrosa, pero no. Algo tiene que no se me antoja. Te estarás haciendo puto. Pendejo. Encendemos otro par de cigarrillos mientras la vemos trabajar. Imita los gritos de Yoko Ono en Whole Lotta Yoko, de The Dirty Mac. Serrano hace como si tocara una batería: cada vaso un tambor, cada popote una baqueta.

En cierta forma parecen hermanos: la misma nariz afilada y terminada en bolita, los ojos medianos, almendrados, el cuello delgado, cara bonita... ¿los dos? Sí, güey, fíjate bien. Pinche Cheves, ¿no me digas que te gusta Serrano? Pendejo, lo decía por Damiana, teta estándar, nalguiparada, cinturiforme. ¿Serrano? Cheves intenta darme un zape. Esquivo el manotazo. Reímos. ¿El dinero estaba limpio? Sí, cada centavo. ¿Es verdadero? Tanto como el otro cigarrillo que estás por darme. ¿Llegaste bien anoche? Sí. ¿Qué pasó? Lo de siempre: vi sus fotografías en facebook y me acordé de ella. Lo supuse. ¿Tú y quién más? Shilospiu, Renata. Bah, casi todo el bar. Ya sácatela. En eso estoy. Hay una especie de vocecita que me dice que no toque nada. El resto de mí sigue adelante. Renata deja dos vasos de vodka a la pasada. Gracias, mensa, agradece Cheves. ¿Y Renata? ¿Bueno tú piensas que me quiero coger a toda la gente de este bar? Bueno, coger coger no pero. No chingues. ¿Y tú? Tampoco te quedas atrás. Diría que estamos iguales. Entonces no jodas, tocayo. ¿Cómo crees, Cheves? Salud entonces.

Brindamos. Antes de irme -Shilospiu me hace señas para que vaya donde él- le digo: Bueno, no me vas a decir que es fea. Cheves me pinta un dedo. Entra a su oficina.


concepción, chile. 9 de junio de 2010.

martes, junio 08, 2010

deivis&cheves 5

david chávez


Ayer hubo mucha gente en el bar. El deivis&cheves se caracteriza por eso: ahí siguen la parranda todos los que la empezaron el viernes. Cuando todos cierran nosotros abrimos. El tumbao y ritmo con que Mike Laure se posesionó del cuerpo de Shilospiu nos dio un respiro y la clientela comenzó a ordenar platos, botanita y tragos más elaborados media hora después de que llegara Bil, todo al ritmo de la cumbia. Shilospiu la estaba pasando bien, tanto como para permitirse bailar unos pasos con Damiana mientras yo hablaba con David. No mames, ¿estás viendo lo mismo que yo? Sí. Ambos, Cheves y yo, caminamos hasta la barra y pedimo un par de vodkas. No chingues: Shilospiu nunca baila. Al menos eso cuenta la leyenda urbana. Un día me dijo: prefiero la barra, cuando le pregunté si lo hacía por alguna razón.
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Nada más le gusta hacerse del rogar. Esa era la teoría de Renata. Cheves bebió de un trago todo el vaso. Yo intentaba disfrutar. La gente seguía llegando. Fueron acaso 8 compases los que bailaron y luego regresó a su puesto, antes de que la canción terminara. De vuelta a su oficina David le pidió algo ligero para cerrar la noche. Hoy lúcete con las cumbias. Que la gente se pare, baile, sude, beba. Y pásatela bien. Haz que me la pase bien. ¿Entonces quieres terapia? Sorpréndeme. Voy a dejar la puerta de la oficina abierta.
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Tardó poco en salir de nuevo. Cheves bailó con Serrano cuando este estaba por entrar vodka en mano a su oficina, camino al baño bailó conmigo, entró a la cocina y bailó con la chica nueva que lava la loza, luego Damiana fue por él a su oficina y bailaron no te metas con mi cucu le cantaba yo sé que tienes tu mujer así que deja mi cucu coreaba todo el bar. Terminó fumando, cagado de risa, en la terraza, mientras fumaba. Cierran bien, dijo, y cuando estaba por subir al auto Shilospiu soltó Kumbala. Obviamente regresó. Mientras él y Renata bailaban pidió su botella. Se fue antes de terminársela.
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Hoy llegó primero que todos. Primero incluso que Shilospiu. Abrió y puso música. Ayer me dijo que estaba un poco melancólico. ¿Te ha pasado que a veces pasa algo, cierto detalle, en la fila del banco, esperando un taxi, y sigues con tu día y al final, cuando tienes un momento, ese detalle brota y sientes como si lo hubieras soñado? No, le respondí. Culero. En serio: no, pero cuenta. Hoy en la mañana dejé el auto en casa y me fui caminando. No estoy tan acostumbrado, así que en cuanto pasó el camión subí. Tanto hace que no uso el transporte público que cuando le pregunté al chofer cuánto era todos los pasajeros me vieron como hubiera preguntado si ahí era el baño. Minutos después el camión quedó casi vacío. Subió un hombre ya avejentado, tendría sus 70 años casi, barbado, con lentes oscuros y tres cajas de chocolates que vendía a los pasajeros. Dos de los casi seis pasajeros le compraron.
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Luego se sentó. Se puso a conversar un poco con el chofer, como decirte qué bonito está el día ojalá no llueva, y preguntó más o menos dónde estábamos. A la entrada de Candelaria, le dijo el chofer. Déjeme aquí en la esquina. Bajó. Sólo entonces todos los pasajeros, el conductor, nos dimos cuenta de que el hombre era ciego. Sólo cuando sostenía las cajas bajo el brazo izquierdo e iba sondeando con su palo el piso, cuando golpeó el semáforo y la valla precautoria que está antes del paso peatonal, sólo entonces supimos que estaba ciego. ¿Y? No mames, que esa imagen, las caras del conductor, de los pasajeros, incrédulos todos, me brotó de pronto hace rato. No sabía si lo había leído, si lo había visto en alguna película o si lo había soñado. ¿Y? Bueno, te lo cuento por si te sirve. Tal vez podrías escribir algo sobre eso, ¿o no? Ay David, ¡no mames! ¿Qué, güey? Tú que quieres ser escritor, ¿o no? Sí, pero, no chingues, dale vueltas a la historia, ya se te ocurrirá algo. Sí, que cada día la gente está más pinche ciega como para no darse cuenta de quién es ciego y quién no. En fin.
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Salimos. Hoy, insisto, llegó temprano. Puso música. Revisó todo. Shilospiu dice que cuando él llegó David estaba cantando Look at your game, girl, de Charles Manson. ¿La original? Se. Vergas. Igual volvió a acordarse de ella, dijo Renata. Ya veremos. Una ronda por Manson. Va. Salud, caballeros. Al unísono, todos le buscamos el fondo al vaso. El ruido de los hielos en el vaso vacío nos hermanó en la duda sobre el motivo de esa canción. Pónla de nuevo, Shilospiu, grita desde la oficina. Yo bailo con Renata. El bar está medio lleno.



concepción, chile. 8 de junio de 2010.

lunes, junio 07, 2010

deivis&cheves 4

david chávez


Cada lunes es una copia del primer lunes que vivimos todos en el deivis&cheves. Salvo por la rotación de quién abre los lunes -todos tenemos una llave- es la misma dinámica: abrir las ventanas, regar el pasto, revisar los baños, colocar papel higiénico, revisar la despensa que no falte aceite, revisar el bar que no haya vasos sucios, revisar la cocina que no haya loza sucia.
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A veces Shilospiu trae su camioneta. Es el primero o segundo en llegar pero nuncamente abre. Siempre espera a que llegue alguien para que lo haga. ¿Y tú, cabrón, qué pedo con tu llave? Acá. ¿Y por qué no abres? Testaba esperando. Mamón. Entra. Renata siempre trata a Shilospiu como si fuera su hermano menor, aunque él sea mayor que ella. Pareciera ser su tío. Casi le dobla la edad. ¿Y hoy, qué música toca? Lunes de güeva. Cierto. Algo me decía que hoy es de esos días. ¿Quién cerró el viernes? Me parece que David. ¿David? Sí: Cheves. Oka.
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Hola. ¿Tiene rato que llegaron?, le pregunto a Renata mientras reviso mi celular. Poco. Este güey llegó primero. Y de seguro no abrió. No. Ja. Pinche risa. ¿Qué? Tú sabes que Shilospiu nunca abre. Mejor para él que no estaba lloviendo. Está nublado, al rato se despeja. Tampoco abriría si lloviera, le responde. Esa paranoia tuya. No es eso: yo pienso mal para acertar. Oqueioqueiquei: pongamos que no llueve... ¿qué tal que te estés cagando? Nuncamente. ¿Qué, tú no cagas? Sí, pero lo hago en casa, antes de salir para acá. Pf, ¡puerquete!
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Sonrío. Al menos Renata está de buen humor. Shilospiu enciende las bocinas y revisa el equipo de sonido. Se pone sus audífonos y revisa la lista de canciones que ya ha puesto, elige las que han quedado pendientes. Saca el baúl de los vinilos: sabrosura, dice una etiqueta que le ha graffiteado. Cheves llega sin saludar. Los tres nos miramos con cara de ¿y a este güey qué le pasa? Shilospiu enciende un cigarrillo y se encoge de hombros. Se quita los audífonos. Pónme una, le dice a Renata. ¿Lo de siempre? Ofcorsmaiderjors.
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Ojalá que venga Bil. El viernes la cocina fue un verdadero desmadre. Damiana ha llegado. Pinche Shilospiu, te va a dar cirrosis. ¿Tan temprano y ya con tu vodka? Él se encoge de hombros mientras Damiana le da el vaso con el trago y fuma del cigarrillo encendido, el único en todo el bar. Tocayo. Voy. Todos nos miramos. Damiana me mira inquisidora. Ni puta idea, le digo al pasar. Antes de entrar a la oficina suena el celular de Renata. Va, no hay bronca. Acá te esperamos. Me detengo, saco un cigarrillo y la miro. Sus labios articulan lo que me parece será un beso en el aire. "B I L ". Shilospiu suelta Tiburón de ¡Mike Laure isindajaaaaus!, grita Serrano al cruzar por la puerta de entrada. Tropieza. Escucho sus risas antes de escuchar a David pedirme un cigarro.
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concepción, chile. 7 de junio de 2010

viernes, junio 04, 2010

davis&cheves 3

david chávez




Hoy la cocina es un desastre. Anoche Bil me dijo que no podría venir: había muerto su suegra. David le dio el día libre y un par de chocolates para su hija. Bil en realidad se llama Joaquín Bilardo. Jamás se separa de su cigarrillo. Hay quien dice que en su casa su hija pequeña le dice Joaco, los más Dardo o Bilo. Su esposa le dice Boogie, como el personaje de Fontanarrosa. Sólo David y yo le decimos Bil. El día que llegó a deivis&chelas pidió hablar con el dueño. En la paranoia y no fuera a ser la de pinches malas -pinches balaceras- enviamos a un mesero que recién se estrenaba con nosotros a preguntar qué chingados quería. Dice que el guacamole es un asco. Pásalo a la cocina. ¿Sabes prepararlo? Al menos lo dejo mejor que el que ofrecen. Dale. Nos miró. Es ese de allá, le dije mirando el frigorífico. Lo demás está en el lavaplatos. Vamos a la terraza. Te esperamos. Me quedé fijo en mi lugar, él en el suyo. Nos entendimos a la primera: quería un cigarro.
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¿Crees que pueda? No está mal. El guacamole no es nada. ¿Qué más sabrá hacer? Ambos lo mirábamos por la ventana que conecta. Traía un pequeño trapo colgando del cinturón, para limpiarse las manos. Picó velozmente la cebolla, partió limones y les espulgó las semillas. Exprimió el jugo directamente sobre el puré verde. Luego hizo cubos microscópicos de chile serrano y los agregó al plato. El cigarro iba a la mitad: la ceniza se asomaba, curiosa. Parecía que iba a caer en cualquier momento sobre el guacamole. Revolvió todo y nos buscó con la vista mientras le ponía sal. Sonrío al vernos. Está listo. Tráelo para acá. David le pidió al meserito que acercara totopos. No está mal. ¿Y los? ¿Huesos del aguacate? Son para que no se oxide tan rápido. ¿Y el jitomate? A menos que quiera hacerlo rendir para más personas. En mi casa no lo preparan así. ¿Y cuál es tu nombre?
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Bil, dígame Bil. ¿Como Bill Clinton? No. Bilardo, me llamo Joaquín Bilardo. David le dijo cuánto le pagaba al cocinero que teníamos y Bil comentó que por tres Sor Juanas más le podía preparar guacamole para toda la noche. El horario es de 6 a 6, la cocina abre a las 8pm. Me agrada. Bienvenido al deivis&chelas. Sonrió. Antes de irse David nos dejó un par de cigarrillos más. ¿Dónde aprendiste a cocinar? Viendo, viendo y leyendo. Echando a perder. Cocinar es como la química, ¿sabes? Un poco de esto, un poco de aquello y listo. ¿Nunca fuiste a una escuela? Estudié leyes. Egresé, ejercí un rato: bufetes, defensoría, trámites. Ahí conocí a mi esposa. Nos casamos, tenemos una hija. Dice que me parezco a Boogie el aceitoso, por el cigarrillo. ¿De Fontanarrosa? Sí, ese. Me gusta. A mí también. Ella es profesora, ¿sabes? Así que no ha habido problema con la niña. La cosa es el dinero, el pinche dinero. Supuse que los abogados ganan bien. Ja.
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Te mintieron. Para eso necesitas clientes, para los clientes necesitas experiencia, para la experiencia trabajar y para trabajar está muy cabrón. Está todo copado. Si no conoces a alguien que te meta al negocio es casi imposible. Pero tú entraste... Sí, pero lo dejé. No quiero que mi hija crezca sin padre, o que tenga uno que le mienta. Románticamente, creo que esta mierda de país se puede cambiar. Al menos quiero que mi hija sepa que lo intenté. Por eso estoy fuera. Prefiero dormir con la conciencia tranquila o morir en un tiroteo por una bala perdida que desmembrado, decapitado o secuestrado a cambio de algunos miles de pesos. Mi esposa también cocina, ¿sabes? Buenísima para la repostería. De vez en cuando nos pasamos días metidos en la cocina. A mí me relaja. ¿Y cómo haces para? ¿El cigarro? No es nuevo. Otro día te contaré.
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Bil se sentó ayer a mi lado. La salsa para las chuletas me la acabo de inventar, me dijo en secreto antes de sentarse a la mesa con todos nosotros. Él, David y yo teníamos encendidos los cigarrillos. Le da otro gusto a la comida. A media cena sonó su celular. Bil nunca deja que su cigarro se consuma hasta el final sin antes darle una jaladita y sacar el humo para después apagarlo. Así fue. Cuando terminamos de cenar me dio la noticia. Pidió el día. David se lo dio. Todo el deivis&chelas ha entrado a la cocina a preparar el plato que los clientes pidan. Ahora es mi turno.



concepción, chile. 4 de junio de 2010.

jueves, junio 03, 2010

Enrachar definición

david chávez


Enrachar.- dícese de aquellos cuerpos en los que aparecen pequeños bultos -de modestos éxitos o desgracias en seguidilla- parecidos a las habas.

~ a alguien.

1. loc. verb. coloq. Ec. atraer (‖ ganar/perder).

2. loc. verb. influir en el éxito/la derrota obtenido(a).

3. loc. verb. coloq. Ur. Hacerse notar, causar sensación por su suerte tanto buena como mala.

deivis&cheves 2

david chávez




Anoche David debió haberse fumado cerca de 80 cigarrillos. Quizá yo fumé la mitad. Nunca fumamos tanto. Nadie. Renata hizo la lista: Eso duele (Intocable), Pena tras pena (El recodo), Acábame de matar (El recodo), La rama del mezquite (Ramón Ayala), Se me olvidó otra vez (Juan Gabriel), Paloma negra (Lola Beltrán), Cuando el destino (José Alfredo Jiménez), La mentira (Álvaro Carrillo), con esas pampezar. Puras matonas, namams Renata. Tú ponlas, dijo, y siguió atendiendo.
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Hablé con cocina y pedí que se guardaran alguna receta sencilla, algún plato para todos: nos quedamos a cenar. Bien, dijo Bil. Serrano estaba en la barra, ayudando a Damiana. Hoy cenamos acá, les dije. Sonrieron.

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Algo debía preocuparle a David. Dos horas después salió de su oficina. Algo le dijo al oído a Shilospiu. Sonaba Triste recuerdo, de Antonio Aguilar. Ambos rieron un poco. Le palmeó la espalda y volvió a la oficina. No salió hasta media hora antes de cerrar el bar.
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Shilospiu puso Tatuajes, de Joan Sebastian. Serrano y yo molestábamos a Renata con su lista de canciones cada que nos cruzábamos al llevar un pedido. Exquisito gusto, güey, te luciste. Shilospiu trae las domingueras, con esa te voy a llevar serenata, namams no sale, capaz que sí, ¿saldrías, Renata? Contigo ni a tirar la basura. No me niegues, te lo dije, si hasta le cambió el caminadito. Rozó levemente con el codo la espalda de Serrano para que perdiera el equilibrio y si no hubiera sido porque lo sujetó instantes después por la cintura varios envases de vidrio hubieran provocado una burla general del personal, la sorna e inquietud de dostres clientes y el azoro de Serrano. Bájenle de güevos, ¿ok?, le susurró al oído Renata mientras él enrojecía.
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¿Ya ves, güey? Sh, calla. Renata estaba mejor. De alguna forma el incidente con Serrano había servido de algo. Eso y la andanada de canciones que siguió hasta que el último cliente se hubo ido: Déjenme si estoy llorando (Los Ángeles Negros), El preso #9 (Nelson Ned), Ingrata (Café Tacvba), Tengo el alma enamorada (Chalino Sánchez), Flor de capomo (Cadetes de Linares), Desde que te perdí (Kevin Johansen) sonaron después, mientras cenábamos y terminamos de limpiar el lugar.
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David, de hecho, todos, estuvimos animados. Shilospiu nos puso varias canciones de La Cuca. Cerró con El son del dolor mientras fumábamos el último cigarro del dianoche. Me siento mejor, le dijo a David. Tocayo: pásate la botella de mezcal. ¡Ou, la había olvidado por completo! Nada de eso: bebe. Trae pacá. Bebió. Bebimos. Renata vació el cuartito de botella que quedaba. Apaga y vámonos, entonces.




concepción, chile. 3 de junio de 2010

miércoles, junio 02, 2010

deivis&cheves 1

david chávez


Mientras el bar se queda relativamente vacío (ya rato el calor insoportable se había marchado en compañía de un par de clientes) Renata sale a fumarse un cigarro. La hora del break, le comento mientras enciendo el mío. Sonríe y con el humo se va la sonrisa. Sorbe un moco y carraspea. Suspira. La miro. Me mira. ¿Qué me ves, güey: nunca has visto a alguien llorar? Sonrío. Miro el espejo que cuelga detrás de Renata y que muestra el nudo del pañuelo con el que cubre su cabello para evitar responderle. Sí, he visto a muchas mujeres llorar. ¿Y entonces, qué tiene de entretenido verme? Nada. Tienes la nariz roja. Sorbe y de un jalón arrastra el moquerío que escupe hacia el pasto que circunda el lugar. Pinche puerca. Exhalo el humo. Pendejo, ni que nunca hubieras hecho lo mismo. ¿Estás bien? Otro cabrón. ¿Qué, yo qué hice? Renata me acaba de decir que no hay nada que ver. David, el gerente, enciende un cigarrillo mientras ella sorbe de nuevo. Pinche puerca, escupe eso. Se te está escurriendo el cerebro, no mames. Renata ríe. Yo sonrío. David le acomoda el mechón que cae sobre su cara. ¿Fue otra vez ese cabrón? No, son otros pedos. ¿Segura? Ella asiente mientras limpia sus ojos enrojecidos, se acomoda el mandil y el cinturón y arroja el cigarrillo cerca del final al pasto. Tengo dos meses sin verlo.

Silenciosonriente.

Pásale una lista a Shilospiu. Es miércoles alterno de grandes bandas, pon algunas llegadoras. Termínate esa botella de mezcal y diles a todos que se queden al final. Avísale a Serrano, para que no los esté esperando afuera. Hoy cenan acá. Tocayo, organízate eso con cocina, porfa. Asiento. Renata entra. David y yo seguimos fumando. A veces, me dice, no terminas de darte cuenta de dónde vienen los chingadazos. "Hay golpes en la vida, yo no sé...", dice. Si alguien escribiera sobre nosotros me gustaría que anotara lo que estoy pensando. ¿Y qué es?, pregunto. Una frase. Una frase sobre internet. Hace rato estaba bajando Third, de Portishead. Oyendo ese disco la conociste, ¿no? Sí. Estaba conectado en Facebook y una ex censuró algunos comentarios. Digo, es mi amiga y todo pero como que me molesta estar y que ella no esté, ¿me entiendes? Algo. La borré del Facebook. Algo natural. Puede ser. Luego subí unas fotos donde aparece, obviamente no la etiqueté. ¿Venganza? No, la verdad es que quiero hacer espacio en el disco duro. La quiero mucho pero ni ella me ha pedido esas fotos ni yo las frecuento para verlas. Subirlas fue como tener un respaldo. Eso pienso. Entonces mientras pendejeaba, mientras veía los comentarios pensé qué tanto dependo de esa página. La red, la web, esas madres. A veces uno se la pasa yendo de blog en blog, de página en página, de twit en twit, de mensaje en mensaje como si buscara alguien con quien conversar. ¿Y la gente real?, alcanzo a preguntar mientras exhalo el humo del cigarrillo que se acaba rápidamente. Es gente real, güey, pero conectada, virtualizando la relación. No pueden estar aquí, ahora, pero lo estarán al rato, cuando salgan del trabajo, cuando vengan al bar, cuando hablemos, brindemos.

Exhaló el humo, tiró el cigarrillo y lo apagó pisándolo. Vamos adentro, me dijo. Luego vienes y le das una barrida a eso y apuntó con el índice a la colilla. Eres un culero. Soy el dueñogerente, dijo, y sonrió como yo sonreí después de mentarle su madre cuasilenciosamente.


concepción, chile. 2 de junio de 2010

deivis&chelas

david chávez

Cuando llegamos al bar Renata ya tenía a todo lo que daba el estéreo esta rolita. Alguien le bajó un poco al volumen pero cuando vio cómo todos lo miraron regresó el nivel a donde estaba antes. Encontré una botella y... media botella de mezcal vacías. Pinche Renata.
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Es que nunca en la vida has sentido una flecha en el pecho clavada que la sientas que te está matando poquito a poquito sin verla sangrar No te vayas mi amor te lo ruego que te quiero bien lo sabe Dios si tus besos es que son ajenos...

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A pesar de que el gerente le dio el día ha estado aguantando vara. A ratos sale de la cocina llorando con uno o dos platos de botanita. Estoy bien, estoy bien, dice cuando le pregunto qué pedo, por qué lloras, te sientes bien, sí, dice y se limpia los ojos grandes y sigue caminando...
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"que venga la muerte y nos lleve a los dos", la escucho cantar.



concepción, chile. a 2 de junio de 2010

martes, mayo 04, 2010

cóbraselo caro...


Armando
el cocinero

sé que México no es un recuerdo: es un pinche lastre que te inmoviliza, o mejor, un ancla que sólo te permite moverte para donde ella quiere. Nos tiene de los tanates, ¿entiendes? De los huevos, controlados y programados; como dice Macedonio: es un agradable contratiempo, ¿por qué no podemos vivir sin esa cadena? ¿Sabes por qué no me gusta ir allá? Porque siempre me quiero quedar, veo a la gente, el lugar donde crecí y algo me ata al piso... página 66

Élmer Mendoza. Cóbraselo caro. Tusquets. México, DF. 2005.

lunes, abril 19, 2010

recordatorio

david chávez



De lo que se trata -me dijo Darwin en un suspiro- es de que la ola te revuelque lo menos posible... y salir bien parado de ello, y ser capaz de seguir adelante, aunque el agua salada te haga vomitar, aunque el esfuerzo te haya dejado cansado, aunque dejes de lado el tratamiento para la gastritis, aunque sigas fumando, aunque sigas bebiendo, aunque los amigos estén lejos y cerca.

Aunque te ardan los ojos -parecía decirme con su mirada canina- hay que seguir. Seguir escribiendo. Ladró. Que la prisa te motive, que la furia te impulse. Que el dinero vaya y venga, que lo que quieres no se te olvide. Que escribas. Que vivas. Que escribas. Me lamió la mano, bostezó como bostezan los perros, meneó un poco la cola y se largó a dormir sobre el sillón. Yo apuré el último trago de la cerveza rubia que estaba bebiendo -aún fría-, aplasté el cigarrillo a la mitad en el cenicero, apagué las luces y a tientas caminé hacia mi habitación. De camino recorrí con los dedos el pelaje de Darwin. Gruñó. Abrí la puerta, busqué en la oscuridad mi pequeña libreta de apuntes y con la luz del celular anoté: debo escribir más. Me saqué las botas y me tiré en la cama. A veces hay que pisar fuerte, murmuré. Fue lo último que recuerdo antes de quedarme dormido.

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lunes, abril 05, 2010

re-flexionado

david chávez


El tema, en sí, ya era de mi ocupación. Es decir, había pensado en él años atrás. ¿A dónde putas se larga el tren? ¿De dónde carajos viene? ¿Quién chingados es capaz de interpretar, entender su silbatesco lenguaje -fuera de los guardavías y demás trabajadores ferroviarios- que pronuncia y a veces tartamudea? Sobre esas dudas básicas, que a la mayoría -supongo- se nos cruzan como durmientes bajo las vías en el camino, había estado pensando y ahora, la casa sola, el pasto regado y creciente, las flores marchitándose a ratos, en turnos; los vasos de plástico azules en que puse una ciruela pasa a remojar, en que olvidé beber agua y en el que bebí agua, junto con los cuatro que permanecen encimados sobre la repisa, testimonian el silente cantar de los grillo que ya se han refugiado en la frescura cespedita.

Crepitan las ventanas con este calor potosino. A casi diez cuadras el tren avanza rítmicamente, con una sonoridad de palomilla que busca la luz. Suspira, o parece hacerlo, cuando pita. Y las casas le contestan crujiendo. Tengo la impresión de que la insensibilidad del gusano de metal que birla los caminos magueyeros, agaveros, y que conoce las intimidades montañosas es contagiosa. O al menos da esa impresión. ¿Quién podría decir que debajo de esa piel de hierro, de esa hermética y remachada y recalcitrada y asoleada piel hay hombres que la operan como neuronas al cerebro, la máquina, para que ande el resto del cuerpo, para que el cuerpotrenhumano incluso pite, silve, cague, se embriague de diesel, mezcal, vino, cerveza?

Como los pocos entendidos en la materia, como aquellos que nunca hemos tenido conocimiento ferrocarrilero mínimo, ignoro qué putas quiere decir la mirada de un tren, si es que acaso tiene mirada, si es que acaso sólo alumbra el camino. ¿Y qué putas debe iluminar el camino si tiene la senda marcada, si no puede hacer otra cosa que seguir los rieles, las vías? ¿De qué le sirve descarrilarse, abandonar la senda metálica que le quema los pies, si lleva tras de sí vagones cargados? ¿Lo hace acaso cuando lo desea o tiene que esperar que algo, alguien se atraviese en su camino?

Sísificamente, es triste verlo pasar, aullando, gritando, alardeando acerca de sus viajes, sus ires y venires. Ellos llevan, transportan. ¿Quién los lleva, los transporta a ellos?

Compadezco, en ocasiones, a los treneshumanos. Son poderosos, capaces, viajeros, nada los hiere, su coraza metálica los protege. Y qué bueno. Jamás serán heridos. Vale un mantenimiento para seguir su camino. Y ese es el problema. Tanta locomoción, es cierto, tanta potencia y determinación... guiada por los rieles, caramba, carajo, gatdemon, que no pueden saltarse. Yo, para mi consuelo, me levanto de la piedra en que estoy sentado, enciendo un cigarro y vuelvo a casa, a unas cuantas cuadras de aquí. Cruzo las vías cuando el tren ha pasado. Esa es una dicha que un tren no puede obtener.


San Luis Potosí, México. 5 de abril de 2010

altamar

david chávez


Hay botellas en las que, simplemente, por más que uno lo intente nomás no cabe. Entonces, al no caber, uno simplemente un día se arroja al mar -no en el sentido storniano- y se deja llevar por el bamboleo de olas, holas y corrientes. Después de un tiempo, mareado por tanto vaivén, uno simplemente arroja el corcho y vomita el mensaje que lleva dentro. Tal vez eso sea, simplemente, de lo que se trata de hacer en esta pinche vida.

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domingo, marzo 14, 2010

vaivenes

david chávez


Miro hacia atrás y me doy cuenta del trecho que he avanzado. no quepo en Colima, no porque me quede chica, sino porque no encajo en su ritmo. ya no encajo en su ritmo. y si yo tuviera la misma intemperancia, intempestividad, lo terco y necio, lo imaginacional y la estupidez de David Chávez, la forma en que le busca la forma de hacer las cosas que quiere y le gusta hacer -como escribir, por ejemplo, o cocinar, por otro ejemplo- no tendría problema alguno en sentirme ya ubicado en San Luis Potosí, por ejemplo.

No me sentiría tan cansado de andar tan al trote, resistiendo, avanzando por la vereda, el camino polvoriento, cavilando y aplicando la forma de subir y remontar esta pendiente hasta llegar a donde pueda verse lo que está por venir, la nueva forma del camino que está más adelante.

Sucede que en ocasiones la curiosidad es un buen aliciente. Si yo tuviera la curiosidad de David Chávez -carajo!-, o el feelling, la alquimia y el timing de Carlos Ramírez Vuelvas, la explosividad y tino de suspicacia, el valor de caminar de Volpi, alias Óscar Fernando Chapula, el tacto para estar en un par de lugares ideológicos tan opuestos como en el cielo y en el invierno y tener el poder de mezclarlos -estar en el cielo en el infierno y en el infierno mientras se intenta llegar al cielo- que posee Julio César -salve- Zamora (Parri querido); lo pequeño/precioso, templado y acicate que puede ser un giro, un guiño, una finta en el humor, la amistad Yanezcastillosa de Alberto mi Bristy; lo tumultuosa y aduanera que es la vida, las vueltas que da, sus vaivenes hedónicos y medulares transfronterizos como se lo ha demostrado a David Chávez Paulina Barrenechea; la sorpresa de lo sencillo, el fluir, aenimesco, toolousero aprendido gracias a Pablo Angulo; los tremores y angustias que se disuelven con una dosis de guararé, bebiendo intravenosamente los influjos hectorlavoreanos que prepara Clara Parra; el compadrazgo y la confiansividad a botepronto-crecerápido en la cocina y la compañía de Roberto Machuca; la tejumbre y guiserío, el hermanamiento generacional que Lucy Gutiérrez Santana le han enseñado; la mexicaneidad y el chilenismo a flor de piel en las buenas y en las malas de Iván Trejo, de la comunidad chilenomexicana de la facultad de Derecho de la Universidad de Concepción, la de Letras, la de Maderas e Ingeniería Civil de la Universidad del Bío-bío; el cálculo, creatividad y animosidad que aprendió de Javier Zepeda y Óscar Rivera; las palmadas en la espalda de parte de Tapiro, los cigarros que escuchan de Marek Daniela; el cigarro y la cerveza templados de Lalo Urzúa; los ojos acuosos, llenos de risa de Nora Jiménez, Rosa Arias; la haceladepedotividad de Olivia Cannales y familia; el hazparismo de la banda potosina: la inguesuidad de Gabriela Nájera, la tos y desveladas fifaleras de David Pérez unidas a la opericia de Sara Martínez; la confianza y lazos de Alejandro Roque; la adoptividad amistosa con que se cuentan las alegrías y desgracias entre Dilva Castañeda, Goyo Preciado y David Chávez, similar a la que tienen entre ellos Avelino Guzmán y Los Escapistas, la familia y otra situaciones que a diario nos ponen a prueba, borrándonos de la memoria a otros y otras a quienes queremos, yo podría ser un poco como David Chávez: sería "el que esto escribe".

A veces siento que no encajo ni en el pasado ni en el futuro y el presente lo ocupa ahora David Chávez.

A veces siento que lo que a uno lo mantiene en el camino, lo que a mí me mantendría en el camino, aunque David Chávez siga en él, es saber que alguien nos mira, como a estas letras, como los ojos de Amanda Cárdenas, como la sonrisa de quien nos quiere, y se sonroja al descubrir que estas letras también te miran, mientras uno camina lentamente y se pierde en la distancia, desbaratándose como un cercado de piedra, precipitándose como lágrima a la comisura de los labios, de sus labios, de mis labios, de tus labios dentro de tus ojos.

miércoles, marzo 10, 2010

huiquidefinición de "Acoso textual"

David Chávez


definición.de.acoso.textual.wikipedia.david_chávez.wiki_htm6



La definición de acoso textual puede abarcar un amplio abanico, dependiendo de la opinión de cada individuo respecto a lo que entiende que pueda ser al acoso, llevando a confusiones. El término es resultado de las múltiples experiencias que asistentes, libreros, vendedores, autores, escritores y fanáticos han compartido luego de las ferias de libros, sean estas escolares, laborales, universitarias, municipales, estatales, nacionales e internacionales, en las que han sufrido el tacto indeseado de sus libros en los eventos arriba citados.


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También engloba los comentarios lascivos, discusiones sobre superioridad de textos, las bromas y los favores textuales (¡literarios y literales!) para conseguir otros status en el mundo editorial, etc. El acoso fuera del lugar de concurrencia, como en lecturas, recitales, presentaciones y conferencias autorales, también está considerado otra forma de acoso textual (cfr. Infrarrealistas: cronología del acoso textual en México).


domingo, enero 10, 2010

Hay días así

david chávez





Hoy me encontré con un hombre que esperaba el camión a tres cuadras de mi casa. Me dijo que hoy había sentido cómo toda la literatura, toda la vida (en lo que a su sentido se refiere "vivir" y sus derivadas conjugaciones), las religiones, todas las lecturas, las letras, lo que yotúélnosotrosvosotrosustedesellos hehashahemoshan leídoleeránleeremosleerás lo había atravesado por completo como un flujo, como el viento que mece hojas, ramas e ideas.

Es sorprendente, me dijo. Asentí. Encendí un cigarrillo para conjurar cualquier pensamiento vago que pudiera interponerse entre nosotros. Así me sentí yo ayer, le dije, y encendí un cigarrillo. El humo que salió a continuación, le dije al hombre -que para ese entonces me miraba atenta, intensamente-, dijo tantas cosas que ni siquiera ahora he podido de hacerme de las palabras suficientes para describir lo que sentí después.

El hombre sacó un cigarrillo para conjurar cualquier pensamiento vago que pudiera interponerse entre nosotros. Ocho bocanadas después llegó el camión que yo debía abordar y nos despedimos con una mirada atenta, intensa, y una sonrisa luego de decirnos pase usted buenas tardes.




Colima, México. 10 de enero de 2010

martes, enero 05, 2010

Sucede que a veces no hay nada como un chingas a tu madre

David Chávez



Sucede que a veces, cuando escribo, tiemblo. A veces lo hago cuando pienso en lo que podría escribir: una furia mal curada, una emoción descontenida que me rebasa, alguna idea que febriliza en mi cabeza y que me parece genial, sobre la que pienso -después de escribirla- que es una reverenda pendejada.

Escribir, a veces, es como velar armas. Pero sucede que a veces escribir es visto como un no combate, como una no lucha, como un no estar armado. He temblado, repito cuando he escrito. Lo he hecho tambié lleno de furia, cegado y poseso de un espíritu fiero, demandante, descontenido que selecciona cada pinche palabra con tal tino que hiera o mate o remate. La musa muere.
Las Furias mandan. Dictan.

Sucede que a veces, cuando se recibe el dictado, cuando alguna de las musas sobrevive, quedan retazos de palabras tiernas. Cuando una de ellas vence, cuando las Furias son dominadas, la visión de las musas es otra. Musas mecánicas que dan la vuelta de tuerca.

Sucede que a veces los combates entre ellas son desiguales y no se sabe quiénes ganarán. Uno podría decir entonces que se encuentra entre "fuego amigo", recogiendo la metralla ardiente y despojos de las armas usadas con las que se pueden construir otras. A esas armas se les ponen palabras como municiones. Yo simplemente espero entrar en combate. Y mientras, en lo que algo sucede, guardo parque, luthierizo nuevos artefactos: veo cómo luchan musas y furias.

viernes, diciembre 18, 2009

Reacciones post-nortec: pinches sustos condicionantes

david chávez


Tenía cerca de año y algunos meses sin ir a México, hasta que regresé en julio de 2009. Como esta vez iba por tres meses, opté por hacerme de un teléfono celular que de buena onda mi hermano Rogelio me prestó. La cosa del chip fue donación de mi otro hermano, Marco Antonio. So, así iba yo durante mi estancia. El dichoso teléfono tenía reproductor de mp3, cámara fotográfica integrada, horario de verano, teclado iluminado, convertidor de monedas, cronómetro, calendario y también enviaba y recibía mensajes y hacía y recibía llamados.

Recuerdo que uno podía programar como timbre alguna canción en particular. Decidí, tan lejos de México había estado, seleccionar algo de Ramón Ayala. Así anduve cerca de tres días, hasta que perdí cerca de 5 llamadas por no alcanzar a escuchar el timbre. Por eso mejor opté por cambiar la canción. Luego, andaba yo feliz con Nortec: Tijuana Sound Machine sonaba cada vez que alguien de mis amigos o familiares me llamaba.

Dejaba que el teléfono sonara 10 o 15 segundos antes de contestar. La mezcla de norteño con electrónica resultó ser muy muy muy de mi agrado y a otros les causaba curiosidad. Sin embargo, todo fue uno y ahora sufro las consecuencias de esta especie de comportamiento/condicionamiento-operante.

Sucede que dentro de 11 días vuelo de regreso a México. En lo que se llega la fecha trato de terminar un anális. Mientras hago eso, y llevado por la melancolía y la ansiedad, escucho Nortec. El reproductor de la laptop, programado para tocar los mp3s aleatoreamente, selecciona Tijuana Sound Machine. Tengo puestos los audífonos, que ignoro porque todos los días lo llevo puestos, y al escuchar el tema, el acordeón, la tarola, el bajo y la voz robotizada en un mix inconfundible me levanto y busco el celular: alguien, alguien, estoy seguro, me está llamando desde Colima, México, para vernos. Estoy seguro.

Tropiezo y al sujetarme de la cama voy a dar al suelo con todo y almohadas, cobijas, ropa, libros y una pequeña mochila que logro quitarme de la cara. Al levantarme desconecto el cable de los audífonos y me doy cuenta que la canción suena en la computadora. No hay tal celular. Nadie llama desde Colima (o Manzanillo o Tecomán o Guadalajara o el DF o Chiapas o Los Cabos o Morelia o Guanajuato o Puebla o San Luis Potosí).

Son síntomas de que, en esta ocasión, debo cambiar el estímulo (el tono del timbre) de mi condicionante (mi celular) para evitarme este tipo de eventualidades.

Colima, Guadalajara, Tecomán, Amig@s: l@s extraño a ritmo de Nortec:
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http://www.youtube.com/watch?v=4zYaCGEtFDU&feature=video_response


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viernes, diciembre 11, 2009

2014 árboles había en ese bosque

david chávez
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Dicen que antes, cuando alguien a alguien quería guardar un secreto, buscaba un árbol en una montaña. Cuando lo encontraba tallaba un hueco y confesaba en él lo que no quería que se supiera. Luego sellaba el hueco con barro. Así nadie nunca sabía lo que había ocultado en él. Sin embargo, después de hacer lo anterior, aquel que había guardado su secreto regresaba a casa sin mirar atrás. Nunca nadie veía cómo los pájaros Tdzum, que anidan en los árboles haciendo un hueco y sellándolo con barro, confundían el escondite del secreto con sus nidos.

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Nadie sabía, tampoco, que entre las plumas de los pájaros Tdzum, con las que se elaboraban los almohadones de plumas, habitan diminutos seres que llegan a crecer como bichos gigantes y horrorosos que se alimentan de sangre mientras susurran al oído de su víctima secretos de antaño, crímenes, robos, asesinatos, bajas pasiones y amores ocultos que ocasionan a quien los escucha indescriptibles angustias mientras va consumiéndose poco a poco, hasta que muere.

pedro_páramo.juan_rulfo.david_chávez.reveses.wiki.htm4

Huiquihomenaje a Juan Rulfo
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pedro_páramo.juan_rulfo.david_chávez.reveses.wiki.htm4
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-Así lo haré, padre.
-No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.
Todavía antes me había dicho:
“No dejes de ir a visitarla -me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy seguro de que le dar gusto conocerte.” Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después de que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.
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Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi madre, una tal Dolores Preciado. Mi padre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verla en cuanto él muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues él estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo…

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(texto para concurso Las historias, alberto chimal, 16 de julio de 2008)

Circunscripciones

daivd chávez
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Abro la puerta del baño. Recibo el pequeño envoltorio con cocaína. Lo abro. Distribuyo el polvo en un par de líneas con una tarjeta de crédito. Me acerco al borde del lavamanos. Lo aspiro por la nariz. Repito la operación. Me lavo la cara. Me miro en el espejo. A mis espaldas, escucho que alguien se pedorrea. Alguien intenta vomitar. La tos es fuerte y nada. No vomita. Imagino ese par de escenas, al par de tipos que están dentro. Tres golpes cortos a la puerta: la señal de que alguien más entrará al baño. Mojo un poco mi cabello. Me miro fijamente en el espejo y comienzo a pensar si realmente Dios lo ve todo, si inhalará cocaína, si puede ver al par de imbéciles intentando cagar, intentando vomitar.
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Me sonrío. Saludo al tipo que entra. Abre su envoltorio, arma un par de líneas e ihnala. Gracias, le digo, cuando me invita un poco. ¿Usted cree en Dios?, le pregunto. A veces, me responde. Dios está en todas partes, le digo. ¿Ah sí?, me pregunta, mientras saca un cigarrillo e intenta encenderlo. Dicen que puede verlo todo, le digo. Cierto, eso dicen, me dice. ¿Usted lo cree?, me pregunta. Es probable, le digo. Quizá Dios sea un ingeniero o un tipo muy listo, tan listo que para saber lo que hacemos convirtió los televisores en sus ojos. Tenga cuidado. Ese televisor por donde transmiten las películas porno o las novelas o las noticias, ese que tiene usted en su habitación, quizá sea una rendija por donde Dios lo ve coger, comer, dormir, le digo. Puede ser, me dice, puede ser, me dice. Un zumbido cruza por mi cabeza. Bien, es hora, le digo, y me dirijo a la salida…
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(texto para concurso de minificción Las Historias, alberto chimal -24 de abril de 2009-)

miércoles, diciembre 09, 2009

nuevastecnologíasalalcancedesumano.

david Chávez


Primerosemetrabólabarraespaciadora.Penséqueranormal,eltecladoylacomputadoratienenmásde10añosdeuso.
Cuando solucione el asunto del teclado constate que los acentos de la computadora no aparecian.
Luego
vino
el

ProBlemA con las MAYUsculas y las MINUScUlAs y el
enter, que provocaba que los reglones estuvieran todos desordenados y
el texto careciera de orden.

El colmo SobrVino CuandO senti unpequeño CosquilleoEnMisManosYParaDejarConstancia

DeLoAcontecidoHiceLoQueACualquieraSeLePudoHaber OcurridoCuandoLaBarraEspaciadoraSeDescompusoOtraVez:
EscribirConjugado,SeparandoConMayUsculas

ElInicioDeLasPalabrasYEvitandoLosAcentos.MiroMis

Manos:ahora…ellas¡SonDeColorNegro!LevantoLasManosDelTeclado
YVeoLasLetrasMarcadasEnLasYemasDeMisDedos…No…Lo…
Puedo…Creer;SientoUnLigeroMareo…ElEspejoFrenteALaComputadora
ReflejaUnaImagenBorrosaDelQueSoy,DelQueHastaAhoraHeSido.LaTintaOLoQue…quiera…que…

sea…que…me…invade…que…se….a.p.o.d.e.r.a…de…este…mi

…cuerpo…subepormisbrazos,lentamente,comosifuerachapopote,comounaespeciede…f.a.n.g.o…

quienleaesto,porfavor:yanopuedo…despegarlosdedos/del/teclado.



lentamentelnegromeincorpora/alnegromismo.temodejardeseryo.

martes, diciembre 08, 2009

Melodía desencadenada

david chávez

Melodía desencadenada


Sin ouija, sin médium, sin nada de superchería, para celebrar el cumpleaños de mi hermana y sabiendo cuánto sufrió cuando supo que Patrick Swayze había muerto -era una devota admiradora del actor-, esa noche toqué en el piano esa canción romántica que volvió un clásico el hecho de modelar en barro. Sin embargo, del pentagrama donde estaban las claves, de la partitura, comenzó a salir una especie de humo que no era humo: poco poco fue ennegreciendo toda la casa hasta concentrarse en la sala. Luego envolvió por completo a mi hermana, quien dio un grito y cayó inconsciente al suelo.
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Despertó minutos después, cuando las sombras o el humo ya habían desaparecido por debajo de la puerta principal. No dejaba de preguntar por una tal Molly Jensen. Decía que su nombre era Sam Wheat. Pensé que ella fingía ser el protagonista de esa película. Así se lo dijimos. "Oh, debo estar confundido. Yo hice el papel de alguien que había muerto y después morí, de cáncer", nos dijo. Luego seguimos conversando.
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Nos contó que tuvo cuatro hermanos, que desde joven ya le gustaba aquello de las artes escénicas, que era bueno para el atletismo y el futbol americano hasta que lo dejaron sus rodillas; que estudió ballet y se casó con Lisa Niemi. Desde que comenzó a relatarnos todo varios grabaron y fotografiaron a mi hermana. Era increíble que alguien supiera tantos detalles. Luego hizo una pausa y pidió prestado el teléfono. Marcó y habló en inglés. Era increíble: mi hermana nunca ha hablado ni intentado siquiera estudiar inglés, pero los videos lo prueban. "Tenía que decirle a mi esposa que estoy bien. Ella cree que después de la muerte estoy jodido. La amo. Si la ven, díganle que la amo", dijo mientras se limpiaba un par de lágrimas.
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Luego se tomó un par de copas con nosotros y cuando supo que celebrábamos el cumpleaños de mi hermana dijo que tenía una idea muy buena: cantaría el tema central de la película, esa canción romántica que volvió un clásico el hecho de modelar en barro, especialmente para ella, a manera de regalo por la devoción que le profesaba a su carrera artística. Me senté y comencé a tocar el piano. Él, es decir, mi hermana, cuyo cuerpo era habitado por Patrick Swayze, comenzó a cantar. Estábamos por finalizar la canción cuando nuevamente apareció el humo que no era humo, la bruma, la sombra proveniente del pentagrama, y envolvió otra vez a mi hermana, es decir, a Patrick Swayze, quien en ese momento habitaba el cuerpo de mi hermana, quien volvió a caer inconsciente al suelo.
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Despertó minutos después, cuando las sombras o el humo o la bruma o lo que fuera ya habían desaparecido por debajo de la puerta principal. No dejaba de preguntar qué chingados le había pasado. Volvió a desmayarse cuando vio el tercer video. Es curioso, dijo al despertar, minutos después, cuando las sombras o el humo o la bruma o lo que fuera ya habían desaparecido de su mente. Soñé que Patrick Swayze cantaba para mí. Decidimos que todo estaba bien y seguimos con la celebración. De eso hace casi un mes. Y todo hubiera quedado ahí si no fuera porque hace unos minutos, cuando las sombras o el humo o la bruma o lo que fuera ya habían desaparecido de mi cabeza, nublando mi vista, permitiendo que escuchara los gritos de mi hermana, quien me llamaba por mi nombre, cuando abrí el recibo telefónico, aparecía el cobro por una llamada de larga distancia a Los Ángeles, California. Mi hermana llora y yo estoy a punto de hacer lo mismo.
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miércoles, noviembre 18, 2009

Distancias

david chávez



Lo más cerca que tuve sus labios de los míos fue la botella de vino donde ella bebió. Bebimos. Siento cómo ese recuerdo me embriaga poco a poco, como si me estuviera besando.



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miércoles, noviembre 04, 2009

(e)vocación

david chávez



increíble cómo la letra sobrevive a la muerte. cómo el significado perdura por siempre con el significante. increíble cómo con sólo leer los nombres en las lápidas nos acercamos a nuestros muertos. cómo la piel de los difuntos toma la textura del concreto, la madera llovida, podrida, astillada, sin pintura; de la tierra suelta, del pasto recién podado, del montón de pedruscos que tienen por lápida, por sepultura. la tumba que más recuerdo es la de mi abuela materna, tal vez por ser el primer sepulcro de un familiar que conocí. el nicho de mármol tiene un libro abierto, elaborado con el mismo material, en el que pueden leerse su nombre y el de otros parientes. cada año procuro visitar la tumba. esa y otras más. paseo las yemas de mis dedos por sobre las letras enterregadas por el viento que arrastra el polvo de los cerros cercanos. a veces ocurre que mis ojos se llenan de tierra. no lloro. más bien sonrío. esas letras es lo último que me queda de quienes han muerto. me gusta pensar que ese libro, la lápida de mi abuela, definió de alguna forma mi gusto por las letras. tal vez por eso la quiero, las quiero tanto.

¡Ya bájenle!

no mames, me preocupa mi futuro (sueldo) y que los pinches partidos políticos sigan saqueando al país.

por eso, ahí les va una sopa de su propio chocolate: siquiera que sepan que neta ya estuvo.


SÚMENSE:

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lunes, octubre 19, 2009

La canción de los desposeídos

David Chávez



(fragmento)


Sóngoro bajó del auto. Góngora lo siguió. Ambos entraron al teiboldans, parpadearon una seguidilla de veces en un intento por acostumbrar su ojos penumbrados a la risolancia interna del local donde putas, borrachos, meseros y otros clientes hacían lo suyo. Se sentaron lo más lejos que pudieron de la pista. El barullante punchispunchear de la música hacía tintilenta la conversación. A Sóngoro le costaba respirar. Tenía la garganta reseca. Encendió un cigarro y extendió la cajetilla a Góngora. Una flama apareció debajo de su cigarrillo hábilmente para auxiliarlo. No agradezcan, es rutina. ¿Les traigo una cubeta de cervezas? Sóngoro hizo el amago de hablar. Estaba sorprendido por la rapidez del mesero. Son 150 pesos, trae cinco cervezas. Iba a preguntar , externarlo, y antes de que su voz abandonara su boca el mesero se le había adelantado. Góngora sacaba su billetera cuando el tipo desapareció.
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-¿Qué te parece?, le dijo a Sóngoro.
-Muy servicial el hijo de la chingada. Confieso que casi me cago del susto cuando apareció de la nada para encenderte el cigarrillo.
-Calla, ahí viene.
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Contó el dinero con una mano y le dio el cambio a Góngora mientras con la otra destapaba las dos cervezas. Gracias, que la pasen bien, dijo, y desapareció nuevamente. Luego un par de teiboleras se les acercaron. Sóngoro sonrió e inició las presentaciones. Y él es Góngora. Se levantó, tomó la mano de una de las cortesanas impélidas cuasinúbiles y la besó con ademán galante. Ellas se cagaron de risa. Sóngoro buscó con la vista al mesero pero éste, una vez más, se adelantó a sus pensamientos. ¿Qué van a pedir las señoritas?
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Un par de horas más tarde Sóngoro y Góngora pergeñaban un avance en el cuerpo tácito y nimbeo de las dos mujeres. Eran barones de Humboldt en la geografía pezonífera e ínglera de las féminas noctámbulas. Discúlpennos, vamos al tocador por unos minutos. Regresaremos en breve, les dijeron. Ambas levantaron sus culinformes siluetas y avanzaron por entre la marea de dedos, manos y lenguas que les salieron al paso.
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--Buenas chicas, estas putas- le confió Góngora a Sóngoro.
--Precisan serlo- apuntó.
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Ambos brindaron por ello. Regresaron las trémulas carnes bamboleando aquellos senos meditabundos que hipnotizábanlos al mirar. Cada uno sentóse con su cada cual y prosiguieron los cada cuales con sus charlas privadas. Vinieron más risas de parte de la pareja Sóngoro-Ella. En tanto, Góngora, presa del alcohol, susurraba al oído de su ya adicta versébora mujer galanta uno que otro verso que su tocayo, Luis de Góngora y Argote, había escrito un chingo de años atrás:
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"No a las palomas concedió Cupido
Juntar de sus dos picos los rubíes
Cuando al clavel el joven atrevido
Las dos hojas le chupa carmesíes.
Cuantas produce Pafo, engendra Gnido,
Negras víolas, blancos alhelíes,
Llueven sobre el que Amor quiere que sea
Tálamo tuyo, y mío: mi Galatea."
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-- Eres un pinche puerco- admítele la meretriz. Ignoro qué hayas dicho en tu pronunciamiento pero tanta palabrería excítame bastante.
--Así veo, pequeña zorrípeda. ¿Quieres que continúe?
--Sólo un poco. Estoy antojada y no me preocuparía mucho perder unos cuantos miles de pesos con tal de saciar esta curiosidad de hembra. ¿Será largo y potente tu verso, poetérrito?
--Intuyo que podría ser de tu agrado...
--Son escasas las conversaciones que valgan la pena, como esta, en que puedo desfogar mis libidinales ansias de escuchar otra cosa que no sean dramas maritales, negocios, venta y trata de cosas, droga y tráfico influenciantil. Dime, ¿qué deseas beber? ¿Querrías ir conmigo a lubricarme el oído?
--No encontraría mayor placer.
--El placer será mío, ténlo por seguro, falopoeta. Desde este momento los siguientes momentos corren por mi cuenta, incluida la tuya y la de tu amigo. Ella, en realidad, es mi hermana. No tendrá empacho en secundarnos.
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La pareja se levantó, ella guiñó un ojo a su hermana y Góngora hizo una pequeña señal a Sóngoro indicándole que volvería en un pequeño rato. Luego entraron a un habitáculo donde unas cuantas mujeres movían la grupa a extasiados varones que lubricaban salivéicamente sus rabos, meneándolos al ritmo de la música bajo cuyo embrujo las danzas se sucedían. Telas un tanto gastadas, por donde se podía apreciar tal espectáculo a causa del uso y lavados extremos, hacían la función de puertas.
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--Es aquí, barroco mozo. Ven, acércate un poco más. Roza con tus aterciopalabras mis casquivanos oídos. Dime algo cerdo. Quiero bailarte mientras expeles tus ígneos versos.
--Te confiaré lo que traigo entre piernas, nívea culona de firmes carnes.
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Ella comenzó a bailar la Canción de los desposeídos mientras intentaba cantarla en un inglés medio dado a la chingada. Lo había aprendido leyendo revistas gringas de modas en las que su padre les enviaba una parte del salario que ganaba como pizcador de fresas en Santa María, California. Había emigrado cuando la madre de sus hijas se largó con otro. Cuestiones kármicas, ella y el amante murieron a la noche siguiente en un accidente automovilístico. En tanto, con ayuda de un diccionario español-inglés que se había robado de la casa del profesor de español -que se la cogía a cambio de buenas calificaciones para las dos hermanas- iba traduciendo de a poco. De ahí también su florido y variado vocabulario que contrastaba de vez en vez con altisonantes palabras y culteranismos barrocanroleros.
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Eran ellas quienes desentonaban en el congal: eran ellas quienes decían al diyei que pusiera el disco que le habían traído especialmente para su contoneante baile desnudista. En teiboldans alguno había sonado nunca Dead Can Dance como en aquel lugar. Los pechos de ambas hermanas, sus culíneas nalgas eran famosamente conocidas por el poder hipnótico que ejercían sobre las calenturientas masas que se peleaban la entrada al lugar. Sólo por invitación se podía asegurar la asistencia, lo otro era cuestión de suerte.
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Al par de mujeres se les atribuían poderes sobrenaturales. Se decía que la más joven predecía el destino de los hombres, que podía leer la suerte de quien se lo pidiera dentro de los cubículos habilitados para los bailes privados con sólo ver el semen eyaculado, conseguido después de una breve danza. La otra, la que cantaba la Canción de los desposeídos con un inglés pinchísimo, curaba ciertos males, en especial los de índole sexual. Se decía que a más de alguno le había quitado la homofobia, había vuelto heterosexual a un par de lesbianas que fueron a verla y ni qué decir de los cientos de casos de disfunción eréctil que había tratado. Entre otras tantas cosas que dice y sabe decir la gente.
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--"Oh bella Galatea, más suave que los claveles que tronchó la aurora; blanca más que las plumas de aquel ave que dulce muere y en las aguas mora; igual en pompa al pájaro que, grave, su manto azul de tantos ojos dora cuantas el celestial zafiro estrellas! ¡Oh tú, que en dos incluyes las más bellas!
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"Deja las ondas, deja el rubio coro de las hijas de Tetis, y el mar vea, cuando niega la luz un carro de oro, que en dos la restituye Galatea. Pisa la arena, que en la arena adoro cuantas el blanco pie conchas platea, cuyo bello contacto puede hacerlas, sin concebir rocío, parir perlas."
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Notaba Galatea ya una incipiente erección en el cándido tronco bajo de su cliente. Acudió en su auxilio cuando éste comenzaba a quitarse el cinturón y desabotonar el pantalón. Sacó el miembro turgente en tanto ella lo acicalaba, saboreando su porvenir. Entonces Góngora siguió eyaculando versos:
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--"En la rústica greña yace oculto el áspid del intonso prado ameno, antes que del peinado jardín culto en el lascivo, regalado seno. En lo viril desata de su vulto lo más dulce el amor de su veneno: bébelo Galatea, y da otro paso, por apurarle la ponzoña al vaso".
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Sóngoro, en tanto, dirimía otras cuestiones con la hermana de Galatea. Ella sabía, por sus dones de mujer, que aquella no había sido una coincidencia. En el rostro de Sóngoro se notaba la preocupación, una sensación de incomodidad. Él no bebía como los demás. Sabía que habían entrado sin invitación. Sería la buena estrella de alguno de los dos. Por algo, sería el destino, los cuatro se habían reunido en ese lugar. Por el guiño que su hermana le había hecho antes de ir a los cubículos intuyó que debía hacer un trabajo especial a aquel hombre de cosongo apelativo, pero no sabía qué.
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--Te incomoda algo, puedo sentirlo.
--En efecto. Sufro de una ansiedad terrible producto de varias situaciones entreveradas.
--¿Y puedo ayudarte?
--Sí, deja que toque tus pechos carnurientos. En algo debo distraer mi mente. ¿Tienes empacho en dejar que lleve mis labios a los tuyos?
--De ningún modo. Procede, me gustaría probar un poco de inquietud.
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Así era. Ella nunca había sufrido de inquietud ni preocupación alguna. Durante dos décadas, primero su madre, luego su padre y su hermana, había vivido al día, conocido la causa y razón de las desaveniencias en su casa y logrado entender las consecuencias sin sufrir por ello sobresaltos. Entendía y eso era lo mejor de todo porque sabía que lo malo es temporal en la medida en que los hombres van fijando su preocupación en las consecuencias y no en la causa del problema. Sóngoro le atraía, en ese momento, por eso: buscaba qué había sido lo que ocasionaba una difícil solución al problema que tenía frente a él.
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Dejó que lo besara. Nunca ella había permitídole tal cosa a cliente alguno. Pero él no era un cliente. Ellos no eran clientes. Sintió cómo su cuerpo, que alguna vez alguien había comparado como el del mármol con que se elaboran las lápidas en aquella ocasión, cuando fue obligada a mostrar sus pechos luego del sepelio de su madre, ahora respondía al calor de la mano de Sóngoro. Se sintió una hembra total, de carne y hueso. Sus bocas se abandonaron como su madre a su padre: sin despedirse, secretamente. Ella lo miró a los ojos. Sóngoro evadió la mirada. Ella le tomó la mano y entrelazó sus dedos con los suyos. Pidieron otra cubeta de cervezas. Sóngoro destapó una y encendió otro cigarrillo.
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--Te diré lo que está por venir, pero tuya es la causa de tales consecuencias- le dijo, y hurgó en su entrepierna buscando una erección, hasta encontrarla. Luego todo fue uno: felación, eyaculación, el destino en sus labios, dentro de su boca, el futuro -blancuzco- sobre la mesa.

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(fragmento)

sábado, septiembre 26, 2009

(De)Generaciones bíblicas

david chávez





Lot quería tanto a su mujer que para llevarla consigo optó por inhalársela toda.



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Bórgicas I

David Chávez






¿Un espejo frente a un espejo no es un aleph artificial? ¿Qué se ve del aleph cuando este se refleja en un espejo?






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De humectaciones

David Chávez


La lectura de novelas río, cuentos gota, enciclopedias oceánicas y poemas rocío me ha dejado de un bonito color aguamarina este humilde par de ojos.

jueves, septiembre 24, 2009

Juego de palabras 1

David Chávez




Hace rato, mientras iba sentado en el camión del transporte público, vi a un par de niños jugando, colgados de los brazos de su madre. Entonces me sentí inseguro. No sé si estoy seguro de que madurar sea decidirse a jugar un solo juego durante toda la vida, jugarlo profesionalmente e incluso divertirse mientras se juega, y ni siquiera estoy seguro ahora de que eso sea madurar. Más de tres décadas me costó llegar a esa conclusión, a decidirme a jugar lo que ahora juego, y ahora no tengo idea siquiera de a qué estoy jugando. Por eso bajé del camión y jugué a ser un peatón durante un par de calles. Es cansado. Caminé hasta esta banca. Ahora me dan ganas de jugar a ser un perro, aunque la carpeta con los seguros de gastos médicos de mis clientes me recuerda claramente que con la vida de las otras personas no se juega. Ya será en otra ocasión.

domingo, septiembre 06, 2009

trescero.--

david chávez


Apenas tenía un par de días en la nueva casa. Faltaban algunos muebles y un poco de compañía para que estuviera completa, pero me sentía cómodo. Así que salí a buscar una botella de mezcal a la vinatería para beber un poco mientras veía el partido de futbol que habían estado anunciando por todas partes. Pensé que sería como una forma de celebrar algo, lo que fuera. Había una llovizna ligera. Pregunté a la primera persona con la que me crucé en la calle dónde vendían licores. Llegue a la esquina, dé vuelta a la derecha y camine tres cuadras, en la esquina está el negocio; si no, puede dar vuelta a la izquierda después de esas tres calles y ahí hay otro, me dijo. Le agradecí y saqué un cigarrillo que encendí debajo de la marquesina de un restaurante. El humo del tabaco se mezcló con el de un filete de res a la plancha.

La llovizna arreció hasta convertirse en lluvia que seis cigarrillos después desapareció como el agua por las coladeras de la calle y las bachichas que había arrojado al pavimento húmedo. Caminé por el rumbo que me habían indicado. No encontré el local. Caminé una cuadra más y nada. Decidí regresar. Podía volver a llover y el abrigo impermeable no lo era tanto. Caminé un par de calles y me detuve en una esquina a fumar nuevamente. Un acomodador de autos pasó a mi lado escuchando el audio de la transmisión del encuentro. Iba con prisa. Intenté seguirlo como si quisiera recuperar la mirada que le dejé sobre los hombros. Tal vez por eso se detuvo en la esquina, como si algo le pesara. Se sacudió el cabello y siguió caminando hasta doblar a la derecha en el siguiente cruce. Cuando llegué no vi rastro de él.

Quizá se había refugiado de la lluvia que caía otra vez, como yo lo hice a la entrada de un restaurante clausurado y abandonado.

Avancé cuando briseaba un poco. Algunas calles comenzaron a serme familiares. Había llegado a mi nuevo barrio. Me detuve en un puesto de tacos y pedí tres: dos de suadero y uno de tripa, con todo. Déme un refresco también. Veintiocho pesos después entré a una tienda donde varios tipos veían el partido de futbol. Compré pastillas para el aliento y una cajetilla de cigarros. Encendí otro afuera para unirme a ellos en silencio cómplice.

Mal, mal, mal que están jugando, dijo uno. Espérate pues, apenas van treinta minutos, mira, mira mira te dije, ¡uy! casi la meten te dije, no mames, por poquito. Varias personas que pasaban por el lugar se quedaban unos instantes a ver el marcador y seguían su rumbo. Algunos acomodadores de autos y vigilantes de la zona llegaron después a ver la transmisión y a fumar los cigarrillos sueltos que don Chuy, como saludaban al propietario, vendía a dos pesos. Y luego me miraban, como intentando reconocer si no era yo otra persona, otro vecino del barrio. Sólo sonreían y seguían mirándome, como aprobando mi presencia, dándome la bienvenida en cada fumada que dábamos al cigarrillo, en cada exhalación y humo que se mezclaban arriba en el aire.

Al minuto treinta y cinco llegó otro sujeto. Todos lo miraron brevemente, sin reconocerlo, y siguieron con la atención puesta en el televisor. Tras una amonestación que interrumpió el partido me pidió un cigarro. Gracias, dijo. Está cabrón, dijo. Sí, un poco, le respondí pensando en que se refería al juego. Apenas es seis y ya me chingué el dinero de la quincena, agregó. Ei, pinche dinero se va como agua, le dije sin dejar de mirar la televisión. Como esta pinche agua hija de la chingada que parece que no se va a quitar... Pa' mí que va a durar hasta mañana. Ojalá que no, dije, y seguí fumando. Pinche cigarrito, se antoja una cervecita para acompañarlo, ¿no, amigo?, volvió a decirme. Pues sí, estaría bien, dije. Y mire, no traigo un centavo, pero la verdad es que no le quiero pedir prestado y me ofendería si me invita una cerveza, dijo. Puta madre, casi la meten, dijo otra vez.

Sus palabras resbalaron como gotas frías por mi espalda. Amigo, el partido está muy bueno y no lo quiero molestar. Me hacen falta los centavos. ¿Me regala otro cigarrito? Eso sí se lo acepto. Le extendí el paquete y sacó uno que encendió cubriéndose la cara. Sin duda no quería que lo reconociera. Aquí tiene, mi amigo. Muchas gracias, es usted muy amable. Ya falta poco para que termine el medio tiempo, ¿verdad? ¿como cuántos minutos? Cinco, contesté nervioso. Definitivamente era un asaltante. Un asaltante tranquilo, sin prisa, que se daba su tiempo, tal vez disfrutando mi pinche miedo... y mis cigarrillos.

Pinche cigarrito, se antoja una cervecita para acompañarlo, ¿no, amigo?, volvió a decirme. Y con la cerveza fácil entran unos taquitos, ¿a poco no, amigo? Asentí con la cabeza mientras le decía: así es, y la quijada me tembló lo que duró el pitazo del árbitro indicando el fin del primer tiempo. Venga amigo, acompáñeme. Sabía que si me resistía podría ponerse violento, o quizá atacarme, atacarnos a todo. No sabía si el hombre estaba armado. Ni siquiera le había visto la cara. Lo acompañé. ¿Ya probó estos tacos, amigo?, me dijo. Déme nueve, pidió. No vi cuando terminó de comérselos. Setenta y cinco con el refresco, dijo el taquero. Pagué la cuenta y escuché que el hombre me decía, venga, amigo, por acá.

Lo seguí. No era muy alto ni muy bajo. Estaba vestido con un saco viejo, mojado por la lluvia, y los pantalones de mezclilla sucios le cubrían unos zapatos con los tacones gastados. Tenía el cabello largo y lleno de mugre y su andar era cansino pero vigoroso. Debía tener al menos cuarenta y tres años y de ellos casi diez bebiendo y fumando, por la voz. Entramos a una tienda de autoservicio y caminó hasta el pasillo. Escogió una botella de mezcal y dos de tequila. Luego regresamos a la caja y pagué.


Caminamos un par de calles más y nos detuvimos en la esquina. Espéreme aquí, amigo. Entró y salió pasados un par de minutos. Venga, vámonos. No debe tardar en llover otra vez, dijo, y lo seguí apresuradamente. Caminaba más rápido. Parecía tener las manos ocupadas en algo. Ya no braceaba como antes, ni se veía tan lento. Déme otro cigarro, con esto compraremos más ahorita que lleguemos a la otra tienda, me dijo. Tomó la caja de cigarrillos y sacó uno. Se lo encendí. Antes de apagar el encendedor pude ver un fajo de billetes de distintas cifras. Y vi también la pistola.

No se asuste, amigo, es para defenderme de los ladrones y los asaltantes, dijo, y se echó a reír. Sonreí. Venga, vamos a la tiendita esa donde estábamos viendo el futbol. Una patrulla pasó por un costado de nosotros, como acompañándonos. Buenas noches, saludaron. El tipo les contestó el saludo, ellos sonrieron y le pidieron cigarros. No traigo, pero mi amigo sí, ¿verdad? Y les extendí la caja. Agradecieron y arrancaron. Son mis amigos, me dijo, y sonrió para dejarme ver que le faltaban un par de dientes. Venga, vamos. No tarda en comenzar a llover. Llegamos nuevamente a la tienda donde estaba la televisión. La misma gente seguía en el lugar. El tipo me pidió otro cigarrillo, y otro y otro, hasta que se terminaron. Tenga, me dijo mientras metía un billete en uno de los bolsillos de mi impermeable. Compre más. Y una cerveza. O dos, si usted quiere. Obedecí.

Seguimos fumando y bebiendo cervezas hasta que se terminó el partido. El equipo local, al que apoyábamos todos, había vencido a su rival tres por cero. Comenzó a llover otra vez. Amigo, fue un gustazo conocerlo, me dijo. No volteé, no me busque la cara. ¿Pa' qué? Mejor quédese con esa buena impresión de mí, susurró mientras el resto de los que estaban ahí comentaba el final y hacía algunas compras que no hicieron por ver el partido. ¿Le quedan cigarros? Cuatro, le dije. Tenga, cómprese otros mañana. Déme chance de irme tranquilito, ¿estamos? Está lloviendo. No se moje. Espere al menos a que se calme un poco el agua. Cuídese mucho, y tenga cuidado con los ladrones y los asaltantes, me dijo mientras me palmeaba la espalda y comenzaba a reírse. El jajajeo se desvaneció con el agua, como mis temores. Entré a la tienda, saqué un litro de leche fría del refrigerador y abrí mi cartera. Estaba vacía, sin un peso. Busqué en mis bolsillos y a duras penas completé con monedas el importe. Primer asaltante que me hace gastar mi dinero en sus antojos, pensé.

Volví a casa dándole tragos enormes a la botella de leche mientras escuchaba en mi cabeza la risa de aquel hombre salido de la nada, de entre la lluvia. Antes de llegar a casa me detuve frente a una ventana. Dejé la botella por un minuto, mientras bajaba mi cierre para mear. Trescero, me dije, y el eco y la imagen del tipo se escurrían de mi mente como el agua que expulsaban mi cuerpo y las nubes, seguramente más negras a esa hora de la noche.



Ciudad de México, 6 de septiembre de 2009.