lunes, diciembre 10, 2007

Computadoras que ayudan a la gente a ayudar a la gente. IBM-Tibet*

ojalá dios no te oiga, baudrillard...


"Perfeccionar el mundo equivale a concluirlo, a realizarlo, y, por tanto, a encontrarle una solución final. Pienso en esa parábola sobre los monjes del Tibet que, desde hace siglos, descifran todos los nombres de Dios, los nueve mil millones de nombres de Dios.

Un día, llaman al personal de la IBM, que llega con sus ordenadores, y en un mes acaban con toda la tarea. Ahora bien, la profecía de los monjes decía que, una vez concluido este cotejo de los nombres de Dios, el mundo llegaría a su fin.

Evidentemente, los de la IBM no lo creen, pero, cuando descienden de la montaña, con su inventario terminado, ven cómo las estrellas del firmamento se van apagando una tras otra."
*Jean Baudrillard. (2002) Contraseñas. Editorial Anagrama. Barcelona, España. Págs. 65-66

3 comentarios:

Alberto dijo...

¿Baudrillard menciona esa historia? Qué curioso: es un cuento de Arthur C. Clarke, el escritor de ciencia ficción...

Por otro lado, a veces creo que preferiría una hecatombe como esa a la misma rutina de siempre, las mismas aspiraciones chatas.

Muchos saludos.

deivid dijo...

No lo sabía. Se lo leí a Baudrillard recién. Gracias por el dato de Arthur C. Clarke, lo voy a buscar para leerlo.

Y de la hecatombe pues... como dicen (decimos) los fumadores: "de algo nos vamos a morir...", quién sabe si a los de IBM no los mandó Dios, hasta la madre de la rutina y las mismas aspiraciones chatas de los monjes tibetanos que cada día le buscan tres pies al gato de la misma forma, el mismo nombre al mismo dios, o Dios, oh, Dios, ¡Oh, Dios! "y las estrellas se apagan" como una pc cuando su dueño se va a dormir esa noche de fin de mundo.

Saludos Alberto.

Cortex Limbico dijo...

Maestro DEivid, bien, me gustan los ejercicios que has puesto en el blog del Maese Alberto.

Creo que por eso vine a felicitarte.

Sobre el texto, creo que es muy optimista. En lo personal, todos vamos inquebrantablemente hacia nuestra misma destruccion y el avatar de la tecnologia es un alud irreversible sobre nuestra lábil humanidad.