martes, junio 08, 2010

deivis&cheves 5

david chávez


Ayer hubo mucha gente en el bar. El deivis&cheves se caracteriza por eso: ahí siguen la parranda todos los que la empezaron el viernes. Cuando todos cierran nosotros abrimos. El tumbao y ritmo con que Mike Laure se posesionó del cuerpo de Shilospiu nos dio un respiro y la clientela comenzó a ordenar platos, botanita y tragos más elaborados media hora después de que llegara Bil, todo al ritmo de la cumbia. Shilospiu la estaba pasando bien, tanto como para permitirse bailar unos pasos con Damiana mientras yo hablaba con David. No mames, ¿estás viendo lo mismo que yo? Sí. Ambos, Cheves y yo, caminamos hasta la barra y pedimo un par de vodkas. No chingues: Shilospiu nunca baila. Al menos eso cuenta la leyenda urbana. Un día me dijo: prefiero la barra, cuando le pregunté si lo hacía por alguna razón.
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Nada más le gusta hacerse del rogar. Esa era la teoría de Renata. Cheves bebió de un trago todo el vaso. Yo intentaba disfrutar. La gente seguía llegando. Fueron acaso 8 compases los que bailaron y luego regresó a su puesto, antes de que la canción terminara. De vuelta a su oficina David le pidió algo ligero para cerrar la noche. Hoy lúcete con las cumbias. Que la gente se pare, baile, sude, beba. Y pásatela bien. Haz que me la pase bien. ¿Entonces quieres terapia? Sorpréndeme. Voy a dejar la puerta de la oficina abierta.
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Tardó poco en salir de nuevo. Cheves bailó con Serrano cuando este estaba por entrar vodka en mano a su oficina, camino al baño bailó conmigo, entró a la cocina y bailó con la chica nueva que lava la loza, luego Damiana fue por él a su oficina y bailaron no te metas con mi cucu le cantaba yo sé que tienes tu mujer así que deja mi cucu coreaba todo el bar. Terminó fumando, cagado de risa, en la terraza, mientras fumaba. Cierran bien, dijo, y cuando estaba por subir al auto Shilospiu soltó Kumbala. Obviamente regresó. Mientras él y Renata bailaban pidió su botella. Se fue antes de terminársela.
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Hoy llegó primero que todos. Primero incluso que Shilospiu. Abrió y puso música. Ayer me dijo que estaba un poco melancólico. ¿Te ha pasado que a veces pasa algo, cierto detalle, en la fila del banco, esperando un taxi, y sigues con tu día y al final, cuando tienes un momento, ese detalle brota y sientes como si lo hubieras soñado? No, le respondí. Culero. En serio: no, pero cuenta. Hoy en la mañana dejé el auto en casa y me fui caminando. No estoy tan acostumbrado, así que en cuanto pasó el camión subí. Tanto hace que no uso el transporte público que cuando le pregunté al chofer cuánto era todos los pasajeros me vieron como hubiera preguntado si ahí era el baño. Minutos después el camión quedó casi vacío. Subió un hombre ya avejentado, tendría sus 70 años casi, barbado, con lentes oscuros y tres cajas de chocolates que vendía a los pasajeros. Dos de los casi seis pasajeros le compraron.
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Luego se sentó. Se puso a conversar un poco con el chofer, como decirte qué bonito está el día ojalá no llueva, y preguntó más o menos dónde estábamos. A la entrada de Candelaria, le dijo el chofer. Déjeme aquí en la esquina. Bajó. Sólo entonces todos los pasajeros, el conductor, nos dimos cuenta de que el hombre era ciego. Sólo cuando sostenía las cajas bajo el brazo izquierdo e iba sondeando con su palo el piso, cuando golpeó el semáforo y la valla precautoria que está antes del paso peatonal, sólo entonces supimos que estaba ciego. ¿Y? No mames, que esa imagen, las caras del conductor, de los pasajeros, incrédulos todos, me brotó de pronto hace rato. No sabía si lo había leído, si lo había visto en alguna película o si lo había soñado. ¿Y? Bueno, te lo cuento por si te sirve. Tal vez podrías escribir algo sobre eso, ¿o no? Ay David, ¡no mames! ¿Qué, güey? Tú que quieres ser escritor, ¿o no? Sí, pero, no chingues, dale vueltas a la historia, ya se te ocurrirá algo. Sí, que cada día la gente está más pinche ciega como para no darse cuenta de quién es ciego y quién no. En fin.
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Salimos. Hoy, insisto, llegó temprano. Puso música. Revisó todo. Shilospiu dice que cuando él llegó David estaba cantando Look at your game, girl, de Charles Manson. ¿La original? Se. Vergas. Igual volvió a acordarse de ella, dijo Renata. Ya veremos. Una ronda por Manson. Va. Salud, caballeros. Al unísono, todos le buscamos el fondo al vaso. El ruido de los hielos en el vaso vacío nos hermanó en la duda sobre el motivo de esa canción. Pónla de nuevo, Shilospiu, grita desde la oficina. Yo bailo con Renata. El bar está medio lleno.



concepción, chile. 8 de junio de 2010.

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